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POR
TOMAS
G. MUÑOZ, Marbella
Libros:
La Gran Mascarada
Autor:
Jean François Revel
Grupo Santillana de Ediciones (Madrid), 2001
Revel,
filósofo, periodista, y miembro de la Academie Française,
nos vuelve a sorprender con este ensayo, típicamente suyo, en el
que desmenuza la estampida y posterior reagrupamiento de la izquierda europea
después de la caída del muro de Berlín. Con su fina
ironía, su obra se podría titular "Manual del Perfecto
Idiota Europeo," cuya versión latinoamericana cita en este
libro.
Los
temas de Revel son varios, aunque conexos: la fuerte ofensiva de la izquierda
europea —particularmente la francesa— para borrar, o al menos
tergiversar, el rotundo fracaso del socialismo; cómo y por qué el
liberalismo es el único
"culpable" de todos los males del siglo XX; la globalización
como "instrumento hegemónico" de los Estados Unidos; y la
envidia u odio hacia ese país, que se traduce en el virulento anti-americanismo
que vimos y vemos en Europa —haya sido comunista o democrática.
Y rocía su disertación con innumerables anécdotas y
comentarios que demuestran que ningún continente tiene el monopolio
de la idiotez.
Revel
cita a Danièle Sallenave, una de las maestras de este coro. Según
ella, el comunismo era una "tiranía odiosa," y "un
modelo económico nefasto," aunque al mismo tiempo era lo único
que podía salvarnos de la sociedad consumista, del liberalismo amoral
y desenfrenado, del reino del dinero, de la dominación de unos y
el desprecio por los otros. A pesar de todo, el comunismo era bueno porque
respondía al sueño de mucha gente buena, ergo hay que pensar
en la desesperanza en que se sumieron todos aquellos pueblos cuando el
soufflé soviético se aplanó.
Con
ironía, Revel añade que el auténtico culpable del
siglo pasado es ¡el liberalismo!
La
caída del comunismo dejó muchas viudas y huérfanos
que ya no tenían causa que abrazar. La salida de la izquierda europea
fue tratar de rehabilitar el comunismo de modo indirecto, tratando de demostrar
que su contrario, el liberalismo, era peor. De ahí que, si bien
el resurgir del liberalismo y la globalización data de principios
de los ´80, nadie se manifesto "Anti" sino hasta muy después
de 1989. Igualmente, a nadie se le ocurrió la condonación
de la deuda externa en los momentos más graves (1982-4), sino diez
años después.
La
izquierda europea es anti-globalizante, pero principalmente con respecto
a los Estados Unidos. ¡Qué importa que Renault, Elf-Aquitaine,
Siemens, Fiat o Philips sean europeas! ¿Qué importa si durante
el proceso globalizador creció el empleo en los Estados Unidos,
pero también en Europa y en las economías emergentes que
se beneficiaron tambien? ¿Por qué tanta animadversión?
Revel nos lo explica: los Estados Unidos son la única superpotencia
desde el fin de la guerra fría, y es el principal campo de acción
y centro de expansión del fenómeno liberal.
Los
sucesos del S-11 —sobre los cuales esperemos que Revel que escriba
algo— han llevado a 39 países desarrollados y emergentes a
cerrar filas junto a los Estados Unidos en la lucha global contra el terrorismo.
Nada más antipático a la izquierda europea. Si, por ejemplo,
en España el PSOE (socialistas) dió carta blanca al gobierno
de Aznar, Izquierda Unida (antiguos comunistas) fue el único partido
nacional que se opuso. Como siempre, con las soluciones mágicas
de esta izquierda que no aprende.
Mayo
15, 2002
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