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Carta abierta a los peloteros cubanos
El Nuevo Día, San Juan, PR. 6 de marzo de 2006
Bienvenidos, peloteros cubanos. Cuba es un solo pueblo. Ustedes son parte de una querida y admirada familia también integrada por José Contrera, Orlando “el Duque” Hernández, su hermano Liván, Rafael Palmeiro, Alex González y otra veintena de excelentes jugadores de béisbol vinculados a las ligas Grandes y Menores. El hecho de que ustedes radiquen en Cuba, o el hecho de que los mencionados deportistas vivan en el exilio, o, incluso, hayan nacido en el destierro porque sus padres debieron abandonar la patria, no debe excluir a nadie del fraterno y permanente abrazo de una cubanidad que está por encima de la geografía.
Durante décadas, por medio de castigos o amenazas, el gobierno de Castro ha obligado a los jugadores de béisbol a fingir su adhesión al régimen o a padecer las consecuencias de cualquier forma de disidencia. Ese tipo de atropello no se había visto ni durante las peores dictaduras padecidas en nuestro país. Gerardo Machado no perseguía a Adolfo Luque por sus convicciones políticas ni le impedía viajar libremente a donde desease. Fulgencio Batista, pese a su mano dura, jamás les exigió a Orestes Miñoso o a Carlos “Patato” Pascual que fueran batistianos, y ni en los momentos de mayor represión le pasaba por la mente prohibirles jugar con el equipo nacional o extranjero que mejor oferta les propusiese.
Entendemos la situación en que ustedes se encuentran y nos sentimos plenamente solidarios. Ustedes son jóvenes y no escogieron el modelo político en que les ha tocado vivir: lo heredaron. Tienen sus familiares dentro del país y sabemos que, como todos los cubanos que se trasladan al exterior en viajes oficiales, sus familiares quedan en condición de rehenes. No ignoramos que, si deciden solicitar asilo político, tal vez no puedan volver a verlos. Sin embargo, nos parece útil prestarles la palabra para decir en voz alta lo que ustedes se ven obligados a callar: ¿Qué derecho tiene Castro a truncar la carrera profesional de los deportistas cubanos? No es aceptable que ese gobierno, empeñado en mantener un sistema económico improductivo y absurdo, fracasado en todas partes, invocando su obsesión por el igualitarismo, los condene a malvivir en medio de la miseria, cuando cualquiera de ustedes, si así lo desea, podría alcanzar la fama y la fortuna en sociedades libres en las que se recompensa el talento en lugar de penalizarlo, como ocurre en Cuba.
¿Por qué a ustedes se les niega la oportunidad de ganarse decentemente en el exterior una vida mucho mejor que la que les ofrece el comunismo en el país en que nacieron? ¿No había terminado ya la esclavitud, época nefasta en la que los amos decidían cómo, dónde y de qué manera vivían los esclavos? Y a los que ya han conseguido llegar al extranjero y abrirse paso como grandes profesionales, ¿por qué se les trata como enemigos y se les impide regresar libremente a la patria de la que proceden y de la que huyeron siguiendo el natural instinto de desear una vida más grata para ellos y para sus familiares?
En todos los equipos de grandes ligas juegan decenas de extraordinarios peloteros latinoamericanos que obtienen magníficos salarios por su trabajo. En sus países los despiden con aplausos y los reciben con los brazos abiertos. Las sociedades a las que pertenecen están orgullosas de sus triunfos y lamentan sus derrotas. Cuando vuelven, suelen invertir una buena parte de sus ingresos en la tierra en que nacieron, y el conjunto de la sociedad, en definitiva, acaba beneficiándose de las destrezas de sus mejores atletas. El gobierno cubano, en cambio, es el único en el planeta que ha decretado e impuesto la miseria permanente al deportista que se queda y el odio sin límites al que consigue escapar y triunfar. ¿Por qué? ¿Qué sentido tiene esa canallesca manera de dividir a los cubanos y de cortarles las alas a gente tan valiosa y productiva?
En todo caso, el mensaje importante que deseamos comunicarles es éste: todos anhelamos la llegada del momento en que todos los cubanos puedan decidir libremente lo que quieran hacer con sus vidas. No hay cubanos de allá o de acá . Esa es una cruel división artificialmente impuesta por Castro y sus peores seguidores. Lo que realmente queremos es vivir en una Cuba en la que quepamos todos. Una Cuba en la que se aprecie a los atletas por su talento y su esfuerzo y no por la ideología que profesen. Una Cuba verdaderamente libre de la que no exista la necesidad de escapar. Esa Cuba llegará. Mientras tanto, reciban nuestro mejor abrazo. Buena suerte en el campeonato.
Marzo 06, 2006
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