| Nocturna
consagración: Charlie Haden y Gonzalo Rubalcaba fusionan
jazz y bolero en 'Nocturne', un disco para coleccionar.
Arsenio Rodríguez en Barcelona
Cubaencuentro.com, diciembre 23, 2002
En 2002 Gonzalo Rubalcaba, a quien por años se le resistió el
premio Grammy, se ha visto recompensado con un par de ellos.
En septiembre la entrega de los Grammys Latinos dio la alegría
a los seguidores del jazz cubano cuando Bebo Valdés (El
Arte del sabor), Chucho Valdés (Canciones inéditas)
y el propio Rubalcaba (Supernova) fueron premiados en las diferentes
categorías a que estaban nominados. El hecho jerarquiza
a la escuela criolla como una de las mejores del mundo. Ello
adquiere más relevancia si se añade a la fiesta
el disco “Nocturne” (Verve, 2001), que se alzó en
los Grammys americanos como mejor disco de latin jazz, y donde
puede encontrarse nuevamente a Gonzalo Rubalcaba.
Junto con Charlie Haden definió el repertorio del CD,
puso canciones suyas, realizó la producción conjunta
y, como era de esperar, tocó en todas las piezas como
sólo él sabe hacerlo desde que dejó la percusión
para dedicarse al piano. Es bastante injusto que en la portadilla
sólo aparezca Haden (seguramente una estrategia de mercado
para encausar la placa en el ámbito inglés). Es
la primera vez que Gonzalo y Haden hacen un monotemático
de boleros, y el disco demuestra que el jazz está muy
cerca del género romántico por excelencia. Particularmente
para ambos músicos, “Nocturne” es el capítulo último
de una amistad de más de quince años, que comenzó cuando
se conocieron en el Festival de Jazz de La Habana. Rubalcaba
sólo tenía 23 años.
En el disco hay tres versiones de piezas creadas, inicialmente,
por autores que las generaron bajo la influencia del feeling;
una de ellas, “El borde del mundo”, nada menos que
de Martín Rojas. Aquí Gonzalo diserta con una introducción
influída por los maestros de la pianística europea
clásica, aunque luego se moverá en el tango con
fuerte presencia del bolero. La segunda pieza del CD, “No
empeñes más”, de Marta Valdés, es
un típico bolero-feeling, como apunta sabiamente Leonardo
Acosta. En él puede apreciarse que Gonzalo, como en su
anterior Supernova, ha ganado suficiente con el silencio y las
suaves modulaciones en sus solos con la mano derecha, lo que
antes se empeñaba en demostrar con buenas furias y notable
virtuosismo. La tercera pieza feeling —que cierra el CD—, “Contigo
en la distancia”, viene en un kit-dual con otro tema (“En
nosotros”, de Tania Castellanos). En la versión
que ambos músicos hacen de aquélla destaca, de
manera casi sobrenatural, la manera en que Charlie Haden dice
nota a nota, con el bajo acústico, cada sílaba
del comienzo de la canción; los solos que ejecuta lo introducen
inapelablemente en el Olimpo de los mejores bajistas de su generación,
a la altura de Charles Mingus o Ron Carter.
Los boleristas cubanos clásicos no están olvidados
en este acercamiento, y ahí está la figura de Osvaldo
Farrés —con una de sus excelentes piezas, “Tres
palabras” para demostrarlo. Farrés, con “Acércate
más”, “Toda una vida”, “Quizás
quizás”, “Para que sufras” o “Madrecita”,
en su momento aseguró la inmortalidad de Nat King Cole
y Antonio Machín, entre otros. La economía de recursos
literarios conseguida en “Tres palabras” es la que
imita Gonzalo en la extensión de su particular versión,
quizá rindiendo merecido homenaje al autor.
Y no sólo se nutre el disco con boleros y feeling nacionales:
el bolero mejicano está representado con “Yo sin
ti”, de Arturo Castro, “Nocturnal”, de Sabre
Marroquin/José Mujica, “Noche de ronda”, de
Agustín Lara y, cómo no, “El Ciego,” de
Armando Manzanero. Con tales argumentos la placa, corte tras
corte, se va metiendo en los bares, en la noche, en el amor,
en cada cuerpo... ofreciendo gratas sorpresas: el violín
del uruguayo Federico Britos, que por momentos parece sacado
de un disco de Django Reinhardt, o el saxo de Joe Lovano, con
un apreciable solo en “Moonlight”, sin olvidar al
guitarrista Pat Metheny en “Noche de ronda”. Por último,
hay que prestar especial atención al maravilloso acompañamiento
que hace Ignacio Berroa, quien a veces usa las escobillas de
la batería como maracas.
Como recomendó el propio Charlie Haden en Barcelona,
compren el disco, grábenlo de algún amigo o bájenlo
en MP3, que bien merece el gusto.
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