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Por Elías Amor Bravo, Valencia
La economía cubana en perspectiva

Acaba de ser publicado el pasado mes de agosto el Informe número 57 de CEPAL, “Estudio económico de América Latina y el Caribe”, que contiene interesantes datos relativos a la economía cubana, que se presentan en este artículo.

El crecimiento económico en Cuba sigue sin mostrar el mismo dinamismo que en el resto de América Latina. En 2004, según CEPAL, la tasa de crecimiento de la economía se situó en solo un 3%, la mitad que la registrada en el continente, que se situó en un ejercicio de clara mejoría económica en el 6%. Las previsiones para el presente año se sitúan en torno al 5%, una tasa similar a la registrada en el conjunto de la región. Eso significa que el régimen cubano sigue mostrando una evidente incapacidad para alcanzar los niveles de renta existentes antes del derrumbe del “socialismo real” a comienzos de los 90, y que buena parte de los “ensayos” del “período especial” no han dado los frutos esperados.

Varias son las razones que explican este fracaso de la política económica del régimen castrista, y en el Informe de CEPAL se vienen denunciando desde hace años.

En primer lugar, la escasez crónica de inversiones productivas. No se ha recuperado aún el nivel de inversión bruta interna con respecto a la media de los años ochenta, alcanzando solo el 11,3% del PIB, uno de los porcentajes mas bajos del continente. El propio Informe lo cita textualmente al señalar “requieren inversión sobre todo los sectores de vivienda, transporte, agua y electricidad, que han sufrido mas los insuficientes niveles de formación de capital”. La inversión productiva es la garantía de un futuro mejor, la que permite sentar las bases de un crecimiento continuo del producto y la renta. Y en Cuba, las autoridades llevan mas de dos décadas incumpliendo sus obligaciones en esta materia y dificultando con el tipo de políticas que se adoptan los cambios necesarios para desplegar las fuerzas productivas de la economía cubana. De hecho, las cuentas de 2004 han vuelto a registrar un aumento del déficit fiscal del 4,2% del PIB superando el 3,3% de 2003 atribuible al gasto corriente, “con la participación del Consejo de Estado (presidido por Castro) en la autorización de la financiación de esa expansión monetaria por el Banco central de Cuba, en ausencia de un sistema de crédito público”.

En segundo lugar, la mejoría registrada en las cuentas externas de la economía cubana se produce de forma coyuntural . Es cierto que las exportaciones se han visto impulsadas, con un aumento del 11% en un año en que el continente latino-americano ha registrado un notable dinamismo regional, sin embargo, este auge para el régimen cubano tiene unas bases muy débiles, como lo muestra el nuevo descenso experimentado en la relación real de intercambio, como consecuencia no sólo del aumento del precio del petróleo (cuya factura mitiga el gobierno venezolano) sino, lo que es peor, de los alimentos. Dada la dependencia del régimen cubano del exterior para alimentar a la población (el sector agropecuario dela Isla registró en 2004 un descenso del 1% atribuible en parte a las sequías y el azote de los huracanes, pero también a la incapacidad del castrismo para generar riqueza en la que fue agricultura mas productiva y rentable del continente), se observa que el crecimiento de las importaciones de estos productos, un 6%, supera en el doble al ritmo de crecimiento de la economía, situado en el 3%, lo que ofrece una vez mas el verdadero rostro del embargo, lo que hemos denominado el “círculo vicioso de la economía cubana”. Y lo mas grave de todo es que se sigue sin adoptar el tipo de medidas mas eficaces para favorecer el dinamismo productivo interno.

En tercer lugar, y como constata CEPAL, en 2004 se ha vuelto a registrar un proceso de mayor centralización productiva, con decisiones como las restricciones al ejercicio legal del trabajo por cuenta propia, limitado ahora a solo 118 actividades, y a la nueva concepción del autoempleo como complemento de la actividad estatal. De igual modo, la obligatoriedad de las empresas que operan en divisas a comprarlas al sistema bancario, previa fundamentación, es otra medida de signo intervensionista. En este mismo sentido cabe atribuir las medidas adoptadas en noviembre de 2004, relativas a la prohibición de circulación del dólar y las restricciones a los intercambios, con un refuerzo del papel del Banco central de Cuba en la política de control cambiario.

En cuarto lugar, en un momento de expansión de liquidez interna sin precedentes, existen dudas sobre el alcance del aumento de precios. CEPAL reporta un alza del 3% en el índice de precios al consumidor, con notables disparidades entre precios regulados, de mercados informales y de mercados agropecuarios. Sabido es que a partir del mes de mayo de 2004 se autorizaron importantes aumentos de precios al consumidor, situados en torno al 15% y que afectaron a alimentos, productos de aseo personal y limpieza, calzado infantil, cosméticos, electrodomésticos, muebles y colchones, etc, todos ellos productos vendidos a través de las tiendas en moneda convertible, con evidentes objetivos recaudatorios. Posteriormente, el aumento de precios del petróleo se ha debido trasladar al mercado de divisas, pero también al mercado nacional, agropecuario y de autoempleo, lo que ha tenido que ejercer efectos negativos sobre la inflación. Los cortes de luz de este verano tienen su explicación en los burdos sistemas empleados por el régimen para ejercer el control de precios sobre los mercados controlados, en ausencia de recursos financieros. En cualquier caso, la incidencia negativa de la inflación sobre la economía cubana es un dato a tener en cuenta, sobre todo, si se tiene en cuenta que el alza media de los salarios se situó según CEPAL en un 3,3% con notables desigualdades entre los distintos colectivos de trabajadores.

En quinto lugar, la falta de expectativas de los empresarios extranjeros en la capacidad del régimen cubano ha vuelto a manifestarse en un nuevo descenso durante 2004 del número de negocios conjuntos que, de 342 en 2003 disminuyó a 313 en 2004, a pesar del aumento de la cifra de beneficios que aumentó modestamente de 150 a 200 millones de dólares, dato que no viene a confirmar otra cosa que la experiencia del “período especial” ha tocado a su fin y que muchos de los pequeños y medianos empresarios que se instalaron en la Isla han iniciado su regreso, de modo que el régimen reafirma su voluntad de negociar con las grandes empresas.

Septiembre 12, 2005
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