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Entrevista
a Bebo Valdés
Por: David Carrón
Mayo
30, 2004
Entrevistar
a Bebo Valdés es una utopía. Él
es un conversador nato, te
requiere como cómplice y no como inquisidor, porque a
sus 85 años, sobre todo, le
interesa lo humano. Hace días que se colgó el cartel
de «no hay billetes» para
el concierto que esta noche dará en el Teatro Español,
acompañado por Javier
Colina, su hijo Richard y «El Piraña».
A
los dos segundos de compartir mesa con este grandullón
con duende se
evidencia su herida: lleva casi medio siglo sin pisar su isla:
Cuba: «No es una
cuestión de ser de izquierdas o de derechas, pero mientras
haya dictadura en mi
país no voy a volver». Tiene argumentos contundentes
contra el régimen
comunista, como el contradecir en la práctica su propia
Constitución, y pone como
muestra de las aberraciones que allí se cometen la siguiente: «Igual
que hizo
Hitler, han suprimido el estudio de la Historia». Así sus
compatriotas ignoran
que el pueblo cubano viene de la conjunción pacífica
de tres razas.
La sabiduría que le proporciona su edad le impulsa a
la autocrítica:
quiere denunciar «la doble moral de mí país
y la mía propia». Reprocha, en lo
personal, a Castro que «mi nombre ha estado prohibido durante
35 años, ahora han
publicado todo lo que grabé desde los 40 sin pagarme ni
un duro». También se
achaca errores a sí mismo: «Los que nos marchamos
porque el país no nos gustaba
somos los que, con el apoyo del Gobierno de Estados Unidos, seguimos
enviando
el dinero y manteniendo Cuba, ¿o acaso viven de lo que
da la caña de azúcar?».
Aunque rápidamente explica el motivo de esta aparente
contradicción: «Si tus
hermanos o tus padres están allí y tú tienes
cuatro duros, ¿cómo vas a dejarlos
morir de hambre?», dice con los ojos acuosos.
En
los últimos meses, Bebo pasa más tiempo en
España que en su propia casa —Estocolmo,
donde se estableció hace más de cuatro
décadas por el amor de una
sueca 26 años más joven que él. Esta
presencia del cubano entre nosotros
tiene mucho que ver con su encuentro con el cantaor Diego El
Cigala y su
prodigioso «Lágrimas negras». «Diego
no cantará conmigo esta noche porque se acaba de
marchar a Cuba para grabar con mi hijo Chucho». Se deshace
en elogios hacia el
cantaor, quien prestó quejío «a esa mixtura
entre el arte flamenco con
acompañamiento sabroso del Caribe», que, según él,
tuvo éxito porque «aquí, el
ambiente está tan saturado que cualquier cosa nueva rompe».
Destaca
que lo mejor de El Cigala no es su voz, sino su calidad humana: «Salió de
una crisis
que duró 15 años, de esas que afectan a mucha gente
dentro del mundo de la
música y de la que, normalmente, los que salen vuelven
a caer». Sus consejos: «Que
procure mantenerse, que sea dócil y agradecido con su
público, y que no se
pelee nunca con la Prensa». Su encuentro fue propiciado
por el cineasta Fernando
Trueba, con quien acaba de rodar el documental «El milagro
de Candeal: «Lo que
hace Fernando con esta película es dar un ejemplo a la
humanidad: en un lugar
donde sólo había drogas y bandidos ahora hay casas
con agua corriente.
Todo
gr acias a Carlinhos Brown y Caetano Veloso, y no al Gobierno,
que es ahora
cuando empieza a poner dinero».
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