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Por Elías Amor Bravo, desde Valencia *
Primer balance de las medidas monetarias del gobierno cubano

Ya hemos venido afirmando en diversos trabajos previos que una de las limitaciones básicas de la economía cubana es su incapacidad para generar recursos para poder adquirir en los mercados mundiales los bienes y servicios que se necesitan para mantener un ritmo de crecimiento estable. Otros países han tenido un mayor éxito en este proceso, pero el régimen cubano lleva mas de una década intentando ajustar la integración de la economía de la Isla en el nuevo orden económico mundial, y los resultados distan mucho de ser satisfactorios.

Una vez mas, durante el pasado año 2004, la escasez de divisas se ha convertido en una grave amenaza para la economía. Ante la imposibilidad de recurrir al Club de París para prefinanciar la cosecha azucarera, una práctica que el cierre masivo de ingenios azucareros ha puesto fin de forma inesperada, el régimen se enroca y utiliza el único recurso que tiene a su alcance.

La escasez de divisas de la economía cubana, como ha venido constatando la CEPAL en sus informes anuales, tiene su origen en una serie de factores estructurales, como el continuo deterioro de la relación real de intercambio imputable al escaso valor de los productos que Cuba comercia en el exterior, el rápido descenso de los proyectos de inversión extranjera ante la falta de expectativas empresariales como consecuencia de la errática política del régimen en esta materia, el aumento del pago neto de servicios de factores, la necesidad de atender el pago en efectivo de las compras de alimentos a Estados Unidos y en suma, el coste elevado de las importaciones que se hacen necesarias para afrontar la paralización en que se encuentra buena parte del aparato productivo del país. Todo ello supone incidir en ese "círculo vicioso" de la economía cubana, al que hemos hecho referencia en otras ocasiones y que, en modo alguno, se puede atribuir al embargo, sino a la deficiente gestión de los asuntos económicos por el régimen de Castro.

Durante 2004, la escasez de divisas ha llegado a convertirse en una cuestión de estado. Muchos analistas empezaban a constatar la aparente contradicción que suponía aceptar como principal adversario político a Estados Unidos, y disponer libremente de la moneda de este país en la mayor parte de los intercambios de la economía cubana. La tenencia y disfrute del dólar se estaba convirtiendo en un factor de segmentación en la sociedad, con un proceso de consecuencias imprevisibles. De ese modo, los factores políticos y económicos llevaron al régimen a adoptar el pasado mes de noviembre, a la desesperada, la decisión de prohibir la circulación del dólar norteamericano en la Isla, y establecer la generalización del peso convertible en los intercambios. El canje de dólares por esta moneda intermedia entre el peso cubano y el dólar, suponía el establecimiento de un impuesto fijo del 10%, y con ello, el nivel de reservas de la economía cubana ha experimentado en solo dos meses un incremento espectacular. Si a finales de 2003, el saldo en cuenta de capital y financiera de la balanza de pagos ascendía a 200 millones de dólares, a finales de 2003 la tendencia a la baja se había roto situándose el saldo en 500 millones de dólares, pero el incremento es muy superior si se tiene en cuenta el saldo de la balanza global que pasa en un solo año de 45 millones a 400 millones de dólares.

Vista en estos términos, la fijación del 10% en los cambios del dólar al peso convertible, se puede considerar un éxito, y pone de manifiesto el elevado volumen de circulación de dólares en la Isla. Los visitantes extranjeros se ven obligados a pagar este gravamen en efectivo para la adquisición de la única moneda que se utiliza en los intercambios visibles, no siendo aplicado el impuesto al resto de divisas, como la europea o la canadiense. Es significativo que la medida no se haya aplicado tampoco a las empresas extranjeras que tienen negocios en la Isla o al uso de tarjetas de crédito.

La política monetaria en Cuba, desde 2003, ha ido teniendo un protagonismo creciente en el Banco Central, al frente del cual se encuentra Francisco Soberón. En particular, el manejo de las divisas es una de las competencias básicas del Banco, lo que se viene realizando a través de una política de control de cambios, obsesionada por mantener la cotización con respecto al dólar de Estados Unidos, y el progresivo aumento del peso cubano convertible con ese nuevo papel monopolista al que se le atribuye en los intercambios comerciales de mercado.

Observados los efectos de las medidas adoptadas por el régimen sobre el nivel de reservas existente en el país, y paliada momentáneamente la escasez de divisas, cabe preguntarse qué comportamiento va a ajustar el conjunto de la población cubana que tiene acceso al dólar y que tratará de evitar ese impuesto recaudatorio. Una posible solución sea la economía sumergida, algo a lo que por desgracia están acostumbrados los cubanos y que volvería a plantear el tipo de estrategia del período especial. Otra consecuencia, inevitable desde nuestro punto de vista, es la inflación. El Informe de CEPAL viene a confirmar los aumentos de precios internos en la Isla, en principio atribuibles al incremento de los precios del petróleo y su traslación directa al sector agropecuario y al empleo por cuenta propia. Desde hace algún tiempo, algo no va bien en el sistema de precios internos en Cuba. En el bienio 2002-03, los precios al consumo aumentaron un 12%, un alza que el gobierno intenta compensar en los productos que se financian con cargo al presupuesto estatal, pero que se ha ido extendiendo en la mayoría de bienes y servicios. La inflación, cuyo origen es el crecimiento de la masa monetaria para respaldar los intercambios con el dólar, es un fenómeno nuevo y desconocido para amplias capas de la población cubana y una amenaza para el régimen, y los economistas deberían ser conscientes de ello. En los próximos meses, se podrá observar la influencia de estos procesos.

* Economista de la ULC / Marzo 2, 2005
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