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POR
EL DR. FIDEL HERNÁNDEZ, Madrid
El estrés
en la sociedad cubana
El
término estrés se ha ido incorporando cada vez más
a nuestro lenguaje cotidiano. Lo utilizamos para explicar la aparición
de algún síntoma nervioso, tensión o cualquier conflicto
que denote que estamos fuera de control ante una situación o problema
que nos sentimos incapaces de resolver. Sin embargo, este término
se utiliza muchas veces de forma excesiva o de modo inapropiado confundiéndolo
con otros conceptos como tensión, depresión o hasta con cualquier
reacción emocional momentánea. Tampoco nos damos cuenta de
cómo estos estados emocionales pueden influir en la salud, el trabajo
y en nuestra vida personal.
La
tensión, por ejemplo, es una respuesta ansiosa que moviliza y alerta
al individuo ante una situación de peligro o significación
emocional alta para él. Tiene carácter transitorio y muchas
veces nos ayuda a enfrentarnos a tareas que requieren un máximo
de atención y cuidado ya que nos proporciona la energía requerida
en ese momento. Es por ello que un mínimo de tensión es necesario
para desempeñar determinadas tareas y roles sociales. Por ejemplo,
un conferencista preparando su charla minutos antes de enfrentarse al público,
un estudiante enfrentándose a un examen o cuando empezamos un trabajo
nuevo, son situaciones que generan tensión nerviosa pero no podemos
hablar de estrés.
El
estrés consiste en una situación de vivencia de displacer
y tensión prolongada en el tiempo para la que no tenemos solución
y que nos provoca de forma sistemática durante meses o incluso años
síntomas de agotamiento emocional, irritabilidad, cansancio, taquicardia
y vivencias de desesperanza ante el problema por haberse prolongado indefinidamente.
Por ejemplo, una población como la cubana, que lleva décadas
sometida a carencias económicas, a un sistema político coercitivo
y una sociedad que cada vez más sufre privaciones sicológicas
y de todo tipo podemos considerar que es una sociedad sometida a un estrés
crónico. Esto conlleva a que en la actualidad muchos especialistas,
incluso dentro de la isla, hablen de una sociedad patologizada donde los
comportamientos de los que viven allí o salen transitoriamente al
extranjero son incomprensibles para el ojo común. La falta de energía,
apatía, incluso la imposibilidad de reclamar sus propios derechos
ni de hacer nada por si mismo demuestran la existencia de un pueblo neurótico
con altas secuelas de estrés permanente.
Los
síntomas pueden ser diversos pero lo que nos avisa que estamos padeciendo
una situación de estrés es tener la sensación de no
tener capacidad para enfrentar el conflicto o una situación determinada
que se nos escapa de nuestro control. Como nos sentimos que la situación
nos sobrepasa generalmente se dan respuestas extremas y poco efectivas
que no contribuyen a brindar soluciones. Por el contrario, se refuerza
la idea de incapacidad para resolver el conflicto. Por ello, ante la situación
de crisis social que vive Cuba, incluso la que acontece estos días
en Venezuela, muchas veces las personas suelen reaccionar con respuestas
violentas ya que cuando se está dentro de un conflicto los individuos
suelen padecer un estrechamiento de conciencia que no los deja ver alternativas
intermedias y más reales. Las respuestas sociales no siempre se
producen para resolver o enfrentar el problema real, que, como en el caso
cubano serían enfrentarse a la dictadura. Todo lo contrario, lo
que lo que se hace es evadir el conflicto (aumento de la delincuencia,
violencia dentro de la propia sociedad, enagenación de los temas
políticos y sociales).
Existen
varias clasificaciones en la literatura especializada para identificar
a algunos de los colectivos más vulnerables al estrés y a
un tipo de estrés que requiere atención psicológica —el
síndrome del trabajador quemado o Burnout. Entre los colectivos
más vulnerables se encuentra el estrés asistencial del personal
sanitario, el estrés del periodista, de los policías, maestros
y el estrés psicosocial que padecen los que brindan asistencia al
público. El síndrome del Burnout fue descrito por primera
vez en 1974 por el psiquiatra Herbert Freudenberger al observar como, tras
un tiempo de trabajo, sus compañeros sufrían una progresiva
pérdida de energía, agotamiento, desmotivación para
el trabajo, y síntomas propios de estados de ansiedad y depresión.
En
general, estos colectivos están sometidos a presiones y demandas
que los hacen tener mayor riesgo de enfermar de estrés. En Cuba
estos colectivos son especialmente vulnerables porque están sometidos
a alta presión política y a carencias materiales extremas.
De
todos modos es erróneo pensar que las situaciones y conflictos son
los únicos responsables que seamos víctimas de esta enfermedad
mental. En el desarrollo del estrés inciden otros factores muy importantes
como la personalidad de cada individuo y la distinta forma en que cada
cual se enfrenta a las situaciones que se le presentan. Los especialistas
en este tema coinciden en que existen situaciones que puede tener mayor
potencial de estrés que otra. Por ejemplo, la muerte del cónyuge
o de un ser querido, la guerra o las catástrofes, el divorcio, la
pérdida del empleo o los conflictos laborales. Las respuestas ante
estas situaciones estresantes van a depender del modo de tolerar los fracasos,
de la posibilidad de adaptarse a las nuevas situaciones en un periodo menor
de tiempo y del apoyo social con que cuente el individuo que se enfrenta
a este tipo de situación. Amigos, pareja y familia son soportes
decisivos para compensar el impacto del estrés.
La
repercusión que tiene para la salud padecer estrés no siempre
es lo suficientemente conocido y valorado por la sociedad. Las consecuencias
fisiológicas muchas veces se tratan únicamente desde el punto
de vista médico sin buscar sus causas psicológicas. El estrés
tiene su impacto en la salud tanto física como mental. Pueden aparecer
síntomas de fatiga crónica, dolores musculares o de cabeza,
y problemas gástricos. En la salud psicológica el estrés
disminuye la actividad útil del individuo y su rendimiento. Generalmente
estas enfermedades provocadas por el estrés no gozan de suficiente
comprensión en el plano laboral a pesar de que en la actualidad
aumentan significativamente las bajas laborales provocadas por el estrés.
La
sociedad moderna con su acelerado desarrollo tecnológico cada vez
más rápido nos someten a cambios cada vez más bruscos
en un menor tiempo por lo que nos deja sin posibilidades de adaptarnos
y acomodarnos a estos. Esto sin duda nos pone ante el reto a los especialistas
y la sociedad en general de reaccionar de manera inmediata con recursos
profesionales y humanos ante el aumento del estrés moderno.
Además
de acudir a un especialista si aparecen estos trastornos, se hace necesario
que de manera preventiva practiquemos la salud mental dándole más
espacio a la familia, delegando el mayor número de tareas en el
hogar, hacer más ejercicios físicos, invertir más
tiempo con los hijos, no descuidar el ocio que nos corresponde y mantener
la comunicación con nuestros amigos. Estas son las fuentes emocionales útiles
que nos ayudan a evitar que nos enfermemos de estrés.
El
estrés en la sociedad cubana actual no sólo se combate a
través de estrategias profesionales sino que son necesarios profundos
cambios sociales, políticos y económicos que produzcan cambios
de estilo de vida en los ciudadanos que haga que sea un país con
comportamientos más saludables.
Diciembre
13, 2002
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