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Rafael Rojas, codirector de “Encuentro” conversa sobre la revista a propósito de su presentación en la Feria de Guadajara

Miguel Cossío Rodríguez, desde México D F

Cubaencuentro , noviembre 25, 2002

Vilipendiada lo mismo desde La Habana, que la acusa de ser un instrumento al servicio de la Casa Blanca, la CIA y la Fundación Nacional Cubano Americana, que desde sectores minoritarios del exilio la califican de blanda, poco crítica y condescendiente con el Gobierno de Fidel Castro, la revista Encuentro de la Cultura Cubana se presentará este 5 de diciembre en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Será, quizás, uno de los pocos espacios destinados a las producciones literarias de intelectuales cubanos que viven fuera de la Isla, pues pareciera que hasta en la Perla Tapatía han calado las palabras del Comandante en Jefe: "(los disidentes) parecen peces en una pecera sin agua... no representan a nadie". En Cuba "no hay oxígeno" para ellos.

Casos como los de Raúl Rivero y Antonio José Ponte, ambos colaboradores de Encuentro de la Cultura Cubana, confirman lo anterior. A Ponte la burocracia oficial le exigió su renuncia como integrante del consejo editorial de Encuentro de la Cultura Cubana a cambio de tolerar su permanencia en la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, de la cual es miembro. El chantaje no pudo concretarse: los escritores asociados a ese órgano no lo permitieron. Suerte que no ha tenido Raúl Rivero, a quien desde hace muchísimos años no le publican una sola línea en la Isla y a quien el Gobierno impidió recientemente viajar a México para la presentación de su poemario Puente de guitarra, editado por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, institución académica mexicana que, por cierto, le ha otorgado a Fidel Castro el título Doctor Honoris Causa.

Encuentro de la Cultura Cubana vive permanentemente en el ojo del huracán, bajo la mirada intolerante de dos rostros acuñados en una misma moneda. Rafael Rojas, 37 años, ensayista, historiador y codirector de la revista fundada por el fallecido Jesús Díaz, aborda el tema sin colocarse en los extremos y con la misma pasión de siempre (la presentación de la revista en la Feria de Guadalajara estará a cargo de él, del narrador Antonio José Ponte, del escritor Carlos Monsiváis, del ensayista Christopher Domínguez Michael y del politólogo Jesús Silva Herzog-Márquez).

Dice el ministro de Cultura de Cuba, Abel Prieto, que en la Isla se conoce más la obra cultural de la emigración que en Miami...

Si el Ministerio de Cultura "se siente responsable por la totalidad de la cultura cubana, se produzcan las obras donde se produzcan", como él dice, y más allá del totalitarismo que encierra la frase, entonces resulta inexplicable la tremenda falta de difusión de la obra de los intelectuales y artistas exiliados dentro de la Isla. En la Feria del Libro de Guadalajara, por ejemplo, habrá homenajes a varios clásicos de la literatura cubana de la segunda mitad del siglo XX: Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, José Lezama Lima, Dulce María Loynaz, Cintio Vitier, Fina García Marruz, Eliseo Diego. Me pregunto por qué no se rendirá homenaje también a Guillermo Cabrera Infante, único Premio Cervantes vivo de la literatura cubana, o a Severo Sarduy o Reinaldo Arenas. Se me dirá que nunca Cabrera Infante aceptaría un homenaje de parte del Gobierno cubano. Pero es que ni a Guillén, ni a Carpentier, ni a Lezama, ni a Dulce María ni a Eliseo les pidieron permiso para homenajearlos, porque están muertos.

Dice también Abel Prieto que el "clima político que existe entre los intelectuales y artistas cubanos está en las bases de la política cultural de Cuba". En su imaginario, el Estado "nunca puede jugar el papel de vulgar censor, expurgando, extirpando esto, lo otro..." ¿Habla de una pluralidad inexistente? ¿Cómo la entienden y, sobre todo, cómo la practican ustedes en Encuentro de la Cultura Cubana?

No, habla de una pluralidad real, cada vez más visible dentro y fuera de la Isla. En nuestro caso, la concepción plural que ha caracterizado a Encuentro proviene de la certeza de que los límites culturales de una nación moderna no pueden ser trazados a partir de criterios de lealtad política a un régimen. En este sentido, nuestra propuesta se ubica en las antípodas de la máxima fidelista "dentro de la Revolución todo, contra la Revolución nada", la cual excluye del espacio nacional a los "contrarrevolucionarios", es decir, a los opositores. La ausencia de derechos elementales para la disidencia y el exilio dentro de Cuba es el reflejo político de esa idea autoritaria de la cultura. En siete años hemos podido defender esa noción democrática de la identidad nacional porque trascendimos la bipolaridad entre la cultura "revolucionaria" y la cultura "contrarrevolucionaria". Para nosotros simplemente existe una cultura cubana, buena o mala, donde quiera que se produzca. Por eso no sentimos ningún escrúpulo de asumirnos como herederos de la Revolución y del Exilio, de publicaciones como Lunes o Mariel.

¿Cuándo y por qué nació la revista?

Encuentro fue fundada en 1995, en Madrid, por el cineasta y narrador cubano Jesús Díaz, quien falleció el pasado 2 de mayo en el exilio. En 7 años hemos publicado 25 números, en los cuales se han abordado los más diversos temas de la cultura y la sociedad contemporánea cubanas desde un criterio muy amplio, que incluye a la Isla y la diáspora como lugares de producción cultural: ecología, arquitectura, poesía, narrativa, artes plásticas, crítica literaria, historia, sociología y, por supuesto, política. Frente a la nueva difusión de un intelectual apolítico, dedicado únicamente a las "bellas letras", por parte de un Gobierno que no hace mucho defendía con vehemencia el rol del intelectual comprometido, nuestra revista ha abierto un espacio plural, donde caben la literatura más refinada y el análisis sereno de la política.

Entonces, para ustedes Encuentro no quiere decir coincidencia...

Más bien, para nosotros coincidencia no significa unanimidad. Desde un principio nos propusimos seguir fielmente la recomendación del gran poeta Gastón Baquero, veterano del exilio, de concebir la cultura nacional como un lugar de encuentro. Siempre entendimos esta sugerencia como la creación de un espacio para la coexistencia de las más diversas percepciones de nuestra cultura, sin que ningún discurso tuviera que disolverse o anularse en favor de otro. Por eso nos cuidamos de conservar una red de colaboradores bien repartida entre la Isla y la diáspora, y de rendir tributo a los grandes creadores cubanos, vivan donde vivan y piensen como piensen. Así, realizamos homenajes a Fina García Marruz, César López y Antón Arrufat, quienes residen en la Isla, y a Antonio Benítez Rojo, Lorenzo García Vega y Nicolás Quintana, que viven en el exilio. En próximos números tenemos previsto homenajear a importantes personalidades de la cultura cubana como el dramaturgo Abelardo Estorino, que vive en La Habana, y el gran músico contemporáneo Aurelio de la Vega, quien reside, desde 1959, en Los Ángeles.

¿Cuánto pesa la ausencia de Jesús Díaz? ¿Hacia dónde va Encuentro sin él?

El legado que dejó Jesús Díaz a la cultura cubana del siglo XXI es invaluable. Además de tantas películas y libros entrañables, como Lejanía o Alicia en el pueblo de las maravillas, Las palabras perdidas o Las cuatro fugas de Manuel, Jesús nos legó el ejemplo de un intelectual público, convencido de que la vida cultural de un país se enriquece con empresas colectivas e independientes, como fueron El Caimán Barbudo y Pensamiento Crítico, y como es hoy Encuentro. Es inevitable, sin embargo, que la ausencia de una personalidad tan intensa y especial como la de Jesús transforme la revista. En los próximos años nuestros lectores, en la Isla y la diáspora, notarán cambios y continuidades. Algunos cambios, como la introducción creciente de temas y debates latinoamericanos, fueron previstos por él; otros, como el mayor espacio para el periodismo de investigación o la profesionalización de nuestras secciones, han sido demandas de la actual redacción.

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