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POR
MIGUEL COSSÍO, México DF
Entrevista
a Rafael Rojas *
Vilipendiada
lo mismo desde La Habana, que la acusa de ser un instrumento al servicio
de la Casa Blanca, la CIA y la Fundación Nacional Cubano Americana,
que desde sectores minoritarios del exilio la califican de blanda, poco
crítica y condescendiente con el Gobierno de Fidel Castro, la revista
Encuentro de la Cultura Cubana se presentará este 5 de diciembre
en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Será, quizás,
uno de los pocos espacios destinados a las producciones literarias de intelectuales
cubanos que viven fuera de la Isla, pues pareciera que hasta en la Perla
Tapatía han calado las palabras del Comandante en Jefe: "(los
disidentes) parecen peces en una pecera sin agua... no representan a nadie".
En Cuba "no hay oxígeno" para ellos.
Casos
como los de Raúl Rivero y Antonio José Ponte, ambos colaboradores
de Encuentro de la Cultura Cubana, confirman lo anterior. A Ponte la burocracia
oficial le exigió su renuncia como integrante del consejo editorial
de Encuentro de la Cultura Cubana a cambio de tolerar su permanencia en
la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, de la cual es
miembro. El chantaje no pudo concretarse: los escritores asociados a ese órgano
no lo permitieron. Suerte que no ha tenido Raúl Rivero, a quien
desde hace muchísimos años no le publican una sola línea
en la Isla y a quien el Gobierno impidió recientemente viajar a
México para la presentación de su poemario Puente de guitarra,
editado por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla,
institución académica mexicana que, por cierto, le ha otorgado
a Fidel Castro el título Doctor Honoris Causa.
Encuentro
de la Cultura Cubana vive permanentemente en el ojo del huracán,
bajo la mirada intolerante de dos rostros acuñados en una misma
moneda. Rafael Rojas, 37 años, ensayista, historiador y codirector
de la revista fundada por el fallecido Jesús Díaz, aborda
el tema sin colocarse en los extremos y con la misma pasión de siempre
(la presentación de la revista en la Feria de Guadalajara estará a
cargo de él, del narrador Antonio José Ponte, del escritor
Carlos Monsiváis, del ensayista Christopher Domínguez Michael
y del politólogo Jesús Silva Herzog-Márquez).
Dice
el ministro de Cultura de Cuba, Abel Prieto, que en la Isla se conoce
más la obra cultural de la emigración que en Miami...
Si
el Ministerio de Cultura "se siente responsable por la totalidad
de la cultura cubana, se produzcan las obras donde se produzcan",
como él dice, y más allá del totalitarismo que encierra
la frase, entonces resulta inexplicable la tremenda falta de difusión
de la obra de los intelectuales y artistas exiliados dentro de la Isla.
En la Feria del Libro de Guadalajara, por ejemplo, habrá homenajes
a varios clásicos de la literatura cubana de la segunda mitad
del siglo XX: Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, José Lezama
Lima, Dulce María Loynaz, Cintio Vitier, Fina García Marruz,
Eliseo Diego. Me pregunto por qué no se rendirá homenaje
también a Guillermo Cabrera Infante, único Premio Cervantes
vivo de la literatura cubana, o a Severo Sarduy o Reinaldo Arenas. Se
me dirá que nunca Cabrera Infante aceptaría un homenaje
de parte del Gobierno cubano. Pero es que ni a Guillén, ni a Carpentier,
ni a Lezama, ni a Dulce María ni a Eliseo les pidieron permiso
para homenajearlos, porque están muertos.
Dice
también Abel Prieto que el "clima político que existe
entre los intelectuales y artistas cubanos está en las bases de
la política cultural de Cuba". En su imaginario, el Estado "nunca
puede jugar el papel de vulgar censor, expurgando, extirpando esto, lo
otro..." ¿Habla de una pluralidad inexistente? ¿Cómo
la entienden y, sobre todo, cómo la practican ustedes en Encuentro
de la Cultura Cubana?
No,
habla de una pluralidad real, cada vez más visible dentro y fuera
de la Isla. En nuestro caso, la concepción plural que ha caracterizado
a Encuentro proviene de la certeza de que los límites culturales
de una nación moderna no pueden ser trazados a partir de criterios
de lealtad política a un régimen. En este sentido, nuestra
propuesta se ubica en las antípodas de la máxima fidelista "dentro
de la Revolución todo, contra la Revolución nada", la
cual excluye del espacio nacional a los "contrarrevolucionarios",
es decir, a los opositores. La ausencia de derechos elementales para la
disidencia y el exilio dentro de Cuba es el reflejo político de
esa idea autoritaria de la cultura. En siete años hemos podido defender
esa noción democrática de la identidad nacional porque trascendimos
la bipolaridad entre la cultura "revolucionaria" y la cultura "contrarrevolucionaria".
Para nosotros simplemente existe una cultura cubana, buena o mala, donde
quiera que se produzca. Por eso no sentimos ningún escrúpulo
de asumirnos como herederos de la Revolución y del Exilio, de publicaciones
como Lunes o Mariel.
¿Cuándo
y por qué nació la revista?
Encuentro
fue fundada en 1995, en Madrid, por el cineasta y narrador cubano Jesús
Díaz, quien falleció el pasado 2 de mayo en el exilio. En 7
años hemos publicado 25 números, en los cuales se han abordado
los más diversos temas de la cultura y la sociedad contemporánea
cubanas desde un criterio muy amplio, que incluye a la Isla y la diáspora
como lugares de producción cultural: ecología, arquitectura,
poesía, narrativa, artes plásticas, crítica literaria,
historia, sociología y, por supuesto, política. Frente a la
nueva difusión de un intelectual apolítico, dedicado únicamente
a las "bellas letras", por parte de un Gobierno que no hace mucho
defendía con vehemencia el rol del intelectual comprometido, nuestra
revista ha abierto un espacio plural, donde caben la literatura más
refinada y el análisis sereno de la política.
Entonces,
para ustedes Encuentro no quiere decir coincidencia...
Más
bien, para nosotros coincidencia no significa unanimidad. Desde un principio
nos propusimos seguir fielmente la recomendación del gran poeta
Gastón Baquero, veterano del exilio, de concebir la cultura nacional
como un lugar de encuentro. Siempre entendimos esta sugerencia como la
creación de un espacio para la coexistencia de las más
diversas percepciones de nuestra cultura, sin que ningún discurso
tuviera que disolverse o anularse en favor de otro. Por eso nos cuidamos
de conservar una red de colaboradores bien repartida entre la Isla y
la diáspora, y de rendir tributo a los grandes creadores cubanos,
vivan donde vivan y piensen como piensen. Así, realizamos homenajes
a Fina García Marruz, César López y Antón
Arrufat, quienes residen en la Isla, y a Antonio Benítez Rojo,
Lorenzo García Vega y Nicolás Quintana, que viven en el
exilio. En próximos números tenemos previsto homenajear
a importantes personalidades de la cultura cubana como el dramaturgo
Abelardo Estorino, que vive en La Habana, y el gran músico contemporáneo
Aurelio de la Vega, quien reside, desde 1959, en Los Ángeles.
¿Cuánto
pesa la ausencia de Jesús Díaz? ¿Hacia dónde
va Encuentro sin él?
El
legado que dejó Jesús Díaz a la cultura cubana del
siglo XXI es invaluable. Además de tantas películas y libros
entrañables, como Lejanía o Alicia en el pueblo de las
maravillas, Las palabras perdidas o Las cuatro fugas de Manuel, Jesús
nos legó el ejemplo de un intelectual público, convencido
de que la vida cultural de un país se enriquece con empresas colectivas
e independientes, como fueron El Caimán Barbudo y Pensamiento
Crítico, y como es hoy Encuentro. Es inevitable, sin embargo,
que la ausencia de una personalidad tan intensa y especial como la de
Jesús transforme la revista. En los próximos años
nuestros lectores, en la Isla y la diáspora, notarán cambios
y continuidades. Algunos cambios, como la introducción creciente
de temas y debates latinoamericanos, fueron previstos por él;
otros, como el mayor espacio para el periodismo de investigación
o la profesionalización de nuestras secciones, han sido demandas
de la actual redacción.
*
Para Cubaencuentro.com, Madrid / Noviembre 25, 2002
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