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Por María G. Melián, Miami *
Libros: Secreto de Estado, novela de Eugenio Yáñez y Juan Benemelis

Con ritmo cinematográfico se nos presenta Secreto de Estado. Las primeras doce horas tras la muerte de Fidel Castro (Benya Publishers, Miami, mayo de 2005), obra recién publicada por Eugenio Yáñez y Juan Benemelis, que nos lleva a uno de los posibles escenarios que pueden ocurrir tras la muerte del gobernante cubano.

¿Ocurrirá de este modo? ¿Hasta dónde este sórdido entresijo de intrigas puede llegar? ¿Cuál será el desenlace real de este evento, a ocurrir en un momento cualquiera de un ya no muy lejano futuro de Cuba?

Cualquier hipótesis será validada por la Historia en su momento. Pero ahora los autores nos transportan al escenario vislumbrado por ellos, donde dinamismo y acción se conjugan para guiarnos a través de doce horas de tensión e intriga y se mezclan todo tipo de personajes nacionales y foráneos.

La tesis de la fragmentación del estamento militar a la muerte del tirano, y el desmoronamiento de la imagen de unas fuerzas armadas y de seguridad monolíticamente unidas alrededor de Raúl Castro para una continuidad inmovilista, pudieron haberla presentado los autores en un ensayo que con seguridad sería de gran interés.

Yáñez y Benemelis han publicado separadamente, a lo largo de muchos años, rigurosos análisis y ensayos sobre temáticas sociopolíticas y económicas, pero ahora presentan credenciales conjuntamente como novelistas, algo que debemos agradecerles.

Al novelar la historia que presentan, la hacen mucho más asequible y comprensible para lectores que no siempre se adentran en cincuenta o sesenta páginas de ensayos rigurosos; pero lo hacen de manera acabada y agradable, y sin perder profundidad en los planteamientos, como algo muy natural que se desarrolla a través de diálogos y situaciones no sólo factibles, sino también probables.

El tabaco del general Bustelo
No es una novela en el sentido clásico del término, ni mucho menos una novela "roja", como la narrativa oficial cubana de los premios literarios del Ministerio del Interior o el Ministerio de las Fuerzas Armadas: es una novela "negra" en el sentido más estricto del término, donde no aparecen los "buenos" que son muy buenos, ni los "malos" que son muy malos.

Olvide las descripciones de paisajes, vestuario, características físicas o detalles accesorios de los personajes y las situaciones: no hacen falta. Si usted ha visto personalmente, en fotos o en imágenes de televisión a generales como Raúl Castro o Colomé Ibarra, está muy bien, pero si no los ha visto no tiene importancia: son tan reales como la vida misma.

Los personajes no hablan de sus hijos o nietos, ni intentan dejar de fumar o bajar de peso: no hay tiempo para eso cuando se están jugando el destino de Cuba en unas horas. Aparece la esposa del jefe de Ejército, como personaje necesario para desarrollar un diálogo muy intenso, cuando el general Carmenate se pregunta si debe transferir su lealtad a Raúl Castro o insubordinarse. Sabemos que el general Bustelo fuma tabacos porque es la forma codificada en que el delegado provincial del Ministerio del Interior le comunica que el Comandante en Jefe ha muerto.

Raúl Castro y Ramiro Valdés toman café, cada uno por su lado, porque han estado despiertos desde la madrugada; el neurocirujano Arturo Cancela bebe ron mientras comenta el estado de salud de Fidel Castro y predice su fallecimiento, porque sólo totalmente relajado se atreve a tocar ese tema 48 horas antes de que ocurra.

Los demás son escenarios muy concisos sin descripciones detalladas: extremo norte de la pista del aeropuerto de Holguín, oficina del ministro de las FAR, Jefatura de la DAAFAR (defensa antiaérea), la Casa Blanca , Base Aérea de Homestead, Consejo de Seguridad Nacional, Punto Zeta de la Contrainteligencia cubana.

Los personajes foráneos no reciben descripciones físicas o ambientales: en George Bush, Hugo Chávez, el general Richard Myers, Miguel Ángel Moratinos, Hu Jintao, Vladimir Putin o Daniel Ortega, lo importante es lo que piensan, dicen y hacen.

Los diálogos son excelentes, sin duda. En la ausencia de narraciones extensas, es el intercambio de frases cortas, "a lo cubano", lo que nos teje la historia que se desarrolla. A veces son dos personas, o tres o cuatro a la vez, intercambiando ideas, argumentando, expresando anhelos o frustraciones, quienes nos hacen saber lo que está sucediendo y lo que puede venir después, en una tensión de thriller que nos captura hasta el final, inesperado, sorprendente y, sobre todo, posible.

Tras la ausencia del Máximo Líder
Se aprecia en Yáñez y Benemelis un conocimiento sólido sobre la temática militar, y una gran creatividad al ponderar las situaciones. Las referencias a hechos reales anteriores de la problemática cubana, como el caso que culminó con el fusilamiento del general Arnaldo Ochoa, o las campañas de los cuerpos expedicionarios cubanos en África, se insertan adecuadamente en el contexto, y sirven de base para desarrollar los perfiles psicológicos de los personajes del libro.

En las dos orillas de nuestra realidad geográfica habrá quienes podrán descargar su ira contra el libro o pretenderán desacreditar a los autores. Pero los personajes y las actuaciones que Yáñez y Benemelis dibujan en este escenario novelado, trasuntan realidad en el pensar y el actuar, aunque muchos nombres y datos biográficos son ficticios.

No estando presente el Máximo Líder, la doble moral se desdobla, y las frustraciones personales y los proyectos postergados afloran espontáneamente. En un Estado de derecho, la defunción o incapacidad del gobernante se resuelve constitucionalmente, y la transición puede ser dolorosa, pero no tiene que ser funesta. En un Estado totalitario, caracterizado por la omnipresente impronta, estilo personal y carisma del "Jefe Supremo", la transición/sucesión, aunque hubiera sido profundamente pensada y pactada, siempre será la gran incógnita del futuro inmediato.

En las primeras doce horas, los protagonistas nacionales de esta historia de ficción no piensan en liberar disidentes, celebrar elecciones, pedir consejo a Miami, o apelar a la intervención americana, sino todo lo contrario: un pragmatismo de supervivencia les hace razonar sobre cómo, sin renegar historias ni trayectorias, salvar a Cuba del desastre, y también, ¿por qué no?, encontrar camino y espacio en la Cuba sin Fidel Castro.

Con un lenguaje de fácil comprensión, aunque pletórico de sutilezas, agudo e incisivo, con diálogos en "cubano", que no español, el libro atrapa desde sus primeros parlamentos, y se lee con avidez, al incitar al lector a desentrañar la tela de araña de situaciones simultáneas que se teje minuto a minuto, y que no se limita a Cuba y su contexto. Como bien señala el general Rafael del Pino en el prólogo, "leída la primera página, no podrán soltarlo".

La obra ha tenido muy buena acogida en su lanzamiento en Estados Unidos, país donde residen los autores. Desde los primeros días apareció en la lista de libros más vendidos de El Nuevo Herald: ya se plantea una segunda edición para un futuro muy próximo. Editoriales de España, América Latina, Francia y otros países donde reside una fuerte comunidad cubana y muchos amigos de esta gigantesca diáspora caribeña, podrían pensar en hacer llegar a ese público esta versión de una historia del futuro plausible, posible y probable.

En estos momentos está a la venta en Miami (Florida) y Union City (Nueva Jersey), y hay planes de colocarla en librerías de Nueva York, Puerto Rico y áreas de Estados Unidos donde el idioma español tiene una fuerte presencia. Por Internet, puede obtenerse con facilidad desde Ebay.

¿Serán las reales primeras doce horas tras la muerte de Fidel Castro cómo lo cuentan Yáñez y Benemelis? ¿O serán muy diferentes? ¿Quién sabe? Sólo el tiempo lo dirá, pero mientras tanto, podemos disfrutar leyendo Secreto de Estado…, que nos pone a pensar, junto a Yáñez y Benemelis, analizando lo que sí es una certeza: esas serán las cruciales doce horas iniciales de nuestro Día D.

* Para Cubaencuentro.com, Madrid / Junio 9, 2005
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