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Elías Amor Bravo, Valencia *
El sector turístico en Cuba: ¿otro fracaso?
Hace unos días, las autoridades responsables del turismo en Cuba se congratulaban del crecimiento registrado en la entrada de viajeros en la Isla en los primeros meses del año, al anunciar que se habían superado los dos millones, y sobre la base de este dato, formulaban opiniones optimistas para el conjunto del ejercicio.
Salvando el hecho cierto de que este es el resultado de la “temporada alta” en los destinos del Caribe, y que a partir de ahora las cosas no van a ir mucho mejor conforme se produzca una mayor atracción hacia el turismo de las grandes potencias del Mediterráneo, la realidad es que una vez mas, la política económica del régimen castrista vuelve a mostrar una clara incompetencia, a la hora de diseñar sus directrices de futuro en este estratégico sector.
En relación con el turismo, ni siquiera las grandes potencias que están mas especializadas en este tipo de actividades, siguen utilizando las cifras absolutas de visitantes, o sus incrementos porcentuales de un año a otro, como indicadores de referencia. Cierto es que a los ojos de un análisis superficial, se tiende a ver como mejor resultado el incremento que el descenso en cualquier actividad, pero en el turismo internacional, desde hace décadas, se persigue otro tipo de indicadores de referencia a la hora de realizar una evaluación de los resultados producidos. Así, por ejemplo, el gran debate que se cierne actualmente en muchos de los destinos “maduros” es cómo pasar de cifras de volumen y en general, de bajo gasto por viajero/estancia, a cifras mas reducidas de turistas, con pernoctaciones mas extensas y un mayor gasto per cápita en la estancia.
La apuesta no resulta baladí. En términos macroeconómicos, y salvados los cálculos, es posible demostrar con números que 100 turistas con un gasto medio de 4.500 euros, reportan un mayor beneficio que 200 con un gasto medio de 2.000 euros, suponiendo una estructura de costes adaptada en ambos casos a los niveles operativos de funcionamiento.
La razón es obvia. El turismo cada vez mas apuesta por la especialización, la calidad, el atractivo de la soledad, la búsqueda de esos espacios individuales en los que resulta posible sentirse alejado de los demás. En la actual fase de desarrollo turístico, las ofertas que se están desarrollando en este momento apuestan por ese modelo, que no sólo es el mas rentable, sino que garantiza otro de los objetivos planteados por las nuevas políticas: la fidelidad.
Pero hay más. Está la sostenibilidad medioambiental. Las grandes potencias turísticas del Mediterráneo luchan por reconvertir su planta hotelera y adaptarla a las nuevas exigencias de turismo compatible con el medio natural, aun cuando resulta especialmente complejo después de décadas de explotación intensiva de los recursos. El modelo de las autoridades del régimen cubano no parece tener en cuenta esta consideración, y se encuentra abocado a una expansión sin paliativos, que busca desarrollar nuevos espacios en detrimento de la belleza natural de la Isla.
Lo mas grave precisamente es que ésta no sea una opción de la inversión privada, que como hemos señalado ya no cree que el turismo sea cantidad sino calidad, sino de un régimen que se autocalifica como socialista, y que ha entendido al turismo como un mero instrumento recaudatorio para el sistema, sin mas complicaciones. En ese sentido, mientras se hace muy poco por rehabilitar los centros urbanos de las ciudades, y se fomenta esa imagen de destrucción contenida, se destruyen sistemáticamente zonas de costa de una notable belleza paisajística, siguiendo los modelos que en otros países con mayor desarrollo del sector, ya se han abandonado.
No cabe duda que estamos ante una cuestión de notable importancia para el futuro de la economía cubana. Nadie puede cuestionar que la promoción de un sector turístico en la Isla no sea una estrategia necesaria. Cuba tiene grandes posibilidades de alcanzar una posición hegemónica a nivel internacional. Quizás habría que plantearse por qué el régimen de Castro ha apostado por el turismo de forma tan tardía. Los primeros desarrollos se producen a partir de la pérdida del apoyo financiero soviético, y las decisiones de política turística se enmarcan en un contexto de período especial y de urgente necesidad de divisas para paliar situaciones de grave escasez y endeudamiento.
Lamentablemente, parece que ésta sigue siendo la opción de las autoridades. Quizás no se trate del mejor escenario para diseñar un modelo de desarrollo basado en el turismo sostenible, de calidad e integrado con la cultura y sociedad de la Isla. Esa opción, por desgracia, esta prohibida para el pueblo cubano, que ha visto cómo las distintas posibilidades de obtener beneficios de esta actividad, se han ido cercenando. Poco queda en la actualidad de la red de “paladares” abiertas al principio del período especial, y que podrían haber servido para diseñar una red de establecimientos de restauración adaptados a un turismo de calidad.
En la economía de la Isla, no existe posibilidad de desarrollar una actividad de servicios reglada, que facilite la prestación de servicios y la venta de productos a los turistas. La ausencia de propiedad privada impide que los efectos benéficos del gasto turístico se dispersen por el conjunto de la economía cubana, y la obsesión del régimen por controlar hasta el último dólar en circulación, ha llevado a adoptar decisiones contrarias a la lógica de una política turística, como la revalorización del peso convertible y del peso cubano, o la prohibición de la circulación del dólar en la Isla.
En tales condiciones, cabe preguntarse qué deberían hacer los responsables del turismo de la Isla para garantizar una evolución adecuada del sector de cara al futuro. Desde luego, tendrían que abandonar el actual modelo y realizar una apuesta por la calidad. Cuba tiene grandes posibilidades de convertirse en un destino turístico mundial apostando por sus extraordinarios valores culturales, musicales, artísticos y medioambientales, que están por encima de las prioridades del régimen y deben quedar para conocimiento de las generaciones futuras.
La oferta turística de Cuba debe permitir a los viajeros participar activamente de la vida de la sociedad cubana, que es su principal atractivo. El modelo actual por el que parecen apostar las autoridades, basado en “resorts” playeros con el “todo incluido” supone regresar a una opción que no es la mas adecuada, porque va a generar masivas entradas conforme aumente la oferta de albergue, pero se producirá una erosión de los aspectos fundamentales del producto turístico de la Isla, aun por definir con precisión.
Conclusión: en estas condiciones, el desarrollo del sector se realizará de forma inadecuada, faltarán inversiones internacionales, se generarán periódicamente profundos desequilibrios y se vivirá a merced de los grandes tour operadores internacionales, con los que el régimen, dada su política “social capitalista” no tendrá especiales dificultades para negociar. Mientras tanto, como siempre, el gran perjudicado, una vez mas, será el pueblo cubano. ¡Qué lástima!
* Economista de la ULC / Mayo 19, 2005
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