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Por Elías Amor Bravo, Valencia
El Banco Nacional de Cuba hace 60 años: una institución al servicio de la economía cubana, I

ESTE MES DE DICIEMBRE se cumplen 60 años de la creación del Banco Nacional de Cuba. En una fecha como ésta, los cubanos debemos ser conscientes de que instituciones modernas como el Banco Nacional, llegaron en un momento clave para el desarrollo económico y social del país, probaron su eficacia, mostraron su capacidad para influir en el pensamiento y las acciones políticas, pero que el régimen castrista por su apuesta por un cambio radical de sistema y modelo económico, convirtió en un espectador impasible de la destrucción de la base productiva. Tiempo habrá de recuperar para la memoria histórica de todos el Banco Nacional de Cuba, ponerlo al servicio de la sociedad, y dotarlo de medios para ejercer sus funciones constitucionales al servicio de todos los cubanos, como ya hizo hace ahora 60 años.

Las ideas a favor de la creación de un banco central en Cuba arrancaron con fuerza en la década de los años 30, cuando los principales partidos tradicionales, liberales y conservadores, integraron en sus programas electorales la propuesta de crear una institución de estas características, como instrumento básico para el desarrollo económico del país y para consolidar el funcionamiento de un sistema financiero que, ya en aquella época, daba muestras de un notable dinamismo, pero también debilidad estructural.

Los principales economistas contemporáneos aportaron sus reflexiones sobre la conveniencia de un banco nacional en diversos artículos y estudios publicados y divulgados en los ambientes académicos, profesionales y políticos del país. Destacados son los trabajos de Felipe Pazos y José Pérez Cubillas, de Gustavo Gutiérrez, de Luis Abad, de José López Fernández, de Alberto Arredondo, Sergio Luis Barrena y José Álvarez Díaz. Fruto de aquellas aportaciones, enriquecidas con la atención mediática y social de unos medios de comunicación libres y altamente cualificados, la Constitución de 1940 convirtió la creación y puesta en funcionamiento de un Banco central en Cuba como uno de los preceptos. En el artículo 280 se estableció que la moneda y banca se encontraban sometidas a la regulación y fiscalización del Estado, señalando al respecto, “El Estado organizará por medio de entidades autónomas un sistema bancario para el mejor desarrollo de la economía y fundará el Banco Nacional de Cuba, que lo será de emisión y redescuento. Al establecer dicho Banco, el Estado podrá exigir que su capital sea suscrito por los bancos existentes en el territorio nacional. Los que cumplan estos requisitos estarán representados en el Consejo de dirección”. 

Finalmente, bajo la presidencia de Don Carlos Prío, en diciembre de 1948, se constituyó la institución por medio de una ley cuya negociación final incorporó un relevante debate político. No obstante, su entrada real en funcionamiento se produjo cinco meses más tarde en abril de 1950, convirtiéndose en todo un acontecimiento nacional.

En su primera década de existencia, el Banco Nacional de Cuba se orientó a fortalecer el funcionamiento del sistema monetario y bancario en la Isla, tratando de mejorar la actuación de las entidades especializadas de crédito y promoviendo la ampliación de los mercados financieros y de capitales, en estrecha relación con el exterior.

No conviene olvidar que en estos primeros años, la estructura básica del sistema financiero y crediticio en la Isla se apoyaba en la existencia de los bancos extranjeros con sucursales, que ejercían un notable control sobre los ahorros y depósitos domésticos. La mayor parte de los bancos locales, presididos por inversionistas nacionales, de reducidas dimensiones y ámbito geográfico limitado, se adaptaban al modelo de funcionamiento práctico diseñado por la banca extranjera, consecuencia de la elevada movilidad profesional en el sector. De modo que los directivos de los bancos locales, que habían empezado sus carreras, en general, en las instituciones extranjeras aprendiendo la práctica del negocio y trasladando sus clientes a las entidades locales, terminaban consolidando sus prácticas a las nuevas ocupaciones al frente de esos bancos domésticos. La consecuencia de todo ello apuntaba a una persistente escasez de crédito y de instrumentos para orientar los recursos nacionales hacia la inversión productiva interna que suponían el entorno en que empezó a funcionar el Banco Nacional. 

El primer presidente de la institución fue Don Felipe Pazos Roque, economista profesional y profesor universitario, que alcanzó una notable experiencia por sus trabajos en el Fondo Monetario Internacional, después de la segunda guerra mundial y con una destacada participación en los acuerdos de Bretton Woods que sirvieron para la puesta en marcha del sistema monetario internacional. Las ideas económicas de Pazos se podían resumir en una máxima: Cuba no había alcanzado un nivel de desarrollo económico hasta entonces como consecuencia de su inestable comercio exterior dominado tradicionalmente por una considerable incertidumbre, de modo que sólo mediante inversiones a largo plazo orientadas por opciones de beneficio reales a medio y largo plazo se podía alcanzar el nivel de capitalización necesario para el estímulo y desarrollo de la economía.

Desde la presidencia del Banco, sin embargo, Pazos ejecutó una política conservadora en línea con la fase inicial de la institución que tuvo su plasmación en el desarrollo de la Ley 13/1948, pese a la existencia de una amplia demanda social para que adoptara una actitud más beligerante, orientada a canalizar los ahorros internos hacia la inversión productiva que precisaba el país.

Un segundo ámbito en que el Banco Nacional dejó una impronta en la sociedad, fue su capacidad para diseminar conocimiento y nuevas ideas; sobre todo doctrinas económicas, que permitían abordar con posiciones concretas y formales la solución a los principales problemas planteados. Al frente del departamento de investigaciones económicas Don Julián Alienes Arosa, economista español que se instaló en la Isla tras la guerra civil, desarrolló una ingente labor de alto prestigio y relevancia, con notables estudios en los que pudo aportar a la economía de la Isla no sólo su conocimiento de las técnicas econométricas, sino incorporar el análisis del pensamiento científico de los principales economistas de la época. Su estudio “Características fundamentales de la economía cubana” sigue mereciendo una recompensa histórica, ya que en él se contiene un preciso y detallado análisis de la economía de la Isla, con  desarrollos posteriores en la Revista Mensual del Banco, en la que no sólo se incluían informaciones económicas y estadísticas, sino también artículos y reflexiones sobre diversos temas y extensa bibliografía actualizada.

Tras el golpe de Estado de Batista en 1952, Pazos dejó la presidencia del Banco, pasando a ocupar el cargo Don Joaquín Martínez Sáenz, que había sido uno de los autores del Manifiesto Programa del ABC, y también miembro de la Asamblea constituyente que había elaborado la Constitución de 1940. Martínez fijó como principal objetivo convertir el Banco Nacional en instrumento de política económica, apoyándose en una serie de bancos para aumentar la diversificación productiva de la economía de la Isla y financiar de forma más holgada el desarrollo de las actividades agrícolas e industriales, sometidas en aquel momento por la convulsión cíclica derivada de la segunda posguerra mundial. Martínez escribió una obra “Hacia la independencia económica de Cuba” en la que se contienen sus ideas básicas sobre la necesidad de transformar la economía de la Isla del monocultivo tradicional a un sistema capaz de determinar su propio destino y ganar la independencia económica” una constante en el pensamiento económico cubano.

Martínez se empeñó en esta tarea personal, desde la presidencia del Banco, y tuvo una oportunidad de llevarla a la práctica para hacer frente a la grave crisis producida por las escasas cosechas de los años 1953 y 1954, atrayendo recursos del exterior a través del Banco de Desarrollo Económico y Social, BANDES, una de las entidades que se habían creado en esta etapa para obtener ayuda externa. En efecto, tras la zafra record de los años 1951 y 1952 que hundió los precios del azúcar en los mercados internacionales, la economía cubana se vio arrastrada a una situación de estancamiento y crisis que obligó a adoptar políticas anti cíclicas desde el Banco Nacional. De ese modo, en primer lugar se decidió financiar el excedente doméstico de producción retirado del mercado, evitando así el hundimiento de los precios, y en una segunda fase, revitalizar los bancos del país para potenciar los recursos productivos y recuperar la economía. También se financió la construcción de un extenso programa de obras públicas, con la emisión de bonos en los mercados norteamericanos de deuda. El impacto de las medidas adoptadas mostró que el Banco Nacional de Cuba había cumplido un papel relevante en el manejo a corto plazo de la economía.

No obstante el éxito producido, los críticos al régimen de Batista también dirigieron sus protestas hacia la actuación del Banco Nacional y la política de Martínez Sáenz, al que acusaron de poner la institución al servicio del nuevo gobierno sin escapar de la corrupción denunciada, día si día no, en los medios de comunicación. Martínez Sáenz fue detenido por los castristas a comienzos de 1959 y juzgado, aunque ninguno de los cargos que se le imputaron pudo ser probado, recuperando la libertad en 1963 tras cuatro años de prisión.


Diciembre 2, 2008
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