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POR
ESTEBAN CASAÑAS LOSTAL, Montreal
Cuento:
El
Capitán Water Melon
Los
cubanos cuando
no llegan, ¡se pasan! Eso dicen muchos, ¿y qué culpa
tenemos nosotros?, de verdad, nos ha tocado bailar con la más
fea. ¿Nosotros? Allí no existe más voz que la de
aquel Loco, y que no es cuento. Si se pudiera escribir algún día
una antología donde se incluyeran todas sus locuras, eso sería
bueno para las nuevas generaciones, una larga colección de disparates.
Aparecerían entonces represas convertidas en charquitos, uno que
otro cañaveral sobreviviente de aquella esquizofrénica
batalla, algunas vaquitas aunque tuvieran las tetas más pequeñas
que Ubre Blanca. Si se pudieran conservar algunas de aquellas guaguas
cubanas, les hablo de las que en su marcha despedían una cortina
de humo negro como enmascaramiento. ¿Y qué me dicen de
las famosas combinadas? Las mismas que eliminarían ese fatigoso
trabajo de cortar caña, pero en este punto el Loco apretó,
acabó con todo, con caña, centrales, carretas, guajiros,
y la madre de los tomates. Y lo lindo del caso, aparte de Loco es hasta
descarado, y no es invento mío tampoco, cuando algo salía
mal, allá inventaba algo para sancionar a los que estuvieran a
su lado, de verdad que el tipo es un cabrón de la calle.
¿No
recuerdan aquel discurso largísimo?
Bueno,
no creo que muchos puedan recordarlo porque todos eran de una extensión
agotadora, y la gente parada delante del tipo agitando banderitas, y el
sol que rajaba las piedras, y la gente atrapada en aquella trampa. ¡Ná!
A mí no hay quien me joda, aquel abrigo del Loco debe tener algún
sistema de enfriamiento, no hay quien soporte un abrigo con 33 grados sobre
cero. Bueno, en aquel discurso, el Loco dijo que se iban a fabricar blumers
a partir del bagazo de caña. ¡Apretó el Loco! Pero
nada, la gente no lo entiende, eso lo dijo en jodedera. Yo pensé que
con la edad desistiera de esos experimentos, pero no, todavía sigue
jodiendo. A saber que carajo le hicieron a aquella gallinita que se reventó hace
poco, eso debe ser obra de él, porque mira que en Cuba hay gente
inteligente. Pero el lío es que como no pueden aportar nada, el
Loco seguro les ordenó batir el record del huevo más grande
producido en toda la historia de la humanidad, y la gente lo cumplieron,
y como el no mencionó para nada el culo de la gallina, allí quedó la
cosa. Ya deben haber varios sancionados, eso no lo duden. De verdad, hace
falta que alguien escriba “La antología de sus fracasos”.
No
crean que la marina escapó a esos experimentos, yo soy una creación
de aquel laboratorio. Todo parece indicar que un día se levantó con
el Loco marino de guardia, se le antojó tener a la flota más
grande de América Latina, y ya saben, a correr liberales del Perico,
que cuando el tipo se antojaba de algo había que complacerlo como
a cualquier mujer preñada. Las cosas no las hacía por simples
caprichos como quieren demostrar los expertos cubanólogos, por caprichos
bien, que coño. Pero bueno, eran caprichitos positivos, solo que
después se olvidaba de ellos y aparecían otros, por eso todo
se iba a la mierda, porque lo de él eran las cosas del momento.
Desde
ese día, las comisiones de trabajo del Comité Central del
Partido del Loco, salieron a la cacería de los hombres nuevos por
todos los montes de la isla, buscaron hasta donde no había llegado
aún la corrupción. La Sierra Maestra, las montañas
de Baracoa, Guantánamo, el Escambray y otras regiones de esa isla,
fueron detenidamente revisadas por aquellos emisarios. Aquellos comisionados,
confiaban ciegamente en los informantes que el Loco tenía distribuidos
por todos los rincones de su feudo. Fue así que en su recorrido
por Baracoa, uno de estos grupos, se detuvo a observar en un cruce del
río Toa la habilidad de uno de los guajiros, quien con vara en mano
y como si fuera un motor, iba empujando una patana cargada de caballos
y mulos mientras cruzaba de una orilla a la otra.
"Buenas
tardes compañero." Le dijo el cabecilla del grupo una vez que
se pegó a la orilla y comenzaron a desembarcar los animales.
"Buenas
tarde compay." Respondió el rudo guajiro, mientras resoplaba
como un toro por el esfuerzo que había realizado.
"Compañero,
La Revolución necesita de sus servicios."
Le dijo un tipo vestido de la típica guayabera con un bolsillo repleto
de bolígrafos.
"Uté dirá camará."
Le contestó el humilde guajiro.
"Sabe
una cosa, lo vi maniobrando con esa patana y creo que usted reúne
todas las condiciones para ser Capitán de nuestra marina mercante"-
"Yo
lo que creo é que uté etá chiflao compay."
"Pues
mire que no, usted formará parte de esa gloriosa marina desde estos
momentos."
"Compay,
yo nunca vide un barco, yo solamente conozco de animales, de café y
de sembrar cacao."
"Eso
no importa, La Revolución lo preparará y hará de usted
un hombre más útil a la sociedad. ¿Es usted militante
de la UJC?"
"No
camará, yo soy militante del Partío."
"Con más razón, usted no puede negarse a esta tarea de su
Partido."
"Miren,
eso é mejor hablarlo delante de mi comay en el bohío."
Hacia
la pobre vivienda se dirigió toda aquella comitiva de tracatranes,
donde después del acostumbrado café al estilo oriental, no
pararon un segundo de hablarle a la pobre campesina, buscando la aprobación
para la salida de su marido hacia la capital. Ante cada gesto y palabras
de resistencia, ellos le hablaron de la posibilidad de salir de ese campo
donde toda la vida sería un simple cultivador de café. Le
llenaron la mente de cines, hoteles, buen salario, televisores a color,
equipos de música, lavadoras japonesas, etc. Se la llenaron tanto,
que la infeliz guajira devorada por la curiosidad, recogió los pocos
y viejos trapos de Eleuterio, lo llevó hasta la puerta de su bohío
y le ordenó no regresar hasta que no le trajera todo lo que los
camarás le habían mencionado.
El
guajiro y sus compañeros fueron albergados fuera de la ciudad donde
comenzaron a darles clases de primaria, tarea ésta compartida con
trabajos agrícolas para que no perdieran la costumbre. Les enseñaban
también algunos adelantos de la vida moderna, como lo eran el uso
de los servicios sanitarios inexistentes en las montañas, y el uso
diario del calzoncillo, prenda interior ajena a la vida de aquellos jóvenes
del campo. No puede negarse el interés y la pronta superación
de aquellos hombres nuevos que sustituirían a la masa corrupta de
viejos marinos.
Pocos
meses después, Eleuterio hacía su triunfal entrada en una
pequeña escuela de Patrones de Cabotaje que se encontraba a las
márgenes del río Almendares. Allí estudió en
un plan piloto de emergencia, y salió con un diploma a las pocas
semanas. Una vez finalizado el curso, nadie puede dar fe sobre la veracidad
de que aquellos guajiritos aprobaran. Lo cierto es que nadie los iba a
desaprobar tampoco, porque aquello se contradecía con los planes
del Loco, y muy pronto, antes de que tuvieran tiempo para quitarse las
espuelas, todos estaban a bordo de buenos y grandes barcos.
A
partir de ese momento se rompía definitivamente con todo lo viejo,
aunque esto no fuera malo. Se incrementaron los robos, aumentó el
contrabando, se tenía que dormir con las puertas de los camarotes
cerradas, se vieron con más frecuencia marinos presos en el extranjero
por tomar una bicicleta mal parqueada, y así se hicieron famosos
aquellos muchachos que formaban parte del hombre nuevo. Los mismos que
desprendieron de las tetas de las vacas, les quitaron el azadón
de las manos, los bajaron de los caballos y también de las montañas.
Poco
tiempo después, Eleuterio capitaneaba un barco pequeño, pero
era un barco y no la patana que empujaba en el Toa. La guajira ya vivía
en La Habana y se había olvidado de la letrina, ahora por la música
estéreo no recordaba el canto de los gallos, y ambos viajaban en
un auto Lada que el guajiro se había ganado por los méritos
revolucionarios.
"Compañero, ¿se
encuentra el Capitán?"
Le preguntó un hombre de guayabera al marino que estaba de guardia
en el portalón del barco, solo le bastó una leve mirada al
marino para comprender que estaba ante la presencia de algún dirigente
del Partido. Portafolio en mano, bolsillo de la guayabera llena de bolígrafos
de distintos colores, espejuelos de armadura metálica que solo se
hacían para los de este nivel. En el bolsillo del lado contrario dos
o tres tabacos, un adulón que siempre los acompaña y son utilizados
de mensajeros, un jean que se compraba en las tiendas de diplomáticos,
zapatos extranjeros, la piel nada curtida por el sol, vientre inflamado y
bajo la escala del buque, un Lada con los cristales ahumados y el chofer
complaciente cual perro fiel que espera a su amo.
"Si,
el Capitán se encuentra a bordo."
"Comuníquele
que deseo verlo."
"¿De
parte de quién?"
"Dígale
que es el Secretario del Partido del Municipio Especial Isla de la Juventud."
"Un
momento compañero." Tomó el teléfono para llamar
al camarote y al momento le contestaron de la otra parte de la línea.
"Capitán,
lo busca el Secretario del Partido de la Isla, ¿puede pasar?"
"¡Oye
compay! Que bruto eres, a esa gente no se detiene para nada, tráelos
inmediatamente." El marinero asustado colgó el teléfono
y le sugirió al de la guayabera que lo acompañara, una vez
en la puerta del camarote el marino regresó a continuar su guardia.
"Buenas,
Capitán."
"Buenas,
y pasen adelante." Una vez adentro, Eleuterio cerró la puerta
de su oficina para darle más privacidad a la entrevista, entonces,
el tarugo, se encargó de la presentación.
"Mire
Capitán, el compañero es el Primer Secretario del Municipio
Especial." Entonces el Jefe le extendió la mano y sin esperar
la invitación se sentó como si estuviera en su casa, bueno,
realmente lo estaba, en esa isla y en la mayor todo era propiedad del Loco
y él era su representante.
"¿A
qué debo el honor?" Al Primer Secretario le habían informado
que el Capitán de aquella nave había sido un guajiro cazado
en las montañas, y ante la expresión oída, no le cupo
la menor duda en reconocer que aquelLa Revolución había realizado
milagros en el país.
"Capitán,
vengo a encomendarle una tarea de La Revolución."
"Usted
dirá."
"Nuestro
glorioso Partido lo ha seleccionado para la honrosa tarea de transportar
un cargamento de melones que, son de extrema urgencia en estos momentos
de escasez de alimentos en la capital."
"No
hay más nada que hablar, esos melones serán transportados,
y de esta forma le damos cumplimiento a esa honrosa tarea encomendada por
nuestro glorioso Partido."
"Muy
bien, Capitán, informaré de la disposición de la tripulación
de esta nave bajo su mando a nuestro Comité Central."
"¿Cómo
vendrán embalados esos melones?"
"¿De
qué me está hablando, Capitán?"
"Le
preguntaba que cómo venían embalados esos melones, si vienen
en cajas, contenedores, canastas, etc."
"¡Aahhh!,
es que no lo había entendido, no, los melones vendrán en
camiones hasta la banda del barco y después usted los embarcará."
"¿Pero,
sin ningún tipo de embalaje?, ¿no vienen en cajas?"
"No
capitán, los melones se deben embarcar a granel y considerando sus
cualidades de militante, es por ello que lo hemos seleccionado para esta
heroica tarea."
"¡Coño,
compay! ¿Usted está seguro de lo que me dice, melones a granel?"
"¿Va
a dudar de la palabra del Partido?"
"Por
supuesto que no, pero esto no lo había oído antes."
"Pues
fíjese, no es la primera experiencia que se ha realizado sobre estos
cargamentos."
"Bueno,
si la cosa es así que manden todos los melones que quieran para
la capital, porque nosotros si que somos de Patria o Muerte."
"Bueno,
Capitán, los camiones comenzarán a llegar dentro de unos
minutos, pero lamento mucho tener que retirarme, aún me quedan otras
tareas por cumplir."
"Entonces
no se hable más y confíe en nosotros."
Se despidieron y cuando el Capitán quiso acompañarlos hasta
el portalón, el Primer Secretario le dijo que no se molestara, ya
que él recordaba muy bien el camino.
Pocos
segundos después, se pudo oír por los altavoces interiores
de la nave la voz del Capitán, solicitando la presencia de su Primer
Oficial para coordinar lo relacionado al embarque de los melones. Mientras
tanto, dentro del auto y saliendo de las instalaciones portuarias de Nueva
Gerona, el Secretario y su tarugo mantenían una interesante conversación.
"Jefe, ¿usted
está seguro de lo que le dijo a ese infeliz?"
"¿De
qué me estás hablando?"
"De
lo relacionado con el embarque de los melones."
"Por
supuesto que sí, los melones se embarcarán en esa nave para
La Habana."
"Eso
yo lo sé, me refiero a embarcarlos a granel, ¿ha existido
antes alguna experiencia similar?"
"¿Cómo
crees, a quién se le ocurriría semejante locura?"
"Coño,
ahora si que me has dejado botado."
"Mira
Paco, lo primero que tienes que hacer en esta vida, es aprender a vivirla, éstas
cosas no te la enseñarán en la escuela del Partido Ñico
López."
"De
verdad que no lo entiendo."
"-Te
tomará tu tiempo hacerlo, pero fíjate." En eso se sacó un
bolígrafo del bolsillo y se lo puso en la palma de una mano, mientras
continuaba. "Ésta es una papa caliente que te tiran, la recibes
con una mano y cuando te está quemando la pasas a la otra, cuando
la otra mano comienza a calentarse la vuelves a regresar y así sucesivamente,
hasta que te cansas de esa basura que te está quemando, y entonces
no te queda mas remedio que soltar la papa antes de que te puedas quemar." Terminó de
decir esto y continuaba pasando el bolígrafo de una mano a otra
sin parar.
"Déjame
ver si capté el mensaje, me dan una orientación o tarea que
es difícil de cumplir, es una gran tiñosa, pero que si no
salgo de ella me pueden joder. Entonces agarro al primer comemierda que
me encuentro y se la suelto, si el cabrón se da cuenta enseguida,
se la pasa a otro y de lo contrario pasará a la larga fila de los
tronados."
"Exacto,
no creo que seas muy bruto, veo que aprendes con facilidad y te repito,
algún día me lo agradecerás, porque esto no se aprende
en la escuela, allá solo mierditas de marxismo y esas boberías,
el juego duro está aquí en la calle y no creo que después
de los vacilones que se viven en este giro, quieras ser un mártir
más."
"Entonces
a partir de ahora, ¿el lío de los melones pasó a manos
de ese guajiro que es Capitán?"
"Por
supuesto, quién lo manda a ser tan animal, pero no sufras por ello
porque ya salimos de esa candela, ¡chofer!"
"¡Dígame
camarada!.-"
"¡Vámonos
hasta el hotel Colony! Necesito despejar un poco después de esta
agotadora jornada."
"Como
usted ordene camarada." Cruzaron unas sonrisas el Primer Secretario
y su ayudante.
"Oye,
Argudín, vamos a prepararnos para recibir un embarque de melones
para La Habana."
"¿Cómo
vendrán esos melones?"
"A
granel."
"¿Cómo
que a granel?"
"Como
lo oye, esta es una tarea de choque del Partido y nosotros somos los asignados
para cumplirla."
"¡Coño,
Capitán! ¿Pero usted sabe lo que dice?"
"Argudín,
no se hable más, dentro de unos minutos comenzarán a llegar
los camiones con las frutas." El Primer Oficial, quién era
el responsable de los cálculos para cargar al buque, no replicó las órdenes
de su Capitán y se dirigió a cubierta para impartirle orientaciones
al contramaestre.
Dos
días después, partían del puerto de Nueva Gerona hacia
el puerto de La Habana con la nave cargada hasta la altura de las bocas
de escotillas de melones. Ese mismo día y navegando al suroeste
del faro de Carapachibey, ubicado al sur de Isla de Pinos, era una norma
a bordo de los buques tomar sondas de las sentinas de las bodegas dos veces
al día. Una en horas de la mañana y la otra en la tarde,
generalmente antes de terminar las faenas en cubierta. Ese día,
el pañolero cumpliendo con esta obligación que se convirtió en
una rutina, detectó un metro de agua en las bodegas. Asustado repitió la
operación para comprobar si se había equivocado, pero la
marca señalada en la sonda se mantenía y alarmado subió corriendo
escalas arriba hasta el puente para informarlo al Primer Oficial.
"Oye,
Argudín, creo que nos estamos jodiendo, las bodegas tienen un metro
de agua."
"¿Estás
seguro de lo que dices?"
"Por
supuesto, tomé las sondas en dos oportunidades para salir de dudas."
"Muy
bien, quédate por aquí un momento." Descolgó el
teléfono y marcó el número del camarote del Capitán. "¡Oiga
Capitán! Estamos haciendo agua y las bodegas tienen un metro de
sonda."
No
pasaron quince segundos cuando el Capitán muy asustado se presentó en
el puente.
"¿Cuándo
fue que se dieron cuenta?"
"Hace
solo unos minutos que el pañolero trajo las sondas."
"Dile
que las repita inmediatamente." Argudín le hizo una señal
al hombre que se mantenía a la escucha en el alerón del puente
y éste salió disparado a cumplir la misión encomendada.
Desde arriba, Argudín y el Capitán seguían todos los
movimientos de ese hombre, quién al finalizar su trabajo se acercó a
la superestructura e inclinando la cabeza hacia arriba gritó a viva
voz,
"Tienen
dos metros." Terminando de pronunciar estas palabras, se oyeron por
los sistemas de alarma del buque, acompañados del fuerte sonido
del tifón y la campana existente en la banda de estribor del puente,
las señales de zafarrancho de abandono de buque. Solo unos minutos
después toda la tripulación estaba formada con los chalecos
salvavidas en la cubierta de botes a babor y estribor. Los oficiales pasaban
lista de sus tripulantes para comprobar si estaban completos, llegaron
un poco retrasados los cocineros y camareros, quienes cargaban cajas que
simulaban alimentos, y el radiotelegrafista con la estación portátil
de radio.
Una
vez así, el Capitán dio la orden de desenfundar los botes
y prepararlos para arriarlos, la tripulación que pensaba tratarse
de una rutinaria maniobra comenzó a preocuparse. Algunos pidieron
permiso para ir hasta el camarote a recoger su ropa, permiso denegado ante
las protestas de los marinos, quienes alegaban era la única muda
de ropa que poseían, y ya no les tocaba ninguna más por la
libreta. El Capitán llamó al telegrafista y al Primer Oficial
para que se presentaran en el puente.
"Telegrafista,
transmite la señal de SOS y deja encendido el equipo automático
de socorro." "Argudín manda esta señal por radiofonía."
"¿Capitán
por qué no analizamos la situación antes de abandonar el
barco?"
"Porque
con dos metros de agua en las bodegas no tenemos mucho tiempo para ello."
"Pero
debemos hacer lo imposible para salvar a la nave."
"Argudín
no hay tiempo para analizar ni discutir, solo te voy a decir una cosa compay,
yo no me hundo con esta mierda."
"Pues
fíjese, yo no abandonaré el barco hasta estar seguro de que
se esté hundiendo."
"Ese
es tu problema, porque ahora mismo estoy mandando a arriar los botes."
"¡Por
favor, Capitán, hagamos una cosa!"
"¿Qué es
lo que se te ocurre ahora?"
"Mande
a tomar otra sonda a las bodegas, después, yo bajaré con
usted en el bote, para comprobar si ha existido alguna alteración
en los calados."
"Bueno,
hagámoslo, pero te seguro que si la sonda aumentó, yo me
largo con la gente en los botes."
"Por
favor compréndame, si los calados no han variado no ha existido
alteración en el desplazamiento del buque."
"Yo
te entiendo pero de todas maneras me largo con la tripulación."
La realidad era que el infeliz guajiro no comprendía nada de lo que
deseaba hacerle razonar su Primer Oficial, porque en el corto entrenamiento
que había recibido no le explicaron nada de Estabilidad. Todo se realizó como
lo había pedido Argudín, pero la sonda indicaba que la bodega
tenía dos metros y medio de agua. Se dio la orden de bajar los botes
y a bordo de uno de ellos, el Primer Oficial comprobó que los calados
se mantenían inalterados y por esa razón decidió embarcar
de nuevo.
La
noticia cayó como una bomba en la Empresa Nacional de Cabotaje,
luego se informó al Comité Central del Partido y el Loco
acusaba a los EU de haber perpetrado otra agresión contra el pueblo.
Los sindicatos organizaron manifestaciones frente a la antigua embajada
americana, la Televisión Nacional transmitía conmovedoras
imágenes de los familiares de los supuestos desaparecidos, niños
inocentes que lloraban y acusaban a los americanos de asesinos, casas que
eran abarrotadas por los dirigentes de cada zona para darles muestras de
solidaridad a los familiares. Se movilizó a las Fuerzas Armadas
en todo el territorio nacional, la fuerza aérea dio inicio a una
intensa búsqueda, el Loco, como era el que más sabía
en el país, dirigía personalmente todas las operaciones desde
el puesto de mando habilitado para el caso en la sede de su Comité Central.
Cada hora daba una conferencia de prensa con los periodistas nacionales
y los del Campo Socialista acreditados en el país. En el puerto
de Nueva Gerona, el Primer Secretario del Partido convocó a una
multitudinaria manifestación de protesta por tamaño crimen,
mientras el generoso pueblo arrojaba coronas de flores al río.
Cuando
todo esto sucedía, los botes salvavidas del buque no paraban de
dar máquina en demanda de la costa más cercana dirigidos
por su gran Capitán. El combustible estaba llegando a su fin y ya
comenzaba a caer la noche, la figura de su nave se había perdido
en el horizonte y después de tantas horas de navegar sin saber para
donde, al carecer ambos botes de brújulas, y el que mandaba de conocimientos
para orientarse.
En
el barco, Argudín permanecía aferrado a la cubierta principal
y con la ayuda de linternas tomaba sondas de las bodegas cada una hora,
hasta que llegó el momento en el cual el nivel de las aguas se mantuvieron
constantes. En una de esas sondas se le ocurrió pasarle la lengua
a la parte mojada, y confirmó lo que tanto había sospechado,
aquel líquido era el jugo de los melones que habían reventado
por el peso. Se dirigió a la cocina, comió, y después
de colocar algunas lámparas de kerosén con las señales
de buque a la deriva, cayó rendido de sueño en el sofá del
puente.
Los
marinos comenzaron a pedir algo de alimento después de más
de doce horas en ayuno, pero cuando el Capitán ordenó abrir
los depósitos que poseen los botes para estos fines, descubrieron
que todos estaban vacíos. Cuando preguntó al Tercer Oficial
sobre ésto que era parte de su responsabilidad, el mismo le contestó que
hacía más de dos años la empresa no le suministraba
alimentos para los botes.
"Bueno
caballeros, aguanten como si fueran hombres, al menos tenemos agua y si
nos falta la comida es por culpa de los americanos y su cabrón bloqueo." Cuando
terminó esas palabras alguien aprovechando la oscuridad le sonó una
trompetilla.
"Ese
que hizo eso es un contrarrevolucionario." Le sonaron otra más,
ahora, acompañada de risas y burlas por parte de los tripulantes
del otro bote al que se encontraban amarrados, prefirió guardar
silencio.
En
la capital, el estado mayor seguía acuartelado y desde allí,
el Loco ordenó a la Comisión de Atención al
Hombre que le repartiera televisores a colores a los familiares de
los mártires, acompañados de un mensaje de su jefe. En un
costado de la embajada americana, se construyó una tribuna por donde
desfilaron cientos de oradores en un maratón que ya duraba 24 horas.
Todos pedían la liberación de los marinos secuestrados y
se convocó a una marcha del pueblo combatiente a lo largo de todo
el malecón.
En
horas de la tarde del día siguiente, aviones de la fuerza aérea
reportaron la posición de los botes a la deriva, y horas más
tarde todos los tripulantes eran rescatados por unidades de la marina de
guerra. Un día después, el barco fue remolcado con Argudín
a bordo por una nave de Isla Cocodrilo, y las autoridades le daban atención
a este Oficial que se negaba a hacer cualquier tipo de declaración.
En la habitación donde lo habían albergado, pudo ver con
asombro por la televisión, como el Capitán Eleuterio y los
tripulantes eran condecorados por el dueño de la isla y aquello
le produjo una sonada risa.
Luego,
en la intimidad del Comité Central, en un encuentro con el Loco
en jefe, se supo la verdad de lo acontecido en lo relacionado con la nave,
pero ya era tarde para dar marcha atrás.
"Ramiro,
en estos momentos no podemos retroceder y nosotros necesitamos de estos
actos para mantener en alto el espíritu revolucionario de nuestro
pueblo, pero sí te ordeno una cosa..."
"¡Ordene
mi comandante!" Contestó Ramirito, su viejo servidor.
"Mañana
me pasas por la casa de todos esos comemierdas y recoges los televisores,
refrigeradores y las motos que les repartimos."
"¿Y
qué hacemos con el otro sobreviviente?"
"A
ese me lo mandas bien lejos, donde nadie lo conozca y que lleve también
otro nombre, porque a partir de ahora, tendremos que aprender a convivir
con un nuevo héroe, el Capitán Water Melon."
"¡Como
usted ordene comandante!"
El
Capitán Water Melon es un personaje real que existió en nuestra
Marina Mercante, conocido con este apodo por haber cargado melones a granel
y reportar que el barco se estaba hundiendo. Water no es más que
parte de la historia de un pueblo que, fue dirigido y destruido por miles
de melones como él. Quienes han ocupado cargos en ministerios y
puestos importantes por el solo mérito de ser incondicionales al
régimen. Han sido ellos quienes bloquearan el ascenso de las nuevas
generaciones a la dirección del país que se sacrificó para
formarlos.
Este
trabajo se lo dedico a todos esos Oficiales de Cubierta y Máquinas,
cuyos sueños de convertirse un día en Capitanes y Jefes de
Máquinas fueron frustrados, por el solo hecho de no pertenecer al
desprestigiado Partido Comunista de Cuba, viendo con dolor e impotencia
como personas incompetentes pasaban por su lado.
Abril
8, 2004
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