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Tumbando Caña

Paquito D´Rivera
Diciembre 13, 2002

Señor Ernesto Márquez:

A través de un amigo chileno que me lo envió por internet, acabo de leer su entusiasta aunque incompleto artículo sobre la celebración de los 20 años del Festival Jazz Plaza de (lo que queda de) la ciudad de La Habana.

Es una pena que en Cuba seguramente no hayan leído “Tumbando Caña” (y vaya nombrecito artístico, ¿no?), ya que allí, como usted seguramente ignora, aunque unos pocos tienen correo electrónico, el Internet es considerado por el comandante en jefe un arma de penetración imperialista, y por lo tanto vedado para los cubanos de a pié. No así para él y los de la élite en el poder, claro.

De acuerdo a lo que leo, deduzco que debe ser usted mexicano, tanto porque desde allí está fechado su escrito, como porque a la legua se nota que no tiene usted la menor idea de la verdadera y trágica historia del Jazz en nuestro país; una triste historia no muy diferente a la pesadilla que sufrieron los amantes de ese género musical en la URSS, Checoslovaquia, China y otros países del “Paraíso de los Trabajadores” de que hablaban Marx y Lenin.

Para más referencias, le aconsejo leer alguno que otro libro de Milan Kundera, o aún mejor ”Red and Hot, The saga of Jazz in the Soviet Union ,” de Fredd Starr. ”Me parece estar leyendo un libro sobre nosotros mismos” me dijo un amigo escritor a quien le hice llegar un ejemplar en Cuba.

Para empezar le diré, señor Márquez, que en la organización que armó contra viento y marea aquellos primeros recitales de Jazz; entre ese grupito muy reducido de “cubanísimos músicos encabezados por Bobby Carcassés” como dice usted, estábamos Emiliano Salvador, Leonardo Acosta y yo. Chucho Valdés jamás se mezcló en eso, ya que tenía un terror pánico al marcado rechazo que los jerarcas le hacían a los jazzistas. Por eso mismo creó Irakere, donde la palabra Jazz brillaba por su ausencia.

En segundo lugar, me pregunto cómo es posible que ni se mencione en esta celebración a Arturo Sandoval, quien como miembro del Partido Comunista fuera elegido por la alta dirigencia cultural como presidente y cazador de talento internacional para ese festival desde 1982, hasta que pasó lo que pasó. Entonces esos mismos dirigentes, ”convirtiendo el revés en victoria,” pusieron a Chucho de presidente en el 1996, ya una vez “autorizado” oficialmente el controversial género, por razones únicamente económicas y de captación de figuras extranjeras de prestigio.

Ésa y tantas otras omisiones me recuerdan el absurdo del festival de cine de La Habana, al no aceptar la fenomenal película “Antes que Anochezca” de Julian Schnabel sobre Reinaldo Arenas, uno de los más importantes escritores cubanos de todos los tiempos. De la misma forma se silenció, entre tantos otros, el premio Cervantes de Cabrera Infante, los éxitos del pianista Horacio Gutiérrez y el guitarrista Manuel Barruecos en el competitivo campo de los clásicos y ni hablar de los Grammys de Cachao ,Celia Cruz ¡y Bebo Valdés , el mismísimo padre de Chucho exiliado por 40 años en Suecia!.

Como bien dijo desde prisión el hijo disidente de un legendario comunista cubano, ”La Patria es de Todos.” Y yo agregaría, mi estimado colega, que la cultura nacional no es patrimonio exclusivo de aquellos que por convicción, temor o conveniencia aceptan representar a la dictadura más antigua y ridícula del planeta.

Hasta el 15 de diciembre, aún quedan varios días de festival, señor Márquez, y pienso modestamente que con esta información que le he pasado y una pequeña dosis de curiosidad profesional por conocer la otra mitad de las amargas verdades escondidas detrás de las tan cacareadas escuelitas y hospitales gratuitos, podrá usted reportar con la fidelidad y veracidad que se espera de un periodista objetivo y honesto.¿Me explico?

Gracias, Paquito D'Rivera:


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