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Por Elías Amor Bravo, Valencia
En torno a los cambios que necesita la economía cubana

LA SEMANA QUE VIENE, en Valencia, vamos a debatir sobre cuestiones económicas en un Congreso organizado por la Asociación Cuba en la Distancia y la Fundación Hispano Cubana, que este año cuenta con una participación activa de economistas cubanos y españoles que conocen las recetas del éxito para el futuro de la Isla. De estos debates van a surgir propuestas concretas en materia laboral, fiscal, sectorial, de productividad, de derechos de propiedad y de organización económica que el régimen debiera conocer y valorar.

La actual situación de la economía cubana viene marcada por la parálisis de las reformas anunciadas por Raúl Castro para dinamizar la base productiva del país, el efecto destructor de los ciclones que asciende a 10.000 millones de dólares según informan las autoridades (el 30% del PIB de la economía cubana) y las lúgubres previsiones de crecimiento económico mundial en un entorno general de crisis, que abriga pocas expectativas para el turismo o las ventas al exterior de minerales.

Hace ahora 14 años, cuando estalló la crisis del bloque de antiguas potencias comunistas, con la caída del muro de Berlín, el régimen cubano se encontraba a las puertas de un escenario muy similar. Disminución de las subvenciones recibidas de la URSS, escasez generalizada de bienes y servicios, incapacidad para exportar productos atractivos para la economía mundial y un sector azucarero improductivo e ineficiente que, no obstante, servía para financiar las deudas del denominado Club de París.

En aquel momento, el régimen abrió las puertas a la libertad económica y permitió bajo férreo control, el ejercicio de actividades por cuenta propia y de carácter agropecuario, que sirvieron para aportar recursos a una economía controlada centralmente e incapaz de atender las necesidades básicas de la población. A partir de 1999, asegurado el suministro de petróleo por Chávez y los recursos para mantener el bloqueo productivo de la economía, el régimen volvió a la dictadura económica, al capitalismo socialista, eliminando cualquier vestigio de actividad privada y criminalizando, como siempre, a quiénes de forma legítima habían obtenido beneficios económicos con sus actividades. Ese retorno a la ortodoxia estalinista, personalizado por Fidel Castro con su “batalla de ideas” es la gran oportunidad perdida del régimen para hacer los cambios hacia la libertad económica, los derechos de propiedad, la libre empresa, y la democracia y derechos humanos que necesita la sociedad cubana.

Ahora se abre un nuevo escenario, con Raúl Castro al frente. Un hombre al que todos atribuyen un perfil más pragmático, pero que a tenor de los cambios, muy dubitativo y sometido a presiones de todas partes, que le impiden orientar la nave del país en la dirección correcta.

En tales condiciones, el régimen cubano debe despertar cuanto antes a la realidad que se abre ante sus ojos, y aprovechar la oportunidad para impulsar, de una vez por todas, los cambios que, verdaderamente necesita la economía y la sociedad cubana para prosperar y avanzar hacia el futuro. Libertad económica, empresa privada y propiedad son los ejes básicos de actuación que Raúl Castro debe asumir cuanto antes, y abandonar las dudas e incertidumbres que paralizan su gestión y los cambios anunciados, y esperados, por la sociedad cubana. De paso, la oportunidad viene nuevamente del exterior, igual que en el período especial cuando se abrieron las puertas al libre ejercicio económico en la Isla por las necesidades acuciantes de financiación y atender el vacío dejado por el derrumbe del socialismo real europeo. En un mundo carente de referencias comunistas y totalitarias, cuando América Latina disfruta de un espacio democrático casi general, el régimen cubano no tiene sentido, y debe asumir su progresiva adaptación a la economía de mercado y la propiedad privada al mismo tiempo que a las libertades democráticas, el pluralismo y el respeto a los derechos humanos.

Es el momento de realizar los cambios, acelerando las reformas, y olvidando las viejas doctrinas que cada día resultan más hilarantes. El cambio debe venir guiado con criterios de eficacia y eficiencia, manteniendo en la medida de lo posible, la equidad para restaurar la confianza en el futuro de la economía y la sociedad cubana. El experimento ya no da más de sí. Se agotaron todas las posibilidades de dilación de las reformas que son necesarias. Una nueva clase social debe asumir el impulso de los cambios, y los incompetentes burócratas del régimen, reciclarse o dejar paso a los que traen consigo las reformas y la modernización que necesita el país para superar el verdadero embargo que padece, que no es otro que el régimen impuesto por la fuerza por Fidel Castro hace casi medio siglo.

Ahora es el mejor momento. No se puede perder una nueva oportunidad.

Noviembre 14, 2008
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