Casino
de la Playa
Joaquín Ordoqui García, Madrid Cubaencuentro,
Febrero 10, 2003 Una orquesta que protagonizó el acercamiento
del son a las 'jazz band' y fue precursora de fenómenos como
Benny Moré y su Banda Gigante. Uno de los formatos que
han devenido tradición en nuestra música es la jazz band
criolla. Como su nombre indica, tiene elementos de las dos tradiciones,
aunque el repertorio que solía interpretar era básicamente
nacional. Casi siempre estaba formada por secciones de metales y saxofones,
piano, batería y percusión cubana, y, a diferencia de
las jazz band norteamericanas, incluía un cantante, cuyo rol
era protagónico. Circunscribir sus orígenes al
jazz sería ignorar la importancia que tuvieron en Cuba dos fenómenos
muy relacionados con el uso de instrumentos de viento: las bandas militares
y las orquestas del teatro musical. En cuanto a las primeras, proliferaron
por todo el país y fueron las encargadas de dar a conocer la
música de tradición europea en adaptaciones para dicho
formato; las segundas, crearon un importante repertorio. Una
de las ventajas que tiene el formato jazz band (que Díaz Ayala
propone como Swing Band, ya que están más inspiradas
en las grandes bandas de los treinta que en las más pequeñas
del jazz original) es su capacidad de adaptarse a los más disímiles
repertorios. Las maderas, cuando es necesario, pueden jugar un rol
similar a un grupo de cuerdas, mientras que los metales asumen papeles
protagónicos, según el tipo de música que se esté interpretando.
Dicho de otra forma, se trataba de una estructura que podía
imitar a un conjunto sonero o a una charanga con igual facilidad. Por
supuesto, semejantes propuestas requerían de arreglistas que
supieran escribir música y acondicionar el sonido de la orquesta
a las necesidades requeridas. Otra de sus funciones, muchas veces sin
cantantes, era amenizar bailables de la clase media en los que, además
de música cubana, se interpretaban estándares de la norteamericana
(Tin Pan Alley) o cualquier otro hit internacional. La mayoría
de los músicos de jazz band cubanas eran blancos. No porque
no hubiera músicos negros y mulatos con formación académica —como
muchos suelen afirmar—, sino porque en los locales de la alta
burguesía y en los hoteles donde solían presentarse se
practicaba no ya el racismo, sino incluso la segregación. Esta
aberración cambiaría en los años cincuenta, cuando
se produce un verdadero aluvión de grandes músicos mestizos
y negros en las jazz band, muchos de ellos, como Cachao López,
provenientes de las charangas. Entre las primeras orquestas cubanas
con ese formato destaca la Orquesta de los Hermanos Castro, que, además
de una indiscutible calidad, dio origen a dos de las más importantes
y conocidas jazz band cubanas: la que hoy nos ocupa y la Orquesta Riverside. La
primera ruptura (Díaz Ayala, Discografía de la música
cubana) la protagonizan Guillermo Portela (violín), Anselmo
Sacasas (piano) y Miguelito Valdés (voz). Después, los
siguieron casi todos los integrantes de los Castro, exceptuando a los
propios hermanos. Ello ocurrió a comienzos de 1937 y optaron
por el nombre Orquesta Casino de la Playa porque un night club homónimo
les ofreció contrato permanente si lo adoptaban. La trascendencia
internacional de la orquesta se debió a una casualidad. En el
verano de ese año, la Víctor (que ya era RCA) decidió realizar
un maratón de grabaciones en La Habana, en la que participaron
24 agrupaciones de diferente formato. La penúltima fue la recién
fundada Casino de la Playa, con seis números, entre los que
se encontraba Bruca Maniguá, la célebre canción
afro de Arsenio Rodríguez, amén de otras obras que hicieron
historia. La banda estaba formada por Guillermo Portela, violín;
Luduvino Pereira, Alfredo Saenz y Rodríguez, maderas (saxos
y, al parecer, algún clarinete); Walfredo de los Reyes y Luis
Rubio, trompetas; Unésimo González, contrabajo; Miguelito
Valdés, percusión y voz; Anselmo Sacasas, piano y dirección;
Ernesto de la Vega, guitarra y maracas. En años posteriores
figurará Portela como director, pero en realidad la figura estelar
era Sacasas y quien realizaba los arreglos. Fue la señal
de salida de una orquesta que se convertiría en paradigma de
la música cubana, sobre todo en el extranjero, y una de las
más escuchadas en Cuba. Siempre se mantuvieron como una agrupación
de blancos, con la excepción de Miguelito Valdés, mestizo
claro, cuya presencia era aceptada en los exclusivos y excluyentes
lugares donde solían tocar. Además de los músicos
de plantilla, solían incluir a otros para las grabaciones, como
Arsenio Rodríguez (tres) o Ramoncito Castro (bongó),
ambos negros y cuyo color no se escuchaba en los discos. En los
tres primeros años de su existencia (1937-1939, ambos incluidos)
la Orquesta Casino de la Playa realizó un total de 60 grabaciones
para la RCA Víctor, amén de varias giras por América,
obteniendo rotundos éxitos. En el cuarenta, Sacasas y Miguelito
Valdés la abandonaron y se instalaron en los Estados Unidos,
donde desarrollaron sus propias carreras. Fueron sustituidos por Alfredito
Valdés y Julio Gutiérrez. Este último logró abrirse
un espacio propio como pianista, pero Alfredito no pudo ocupar el lugar
de Miguelito, así que la orquesta optó durante varios
años por una fórmula en la que sería precursora
de la Sonora Matancera: grabar con cantantes invitados. En noviembre
de 1945 comienza una nueva etapa en la orquesta, con la inclusión
como cantante de Orlando Guerra, más conocido como "Cascarita",
y, por presiones de éste, entra un nuevo pianista, que también
haría historia: Dámaso Pérez Prado. Éste
permaneció poco tiempo, pues tenía un proyecto propio,
como se supo atronadoramente después. Tal parece que el destino
de esta agrupación, al igual que el de su antecesora, fuera
crear fabulosos disidentes. A partir de 1948, año en que
Cascarita abandona a la Casino de la Playa, la orquesta sufre altibajos,
hasta desaparecer a finales de los cincuenta o comienzos de los sesenta.
El balance que hoy se puede hacer de esta orquesta es desigual. Su
sonido (que recuerda demasiado al de las orquestas más comerciales
de los Estados Unidos), nunca tuvo la grandeza que le atribuyeron sus
contemporáneos, pero fue precursora de muchos fenómenos,
algunos de los cuales terminaron por opacarla, como Benny Moré y
su Banda Gigante. Protagonizó el acercamiento del son
a las jazz band, pero serían otras agrupaciones, como el Conjunto
Kubavana o Machito y sus Afrocubans, los responsables máximos
de esa integración, aunque por una vía diferente. A pesar
de que Sacasas era un excelente pianista y arreglista, el resto de
los músicos carecía de la brillantez que caracterizarían
las múltiples relaciones entre el jazz y la música cubana
que se establecen a partir de los cincuenta, tanto en Cuba como en
los Estados Unidos. Se trató, ante todo, de un fenómeno
comercial, con todas sus ventajas y desventajas. Pero de lo que no
cabe duda es que pertenece a nuestra historia. |