Cultura
de la diferenciaDr. Fidel Hernández Especial para la ULC,
Noviembre 12, 2002 A la mayoría de las personas nos gusta
compartir con otras que sean afines a nosotros. Buscamos aquellos que
tengan valores, creencias y puntos de vistas similares a los nuestros.
Sin embargo, a pesar de esta tendencia general a la búsqueda
de similitudes, existen también individuos que prefieren buscar
en los otros puntos de vista, opiniones y valores diferentes que permitan
confrontar y enriquecer nuestros puntos de vista. Esta actitud de confrontar
con lo diferente, que casi todos pregonan como su actitud, no es en
la práctica la que mas se ejerce. Así, se observan las
fuertes confrontaciones de diversos grupos y las divergencias de criterios
en el plano político, social y religioso que ocurre en Cuba.
Incluso en las relaciones interpersonales vemos cómo determinado
grupo de personas excluyen a algunos individuos que no coinciden con
sus puntos de vista y que discrepan a veces de determinados preceptos
del grupo. Esto tiene una extraordinaria vigencia en la Cuba
de hoy donde los esfuerzos gubernamentales y del Partido Comunista
pregonan, detrás de su discurso de unidad una sola idea. Esta
idea, que aniquila y aliena la subjetividades individuales, es la homogeneidad
de pensamiento político como única de arma de supervivencia
laboral y social. El que se salga fuera de este estructura morirá moralmente
desangrado por los resortes del régimen. La intolerancia
a lo diferente es tan vieja como la propia existencia del hombre. Las
sociedades se organizan en función de modas y costumbres donde
las personas se parezcan y no se diferencien. Sin embargo, hay individuos
que viven contentos con su diferencia. Lo diferente puede asustarnos
y ponernos a la defensiva. Todos somos diferentes y únicos y,
para asimilar esta diferencia, necesitamos un cambio de cultura de
la convivencia donde pasemos de ser seres de la homogeneidad a individuos
de la diversidad. Para ello, es necesario aprender en nuestra vida
cotidiana una dosis mayor de tolerancia a lo distinto, aprender a abrirnos
a lo diferente y tener menos miedo a las diversas ideas, ideologías,
puntos de vistas históricos, que procediendo de cualquier parte
siempre puedan contener racionalidad y sabiduría. Si no se produce
un cambio de paradigma donde aprendamos que la Cuba del futuro no puede
ser otra que la que esté impregnada de la cultura de la diversidad
como condición esencial para una sociedad democrática.
Así, estaríamos mas dispuestos a escuchar y a enfrentarnos
a lo desconocido. El Dr. Fidel Hernández es un psicólogo
cubano invidente exiliado en Madrid |