El
Bárbaro en su ritmo Arsenio Rodríguez, desde Barcelona Cubaencuentro,
Febrero 19, 2003 Cuando se cumplen 40 años de la muerte
de Benny Moré. Los dioses mueren jóvenes. "Los
dioses mueren jóvenes", dijo Nicolás Guillén
tras la muerte de Benny Moré, el 19 de febrero de 1963. En el
momento de su fallecimiento, a los 43 años de edad, el Bárbaro
del Ritmo — como le llamaban todos— “Benny”,
junto a su familia, alcanzaba los índices más altos de
popularidad en Cuba, México, Venezuela, buena parte del Caribe
y en los Estados Unidos, donde en una de sus últimas giras (1956-1957)
había sido invitado a tocar en la ceremonia de los Oscar, acompañado
por la orquesta de Luis Alcaraz. Las publicaciones de la época
cuentan que, cuando lo llevaron a enterrar a Santa Isabel de las Lajas,
desde las cunetas de la Carretera Central brotaba la gente para saludar
el cortejo fúnebre. Una vez llegado el féretro, fue despedido
con un solemne rito funeral mayombero, con banderas para abrir los
caminos y espantar los malos espíritus. Peregrinaje y
conquista: Hijo de Virginia Secundina Moré y de Silvestre
Gutiérrez, Bartolomé Maximiliano, que fue el verdadero
nombre de Benny Moré, fue el mayor de 18 hermanos. Su tatarabuelo,
Tá Ramón Gundo Moré, fue aceptado históricamente
como el primer rey que tuvo el Casino de los Congos en el barrio La
Guinea, en Lajas, donde nació y se crió el Benny hasta
que empezó a dividir su adolescencia entre Vertientes, Camagüey
y su pueblo natal. Fue con los miembros del Casino que el entonces
joven Bartolomé aprendió a tocar el insuni, los tambores
de yuka, los de makuta y bembé (invocadores de orishas), además
de comenzar a cantar y bailar con esa magia y perfección con
que conquistaba al público. Su madre confirma que desde pequeño
le gustó la música, y que con seis años ataba
una tabla y un carrete de hilo diciendo que eran las cuerdas de una
guitarra. De esta forma se hizo de la primera que tuvo. Su hermano
Teodoro participaba en el conjunto que montó de muy pequeño,
con machetes, clavos y latas de leche condensada (que hacían
las veces de bongoes), según comenta la musicóloga Carmen
María Sáenz Coopat en su libro Instrumentos de la música
folklórico-popular de Cuba, publicado por el Centro de Investigación
y Desarrollo de la Música. En 1940 el Benny llegó a
La Habana, dando inicio a un peregrinaje que duró casi cuatro
años. Decide entonces acudir al famoso programa radial La Corte
Suprema del Arte, animado por Germán Pineli y José Antonio
Alonso. Luego de ser presentado y al momento de iniciar su interpretación, "le
tocaron la campana". Poco tiempo después el Benny decide
volver, y ahora sí gana el primer premio. Más tarde forma
parte del cuarteto Cordero. Su primer trabajo estable fue con el septeto
Cauto, que dirigía Mozo Borgellá. Benny canta por
primera vez en una emisora capitalina en la CMZ, junto el sexteto Fíngaro,
de Lázaro Cordero. Tras su debut en la 1010, donde actuó con
el septeto Cauto, puede decirse que las cosas le fueron bien. Su carrera
continúa al lado del trío Matamoros, con el que alcanzó la
consagración. En 1945 se unió a arreglistas de la talla
de Pérez Prado, Ernesto Duarte, Rafael Lay y Bebo Valdés.
Con este último probó suerte en el ritmo batanga, y aunque
no logró pegar se acercó más a su idea de fusionar
el jazz con el son. Harto conocida es su espectacular trayectoria —desde
1953— con la Banda Gigante, con la que alcanzó una demanda
impresionante. El mismo Benny habla sobre el tema en un reportaje que
le hiciera la revista Bohemia en 1954: "Yo era un hombre feliz.
Cantaba a gusto mis canciones en los programas de radio. Después
me iba a los bailes con mi orquesta. Si no dormía en toda la
noche, después tenía tiempo necesario para desquitarme.
Nadie me pedía cuentas (...) Pero de pronto me enteré que
había una cosa que se llama reloj, que el día solamente
tiene veinticuatro horas y yo no dormía ninguna... Yo no sé qué ha
pasado. Ensayo desde las diez de la mañana. Canto en una tanda
por la tarde. Un show en televisión. Otra tanda por la noche
en el teatro. Después dos programas en el cabaret. A lo mejor
una noche tengo que salir con mi orquesta a un baile. Regreso con la
claridad del nuevo día. Una noche noté que se me iluminaban
los ojos y no veía nada. Tuve que detenerme en plena carretera
para no irme dormido contra la cuneta (...) ¡Me estaba fundiendo,
mi socio!". Herencia afrocubana: Junto al también
músico Arsenio Rodríguez, Benny Moré fue portador
de primera mano de la herencia afrocubana conga (de cultura bantú y
agrupada en mayomberos, kimbiseros, palo-monte, kinfuiteros y briyumberos),
cuyo carácter de síntesis y fusión en la música
popular cubana —ya sea en mambos, boleros, guarachas, sones y
rumbas— ha sido estudiada por los investigadores Fernando Ortiz,
Odilio Urfé, Rómulo Lachatañeré y Lydia
Cabrera. A pesar de tantos sabios estudios sobre la importancia
de la cultura bantú en la Isla, es doloroso que 40 años
después de la muerte del Benny el Casino de los Congos siga
siendo de madera y permanezca casi en ruinas, tras cobijar a uno de
los músicos más grandes de la mayor de las Antillas.
El Ministerio de Cultura cubano, con la mitad del dinero que invirtió en
levantar en La Habana una estatua de John Lennon, hace tres años,
pudo haberlo reconstruido para los descendientes congos que todavía
se reúnen allí. Se trata de la única y verdadera
escuela de música que tuvo El Bárbaro del Ritmo.
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