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Castro hasta después de muerto

La senilidad de Fidel Castro se manifiesta de forma creciente en cada nuevo discurso
El senil dictador Fidel Castro

La CIA filtró la noticia de que Castro padecía de Parkinson y el Comandante no lo negó. Se burló, recordó al Wojtila enfermo e incansable, y habló durante cinco horas para demostrar que estaba en forma, pero no lo desmintió. Tampoco estaba en forma: balbucía, se le trababa la lengua y, a ratos, perdía el hilo del discurso. El Parkinson, sumado a las isquemias transitorias que ha padecido (una buena media docena), le ha ido pulverizando cruelmente el cerebro. Sin embargo, el lóbulo donde aloja el antiamericanismo y la repugnancia a las libertades se mantiene intacto. Incluso, parecía que hasta se le había revitalizado en un juvenil espasmo estalinista.

La clase dirigente cubana, «sotto voce», calcula que a Castro le quedan, mal contados, dos años de vida o, al menos, de una incierta cordura. De medio loco pasa lentamente a loco completo. La información la contó sin ilusiones el mismo personaje del régimen que durante la Cumbre de Salamanca reveló que el canciller Felipe Pérez Roque es un asmático crónico que sufre ataques de ansiedad cuando olvida el broncodilatador. «Estamos en manos de un par de enfermos terminales. Fidel se deteriora día tras día. Raúl tiene el hígado destrozado» -dijo con preocupación.

Pero lo que le quita el sueño a la nomenklatura cubana no es tanto la salud del Máximo Líder, sino el legado envenenado que deja. Cuando los herederos se disponían a enderezar el país dotando al gobierno de racionalidad y de una mínima carga de sensatez en la administración pública, sin consultar con nadie, como es su costumbre, Castro ha forjado un peligrosísimo pacto político con Chávez, nombrándolo albacea del minucioso desastre insular. El pobre Carlos Lage, que es un médico organizado y eficiente, fue el encargado de anunciar la mala nueva en Caracas, durante un discurso pronunciado en octubre: Cuba tenía dos presidentes, Castro y Chávez.

Eso quiere decir que el proyecto sucesorio ha sido interrumpido. La nomenklatura daba por hecho que, tras la muerte de Fidel, todo el círculo del poder podría descansar en paz, pero no será así. Una vez enterrado el inquieto Comandante, y con él sus siete hachas de guerra, resulta que lo reemplazará el teniente coronel venezolano, líder de la «revolución bolivariana», una cosa tumultuosa con la que quiere destruir a Estados Unidos y conquistar a Occidente. O sea, el regreso a los fatigosos años sesenta, pero ahora todos con la próstata mucho más abultada y ni una pizca de ilusión con las tonteras marxistas. La frase del informante fue lapidaria: «Este tipo nos va a seguir haciendo daño hasta después de muerto».


ABC, 23 de Noviembre de 2005
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