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Por Elías Amor Bravo, Valencia *
Cuba: recentralización y crisis económica. Vuelta a empezar
Habrá que esperar posiblemente unos meses, al objeto de evaluar el impacto real de los cambios, pero en cualquier caso, no por inesperadas, las noticias que llegan de Cuba en materia económica este verano de 2005 no se pueden considerar positivas.
En efecto, cualquiera que haya prestado atención a la evolución de los asuntos económicos en la Isla desde la llegada al poder del castrismo, ha podido observar cómo los períodos de refuerzo de la centralización de la economía y las decisiones se han sucedido a otros en los que se han producido tímidas reformas que, a la larga, terminaban siendo eliminadas. Ya ocurrió en los sesenta, en los setenta, en los ochenta, también en la década de los años 90, y cómo no, ahora también. Parece existir una sucesión de ciclos de liberalización económica, que van seguidos de una orientación centralizadora de las decisiones, de modo que la teoría se mezcla con la ideología de forma, muchas veces, sorprendente y fatal. Sobre todo, pésima para el estado de bienestar de los ciudadanos cubanos, que durante estas largas cuatro décadas han tenido que acostumbrarse a este tipo de vaivenes cuya única salida, es el exilio y la ruptura.
Los cambios ahora acontecidos afectan principalmente a los inversores extranjeros y a los trabajadores por cuenta propia. Sobre ambos, el castrismo, ha vuelto atrás, con graves consecuencias para ambos.
Desde hace algunos años, los empresarios que iniciaban tímidas aventuras en la Isla, se habían venido quejando de las continuas dificultades burocráticas del régimen y de las autoridades para desarrollar sus proyectos de inversión. La llegada a Cuba de las primeras empresas pequeñas y medianas, atraídas por las medidas liberalizadoras adoptadas tras el derrumbe del muro de Berlín, se encontraba con numerosos obstáculos muchos de ellos insalvables, y no pocas sorpresas. Entre los primeros, la ausencia de sistemas estables y racionales de distribución; entre los segundos, la obligatoridad de contratar a determinadas personas no por su cualificación o competencia, como quedaba evidente en los primeros meses de acceder a las empresas, sino por las recomendaciones de los dirigentes locales del partido. Y así un sinfín de anomalías, solo presentes en la Cuba de Castro, y sólo comprensibles en términos de esa combinación de estalinismo de mercado estatal en que se ha convertido la economía cubana.
Animados por el apoyo financiero venezolano, las autoridades han decidido frenar la entrada de pequeños empresarios en Cuba, y orientar las inversiones extranjeras hacia las grandes multinacionales?, pertenecientes a los sectores en los que la Isla se pretende especializar a nivel mundial. Vamos a ver cuanto tiempo dura esto, y sobre todo, si las grandes corporaciones van a volver a caer en la trampa del castrismo. No conviene olvidar que muchas de ellas fueron víctimas de las confiscaciones y ataques directos a la propiedad durante las primeras décadas revolucionarias. El mercado, por supuesto, tiene memoria histórica.
En segundo lugar, la desilusión de muchos trabajadores por cuenta propia ha supuesto, como consecuencia de la intensa presión fiscal y las continuas barreras al ejercicio profesional, un progresivo abandono de licencias de actividad, de modo que se venía observando en los últimos años, un descenso del número de estos profesionales que en su arranque habían supuesto una bocanada de aire fresco para el sistema productivo de la Isla. Otro tanto se podría afirmar de las cooperativas agrarias, impulsoras de cambios relevantes en la década de los años 90, sobre todo en los mercados agropecuarios, y que a falta de socios extranjeros que puedan apoyar las inversiones productivas, también se han venido abajo.
Las últimas informaciones procedentes de la Isla señalan que se han cerrado las autorizaciones de nuevas licencias para el establecimiento por cuenta propia, y que tras las últimas salidas de ciudadanos al exterior se encuentra un sentimiento notable de fracaso de muchos cubanos que pensaron abrir un espacio de independencia en un sistema que renuncia a cualquier apertura en lo económico. Ello significará reducción de las transacciones comerciales, escasez de numerario, y lo que es peor, carencia de bienes y servicios que la estructura estatal es incapaz de proporcionar en cantidad y calidad suficiente, todo ello, a favor de un refuerzo del control político de la población.
¿Qué nos queda? Más bien nada. Una vez que las tímidas iniciativas de liberalización económica que luchaban por abrirse paso en la ortodoxia castrista se han venido abajo, el régimen se autoimpone la obligación “revolucionaria” de reconducir los acontecimientos. De ahí, la nueva onda de centralización que se ha iniciado, y que a tenor de las informaciones disponibles, será mucho mas intensa que en épocas anteriores, y por ello, cabe suponer que sus efectos sobre la población también van a ser muy negativos. Pero veamos detenidamente cómo.
La desaparición de las empresas mixtas va a suponer que un número relativamente importante de altos dirigentes del sistema van a quedar sin empleo, al menos de forma momentánea. Se acabaron de sopetón los privilegios, los viajes al exterior, los sobresueldos y todo este tipo de halagos que han servido para garantizar el funcionamiento de muchas empresas. Estos altos dirigentes, y los trabajadores, van a comprobar cómo su posición cambia, y en función de su “lealtad” serán recolocados, si resulta posible, en las iniciativas que se puedan ir generando. Cabe suponer que no serán tantas como hasta ahora, por lo que muchos volverán a depender del Estado cubano en puestos de naturaleza muy distinta. ¿Podrán adaptarse al pasado? ¿Serán capaces de someterse al poder? Habrá que esperar, pero en cualquier caso, la dirigencia comunista lo va a tener difícil para encontrar acomodo para tanta gente.
Y mientras tanto, Grannma Internacional anuncia que el gobierno está dispuesto a resolver el problema de la vivienda en Cuba. Interesante. Este será tema de otro análisis.
* Economista de la ULC / Julio 3, 2005
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