|
Por Elías Amor Bravo, Valencia
Ramiro Valdés y los cambios en las empresas estatales
Los ceses fulminantes de altos cargos en empresas dependientes del Ministerio de Informática y Comunicaciones que dirige desde no hace mucho tiempo, Ramiro Valdés, son crónica de historia anunciada.
Cuando se supo que el antiguo dirigente revolucionario volvía a funciones de vanguardia política, en un departamento estratégico para el futuro de la Isla y que reporta notables ingresos a la economía; y más aun, cuando Fidel Castro, en un momento especialmente delicado para su salud, no veía con buenos ojos la parsimonia con que su hermano venía dirigiendo los intereses en los que había delegado sus funciones, los analistas entendieron que se había puesto fin a la calma chicha, y que en poco tiempo, el régimen volvería a enseñar sus peores rasgos históricos.
Y así ha sucedido. Ramiro Valdés no permite, según versión oficial, que los directivos de las empresas del sector de las nuevas tecnologías, hagan operaciones que no se puedan inscribir dentro de la ortodoxia del régimen. Y los ceses fulminantes llegan, sustituyendo a los responsables de estas empresas por sus segundos en el orden jerárquico, en un intento de dar un claro mensaje. Poco importa que estas decisiones puedan provocar situaciones de crisis en las empresas. El castrismo no va a permitir que nadie, absolutamente nadie, se salga del guión establecido, aunque ello suponga pasar de una situación de solvencia a otra de crisis o quiebra por una deficiente gestión empresarial.
Cierto es que durante décadas, los empresarios extranjeros que han apostado por realizar operaciones económicas y comerciales en la Isla han observado que el comportamiento de la dirigencia empresarial en la Isla iba acompañado de un doble diálogo, de modo que el afán manifiesto por lo moderno, valioso y el contacto con las sociedades modernas y democráticas de Occidente, tropezaba con las exigencias cuasi militares, totalitarias y de inspiración comunista, con las que tenían que convivir en el día a día de la Isla.
Estos directivos de empresas estatales cubanas, embarcados en negocios con empresas españolas, canadienses, italianas o alemanas, procedían del ejército o de la seguridad interior, o de la alta burocracia político administrativa del régimen, los menos. En cualquier caso, desde hace décadas, han sido numerosos los episodios en los que el castrismo ha desposeído de sus cargos a dirigentes a los que se acusaba, sin más, de prácticas no compatibles con el régimen, condenándolos después al ostracismo. Muchos de ellos, obligados finalmente a elegir la vía del exilio. Y lo cierto es que en la mayoría de los casos, estas “vendettas” políticas, poco tenían que ver con las justificaciones oficiales, y en general, se correspondían con los distintos escenarios que ha ido atravesando un régimen que dura casi cinco décadas.
La cuestión que se plantea entonces es, ¿van a seguir estos ceses?, ¿se van a recrudecer las agresiones del sector comunista duro, a los sectores más abiertos y proclives a los cambios? Son aspectos que vendrán condicionados por la disponibilidad externa de recursos por parte de la economía cubana. Mientras que la obtención de divisas procedentes del petróleo venezolano no resulte problemática, no cabe la más mínima duda que la ortodoxia del régimen va a continuar desplazando a los “aperturistas” para situar a los más fieles y respetuosos con las directrices oficiales. Este es un momento propicio para ello.
Durante el denominado “período especial”, movido por la necesidad imperiosa de obtener recursos financieros donde y como fuera, Fidel Castro se vio obligado a bajar la guardia y aceptar medidas liberalizadoras que en muchos casos ya se han suprimido en el último año y medio. Muchos creyeron, sin embargo, que aquella vía era imparable y que no tenía vuelta atrás e incluso, para algunos analistas, podía ser una buena base para la transformación progresiva de la Isla en una economía de mercado democrática. La experiencia nos muestra lo contrario. La gran contribución del mandatario venezolano Hugo Chávez a la causa de las libertades en Cuba es precisamente provocar su freno, y alimentar a Castro desde la cama de su hospital, para seguir provocando ceses en aquellos que no mantienen la lealtad a ultranza, valiéndose para ello de peones como Ramiro Valdés. Y aquí surge la última cuestión, y no por ello menos importante: ¿Está trasladando este mismo mensaje a su hermano Raúl?
Septiembre 29, 2006
..............................................................................................................................................................................................
|