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Por Elías Amor Bravo, desde Valencia *
Libros: "La economía cubana: estructura, instituciones y tránsito al mercado, por el Prof. Dr. Manuel García Díaz.  Editorial: Universidad de Granada, 2004

Cuando se inicie el proceso de transición a la democracia en Cuba, serán muchos y muy variados los retos que deberán plantearse las autoridades responsables de la gestión del mismo, pero si hay algo a lo que se tendrá que prestar especial atención, sin lugar a dudas, será a las cuestiones relativas al estado y evolución de la economía de la Isla en los años inmediatamente anteriores. Muchos serán los problemas y muy graves, desde el punto de vista social, y entonces, los responsables políticos tendrán que adoptar decisiones relevantes para facilitar la transición pacífica a la democracia.

Los economistas que han intentado acercarse al análisis macro y microeconómico de Cuba han descubierto siempre las mismas dificultades que se derivan ya no sólo de la pertenencia de la Isla a un modelo de organización colectivista e intervensionista, prácticamente aislado en el concierto de las naciones en la actualidad, y que por tanto carece de cualquier referente, sino a la carencia absoluta de datos y fuentes estadísticas fiables a las que poder referir los análisis a realizar.

Por todo ello, cuando se plantea la cuestión del análisis o evaluación de la economía cubana, es inevitable la aportación de juicios de valor, o del referente ideológico, escondidos tras el análisis de los distintos elementos integrantes del sistema económico. Rara es la ocasión que encontramos estudios y aportaciones en los que la consistencia del instrumental del economista se sitúe en los datos, las estadísticas y la coherencia de las mismas con los procesos que se someten al análisis.

Una tarea que resulta esencial para comprender muchos de los fenómenos que gravitan sobre el sistema económico e institucional que durante 4 décadas ha ocasionado el castrismo, y por otra parte, desproteger los elementos de fuerza que siguen arrastrando ideológicamente a muchos de los analistas que tratan de aproximarse a las cuestiones relativas a la economía cubana.

Estas cuestiones se plantean en el interesante libro "La economía cubana: estructuras, instituciones y tránsito al mercado" del profesor cubano afincado en la Universidad de Granada, Manuel García Díaz. Un libro que se sitúa en la tradición clásica del análisis de la economía cubana, que tiene su referente histórico, como muy bien señala el autor, en las investigaciones realizadas por el economista español Julián Alienes en la década de los años 50, y cuya lectura resulta muy recomendable porque viene a plantear cuestiones de calado que despertarán el interés de los que deseen conocer las claves de la economía cubana.

El libro se estructura en once capítulos y una introducción, así como abundante bibliografía que permite profundizar en aquellas cuestiones que puedan resultar de mayor interés para el lector. En ese sentido, una de las principales bondades de esta obra es que huye de los tecnicismos complejos de la jerga de los economistas, y se plantea facilitar al máximo la comprensión de los términos y del análisis, sin merma de rigor y calidad, lo que garantiza su interés para todos aquellos que quieran obtener una idea de eso que se puede denominar "economía cubana".

Con un enfoque ameno y descriptivo, los seis primeros capítulos abordan los aspectos relativos a la población, el mercado de trabajo y la productividad de los distintos factores.

Una de las aportaciones mas relevantes es la notable abundancia de series y datos estadísticos que el autor, buen conocedor de las fuentes primarias, se empeña en presentar de forma detallada en el primer capítulo, en el que se hace una crítica al régimen por su escasa atención a estas cuestiones y sobre todo, por la sistemática manipulación de los datos realizada por el régimen. Ciertamente, el profesor García realiza un esfuerzo para construir las series estadísticas con las que aborda el análisis de los procesos históricos, y las somete posteriormente a un análisis econométrico que permite contrastar buena parte de las hipótesis establecidas con anterioridad. Algunas conclusiones merecen ser destacadas: el desempleo es un fenómeno grave para las perspectivas de la economía cubana, a pesar de la continua propaganda del régimen.

Tras profundizar en el sentido de las distintas fuentes estadísticas se concluye que las elevadas tasas de paro, estimadas entre un 27% y un 45% de la población activa, van a convertirse en una grave amenaza del proceso de transición a la democracia. Este escenario se ve especialmente afectado por los bajos niveles de productividad que se obtienen en los distintos sectores productivos y la escasez de ahorro de la población, así como el escaso nivel tecnológico de la economía. Si a ello se añade el creciente envejecimiento que presionará fuertemente sobre los sistemas de protección social, la situación no puede ser mas compleja.

Los capítulos 7 al 9 merecen especial atención porque inciden, no tanto el primero de este bloque, como los otros dos, en los factores que configuran el denominado "círculo vicioso" de la economía, es decir, la incapacidad real y objetiva de la economía cubana, bajo el régimen de Castro, para generar con sus potencialidades productivas los recursos necesarios para poder adquirir en el exterior los medios de producción y los alimentos que se precisan para mantener los ritmos de crecimiento económico. Este análisis se basa en la utilización del concepto de multiplicador del comercio exterior, aunque el autor también presta atención a la tasa de cobertura o la propensión marginal a la importación para exponer sus conclusiones relativas a la integración deficiente de la economía cubana en el orden económico mundial.

En definitiva, como señala el profesor García según sus cálculos, cada dólar de transferencia sin contrapartida provoca el crecimiento de 4,38 dólares de exportaciones, el incremento de un dólar adicional de exportaciones provoca un crecimiento de 1,786 dólares en el ingreso nacional creado; y el incremento de un dólar de éste último requiere incrementar las importaciones en 0,713 dólares, lo que significa que aumentar un dólar de exportación requiere un aumento de importaciones de más de 1,27 dólares. En suma, con su estructura actual, la economía cubana necesita un flujo de divisas sin contrapartida para poder producir para exportar, de lo que depende el ingreso nacional creado.

El capítulo décimo aborda las cuestiones de tipo institucional, con un análisis detallado de las deficiencias del sistema de planificación centralizada que en el caso concreto cubano aparece como un desarrollo específico del sistema intervensionista copiado de la extinta URSS, y una evaluación de las principales medidas adoptadas por el régimen tras el derrumbe del muro de Berlín y la instauración en la Isla del denominado período especial. Especial interés merece la crítica a los planes que se han puesto en marcha en relación con las empresas, que están muy lejos de cualquier iniciativa realista y por ello no han dado los resultados previstos.

Por último, el capítulo undécimo se plantea el análisis del tipo de políticas que será preciso adoptar durante la transición al mercado para mantener la gobernabilidad en el país. Aspectos como la dualidad monetaria, la liberalización de las condiciones económicas internas y externas, la privatización de empresas y las exigencias de estabilización, son objeto de análisis por el profesor García Díaz utilizando la misma metodología empleada durante el resto del libro. Su conclusión mas relevante insiste en que la transición al mercado no sólo será un cambio del marco institucional, ya que las malformaciones estructurales van a impedir el éxito de esas medidas institucionales. La transición será mas compleja que en otras economías exsocialistas, porque las posiciones de partida son débiles y críticas, y que exigirá un complejo proceso de ingeniería social, aunque éste es un término de disgusto para el profesor.

A modo de conclusión, se podría decir que estamos ante un análisis detallado y bien construido del marco de la economía cubana, sus aspectos básicos, institucionales y materiales, que son el resultado de 40 años de un sistema intervencionista, obsesionado con el control y ajeno a los principios básicos de la teoría económica moderna. La economía cubana no se parece a cualquier otra economía, posee una serie de defectos graves y se plantea mas que como un reto u oportunidad frente al cambio político que tendrá lugar tras la muerte de Castro, como una amenaza y un freno al proceso de transición. Esto significa que el margen de maniobra será muy escaso y que los futuros gobernantes democráticos van a tener que desplegar una estrategia de confianza en los inversores internacionales y en los organismos internacionales de cooperación para obtener los recursos que permitan a la economía su transformación. La oportunidad en la Isla dependerá del tiempo en que los cubanos sean conscientes de que el sistema de valores, creencias e ideas generado por 4 décadas de totalitarismo, carece de cualquier base para el futuro y que procede su abandono y sustitución por un nuevo marco de relaciones en línea con lo que se observa en otros países que han superado los lastres del subdesarrollo.

La realidad es que 40 años después, el régimen de Castro no ha conseguido modificar aquella imagen de la década de los 50 que supo describir Julián Alienes en sus obras y escritos. Se ha perdido un siglo, se ha perdido una oportunidad histórica para transformar un sistema y como muestra el profesor García Díaz, ni el embargo, ni el ostracismo, ni las proclamas ideológicas sirven para explicar ese gran fracaso del castrismo, sino su propia naturaleza. Difíciles serán los retos para quienes asuman la responsabilidad de la transición, pero incluso en ese caso, mas atractiva será la tarea si al final del camino somos capaces de ver esa realidad con la que todos soñamos.

* Economista de la ULC / Marzo 11, 2005
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