POR
SONIA DOMÈNECH, Barcelona *
Entrevista
al escritor chileno Antonio Skármeta
El
autor chileno explica las claves de «El baile de la victoria»,
ganadora del Premio Planeta 2003. Antonio Skármeta mostraba ayer
la mejor de sus sonrisas. No le importaba que el sueño, después
de haberse proclamado vencedor de la 52 edición del Premio Planeta
con «El baile
de la victoria», o las incesantes preguntas sobre la obra, se
repitieran hasta la saciedad. Como bien dijo al recoger el prestigioso galardón
ante más de mil invitados, «lo importante es que voy a llegar
a cientos de miles de lectores». Lo hará con una historia
de ritmo trepidante, con tres personajes protagonistas pero muchos secundarios,
que ofrecen la visión que tiene su autor del Chile de hoy.
Antonio
Skármeta (Antofagasta, 1940) ha querido dedicar la obra con la
que ha ganado el Premio Planeta a su «tridente» de
escritores: Jorge Manrique, «autor al que admiro por sus textos
de extremada pureza y transparencia»; Erasmo de
Rotterdam, «por su actitud humanista pero centrada en la experiencia
de la vida»; y a Nicanor Parra, «nuestro antipoeta».
No obstante, tampoco se olvida de Pablo Neruda, «un embajador
de mi país, cuyos versos recita gente que no sabe leer».
Su Chile natal está más vivo que nunca en El baile de la
victoria, novela que saldrá a la venta el 30 de octubre con una
tirada de 210.000 ejemplares.
Ubicar la acción en el Chile de hoy, ¿es una evolución
de su carrera en la que ha escrito sobre el golpe, la dictadura y el
exilio?
No es tanto una evolución lógica sino más bien las
imágenes que ví al regresar a Chile. Yo no tengo una actitud
pragmática ante la escritura, son los personajes los que se rebelan.
Además, El baile de la victoria tiene la particularidad que es mi única
novela ambientada en el Chile de hoy; recojo temas de mi carrera, pero
también otros que son de estricta actualidad.
Deme un ejemplo...
Sobre
Chile se dice mucho «gesto de los militares», refiriéndose
a que se han ordenado democráticamente, pero la palabra «gesto» no
tiene nada que ver con temas legales o jurídicos, sino que apela
a una cierta humanidad que, de momento, está ausente en el país.
Sin embargo, usted remarcó que no es una novela
política al recibir el premio. ¿Me equivoco?
Es una historia de amor y de amistad. Es una novela que he
escrito en un año, con gran alegría e ilusión porque ha sido una
manera de recuperar mi Chile coetáneo. Mis dos últimas novelas,
La boda del poeta y La chica del trombón debían
desembocar en una tercera que sucedía en Nueva York. Hice una primera
versión, pero ocurrieron los acontecimientos del 11 de septiembre
y dejé esa obra reposar porque quiero regresar a Nueva York para
que crezcan allí los personajes. Cuando la dejé, volví a
Chile y me aboqué a la escritura de una novela que inserta completamente
mi mundo narrativo. Está emocionalmente conectada con El cartero
de Neruda, pues voy por el mundo con un manojo de personajes
a los que propongo nuevas situaciones.
¿ Son esos los tres protagonistas de El baile de la
victoria?
Son dos hombres y una mujer. Uno de los hombres es un joven humillado,
que sale de la cárcel con deseos de dar un gran golpe que le deja
otro preso como herencia. El otro es un experto y deben combinarse para
dar un gran golpe. Ambos viven en condiciones muy precarias, pero se lo
toman con humor, son impulsivos, románticos. Comienzan a quererse
y sentirse, y están planeando el golpe cuando un acontecimiento
empieza a perturbar su plan.
¿
Qué es lo que ocurre?
Conocen a una bailarina, que es hija de un detenido al que ejecutan,
y su ausencia ha dejado luto en su casa. Además, esta chica siente
un gran amor por las artes, es muy libre, visceral y en el Liceo lamentablemente
se encuentra con unos profesores hostiles, que consideran las artes de
una forma gélida. Cuando los tres se conocen, comienzan a aflorar
los sentimientos y el sentir les da fuerza para hacer una hazaña
mayor.
¿
Cree que la literatura chilena es triste o nostálgica?
En El baile de la victoria no hay ningún rasgo de nostalgia, hay
personajes que están heridos porque su vida no está en plenitud.
Están desamparados en el Chile actual... son jóvenes, que
tienen una herencia de dolor y tienen unas grandes ansias por alcanzar
la plenitud.
Suena muy reconfortante...
Por muy triste que una historia sea, para mi el acto físico de la
escritura está ligado a un sentimiento de alegría. Utilizo
una prosa donde prima la ironía, el gusto por el lenguaje. No puedo
negar que escribir me hace feliz y aspiro a que la novela se impregne de
eso.
Su exilio y su labor como
diplomático en Alemania, ¿le
han influido a la hora de imprimir
carácter a los personajes?
Todo influye. Durante la dictadura
elegí como lugar de exilio lo
que se llamaba Berlín Occidental. Cuando llegué, había
un gran respeto y amor a quien iba como exiliado chileno. No tenía
más que un par de camisas, pero me
aplaudieron a la llegada. Fui conociendo a gente en Alemania, que luego
fue tomando roles en la política y cuando Ricardo Lagos me ofreció ser
embajador fue para mí un honor inconmesurable, sabía
alemán bastante bien y la mayoría de diputados eran personas
con las que me trataba. También me he encontrado con personas que
aún ahora lloran lo que pasó en Chile porque Pinochet todavía
crea un debate intenso.
¿
Participará en el centenario del nacimiento de Neruda
en 2004?
Se están preparando muchos actos y ayer mismo (por la noche del
miércoles) me propusieron llevar a teatro El cartero
de Pablo Neruda para presentarlo en un campo de fútbol. Habrá muchos
actos.
¿
Cuánto le debe a Neruda?
Creo que en el mismo porcentaje que a los escritores que admiro.
*
Para La Razón, Madrid / Octubre 29, 2003
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