La
economía cubana en perspectiva (II)) Elias M. Amor Economista,
Miembro de la Dirección de la UL Febrero 15, 2003 Acaba de ser publicado
el "Estudio Económico de América Latina y el Caribe:
1999-2000", elaborado por CEPAL, en el que la organización
presta atención a la evolución de las economías
latinoamericanas, entre ellas Cuba. En un trabajo anterior, expuse
que la participación de los gastos públicos del Estado
en el PIB, la tasa de desempleo y la productividad económica
eran los tres indicadores que mejor reflejaban los intensos cambios
producidos en la Isla desde la caída del Muro de Berlín
y la adopción de las denominadas medidas del "período
especial". No cabe dudas, que las informaciones oficiales cubanas
y los procedimientos empleados por CEPAL, ofrecen una materia prima
de interés para obtener algunas conclusiones relativas al estado
y evolución de la economía de la Isla en la última
década del siglo XX. Diversos indicadores procedentes
de este Estudio pueden ser igualmente utilizados para continuar este
análisis de los cambios en la Isla. Un primer indicador
se refiere al endeudamiento externo de la economía cubana. En
el período 1991-1999, y en porcentaje sobre el PIB de la economía,
se ha situado por encima del 40%, y ello utilizando la paridad oficial
del peso cubano, que equipara éste al dólar norteamericano.
No conviene olvidar que el denominado tipo de cambio paralelo, mucho
más generalizado en la Isla, se ha estabilizado en torno a 20
pesos por dólar, tras haber alcanzado los 95 pesos en 1994. La
incidencia del endeudamiento exterior sobre la economía cubana,
cualquiera que sea el indicador utilizado, es excesiva, y desde luego,
muy superior al de otros países de su entorno y a las potencialidades
del actual modelo económico desarrollado por las autoridades.
En efecto, la debilidad estructural de la economía, su incapacidad
para financiar las importaciones con el valor de las exportaciones,
exige recurrir a componentes de la balanza por cuenta corriente como
las remesas de los exiliados a sus familias, o el turismo para obtener
algún posible reequilibrio en las cuentas externas. El
saldo de la balanza de capitales, con la entrada de inversiones extranjeras,
sigue siendo insuficiente, como lo confirma que el saldo de la deuda
externa cubana se ha situado en 1999 en torno a 11.000 millones de
dólares, lo que representa 2,4 veces el valor de las exportaciones
de bienes y servicios de la Isla. La posición exterior de la
economía cubana es de auténtica bancarrota, y cualquier
acuerdo con los acreedores debe necesariamente basarse en consideraciones
políticas y no económicas. Un segundo dato que
merece especial consideración tiene que ver con la penuria en
que vive la mayoría de los cubanos, y que se puede medir objetivamente
por medio de diversos indicadores. El salario medio mensual se situó en
1999, según CEPAL en 223 pesos (alrededor de 10 dólares
al cambio paralelo), y dadas las proporciones del sector estatal prácticamente
el 60% del sector público obtuvo unas retribuciones de esta
magnitud. Es cierto que en los últimos años se han adoptado
sistemas de estímulo salarial, tanto en divisas como en moneda
nacional, pero éstos hasta la fecha solo han alcanzado a 1.861.000
personas, lo que representa una fracción muy reducida de la
población laboral del país. CEPAL es tajante al respecto,
al señalar que en las actuales condiciones, todavía no
se alcanza el nivel de capacidad adquisitiva real de hace 10 años. En
tercer lugar, la proximidad a las divisas es un factor que segmenta
a la sociedad cubana. CEPAL reconoce que los incrementos producidos
en la venta de alimentos en los mercados libres agropecuarios, con
transacciones en dólares, un 36%, superaron ampliamente los
del mercado estatal regulado, solo un 6,5%, o los centros estatales
denominados "placitas de acopio", con un 18,2% en su primer
año de aplicación. A pesar de estos indicadores de crecimiento,
CEPAL señala que la ingesta diaria de alimentos en la Isla todavía
no alcanza el nivel anterior a la crisis de 1989. Sin embargo, el valor
de las ventas internas en divisas aumentó un 9%, y ya el 62%
de la población tiene acceso a ellas, frente a solo un 56% del
año anterior. Esa lucha por acceder a las divisas forma parte
del día a día de los cubanos, y podría estar,
si así lo quisieran las autoridades, en el origen de una transición
económica pacífica, capaz de desplegar las potencialidades
de la economía de la Isla. La proximidad a las divisas
determina, incluso, la evolución de sectores básicos
de la economía, con claros efectos "arrastre" sobre
los demás, como la construcción. Así, por ejemplo,
el crecimiento en la construcción durante 1999, cifrado en un
7,5% obedece principalmente a la construcción de hoteles y moteles
en las zonas turísticas, así como en rehabilitación
de viales en las mismas. Por el contrario, la construcción de
viviendas para la población, que está alejada del área
del dólar, volvió a estancarse con solo 41.997 unidades,
un –6,6% con respecto al año anterior, reflejando con
ello, la escasa atención de las autoridades a las necesidades
básicas de los ciudadanos. Por último, y en atención
a la evolución de los gastos públicos del Estado, una
vez mas se acentúa la labor represora. Las partidas destinadas
a defensa y orden interior aumentan un 40,2%, frente a solo un 4% de
crecimiento de los gastos corrientes. En cambio, prioridades como la
salud, solo han aumentado un 15,5%, y buena parte de dicho aumento
se ha trasladado en forma de mejoras salariales y estímulos
a las personas ocupadas en dichas actividades. En un momento en que
la economía cubana debería estar aprovechando sus escasos
recursos para sentar las bases de un crecimiento estable, dedicar buena
parte del aumento del gasto público a defensa y orden público,
no deja de ser una contradicción mas de un régimen empecinado
en no abandonar el poder.
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