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Por Elías Amor Bravo, Valencia
Cine: Barrio Cuba
Director: Humberto Solás
Magalis: Mª Luisa Jiménez
El Chino: Jorge Perugorría
Vivian: Isabel Santos
Ignacio: Mario Limonta
Santo: Rafael Lahera
Duración: 105 min.
He ido al cine a ver “Barrio Cuba” de Humberto Solás. No quería que me la contaran. De momento, se proyecta en una sala cinematográfica de reducida dimensión. No parece que vaya a tener los niveles de éxito de público de “Fresa y Chocolate” o de “Habana Blues”, inmersas en campañas más activas de marketing y comunicación.
Y lo primero que quiero decir es que no me ha gustado “Barrio Cuba”. Vaya por delante que yo no soy un especialista en cine, y que tampoco pretendo serlo. Mi profesión es la Economía, por lo que casi siempre caigo en el error de ver las cosas desde este prisma específico. Esta vez, sin embargo, me ha sido de gran utilidad porque Barrio Cuba es una lección práctica de lo que no debe ocurrir en un sistema económico, y del resultado, ciertamente pernicioso, en que se termina convirtiendo la economía de un país cuando se dirige mal, con criterios intervensionistas y planificadores, eliminando los derechos de propiedad y la libertad de mercado, en suma, cuando se aplican las políticas absurdas que en materia económica han venido ejecutándose en Cuba durante casi 50 años.
Es una película que tiene una profunda carga crítica hacia el régimen de Castro, pero que también parece querer defenderlo con aquellos eslóganes tan repetidos como los logros de la revolución en educación o sanidad. Es impecable la imagen de los pioneros cubanos con sus uniformes blancos y rojos, recién planchados. Incluso la profesora del grupo de niños presenta mejor aspecto que el resto de los actores de la cinta. Y qué decir de la enfermera que viaja en bicicleta, la que abandona el país con un anciano italiano a pesar de que rechaza a el carpintero Ignacio por viejo. Su traje blanco en el hospital y los medios para atender al paciente, son impecables. Lástima que no funcione su bicicleta. ¿pero es que alguien se puede creer la imagen de los pioneros y de la enfermera? Propaganda, es sólo eso.
El resto de la película me interesa mucho más instalada en esa dialéctica de ahora sí, ahora no, que nos llega del castrismo tardío. No podría ser de otro modo, si se piensa que hasta el mismo comandante, en esta larga convalecencia de su enfermedad, se dedica a realizar una reflexión mordaz sobre la situación en que se encuentra la isla. Además, los productos del Instituto cubano del cine siempre tienen vienen acompañados de ese pellizco superficial que no hace daño, pero sobresalta. Sinceramente, que esta película se haya rodado en Cuba y que haya salido de allá, no me sorprende.
Los principales temas que afectan a la sociedad cubana, muchos de ellos de naturaleza económica, son tratados con especial dureza en la película y van pasando por delante del espectador a lo largo de las casi dos horas que dura la misma. Una película que, por fortuna, se pasa rápido. Hay muchos momentos de tristeza, pocos para la alegría. El autor mezcla con acierto todos los asuntos que preocupan a los cubanos: la miseria económica, la falta de infraestructuras de transporte y comunicaciones, el problema de la vivienda y el hacinamiento, la calidad de vida, la ruina económica humana y moral, la escasa relación que existe entre proyectos personales y colectivos.
También hay espacio para la crítica a la iglesia sincrética y el fervor creyente de los cubanos, el exilio, el contraste profundo entre quiénes dejaron el país y los que permanecieron en él, la salida de los jóvenes y la ruptura de las familias cubanas, con el dolor que ello ha supuesto para todos nosotros. Las jineteras y la desesperación por salir del país hacia un mundo mejor, sin mirar atrás. La eterna preocupación por los que se quedan en la Isla y no pueden salir. La homosexualidad, la falta de incentivos para trabajar en un sistema económico sin reglas, las faltas al trabajo sin justificación. Todos los problemas que presenta la sociedad cubana actualmente, y que aparecen en todos los estudios oficiales y no oficiales que se conocen, resultado de una pésima gestión de la economía y de la obsesión por impulsar políticas económicas que no sirven, que distorsionan el comportamiento de los agentes económicos y sociales y que rompen con cualquier escenario de futuro para el país.
Llegados a este punto, ¿qué podemos echar en falta en la película?. Yo lo tengo claro. Me habría gustado más crítica al régimen. Salvo un caso, nadie parece mostrarse opuesto al sistema político y económico que los condena a la miseria, e incluso, cuando se lanza alguna crítica, la mujer le reconviene para que calle. Los designios del comandante se aceptan con la misma resignación que hay que cumplirlos. Estoy convencido que los actores de esta película habrían podido desplegar su extraordinaria capacidad interpretativa si en algún momento, cuando las desgracias son absolutamente plenas, pudieran culpar a quién les mal gobierna de su destino. Es lo que suele suceder en cualquier país, en cualquier sistema político democrático, de libertades y respeto a los derechos humanos. En el que disentir no sea un delito con penas de cárcel, en el que nadie, absolutamente nadie, pueda ser excluido socialmente por sus opiniones.
Pero esa crítica política no existe en la película, los actores son mudos o se encaminan por otros espacios, se eliminan del guión las referencias críticas, y ahí es donde se encuentra la trampa. Por eso no me ha gustado la película. Además, no he visto reflejada en ninguna escena la Cuba que dejé en 1969. Me parece que he estado observando un país diferente, un mundo sin pies ni cabeza en el que nada, absolutamente nada, me recuerda a la tierra en que nací.
Por ejemplo, en “The Lost City” de Andy García, presentada internacionalmente en la Mosta de Valencia, y a pesar de las diferencias de estilo y creatividad cinematográfica, sí que hay imágenes y relaciones con aquella Cuba en la que todos pensamos en algún momento del día, como destacaba el insigne Cabrera Infante.
Sólo una última cosa. Lo mejor de la película, como no podría ser de otro modo, los cubanos. Ya sucedió en otras películas anteriores. Un pueblo ejemplar, retratado de forma compleja, pero contundente. Desde la madre que cuida del nieto durante toda la película esperando el retorno del padre frustrado, hasta el matrimonio mayor que sufre por el exilio del hijo con los nietos y la ruptura familiar, todos los personajes están llenos de contenido, de valor y de significado. Todos ellos brillan con especial intensidad en la película. ¿Tal vez será porque no aparece ningún castrista?
Julio 18, 2007
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