El
Festival de la palabra embalsamada
Por: Wenceslao Cruz Blanco
Abril
14, 2002
Este
martes 13 comenzó en
la Universidad de Alcalá el “Festival
de la palabra.” Un evento organizado por el ayuntamiento
de Alcalá de Henares y la prestigiosa Universidad. La cita
cultural se celebra anualmente y suelen presentar ponencias reconocidos
intelectuales
y escritores. Este año se ha inaugurado con una ponencia
titulada “Cuba
en la narrativa de Alejo Carpentier” sobre el escritor cubano
(1904-1980), ganador del Premio Cervantes 1977, la misma fue presentada —según
reza la información de la Universidad— "por
el también escritor cubano y especialista de la obra de
Carpentier, Armando Cristóbal Pérez."
El
Excelentísimo Rector, Sr. Virgilio Zapatero —ex ministro
socialista en la última etapa de Felipe González— haciendo gala de sus conocimientos de manipulación, conocimientos
que han demostrado su efectividad en los medios de comunicación
del “poder fáctico fácilmente reconocible”,
no ha tenido reparo en ocultar el verdadero curriculum del Sr.
Armando.
Hablar de Cuba en la
obra de Alejo Carpentier puede ser muy engorroso y complicado,
sobre todo si se le quiere hacer cómplice
de la dictadura cubana. Que mejor escritor podría haber
entonces, que el ministro encargado de asuntos culturales de la
embajada de Cuba en España, esposo de la embajadora Isabel
Allende y reconocido miembro del MININT (Ministerio del Interior
cubano) para tan encomiable tarea.
Carpentier
dijo una frase que podría ser considerada muy
elocuente "Los mundos nuevos deben ser vividos antes de ser
explicados." Lamentablemente el nunca sufrió el nuevo
mundo impuesto a Cuba y su objetividad hay que circunscribirla
a la etapa en que vivió en ella y precisamente no fue la
etapa “revolucionaria”. Su vida “aburguesada” como
embajador en Francia le eximió de sufrir la realidad cubana
con toda su crudeza, por personas como él se pueden entender
las ambigüedades y contradicciones de muchos intelectuales
de izquierda, la visión que tienen de Cuba es debido a diferentes
factores.
Un
factor determinante es el trato que sabe dispensarles el tirano.
Sabio conocedor
de las debilidades humanas, Castro trata —al mismo
nivel—- con los famosos que pueden servirle como voceros
mediáticos,
unos de los ejemplos más recientes fue el de Saramago, al
que no se resistió a perder y mandó a su embajadora
en España y a su esposo (el “escritor”) a convencer
de que se volviera a subir al tren del despotismo cubano, boleto
que aceptó gustosamente.
Pero todos los intelectuales
y prestigiosos escritores cubanos no sucumben a los premios de
la UNEAC (Unión Nacional de
Escritores y Artistas de Cuba), ni a los privilegios derivados
de su vinculo con el surrealismo cubano. Un nuevo Carpentier hace
de embajador ante el mundo desde una cárcel cubana. Raúl
Rivero, no solo tiene tanta calidad literaria como Alejo Carpentier,
sino que aparte es valiente y comprometido con su pueblo. Ha dejado
a los intelectuales como Saramago y Roa Bastos en la complacencia
de los agasajos de un tirano, su misión es más humana
y sufre por ello.
Alejo Carpentier dijo “La palabra impresa embalsama la verdad
para la posteridad”. En el caso cubano lo que suele embalsamarse
es la mentira para que la pudrición que se deriva de ella
dure más. La verdad de Cuba el dictador no quiere embalsamarla,
quiere enterrarla y desaparecerla. A quienes intentan sacarla a
la luz son juzgados y condenados a 20 años de prisión.
Así piensan los tiranos, creen que el tiempo junto con la
imposibilidad de embalsamar la realidad les garantizará la
inmunidad histórica. Los intelectuales que vociferan su
podredumbre humana, utilizando y manipulando la verdad con el arte
de sus escritos no solo son crueles, son igualmente tiranos.
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