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LIBROS

La Gran Mascarada

La grande parade. Essai sur la survie de l´utopie socialiste
Jean François Revel
Grupo Santillana de Ediciones, 2001

Por Tomás G. Muñoz
Mayo 15, 2001

Revel, filósofo, periodista, y miembro de la Academie Française, nos vuelve a sorprender con este ensayo, típicamente suyo, en el que desmenuza la estampida y posterior reagrupamiento de la izquierda europea después de la caída del muro de Berlín. Con su fina ironía, su obra se podría titular "Manual del Perfecto Idiota Europeo," cuya versión latinoamericana cita en este libro.

Los temas de Revel son varios, aunque conexos: la fuerte ofensiva de la izquierda europea —particularmente la francesa— para borrar, o al menos tergiversar, el rotundo fracaso del socialismo; cómo y por qué el liberalismo es el único "culpable" de todos los males del siglo XX; la globalización como "instrumento hegemónico" de los Estados Unidos; y la envidia u odio hacia ese país, que se traduce en el virulento anti-americanismo que vimos y vemos en Europa —haya sido comunista o democrática. Y rocía su disertación con innumerables anécdotas y comentarios que demuestran que ningún continente tiene el monopolio de la idiotez.

Revel cita a Danièle Sallenave, una de las maestras de este coro. Según ella, el comunismo era una "tiranía odiosa," y "un modelo económico nefasto," aunque al mismo tiempo era lo único que podía salvarnos de la sociedad consumista, del liberalismo amoral y desenfrenado, del reino del dinero, de la dominación de unos y el desprecio por los otros. A pesar de todo, el comunismo era bueno porque respondía al sueño de mucha gente buena, ergo hay que pensar en la desesperanza en que se sumieron todos aquellos pueblos cuando el soufflé soviético se aplanó.

Con ironía, Revel añade que el auténtico culpable del siglo pasado es ¡el liberalismo!

La caída del comunismo dejó muchas viudas y huérfanos que ya no tenían causa que abrazar. La salida de la izquierda europea fue tratar de rehabilitar el comunismo de modo indirecto, tratando de demostrar que su contrario, el liberalismo, era peor. De ahí que, si bien el resurgir del liberalismo y la globalización data de principios de los ´80, nadie se manifesto "Anti" sino hasta muy después de 1989. Igualmente, a nadie se le ocurrió la condonación de la deuda externa en los momentos más graves (1982-4), sino diez años después.

La izquierda europea es anti-globalizante, pero principalmente con respecto a los Estados Unidos. ¡Qué importa que Renault, Elf-Aquitaine, Siemens, Fiat o Philips sean europeas! ¿Qué importa si durante el proceso globalizador creció el empleo en los Estados Unidos, pero también en Europa y en las economías emergentes que se beneficiaron tambien? ¿Por qué tanta animadversión? Revel nos lo explica: los Estados Unidos son la única superpotencia desde el fin de la guerra fría, y es el principal campo de acción y centro de expansión del fenómeno liberal.

Los sucesos del S-11 —sobre los cuales esperemos que Revel que escriba algo— han llevado a 39 países desarrollados y emergentes a cerrar filas junto a los Estados Unidos en la lucha global contra el terrorismo. Nada más antipático a la izquierda europea. Si, por ejemplo, en España el PSOE (socialistas) dió carta blanca al gobierno de Aznar, Izquierda Unida (antiguos comunistas) fue el único partido nacional que se opuso. Como siempre, con las soluciones mágicas de esta izquierda que no aprende.


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