|
Por William Navarrete, París *
Orgullo occidental
Libros: Crónicas occidentales
Alfonso Lazo,
Ed. Aduana Vieja, Cádiz (2005), 292 pp.
El pasado 16 de diciembre asistí a un foro organizado en Valencia por el director de la Editorial Aduana Vieja, Fabio Murrieta y la presidenta de la Asociación Con Cuba en la Distancia, Grace Piney Roche titulado "El agujero en la valla". El tema del mismo, justamente el de la inmigración masiva en Europa de africanos (norte y subsaharianos) y las escasas posibilidades de integrarlos en la cultura de Occidente, me parece capital. En ese mismo foro Murrieta me extendió "Crónicas occidentales", una anto-logía de artículos de opinión publicados por el catedrático sevillano Alfonso Lazo en la edición andaluza del diario español El Mundo en los últimos cinco años y que la Editorial Aduana Vieja acababa de publicar.
Debo confesar que devoré los 92 artículos del libro en una noche. Mi entusiasmo se debía a que por primera veo en negro sobre blanco lo que muchos pensamos en Europa y que pocos nos atrevemos a decir. Y de ello, ante todo, la tesis fundamental del libro: la defensa de la cultura Occidental , de sus valores, sin complejos ni manipulaciones que es lo que han venido haciendo lo que Lazo llama las "progresías occidentales" siempre dispuestas a flagelar nuestra cultura, a desangrarla apostro-fándola y a utilizar a grandes masas que a fuerza de leerles (pues tienen además el poder mediático) viven sumidas en una supina ignorancia de la Historia y donde todo se resuelve echándole la culpa al capitalismo, a la colonización y a los norteamericanos.
Imposible abarcar todos los temas del libro, pero veamos algunos ejemplos que más que tesis son clarísimos enfoques de Lazo apoyados exclusivamente en la verdadera Historia. Ahí está el artículo "Negreros buenos y malos". Una joya. El autor recuerda a las progresías que ahora pretenden hacer del mea culpa de la esclavitud una pesadilla occidental que, si bien Europa fue responsable del tráfico de 11 millones de africanos hacia América, las condiciones en que ese mismo tráfico fue llevado a cabo por los musulmanes, a través del Sahara y hasta Arabia y el Califato de Damasco, entre el 650 y 1920, eleva a 17 millones el número de infelices capturados por "los rapiñeros del Islam. Bastaba con que una caravana (lo cuenta el cónsul británico en Bengasi en 1875) perdiera la orientación de pozos y oasis para que cientos de esclavizados perecieran bajo las dunas del implacable desierto. Sin contar que, las condiciones de la travesía (a pie, desclazos, desnudos bajo el hirviente sol y con sólo una taza de agua y un puñado de maíz) provocó el doble de víctimas con respecto a los esclavos transportados por los europeos a través del Atlántico.
Insiste Lazo, en que tales datos y cifras nunca aparecen en los manuales escolares de Occidente, siempre "tan exquisitamente correctos con culturas diferentes a la nuestra". Como también recuerda que la misma trata era propiciada por los propios africanos que sometían a la esclavitud y vendían a las etnias que iban, a punta de lanza, dominando.
El nacionalismo creciente en las autonomías españolas es otro de los caballos de batalla del catedrático. Sobre todo, el que ahora en Andalucía y desde la propia Junta de gobierno pretende vender la imagen de una Andalucía mora en donde convivían felizmente las tres culturas, o sea, moros, cristianos y judíos. Lazo lo aclara muy bien: las fronteras de Al-Andalus, el territorio de expansión musulmana en la península ibérica, no coincidió nunca con el trazado actual de la región autónoma de Andalucía. Pues dicho territorio se extendía en ocasiones hasta la misma Barcelona y en otras quedaba reducido al reino de Granada y sus alrededores. O sea, que tan Al-Andalus fue Salamanca en un momento como Cádiz en otro.
Y aquí aparece lo que considero un brillante memento de Lazo: tres pueblos convivieron en ese territorio, "pero sólo los musulmanes tenían plenos derechos, mientras cristianos y judíos, situados en las márgenes, eran tolerados, por los servicios que prestaban y los impuestos especiales que pagaban".
Lazo recuerda, ahora que Europa se aplica en borrar toda referencia al cristianismo histórico en su Constitución, que el Islam nació como una "religión intransigente". Y que "los llamados califas perfectos, sucesores directos del Profeta, conquistaron por la espada medio mundo". Y recuerda que si los soberanos de Al-Andalus vivieron, en una época, en el disfrute de la vida, no tardaron en ser destronados por los almorávides, una secta islámica rigorista que los asesinaron, ocuparon el territorio y prohibieron todo debate filosófico además de que obligaron a los judíos a convertirse al tiempo que no dejaron a un sólo cristiano en la región de la Andalucía actual. Almorávide en árabe significa "los consagrados a Dios".
Pero la incongruencia (e idiotez) de las progresías no tiene límites. Levantan manifestaciones contra la presencia de bases norteamericanas en el territorio español y claman, a su vez, porque Madrid reduzca al máximo el presupuesto militar, así como el servicio militar. A Rosa Regás, la escritora catalana siempre a la cabeza de estas progresías, le responde cuando la misma se preguntaba qué valor tendría la democracia si miles de ciudadanos gritando en la calle no contaban para que España se retirara de Iraq: "La respuesta es muy fácil, querida señora, la democracia no es la policía municipal contando cabezas de manifestantes, la democracia cuenta votos".
Creo que Lazo resume muy bien, en su artículo "Jerusalén y Atenas", lo que para muchos, aunque lo callen es una evidencia. Nos cuenta que paseando por un parque sevillano se topó con un grupo de indios navajos que celebraban al aire libre una ceremonia religiosa. No tardó en descubrir que no eran navajos sino simples sevillanos adeptos de una de esas tantas tendencias que puso de moda el New Age.
Concuerda que lo que allí resultaba evidente era el odio y repugnancia de aquellos congregados a la cultura Occidental. Y recuerda que poco faltó para que las progresías (esta vez en Estados Unidos) condenaran al cadalso a investigadores serios norteamericanos que revelaron que ciertas etnias americanas (probablemente algunas de las que evocan con nostalgia los convertidos del New Age) practicaban el canibalismo. Sin contar la crueldad con que dominaban a otros grupos y las barbaries que cometían. De eso tampoco hablan nunca los manuales de Occidente. Pero Lazo está consciente de su orgullo de Occidental, una sociedad ni peor ni mejor que las otras. Y en lo que a él respecta nos dice que "en vísperas de Nochebuena y puesto a elegir, prefiere la Misa del Gallo a los tambores del Gran Manitú".
* Para El Nuevo Herald, Miami / Enero 30, 2006
...............................................................................................................................................................................................
|