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Chile es un país quemado"
Entrevista a Roberto Ampuero

Javier Ortega, Madrid, Mayo 25, 2002

El autor de "Los años verde olivo" prepara la segunda parte de esa novela inspirada en sus años en Cuba y se apresta a lanzar un nuevo libro, donde aborda la relación de un prófugo del régimen de Pinochet con unos niños que deciden socorrerlo. Adelanta que esta obra será tan controvertida como la anterior.

A Hace una semana Roberto Ampuero estuvo en la Feria del Libro de Madrid,presentando "Nuestros años verde olivo", la novela que en Chile permaneció 24 semanas entre las más vendidas y que se inspiró en sus vivencias en la Cuba de Fidel Castro. Además de ser una fuerte crítica al régimen de La Habana, la obra reveló pasajes poco conocidos del exilio chileno, representados en un joven idealista que se desencanta con el sistema castrista. En Cuba fue proscrita; en Chile genero controversia.

Mientras se prepara el lanzamiento del libro en México y se afina su publicación en alemán, Roberto Ampuero ya está trabajando en los apuntes de la segunda parte de la historia, a pesar de las acusaciones de "mal agradecido" y hasta de colaborar con la CIA que le endilgaron defensores de la realidad cubana.

El autor, de 47 años, visitará Santiago en septiembre. En esa fecha lanzará en esta ciudad una obra que ya había publicado en Alemania en los 80 y que -adelanta- será tan controvertida como la mencionada. Se llamará "La guerra de los duraznos", transcurre bajo el régimen de Pinochet y se inicia cuando unos niños encuentran a un hombre fugado de un campo de presos políticos. Avisar a la policía u ocultar al herido es la primera gran interrogante de los pequeños, quienes poco a poco irán descubriendo una realidad oculta a los ojos de todos y muy presente en el Chile de hoy.

Según Ampuero, el libro se mantiene inédito en nuestro país por el escozor que, hasta hace poco tiempo, su trama provocaba en algunos editores. "Esto muestra la irritante fragilidad de nuestra democracia restringida", explica el escritor, uno de los más exitosos de la llamada nueva narrativa chilena, quien a través de este cuestionario expone sus proyectos y contesta los ataques que recibió su visión del proceso cubano.

EL EXILIO Y EL SILENCIO
¿" La guerra de los duraznos" es la otra cara del mismo momento histórico al que pertenece "Nuestros años verde olivo"? Es una historia de acción y suspenso para jóvenes y, al igual que "Nuestros años verde olivo", una novela a favor de la libertad, la tolerancia y el respeto a la vida. Ambas se desarrollan en ambientes aparentemente opuestos: el Chile de Pinochet y la Cuba de Castro, pero de gran semejanza en realidad para quienes los padecen.

¿Escribió "Nuestros años verde olivo" por sentirse parte de la generación que se farreó la democracia? Lo escribí porque es una de las etapas de la historia chilena más apasionantes y menos conocidas. Quería contar desde mi perspectiva las viscisitudes de los chilenos que llegaron a la Cuba de Fidel huyendo del Chile de Pinochet. Pero es sólo una versión sobre esa etapa. Ojalá surjan otras diferentes. El silencio que reina en torno a eso es inaceptable.

Muchos de izquierda condenan a Pinochet, pero justifican a Castro, como si los derechos de los cubanos no tuviesen el mismo valor que los de los chilenos. Mientras persista ese doble estándar en sectores importantes de la población, no seremos un país cohesionado. Sólo hay una posición consecuente y honesta, que puede sacar a este país del atolladero: la condena a toda dictadura y a sus prácticas. Mientras no exista esa convicción, la superación del pasado reciente estará condenada al fracaso.

¿Tuvo dificultades por su desmitificación de la revolución cubana? No han faltado quienes me acusan de malagradecido. Yo me pregunto: ¿Con quién deben estar mis sentimientos de solidaridad tras haber vivido en Cuba? ¿Con la dirigencia, que ya ni siquiera es la misma debido a las incesantes purgas? ¿Con Fidel Castro, que gobierna desde hace 41 años sin que haya permitido jamás una voz disidente? ¿O con los cubanos de dentro y fuera, que padecen desde mediados del siglo pasado el mismo régimen y aun no pueden votar en elecciones libres? Pero la novela no fue muy bien recibida por la izquierda clásica.

Sé que mi novela circula clandestinamente en Cuba y que la gente se apunta en listas para leerla. He recibido mensajes alentadores de militantes comunistas y socialistas chilenos que valoran que al fin alguien se haya atrevido a contar la verdad. Gente de derecha, que critica mi descripción de la dictadura de Pinochet, agradece al mismo tiempo haber conocido la atmósfera en que vivimos los chilenos en La Habana. La novela me ha dado muchas satisfacciones, es necesaria y, como dice una crítica española, 'estremecedora y valienté.

¿Qué opinas de la actual situación de Pinochet ante la justicia? Nadie en Chile debe estar por sobre la justicia. Tampoco Pinochet, quien algún grado de responsabilidad debe tener en los atropellos cometidos durante los 17 años de su régimen. Pero no hay que "pinochetizar" en exceso a la dictadura, pues así se olvida un tema clave: el de la complicidad del ciudadano común. Parafraseando a Bertolt Brecht, me pregunto: ¿Es que la dictadura no contó, además de sus tanques y soldados, con discretos soplones, simpáticos vecinos que hacían la vista gorda ante lo que ocurría, refinados censores, o ejemplares padres de familia que consideraban que los rojos se merecían la muerte y mucho más? ¿No teme que se convierta en un libro útil para quienes defienden a Pinochet? El principal argumento de las dictaduras para prohibir novelas ha consistido siempre en sostener que "le hacen el juego al enemigo",refiriéndose con ello al "peligro comunista" o a 'la amenaza imperialistá. Sobre esa base se puede descalificar todo lo que no está en la línea deseada, por lo que a mí no me quita el sueño averiguar por qué ciertas personas se identifican con o rechazan mis novelas. Más que atender lo que dicen los diarios o los críticos, me interesa dejar por escrito lo que pienso.

¿Se siente de izquierda todavía? Si me dices que ser de izquierda es estar a favor de la nacionalización de las empresas y la redistribución de las tierras, la monopolización estatal de la educación y el comercio exterior, del control sobre la prensa y la instauración de un partido único, obviamente no soy de izquierda. Y si me dices que ser derechista es estar con Pinochet,entonces tampoco soy derechista. ¿Qué significa ser hoy en el mundo izquierdista o derechista? ¿No serán esos ya conceptos prehistóricos? ¿No será que los problemas sociales y sus soluciones son hoy de tal complejidad que requieren soluciones que revienten el orden de los polos surgidos en la Revolución Francesa? ¿Cómo reacciona ante comentarios que le tildan de reaccionario y hasta de ex agente de la CIA? ¿Puedes mencionarme a un solo crítico del fidelismo que no haya sido acusado por el régimen de La Habana y sus compinches de ser agente de la CIA? ¡Por favor, dejémonos de pamplinas! Sí, es hora de juzgar a Pinochet, pero también de que Castro le conceda al pueblo cubano algo que Pinochet le concedió hace mucho -no importan los motivos- a los chilenos: la posibilidad de votar libremente y de instaurar un sistema que, pese a todos sus bemoles, es democrático y perfectible. Es por ese mismo sistema que Pinochet está hoy en el banquillo de los acusados ¿Le ha ayudado como escritor el haber vivido en lugares tan dispares como Cuba o Suecia? He vivido en seis países en los últimos 25 años, pero esa experiencia a la larga no sirve para conquistar editoriales extranjeras, sino para incorporar a mi obra enfoques, temáticas y sensibilidades diferentes a las que manejaría de no haber salido nunca de Chile. Ahora, nada de eso es determinante. Alcanza éxito mundial tanto una novela de García Márquez que habla de Macondo como una de Paul Theroux que habla de las zonas más exóticas del mundo.

Hay críticos chilenos que han sido muy duros con su obra y lo califican como un escritor menor, que sólo vende.

El problema de la crítica literaria en Chile es su promiscuidad. Los críticos viven por lo general en dos o tres comunas de Santiago.

Frecuentan los mismos bares, cafetines y restaurantes que los escritores,y luchan por las mismas "pegas" y espacios con éstos. Obviamente, se establecen relaciones de complicidad o de rechazo. Eso explica el tenor a ratos histérico y desmedido de numerosas criticas. En todo caso, soy un pluralista convencido y registro las opiniones favorables y adversas en su justa medida. Los críticos tienen la misión de criticar, yo la de escribir. Todos escribimos al final para el olvido, pero los críticos luchan contra el más tremendo de los olvidos: el que llega de inmediato.

¿Entre escribir mejor o ser más leído, que prefiere? Me quedo con escribir cada vez mejor y ser cada vez más leído. No nos engañemos, una novela escrita en términos inmejorables y que no es leída,no existe.

¿Qué libro de ficción falta aún que se escriba y publique en Chile? Faltan muchos, pero quizás dos urgentes: el de la dictadura y el de la democracia restringida. El del exilio goza de partida doble: "Una casa vacía", de Carlos Cerda, y "Nuestros años verde olivo".

Usted se define como un hombre con suerte ¿Cuál cree que es la fórmula para eso? Hasta ahora he sido muy afortunado en lo familiar y lo profesional. Soy independiente y hago lo que quiero, y mi mujer y mis hijos me apoyan en ello. No domino ninguna fórmula para el éxito, pero creo que éste pasa por la perseverancia, la disciplina y una gran dosis de suerte. Lo importante: no cejar en la búsqueda de la felicidad, ni despreciar a tus adversarios, pues el desprecio te convierte en su esclavo, como dice Jorge Luis Borges.

Además, tiene éxito en los negocios ¿Qué se siente no encajar con el molde del escritor mala suerte y sin cobre en los bolsillos? Las cosas marchan bien y me permiten independencia. Eso es lo más importante para un escritor y para todo ser humano. Escribo por el placer de escribir, y ese placer aumenta cuando los lectores piden mis novelas.

Pero me parece injusto que algunos me acusen de escribir para vender. No lo afirmarían si supiesen que esos pesos apenas me alcanzan para el cloro de la piscina, como dicen los siúticos. No, yo escribo porque me gusta, y el día en que nadie compre un libro mío, seguiría escribiendo y me autoeditaría.

¿Dejó Estocolmo para transformarse en un itinerante? Viví los dos últimos años en esa preciosa ciudad, donde en el verano apenas oscurece y en el invierno apenas sale el sol. Suecia es un país de gente tolerante, amable y de una profunda y arraigada tradición democrática. Ahora vivo en el medio oeste norteamericano, en Iowa, una bella y tranquila ciudad universitaria de sesenta mil habitantes, cercana a Chicago, en la que han vivido escritores como Tennessee Williams, John Irving, Stephen King o Raymond Carver. Un lugar ideal para escribir y vivir con la familia.

¿Ha pensado en volver a Chile para quedarte? En los próximos años volveré a menudo a Chile, porque me atrae y una casa nos espera a mí y a mi familia. Pero con Chile uno jamás se reconcilia,lo ama y lo odia al mismo tiempo. Me agobia pensar que nuestro país está condenado a ser de aquéllos a los que siempre se les queman los panes en la puerta del horno. Flota una suerte de maldición sobre este país.

Cuando está a punto de ser desarrollado, entra en una crisis; cuando está a punto de reconciliarse, estallan los odios; cuando está a punto de convertirse en algo mejor, se hunde. Lo vemos en el fútbol: cuando estamos a punto de ganarle a un equipo grande, nos empatan en el último minuto. Es un país quemado. Hay países con y sin suerte, y este país nunca se va a sacar la lotería, pero es el nuestro.

¿Mató definitivamente al detective Cayetano Brulé o está preparando algún nuevo libro con sus aventuras? Cayetano Brulé volverá pronto en una nueva novela. No quiero referirme a ella porque estoy en su etapa final, pero sí destacar que Cayetano no ha regresado antes a la arena porque me interesa diversificar mi registro,vale decir, combinar las novelas de corte policial con las del tipo de "Nuestros años verde olivo" o "La guerra de los duraznos". Mi personaje goza de buena salud, pero es evidente que nadie tiene la vida asegurada.

Además, estoy trabajando en un libro de intriga internacional que me quita el sueño, pero al cual no puedo referirme.

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