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El estrés en la sociedad cubana

Dr. Fidel Hernández, psicólogo cubano invidente
Diciembre 13, 2002

El término estrés se ha ido incorporando cada vez más a nuestro lenguaje cotidiano. Lo utilizamos para explicar la aparición de algún síntoma nervioso, tensión o cualquier conflicto que denote que estamos fuera de control ante una situación o problema que nos sentimos incapaces de resolver. Sin embargo, este término se utiliza muchas veces de forma excesiva o de modo inapropiado confundiéndolo con otros conceptos como tensión, depresión o hasta con cualquier reacción emocional momentánea. Tampoco nos damos cuenta de cómo estos estados emocionales pueden influir en la salud, el trabajo y en nuestra vida personal.

La tensión, por ejemplo, es una respuesta ansiosa que moviliza y alerta al individuo ante una situación de peligro o significación emocional alta para él. Tiene carácter transitorio y muchas veces nos ayuda a enfrentarnos a tareas que requieren un máximo de atención y cuidado ya que nos proporciona la energía requerida en ese momento. Es por ello que un mínimo de tensión es necesario para desempeñar determinadas tareas y roles sociales. Por ejemplo, un conferencista preparando su charla minutos antes de enfrentarse al público, un estudiante enfrentándose a un examen o cuando empezamos un trabajo nuevo, son situaciones que generan tensión nerviosa pero no podemos hablar de estrés.

El estrés consiste en una situación de vivencia de displacer y tensión prolongada en el tiempo para la que no tenemos solución y que nos provoca de forma sistemática durante meses o incluso años síntomas de agotamiento emocional, irritabilidad, cansancio, taquicardia y vivencias de desesperanza ante el problema por haberse prolongado indefinidamente. Por ejemplo, una población como la cubana, que lleva décadas sometida a carencias económicas, a un sistema político coercitivo y una sociedad que cada vez más sufre privaciones sicológicas y de todo tipo podemos considerar que es una sociedad sometida a un estrés crónico. Esto conlleva a que en la actualidad muchos especialistas, incluso dentro de la isla, hablen de una sociedad patologizada donde los comportamientos de los que viven allí o salen transitoriamente al extranjero son incomprensibles para el ojo común. La falta de energía, apatía, incluso la imposibilidad de reclamar sus propios derechos ni de hacer nada por si mismo demuestran la existencia de un pueblo neurótico con altas secuelas de estrés permanente.

Los síntomas pueden ser diversos pero lo que nos avisa que estamos padeciendo una situación de estrés es tener la sensación de no tener capacidad para enfrentar el conflicto o una situación determinada que se nos escapa de nuestro control. Como nos sentimos que la situación nos sobrepasa generalmente se dan respuestas extremas y poco efectivas que no contribuyen a brindar soluciones. Por el contrario, se refuerza la idea de incapacidad para resolver el conflicto. Por ello, ante la situación de crisis social que vive Cuba, incluso la que acontece estos días en Venezuela, muchas veces las personas suelen reaccionar con respuestas violentas ya que cuando se está dentro de un conflicto los individuos suelen padecer un estrechamiento de conciencia que no los deja ver alternativas intermedias y más reales. Las respuestas sociales no siempre se producen para resolver o enfrentar el problema real, que, como en el caso cubano serían enfrentarse a la dictadura. Todo lo contrario, lo que lo que se hace es evadir el conflicto (aumento de la delincuencia, violencia dentro de la propia sociedad, enagenación de los temas políticos y sociales).

Existen varias clasificaciones en la literatura especializada para identificar a algunos de los colectivos más vulnerables al estrés y a un tipo de estrés que requiere atención psicológica —el síndrome del trabajador quemado o Burnout. Entre los colectivos más vulnerables se encuentra el estrés asistencial del personal sanitario, el estrés del periodista, de los policías, maestros y el estrés psicosocial que padecen los que brindan asistencia al público. El síndrome del Burnout fue descrito por primera vez en 1974 por el psiquiatra Herbert Freudenberger al observar como, tras un tiempo de trabajo, sus compañeros sufrían una progresiva pérdida de energía, agotamiento, desmotivación para el trabajo, y síntomas propios de estados de ansiedad y depresión.

En general, estos colectivos están sometidos a presiones y demandas que los hacen tener mayor riesgo de enfermar de estrés. En Cuba estos colectivos son especialmente vulnerables porque están sometidos a alta presión política y a carencias materiales extremas.

De todos modos es erróneo pensar que las situaciones y conflictos son los únicos responsables que seamos víctimas de esta enfermedad mental. En el desarrollo del estrés inciden otros factores muy importantes como la personalidad de cada individuo y la distinta forma en que cada cual se enfrenta a las situaciones que se le presentan. Los especialistas en este tema coinciden en que existen situaciones que puede tener mayor potencial de estrés que otra. Por ejemplo, la muerte del cónyuge o de un ser querido, la guerra o las catástrofes, el divorcio, la pérdida del empleo o los conflictos laborales. Las respuestas ante estas situaciones estresantes van a depender del modo de tolerar los fracasos, de la posibilidad de adaptarse a las nuevas situaciones en un periodo menor de tiempo y del apoyo social con que cuente el individuo que se enfrenta a este tipo de situación. Amigos, pareja y familia son soportes decisivos para compensar el impacto del estrés.

La repercusión que tiene para la salud padecer estrés no siempre es lo suficientemente conocido y valorado por la sociedad. Las consecuencias fisiológicas muchas veces se tratan únicamente desde el punto de vista médico sin buscar sus causas psicológicas. El estrés tiene su impacto en la salud tanto física como mental. Pueden aparecer síntomas de fatiga crónica, dolores musculares o de cabeza, y problemas gástricos. En la salud psicológica el estrés disminuye la actividad útil del individuo y su rendimiento. Generalmente estas enfermedades provocadas por el estrés no gozan de suficiente comprensión en el plano laboral a pesar de que en la actualidad aumentan significativamente las bajas laborales provocadas por el estrés.

La sociedad moderna con su acelerado desarrollo tecnológico cada vez más rápido nos someten a cambios cada vez más bruscos en un menor tiempo por lo que nos deja sin posibilidades de adaptarnos y acomodarnos a estos. Esto sin duda nos pone ante el reto a los especialistas y la sociedad en general de reaccionar de manera inmediata con recursos profesionales y humanos ante el aumento del estrés moderno.

Además de acudir a un especialista si aparecen estos trastornos, se hace necesario que de manera preventiva practiquemos la salud mental dándole más espacio a la familia, delegando el mayor número de tareas en el hogar, hacer más ejercicios físicos, invertir más tiempo con los hijos, no descuidar el ocio que nos corresponde y mantener la comunicación con nuestros amigos. Estas son las fuentes emocionales útiles que nos ayudan a evitar que nos enfermemos de estrés.

El estrés en la sociedad cubana actual no sólo se combate a través de estrategias profesionales sino que son necesarios profundos cambios sociales, políticos y económicos que produzcan cambios de estilo de vida en los ciudadanos que haga que sea un país con comportamientos más saludables.

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