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Por Elías Amor Bravo, Valencia *
Economía cubana: sin una orientación al futuro
En las últimas semanas, la economía cubana se ha visto sacudida por una serie de medidas adoptadas por el régimen, y comunicadas directamente por Fidel Castro, cuyo sentido y significado ya hemos tenido ocasión de analizar en trabajos anteriores pero que, no cabe duda, sitúan al momento de la coyuntura de la economía como uno de los más interesantes de los últimos años, desde la caída del muro de Berlín y el inicio del período especial.
Recapitulemos. Primero se adoptó la prohibición de libre circulación del dólar en los intercambios comerciales en la Isla, y la obligatoriedad de su cambio al peso convertible, “chavito” que semanas mas tarde se revaluó. Posteriormente, se hizo otro tanto con el peso cubano, al que se otorgó otro impulso revaluador, sin una consistencia lógica tras la medida. Mas tarde, se adoptó la elevación del salario mínimo, situado en apenas 9 dólares mensuales. Todas estas decisiones, confirman que el régimen necesita recursos financieros urgentemente para saldar sus deudas con el exterior, y para ello, nada mejor que el reciente acuerdo con el gobierno de Venezuela, que sienta las bases de un modelo de intercambio de “pajarera” como los que se realizaban en su tiempo por los países del CAME, los que estaban sometidos al bloque soviético de poder.
Todos estos acontecimientos son de tal relevancia, y se han producido en un período de tiempo tan corto, que merecen ser estudiados con detalle porque suponen que el régimen de Castro no opta finalmente por la denominada “vía vietnamita” a la economía de mercado, sino que se enroca en sus posiciones centralizadoras y estalinistas a pesar de que, como destacan algunos observadores, desde hace mucho tiempo las fuerzas internas del cambio obligan a descartar cualquier opción de vuelta a la ortodoxia de los '60. Lo cierto es que, preso de estas dificultades en el ámbito de la gestión de la economía, el régimen cubano sigue dando muestras de una notable incapacidad en esta competencia, y todo lo que hace, o deja de hacer, tarde o temprano, le sale mal.
A muchos nos gustaría que los responsables de asuntos económicos del régimen pudieran ejercer alguna influencia sobre el máximo dirigente que, en muchas ocasiones, ha demostrado tener un nivel de conocimiento bastante escaso de cómo funcionan los sistemas económicos. Pero no es así, y eso colma aún más nuestra impaciencia. Desde hace tiempo, parecía que, sobre todo tras la crisis del período especial, una “vía cubana” al mercado empezaba a vislumbrarse en la Isla, pero de ese modelo, apenas quedan unos restos.
Y, aunque son muchos los funcionarios del régimen que muestran su desasosiego por cómo están y como van las cosas en materia económica, lo cierto es que la nueva/vieja ortodoxia se impone y no llegan las decisiones que necesariamente hay que adoptar para sacar a la Isla del marasmo. Cierto es que casi 14 años después del derrumbe del socialismo real, el PIB per cápita cubano sigue por debajo de los niveles de 1989, y ni los planes de inversión extranjera, ni el desarrollo del turismo o la apuesta por los sectores de la biotecnología y la medicina, han dado los resultados deseados y esperados.
Un ejemplo de esta deficiente gestión se encuentra en el ámbito de las transferencias que recibe la economía cubana de la diáspora del exilio y emigración. Según datos de CEPAL, casi 800 millones de dólares al año por este concepto envían los cubanos del exterior a los suyos. Una cifra que se sitúa entre las más elevadas per cápita de todos los países de América Latina que se han estudiado.
Conocido es el impacto positivo que la gestión de estas remesas tiene para el desarrollo económico de los países receptores. España durante los años 60 fue un buen ejemplo de ello. Gracias a las transferencias de los trabajadores españoles en el exterior, se financiaron las inversiones en bienes de equipo y tecnología que permitieron a la economía española convertirse en una potencia media a comienzos de los años '70. Otros países participan igualmente de estos efectos beneficiosos. La CEPAL viene estudiando con detalle cómo las remesas de ecuatorianos, colombianos, mexicanos, argentinos, están ejerciendo un efecto muy positivo sobre sus economías.
Las remesas que llegan anualmente a Cuba se sitúan en torno al 20% del PIB de la economía, una cifra nada despreciable. Sin embargo, el impacto que han tenido sobre el desarrollo económico en esta última década es muy limitado. ¿Por qué sucede esto?
Hay dos razones. La primera se encuentra en la oferta. Las remesas que llegan a la Isla van dirigidas exclusivamente a paliar situaciones de escasez y falta de todo tipo de bienes de primera necesidad de los cubanos, por lo que prácticamente se destinan a gasto en productos que tienen su origen en el exterior, a pesar del debate del embargo. Las familias de la Isla, que no llegan virtualmente a fin de mes con las restricciones y el persistente racionamiento del régimen, necesitan las remesas para sobrevivir, con lo que, en ausencia de incentivos al ahorro y retribución para el mismo, la posible inyección monetaria del exterior termina volviendo a salir hacia fuera. Desde la demanda, otro tanto. El régimen se las ha ingeniado para controlar esas reservas y garantizar que las mismas puedan servir para afrontar la grave crisis de liquidez de la economía cubana, su incapacidad para generar con la estructura productiva interna los recursos que necesita para adquirir los bienes y servicios que la permitan desarrollarse. Eso que hemos denominado el “círculo vicioso de la economía cubana”.
Por ello, las remesas se han ido por donde han venido y no han contribuido a expandir la base productiva del país. La ausencia de iniciativa privada y derechos de propiedad está en el origen de esta incapacidad para sacar provecho, pero qué duda cabe, hay muchos mas factores que merecen igual atención. Ahí está el papel que desempeña el Banco central de Cuba, que no tiene competencia alguna para ejercitar con autonomía su papel en el sistema económico, entre otros.
Nada hay que esperar del régimen de Castro en materia económica. Si realmente resuelve sus necesidades a corto plazo de petróleo con los acuerdos de Venezuela y obtiene alguna divisa adicional de la reventa de gasolina, ya se verá. Pero la sociedad cubana seguirá al margen de cualquier opción para salir adelante, y ya son 47 años.
* Economista de la ULC / Mayo 7, 2005
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