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Por Tomás G. Muñoz, desde Marbella
Libros: El Agujero, por José María Irujo
Santillana Ediciones Generales, Madrid (2005), 407 páginas
En nuestro tiempo, es práctica común que, a la sombra de un mega-evento —escandaloso, beligerante o terrorista, entre otros— aparece alguien con una narrativa de lo que sucedió, a menudo sin aportar algo nuevo. “El Agujero,” del español José María Irujo, se separa de ese grupo: aún los que hayan acompañado de cerca los acontecimientos del 11-M, encontrarán que este libro resume y enlaza detalladamente los miles de crónicas publicadas hasta ahora, al mismo tiempo que trata de dar una visión global al complejo fenómeno del terrorismo islámico.
Irujo (Pamplona, España, 1955) viene acompañado de una vasta obra investigativa y de varios galardones periodísticos. Ha escrito sobre ETA, el affaire Roldán, el 11-S y los espías nazis en la España franquista. Cuando, en marzo de 2002 publicó que España era la base principal de Al Qaeda en Europa, tuvo que encarar la recriminación o la incredulidad de autoridades y medios.
Pero, “El Agujero” no guarda semejanza, por ejemplo, con “¿Arde Nueva York?” (del dueto Lapierre-Collins), magistral ficción basada en elementos del 11-S. Con un estilo de aquellos-polvos-trajeron-estos-lodos , Irujo crea una prolija trama del génesis y posterior desarrollo del 11-M, todo basado en informes policíacos y reportes de la prensa, aunque los diálogos y ajetreos atribuidos a los centenares de protagonistas impartan al libro un cierto elemento novelesco. No es criticable, pues el español de a pié percibe que hay muchas lagunas informativas: por ejemplo, olvida que ya en 1985 se había producido un acto terrorista reivindicado por la Yihad Islámica (1); no se sabe si los terroristas del 11-M fueron los mismos que montaron y colocaron las bombas y que, días después, se suicidaron en un edificio del Leganés madrileño. Como tampoco lo están los motivos de un mega-atentado precisamente en Madrid, y a 72 horas de las elecciones generales, máxime cuando éste se comenzó a preparar incluso antes del 11-S. Aquí, Irujo opina que “la explicación del 11-M como consecuencia del apoyo del gobierno de Aznar a la guerra de Irak es una simplicidad.” Y añade que “aunque la alianza con Bush añadió más riesgo, no fue el factor único y decisivo del atentado.”
Irujo parte de dos hechos muy conocidos y al mismo tiempo poco reconocidos: uno es que España es la puerta de entrada de África y el oriente mediterráneo; el otro es que los Reyes Católicos y sus antecesores expulsaron a los árabes de Andalucía, se entronizaron en sus antiguas posesiones, y trataron de eliminar todo vestigio de islamismo. Así, la añoranza de Al-Andalus y la cercanía de enclaves terroristas en el Mediterráneo sur y este han hecho de España un blanco lógico, tan lógico como Estados Unidos —aunque por motivos diferentes, que se adivinan, pero no se saben.
Así las cosas, no es extraño que a partir de 1994 en España operasen diversos grupos islámicos con potencial e intenciones terroristas, aparte de Al Qaeda: los Hermanos Musulmanes , de raíces sirias, el Grupo Combatiente de Túnez, el Grupo Islámico Armado, de Argelia, y el Grupo Salafista (2) para la Predicación y el Combate, un referente para los muyahidin (3) que peleaban en Bosnia, Chechenia y Afganistán. Muchos de sus integrantes habían tomado la nacionalidad española, y en algunos casos, tomado una española como mujer. Sus actividades terroristas se financiaban mediante la delincuencia —robo de tarjetas de crédito, tráfico de pasaportes falsos o drogas, al punto que casi todos los detenidos (75) en España tienen un historial delictivo.
Irujo ha pesquisado exhaustivamente, como lo demuestra una plétora de fuentes documentales. También, ha realizado un magnífico trabajo de simplificar todo el entramado de actores y acciones en varios cuadros sinópticos que aparecen al final del libro. Figuras centrales son el emir (4) Mohammed Atta, maligno líder de los pilotos suicidas en el 11-S, y el también emir Imad Edwin Barakat Yardas, alias Abu Dahdah, organizador de la célula española y cerebro del 11-M, arrestado desde 2001, cuyas trayectorias Irujo acompaña minuciosamente.
Sin embargo, a pesar de que las autoridades de inteligencia, principalmente la Guardia Civil, la UCIE (5) y el CNI (6), seguían a los radicales islamistas —incluidos Atta y Abu Dahdah— por las mezquitas y locutorios, no estaban convencidos de sus intenciones reales. España, pensaba el gobierno, era un país caliente donde aquellos eran pequeños delincuentes que a lo sumo recogían dinero para la yihad (7), o captaban muyahidin para los múltiples escenarios de guerras islámicas ?Palestina, varias naciones africanas, Bosnia, Chechenia, etc. Irujo opina que, como no había un ente central que aglutinase la copiosa información que recogían las autoridades, cada cuerpo trabajaba independientemente, de modo que cada uno tenía una visión parcial de un todo que se les escapaba. De ahí que concluya que “el agujero” —título que escogió para su libro— fue monumental.
En este sentido, Irujo recoge las declaraciones de Aznar: “…quizás los éxitos conseguidos en la lucha contra ETA nos han llevado a bajar la guardia ante la amenaza fundamentalista.” (8) Y, en contrapartida, opina que “la explicación del 11-M como una consecuencia del apoyo del gobierno de Aznar a la guerra de Irak es una simplicidad… [pues] las células radicales islamistas en España preparaban atentados desde 2001, y tuvieron una extraordinaria participación en la logística e infraestructura del 11-S…”
En definitiva, se agradece que Irujo se haya mantenido equidistante del partidismo. Al contrario del 11-S, donde republicanos y demócratas cerraron filas en torno al presidente, los sucesos de Atocha se politizaron descaradamente —aunque sea necesario reconocer que desde el momento que el islamismo radical emergió como autor del 11-M, el gobierno de Aznar y las elecciones tres días después estaban en una situación irremediablemente perdida: Rodríguez Zapatero y sus adláteres no hicieron más que explotar los hechos —activa o pasivamente, algún día la historia lo dirá. Como en su historia reciente España no tiene ni 30 años de democracia, no se puede esperar más de una izquierda con tan poca solera.
Notas:
1 - El 12 de abril de 1985 un atentado contra el restaurante “El Descanso,” en Barajas, Madrid, arrojó 18 muertos y 84 heridos.
2 - El salafismo es una corriente ultra fundamentalista. Viene de salaf, “antiguo,” y describe a las primeras generaciones de la comunidad musulmana.
3 - Significa “el que se esfuerza o lucha.” Se dio este nombre a los que lucharon contra el ejército soviético en la liberación de Afganistán.
4 - Se refiere al jefe, príncipe o caudillo. También se aplica al “comandante” de un grupo de radicales islámicos o al jefe de una célula terrorista.
5 - Unidad Central de Información Exterior, cuerpo de inteligencia perteneciente a la policía nacional.
6 - Centro Nacional de Inteligencia, la CIA española.
7 - Literalmente, “esfuerzo” o Guerra Santa contra los infieles, campaña que se preconizaba desde los tiempos de Mahoma.
8 - Citado en el libro de José María Aznar, “Ocho años de gobierno: una visión personal de España,” publicado en mayo de 2004.
Abril 18, 2005
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