----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- POR TOMÁS G. MUÑOZ, Marbella
Libros: La fuerza de la razón

Autora: Oriana Fallaci
Editores: La Esfera de los Libros, Madrid, 314 páginas (2004)

[Recientemente, fui a misa en una iglesia de Málaga. Detrás de mí, varios jóvenes extranjeros de piel olivácea, se susurraban entre sí. Curioso, paré las orejas: no hablaban español, sino algo que no era romance, ni eslavo, ni ninguna otra lengua que aunque no se conozca se adivina qué es. ¡Dios mío, terroristas! pensé. Entonces, con el rabillo del ojo, me concentré a observar a los chicos. A la hora de la colecta, dejé caer una moneda para agacharme y ver si la clásica mochila estaba en el suelo. No. ¿Será que portan la dinamita en sus cuerpos? En el acto de la paz, me viré, estreché mis manos con todos ellos, que me respondieron en perfecto español, “Y contigo también.” ¡Eran cristianos! Al final de la misa, los abordé: “Hola, y ustedes de donde son?” “Paraguayos, pero entre nosotros nos hablamos en guaraní.” Paranoia resuelta].

Pero, después de los atentados a las Torres Gemelas y otros que prefiero no traer a colación, el sabor a terror permanece. Y por ende, la paranoia.

Oriana Fallaci da en el clavo con su best seller La Fuerza de la Razón (2004). Aunque inicialmente destinada a ser un breve colofón de La Rabia y el Orgullo (2002), el M-11 en Madrid, y episodios semejantes en Casablanca, en Bali y hasta Moscú llevan a la autora a extenderse en la obra. Con su apasionado estilo de siempre, la Fallaci introduce un poderoso elemento en La Fuerza: busca, y consigue, establecer un diálogo con su lector, al que tutea y le hace hervir la sangre con un machacante recuento que no deja un minuto de tregua. En pocos meses ha vendido más de un millón de ejemplares de la ediciones italianas, y la española ya va por la segunda.

Las Inquisiciones
La Fuerza comienza con una crónica sobre Messer Francesco da Ascoli, Mastro Cecco, que en 1327 escribió un libro que la Inquisición envió a la pira junto con su autor, culpado por decir la hoy perogrullada de que la tierra es redonda. Aquí la Fallaci se hermana al sacrificado maestro, devenida moderna víctima de una inquisición “astuta,” que rechaza la pena de muerte y la tortura física a cambio de utilizar “artilugios incruentos:” la calumnia, las manifestaciones de repudio, llamadas amenazadoras. ¿Por qué? La Rabia ha enfurecido a la Izquierda Europea, neoinquisidora, “tercermundista, antiamericana, antisionista y pro-islámica,”  la Izquierda que, al perder sus puntos de referencia después de la caída del Muro de Berlín, se ha aferrado al Islam como su nueva tabla de salvación —muy al compás de algunos de los argumentos en La Gran Mascarada del francés Revel. Y relata una serie de incidencias que sitúan a la Fallaci a dos milímetros de Salman Rushdie, el de Los Versos Satánicos, muerto que todavía goza de buena salud.


Perogrullo y el Islam
A continuación pasa a analizar que tan verdad de Perogrullo es la redondez de la tierra como la maldad del Islam a lo largo de su historia. Mahoma basa su prédica en la conquista violenta de los infieles, al punto que 60 años después de su muerte, las tribus nómadas y politeístas de la Arabia pre-islámica se habían legitimado, religiosamente, en buena parte del Medio Oriente cristiano —Egipto, Siria, Iraq y el norte de Mesopotamia.

No hace falta leer mucho sobre la historia de España para entender que la coexistencia de los tres monoteísmos es un mito digno de una noche con Schehrazada [cuyos 1,001 cuentos la salvaron de la degollina, dicho sea de paso]: la invasión islámica de España en el siglo VIII casi destruye una de las culturas más ricas de Occidente, los no conversos convertidos en ciudadanos de segunda clase. A esto hay que añadir, siglos ha, la caída de Constantinopla, las invasiones otomanas a Europa central, la ocupación, también otomana, de los Balcanes, la matanza de armenios, la conversión forzosa de judíos en Persia, las persecuciones a cristianos en Turquía. Y lo de hoy ya lo sabemos sin recurrir a la bibliografía, que por otro lado es extensísima…

El complot islámico
Los hijos del siglo XX hemos nacido  en un mar de conspiraciones reales o imaginarias —la sionista, la comunista, la globalizadora, la tabaquera, hasta la narco— de modo que, como la propuesta de la Fallaci nos suena a algo dèjá- vu,  tendrá que hilar fino para iluminar a los escépticos. Lo hace. La trama parte del boom económico europeo después de la Segunda Guerra, al que no acompaña la expansión demográfica. Primero, Alemania, Francia, Suiza, el Reino Unido, Escandinavia, importan emigrantes españoles, portugueses, griegos, que más tarde se transforman en turcos, marroquíes, paquistaníes y otros islámicos del Medio Oriente cuando España, Portugal y Grecia acceden al Primer Mundo. Las dictaduras del occidente europeo atrás, el respiro liberal suspira derechos humanos, justicia social, ecología… Y la mayor transferencia de recursos en la historia de la humanidad, iniciada en 1973, otorga enormes riquezas a los petroleros islámicos, los mayores productores del crudo: meridiano estupro a decenas de países pobres que, por otro lado, la Izquierda Mundial por supuesto no denuncia.

La suerte está echada. Esta vez, la conquista de Europa —Eurabia la llama Dª Oriana— no sucede con las cimitarras y los jenízaros de otrora. Nos invaden los mahometanos pobres, amparados con el dinero de los ricos, que construyen mezquitas y escuelas por doquier. No quieren trabajar o estudiar los viernes, su día santo; pretenden la legalización de la poligamia y menosprecian o apalean a sus mujeres, repudio y no divorcio, todo parte de su cultura; usan a Europa como base del terrorismo anti-americano; consiguen que un campesino francés retire la cruz en su campo de cultivo, o que una maestra de Como no permita cantar villancicos en la escuela, o que se elimine el estudio escolar de Dante, Voltaire, Diderot, pues todo eso causa tensiones entre los islámicos; intimidan a nuestros políticos y policías. El Lavapiés madrileño, el Albaicín granadino y el Bellevue Pyat marsellés son enclaves islámicos. Todo esto en nombre de nuestros derechos humanos, los que nosotros creamos, y ahora ellos usan contra nosotros.  Dicho esto, y salvo la prohibición del shador en las escuelas francesas, la carga cae sobre los jueces europeos, lo que resulta en fallos y no leyes. Así pues, ¿de qué nos quejamos?

En el ínterin, la Fallaci hace exhibición de su vasta cultura, desmenuzando fechas, debates parlamentarios, artículos periodísticos, ensayos, guerras, anécdotas, citas del Corán, en fin, cualquier elemento que pueda apoyar, con Fuerza, a su Razón. Y se nutre del inmenso acervo investigativo de Bat Ye’Or, la gran experta islámica y autora de numerosos libros sobre la interacción de los tres monoteísmos.

Se non è vero è ben trovato
El discurso de Dª Oriana es tan verdadero como no inventado, tiene el peso de la realidad. Pero,

• No está del todo bien que haya creado un contrapunteo entre la cultura occidental [si es que existe una cultura occidental] y el ámbito islámico [si es concebible meter en un mismo saco a indonesios y brunecinos; búlgaros y bosnios: árabes y magrebíes, turcos y kurdos, sudaneses y nigerianos], como si todos pensasen igual. Y mucho menos a miles de fanáticos islámicos y millones de pacíficos mahometanos.

• Aparte de denunciar a victimarios y cómplices, Dª Oriana no propone un qué-hacemos-ahora. Es como el médico que dice a su paciente, “Tienes un cáncer terrible,” así sin más, no hay cura, vete a casa y arregla tus cosas.

El final, y el principio y el medio, de La Fuerza suscitan sentimientos de miedo hacia el extranjero islámico y desconocido —xenofobia y paranoia, en términos sociológicos y clínicos. Veo a mis vecinos moros en su vivir diario, a veces me invitan a su delicioso cous-cous, y nada en ellos me da miedo. Pero, ¿y los fanáticos?

PERLAS CULTIVADAS... Y SIN CULTIVAR

Concejal andaluza no identificada: “Debemos eliminar el monoteísmo. El Estado debe reconocer otras religiones, incluso el Islam. Ninguna religión debe tener el monopolio de la preponderancia de cara al Estado.” [según Su Señoría, monoteísmo es el monopolio de una religión]

Sigrid Hunke, reciclada ex-colaboradora nazi: “El Sol de Alá brilla sobre Occidente… La influencia ejercida por los árabes en Occidente fue el primer paso para liberar a Europa del Cristianismo.”

Sherif Mardin, autor y conferencista: “A la civilización islámica debemos el Dolce Stil Novo.” (la escuela poética italiana del 1200, a la que perteneció Dante Alighieri).

Raffaele Nogaro, Obispo de Caserta (Italia): “No está bien bendecir los ataúdes de los militares (italianos) masacrados en Nasiriya, Irak. Eso legitima el uso de las armas.”

Louis Baeck, profesor de la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica): “El padre de la doctrina económica no es Adam Smith, sino Mahoma.”

Del Libro Azul del Ayatollah Jomeini: “Si un hombre ha mantenido relaciones sexuales con un animal, por ejemplo, una oveja, no puede comer su carne. Caería en pecado.”

Louis Abdul Farrakham, líder de los Black Muslims: “La inferioridad de la raza blanca y de la religión cristiana se demuestra porque… todas las conquistas de la Humanidad son mérito del Islam… El único blanco digno de respeto es mi ídolo Adolf Hitler, que eliminó a muchos judíos.”

Mohammed Kamal Mustafá, Imán de Valencia (España) en su Vademécum sobre la forma de golpear a las mujeres: “Utilizar vara delgada y ligera, útil… incluso desde lejos. Nunca en la cara, porque se ven las cicatrices y los hematomas.”

Imán de Carmagnola (Italia): “Os conquistaremos (a los cristianos), pariendo hijos. Vosotros estáis en crecimiento cero, nosotros nos duplicamos cada año. Roma se convertirá en la capital del Islam.”

Dante Alighieri, Divina Comedia, Canto 28º, en el octavo círculo, noveno foso del infierno: “…mira a Mahoma cuán despedazado está. Delante va Alí [su yerno y sucesor], lamentándose y hendido el rostro desde la barba al cráneo…

Octubre 19, 2004
............................................................................................................................................................................................................................................................................................................