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POR
ARSENIO RODRÍGUEZ, Barcelona*
Nocturna
consagración
Charlie
Haden y Gonzalo Rubalcaba fusionan jazz y bolero en Nocturne, un
disco para coleccionar.
En
2002 Gonzalo Rubalcaba, a quien por años se le resistió el
premio Grammy, se ha visto recompensado con un par de ellos.
En
septiembre la entrega de los Grammy Latinos dio la alegría a los
seguidores del jazz cubano cuando Bebo Valdés (El Arte del sabor),
Chucho Valdés (Canciones inéditas) y el propio Rubalcaba (Supernova) fueron
premiados en las diferentes categorías a que estaban nominados.
El hecho jerarquiza a la escuela criolla como una de las mejores del mundo.
Ello adquiere más relevancia si se añade a la fiesta el disco Nocturne (Verve,
2001), que se alzó en los Grammy americanos como mejor disco de
latin jazz, y donde puede encontrarse nuevamente a Gonzalo Rubalcaba.
Junto
con Charlie Haden definió el repertorio del CD, puso canciones suyas,
realizó la producción conjunta y, como era de esperar, tocó en
todas las piezas como sólo él sabe hacerlo desde que dejó la
percusión para dedicarse al piano. Es bastante injusto que en la
portadilla sólo aparezca Haden (seguramente una estrategia de mercado
para encausar la placa en el ámbito inglés). Es la primera
vez que Gonzalo y Haden hacen un monotemático de boleros, y el disco
demuestra que el jazz está muy cerca del género romántico
por excelencia. Particularmente para ambos músicos, Nocturne es
el capítulo último de una amistad de más de quince
años, que comenzó cuando se conocieron en el Festival de
Jazz de La Habana. Rubalcaba sólo tenía 23 años.
En
el disco hay tres versiones de piezas creadas, inicialmente, por autores
que las generaron bajo la influencia del feeling; una de ellas, El
borde del mundo, nada menos que de Martín Rojas. Aquí Gonzalo
diserta con una introducción influída por los maestros de
la pianística europea clásica, aunque luego se moverá en
el tango con fuerte presencia del bolero. La segunda pieza del CD, No
empeñes más, de Marta Valdés, es un típico
bolero-feeling, como apunta sabiamente Leonardo Acosta. En él puede
apreciarse que Gonzalo, como en su anterior Supernova, ha ganado
suficiente con el silencio y las suaves modulaciones en sus solos con la
mano derecha, lo que antes se empeñaba en demostrar con buenas furias
y notable virtuosismo. La tercera pieza feeling, —que cierra el CD— Contigo
en la distancia, viene en un kit-dual con otro tema (En nosotros,
de Tania Castellanos). En la versión que ambos músicos hacen
de aquélla destaca, de manera casi sobrenatural, la manera en que
Charlie Haden dice nota a nota, con el bajo acústico, cada sílaba
del comienzo de la canción; los solos que ejecuta lo introducen
inapelablemente en el Olimpo de los mejores bajistas de su generación,
a la altura de Charles Mingus o Ron Carter.
Los
boleristas cubanos clásicos no están olvidados en este acercamiento,
y ahí está la figura de Osvaldo Farrés —con
una de sus excelentes piezas, Tres palabras, para demostrarlo.
Farrés, con Acércate más, Toda una vida, Quizás
quizás, quizás, Para que sufras o Madrecita,
en su momento aseguró la inmortalidad de Nat King Cole y Antonio
Machín, entre otros. La economía de recursos literarios conseguida
en Tres palabras es la que imita Gonzalo en la extensión
de su particular versión, quizá rindiendo merecido homenaje
al autor.
Y
no sólo se nutre el disco con boleros y feeling nacionales: el bolero
mejicano está representado con Yo sin ti, de Arturo Castro, Nocturnal, de
Sabre Marroquin/José Mujica, Noche de ronda, de Agustín
Lara y, cómo no, El Ciego, de Armando Manzanero. Con tales
argumentos la placa, corte tras corte, se va metiendo en los bares, en
la noche, en el amor, en cada cuerpo... ofreciendo gratas sorpresas: el
violín del uruguayo Federico Britos, que por momentos parece sacado
de un disco de Django Reinhardt, o el saxo de Joe Lovano, con un apreciable
solo en Moonlight, sin olvidar al guitarrista Pat Metheny en “Noche
de ronda”. Por último, hay que prestar especial atención
al maravilloso acompañamiento que hace Ignacio Berroa, quien a veces
usa las escobillas de la batería como maracas.
Como
recomendó el propio Charlie Haden en Barcelona, compren el disco,
grábenlo de algún amigo o bájenlo en MP3, que bien
merece el gusto.
* Para Cubaencuentro.com, Madrid / Diciembre
23, 2002
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