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POR
MARÍA RIVERA, Miami *
Reinaldo
Bragado Bretaña:
literatura y presencia. Una entrevista
El
escritor cubano Reinaldo Bragado Bretaña tiene en su haber una
variada producción literaria que incluye novela, cuento, poesía
y periodismo.
Sus colecciones de cuentos —Bajo el sombrero y En torno
al cero— nos muestran un Bragado inmerso en la literatura fantástica
y la ciencia ficción. Sus novelas —y ya suman cuatro publicadas,
la última en ver la luz fue La muerte sin remitente— también
manejan temas muy diversos y visten estilos dispares, aunque lo fantástico
está siempre presente como prueba de la desbocada imaginación
del autor que llena miles de páginas que van a imprenta poco a poco.
En cuanto al periodismo, conocido columnista desde hace unos quince años,
Bragado ha publicado una cifra cercana al millar de artículos, impresionante
teniendo en cuenta que anualmente termina, como mínimo, un nuevo
libro de ficción y que publica sólo desde que es libre, es
decir, desde que salió de Cuba en 1988. Sobre el tema de los Derechos
Humanos en Cuba ha publicado dos volúmenes, La Fisura tomos
I y II, y el libro de testimonios Castro frente a Castro.
Pero
hoy estamos frente a su última publicación, un poemario, Curazao
24: cuidado con el perro. Y no es el primero porque ya en 1995 había
entregado El álbum de las sombrillas, del cual el crítico
Carlos Espinosa, en su libro El peregrino en comarca ajena, dice
lo siguiente: “El Album de las sombrillas, en donde (Bragado)
recrea temáticas y escenarios propios de la literatura de ciencia-ficción
y que no desmerece de los mejores logros de su quehacer en la prosa imaginativa”.
¿Por
qué un libro de poesías a estas alturas? ¿Por qué Curazao
24?
Escribí un
total de cinco poemarios en Cuba, y todos están aquí conmigo,
en el exilio. Este es el segundo y espero publicar los tres
restantes en su momento. Pero lo hago ahora porque ahora se
presentó la oportunidad. Un grupo de amigos me lo propuso
y, por supuesto, acepté. Alfonso Afonso se encargó del
diseño y el pintor ecuatoriano Carlos Franco del excelente
dibujo de la portada. Creo que quedó muy bien, y así me
lo han dicho. Estoy contento. En cuanto a Curazao,
fue mi última dirección en Cuba.
El
libro es intimista, cada poesía refleja un momento preciso en
tu ciudad, La Habana…
La
Habana Vieja.
Correcto,
La Habana Vieja. Se nota la asfixia que sentías cuando escribiste
los poemas que, de acuerdo a tu nota introductoria, datan del período
que va de 1981 a 1988.
Sí,
es intimista y no podía ser de otra manera. Yo era un exiliado interno,
ex preso político y un activo miembro del primer grupo de derechos
civiles de Cuba, el Comité Cubano Pro Derechos Humanos. Estaba, literalmente,
sitiado en mi casa de Curazao 24 entre Luz y Acosta, en La Habana intramuros.
Hay asfixia y hay terror en esos poemas, pánico, pero al mismo tiempo –si
esto es posible– hay valor y un tremendo desafío. Recuerda que
ese poemario, o cualquier libro mío, me podían costar años
de prisión en Cuba. Me salvé de milagro…
Gracias “a
ciertos fantasmas que te escoltan desde hace décadas”, según
tu prólogo, y entre ellos el de Thomas Joyce.
Cierto.
Thomas Joyce es el pirata imaginario de mi novela La ciudad hechizada.
Ese librito, escrito en 1982, quedó finalista en el concurso Letras
de Oro de la Universidad de Miami de 1989 junto a la novela Como agua
para chocolate. Ni Laura Esquivel ni yo ganamos, pero así son
las cosas.
Volvamos
al poemario. ¿Por qué la división en tres partes?
Son
tres círculos diferentes del estado de sitio que la sociedad totalitaria
había impuesto contra mi persona. La ciudad es la primera parte. Ahí describo
y rindo homenaje a la ciudad del mundo que más amo. Mi casa es lo
más importante porque es mi castle, como decían los ingleses,
o mi buque, como diría Hemingway de Finca Vigía. Afuera, la
tercera parte, es la arriesgada expedición por el terreno de los otros.
Creo que está bien organizado el poemario.
Revisé los
trabajos que se han publicado sobre ti o tus libros, y hay mucho material
desde aquel artículo de 1989 firmado por Heberto Padilla sobre
tu novela La estación equivocada, que realmente era el
prólogo. Creo que te ha ido bien con la crítica. ¿Cómo
te sientes en ese sentido?
Es
cierto que no me puedo quejar, muchos han escrito sobre mis cosas y lo han
hecho favorablemente. También me alegra que mis títulos, aunque
en cantidades ínfimas, hayan entrado en Cuba. Cuando las autoridades
de la dictadura los detectan, los confiscan, y hasta aquí llegan las
denuncias y las actas de confiscación enviadas desde la isla por los
periodistas independientes. Pero tienes razón, me ha ido bien con
los críticos.
Espinosa,
en su libro citado, dice lo siguiente: “Si La Estación
equivocada descubrió a un narrador de talento, 'Bajo el
sombrero' y 'En torno al cero' vienen a confirmarle, entre
los nuevos valores, como un nombre de referencia obligada”. ¿Tú crees
que es así?
Le
agradezco a Espinosa esa opinión.
Tienes
once libros publicados en total. ¿Muchos inéditos?
Sí,
muchos. Sólo en novela tengo unas diez que constantemente están
en busca de editor. Algunas saldrán muy pronto, antes de lo que yo
pensaba. También los tres poemarios restantes escritos en Cuba y un
libro de cuentos, también escrito allá. Pero tengo mucho, tanto
en cuento como en ensayos, y muchos proyectos muy detallados en el papel,
algunos muy avanzados. Recuerda que fueron demasiados años sin poder
publicar en mi país, pero sin dejar de escribir.
¿Cuál
sería el próximo en salir?
Quisiera
publicar La alcantarilla mágica, que es un libro de textos
experimentales que me gusta mucho. Voy a invitar a mis amigos pintores a
que ilustren los trabajos para hacer una especie de cuaderno. Es posible
que incluya algún dibujo mío. Después otro poemario,
no sé muy bien.
Sé que
dibujas, que te gusta la plástica. ¿Qué me dices
de eso?
Un
trabajo mío perteneciente a una serie de 25, todos en tinta y pastel
sobre papel, fue incluido en una exposición colectiva en la galería
O & Y, de Coral Gables, en 2002. Lo hago porque me gusta, no creo que
sea un profesional en ese sentido, pero lo disfruto mucho y lo hago desde
hace años, desde que estaba en Cuba. He vendido unos pocos trabajos –aunque
no me dedico a promoverlos– y algunos amigos tienen cosas mías
colgadas en sus casas. También he publicado caricaturas. De hecho,
preparo un libro con caricaturas atemporales desde hace tiempo. Es una materia
que me debo.
¿Atemporales?
Sí,
muy humanas, filosóficas, nada inmediato. Me recuerdan a The Far
Side, de Gary Larson. Tienen un poco ese espíritu, aunque de
muchos otros también, sobre todo de norteamericanos, o más
bien exclusivamente de norteamericanos.
¿Cual
crees que sería el estado ideal para escritor?
Tener
su propio país.
¿Tienes
alguna queja?
No
tener país, aunque agradezco infinitamente a Estados Unidos que me
haya otorgado su ciudadanía.
¿Planes
futuros?
Regresar
al país que nos quitaron con todos mis colegas escritores exiliados.
Creo que nos merecemos una buena fiesta.
*
Para el Semanario Libre de Miami / Agosto 25, 2004
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