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Por Elías Amor Bravo, desde Valencia *
La revalorización del peso cubano y la crisis de la economía cubana
La revalorización del peso cubano acordada por el gobierno de Fidel Castro es consecuencia de los rápidos cambios que se están produciendo en las cuentas externas de la Isla desde que se fijó el pasado mes de noviembre un gravamen del 10% sobre las transacciones de dólares a pesos convertibles. En un artículo anterior advertí el riesgo que suponía esta medida para la expansión de la oferta monetaria interna y su incidencia directa sobre el control de los precios internos, y al cabo de unas semanas, aparece el máximo dirigente cubano anunciando una decisión que, a todas luces, trata de restringir la circulación monetaria en la Isla y atacar el efecto perverso de la inflación. Pero mejor vayamos por partes.
El pasado mes de noviembre, el gobierno cubano acordaba prohibir la circulación del dólar para los intercambios en el interior de la Isla, y fijar un impuesto del 10% sobre la moneda norteamericana frente al peso cubano convertible, el denominado “chavito” (cuyo valor es equivalente al dólar), una medida de carácter recaudatorio cuya finalidad principal era sacar provecho, a través de la centralización del Banco de Cuba, de la entrada de divisas procedentes de las remesas de los exiliados a sus familias, principal sostén de la economía cubana desde el derrumbe del muro de Berlín
En la misma decisión, se acordó que otras divisas en circulación en la Isla, como el dólar canadiense o el euro, no atendiesen a ese 10% recaudatorio. Lo que parecía una medida de respuesta de las autoridades cubanas a la decisión del gobierno norteamericano de limitar los envíos de familiares a la Isla y la prohibición de cualquier acción comercial directa por parte de empresarios norteamericanos, empezó a dar sus frutos rápidamente sobre el saldo de la balanza de pagos en su componente de renta de factores.
De modo que en sólo dos meses, y de acuerdo con las estimaciones de CEPAL, el saldo de la balanza global aumentaba de 4 millones de dólares en 2002 a 400 millones a finales de 2004. Este incremento monetario tan intenso iba a generar necesariamente tensiones sobre la débil estructura productiva cubana, obligando a una emisión masiva de pesos convertibles para atender los cambios en las CADECAS, y asegurar efectivo para la adquisición de bienes y servicios fuera del circuito del racionamiento, cada vez mas agotado.
De forma sorpresiva, y sin que medie otra medida, si bien es cierto que Fidel Castro aprovechó su comparecencia para anunciar otras decisiones en breve plazo, la pasada semana, el gobierno cubano decidía aumentar en un 7% la moneda nacional respecto del dólar y el peso convertible, como parte de la “progresiva, gradual y prudente revaluación de la moneda nacional”, una medida que según Castro, “jamás había sucedido en ningún país subdesarrollado”.
El efecto de esta medida es limitado, y escasa será su incidencia en las condiciones actuales de precariedad en que se mueve el sistema económico cubano. En mi opinión, puede generar un efecto psicológico negativo hacia el gobierno entre las familias que reciben dólares de sus parientes en Estados Unidos, y que ya se ven obligados a aceptar, primero, el pago de un 10% en los cambios a dólar convertible, para después encontrar que el cambio de éste con respecto al peso cubano les hace tener que aportar más, ya que ahora se encuentra revalorizada en un 7%. Es decir, los cubanos que cambian dólares a pesos convertibles y posteriormente a pesos cubanos, van a tener menos dinero nacional para gastar en los bienes subvencionados por las autoridades que se suministran a través del sistema de racionamiento. Si se tiene en cuenta que estos representan una parte pequeña del gasto total de las familias, que se ven obligadas a recurrir a las tiendas en las que se realizan las transacciones en moneda convertible, la consecuencia es que estamos ante una decisión controvertida.
¿Dónde se encuentra, por tanto, el origen de esta decisión? Quizás habría que situarla en el marco de esa estrategia permanente de torpeza en las decisiones económicas que ha caracterizado los últimos 40 años de funcionamiento del castrismo. A los empresarios que invierten en Cuba, por ejemplo, no les va a gustar esta decisión, que va en contra de sus intereses. Un país que revaloriza su moneda nacional lo hace porque sus cuentas externas lo favorecen, pero ésta no es la situación del comercio exterior cubano, donde las importaciones son sistemáticamente superiores a las exportaciones y aparece continuamente déficit.
Por otra parte, el peso cubano ha quedado cada vez mas relegado en el interior de la economía cubana para las transacciones subvencionadas, y no cabe esperar que esta medida vaya a suponer una mejora del conjunto de bienes y servicios que se ponen a disposición de los ciudadanos por esta vía. Tampoco parece que la medida vaya a beneficiar a los ciudadanos que sólo reciben sus remuneraciones en pesos cubanos, y que pueden acceder a un peso convertible mas barato, un 7% menos, si se tiene en cuenta el bajo nivel de las pensiones y salarios en la Isla (una pensión media se sitúa en 90 pesos cubanos que al cambio son 4 dólares). Tan solo quienes atesoran pesos cubanos pueden tener algún incentivo con la medida para aflorarlos y conseguir un mejor cambio con respecto a los “chavitos” o a dólares, que se ha convertido, tras estas medidas, en un valor de “refugio” en la economía cubana.
A tenor de lo expuesto, la decisión obedece una vez mas al ámbito de la retórica del régimen, y a un banco central de Cuba que no está mostrando una capacidad y autonomía para la realización de sus funciones. Pero ese es tema de otro análisis.
* Economista de la ULC / Marzo 19, 2005
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