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ZP y Moratinos no quieren democracia para Cuba
Los diplomáticos españoles están escandalizados por la política cubana de Zapatero-Moratinos. “Es inconcebible lo que está sucediendo en La Habana”, me dice un viejo amigo experto en el tema. Enseguida agrega: “el embajador Carlos Alonso Zaldívar hizo todo lo posible para que ningún representante de la Unión Europea participara como testigo de la reunión convocada por los demócratas de la oposición el pasado 20 de mayo. Fue algo asqueroso”. Se refería a una pacífica asamblea planeada para estimular el resurgimiento de la sociedad civil convocada por la economista Marta Beatriz Roque Cabello y otros dos intelectuales disidentes.
Hago algunas llamadas a otros diplomáticos europeos y me confirman la denuncia: “es un espectáculo nauseabundo”, afirma uno procedente del mundo ex comunista: “el embajador de España en La Habana se ha convertido en el embajador de Castro ante la Unión Europea”. Alonso Zaldívar es partidario de que los europeos rompan todos los lazos con la oposición y se dediquen a cultivar los vínculos con el gobierno. Su curiosa teoría es que los verdaderos disidentes son gentes como el canciller Pérez Roque o Raúl Castro, hermano y heredero del Comandante. Pérez Roque es un duro estalinista que alega ante las cámaras de la televisión que él “se pasa el Proyecto Varela por los cojones”. Por lo visto, el señor Alonso Zaldívar, que fue un comunista importante durante una buena parte de su vida, nunca se transformó en un verdadero demócrata. Renunció al carnet del partido, pero no a sus devociones totalitarias. No fue a Cuba a proyectar los valores y principios que rigen la convivencia en España, sino a defender en Cuba la dictadura que no pudo instaurar en su país.
El asunto es muy simple: Castro está muy viejo, enfermo y bastante senil, y ya se barruntan los posibles futuros de la Isla. Como en el cuento de Borges, el sendero se bifurca en dos direcciones: la sucesión intacta del régimen, como en Corea del Norte, o la transición hacia la democracia y la racionalidad económica, como en España tras la muerte de Franco, en Portugal tras la desaparición de Oliveira Salazar y en Europa ex comunista tras la caída del Muro de Berlín. Para conseguir la sucesión castrista y la salvación del comunismo, hay que borrar del mapa político a los demócratas, desde Payá hasta Marta Beatriz, y hay que privarlos de todo reconocimiento y solidaridad europeos. Para lograr la transición hacia la libertad, por el contrario, hay que fortalecer a los disidentes.
Ante ese cuadro la pregunta inevitable también es muy simple: ¿por qué el señor Zapatero y su ministro Moratinos se dedican a tratar de impedir el arribo de una transición democrática en Cuba? Nadie cree que el embajador Alonso Zaldívar actúa por su cuenta y riesgo, aunque todo parece evidente que disfruta intensamente su tarea de sicario diplomático al servicio de la tiranía. En todo caso, no sólo los cubanos están asombrados ante ese indigno comportamiento. En Bruselas tampoco se lo explican.
Junio 13, 2005
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