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Elías Amor Bravo, Valencia
El envejecimiento del trabajo en Cuba

PRECISAMENTE CUANDO LOS PAÍSES OCCIDENTALES hacen notables esfuerzos por mejorar las condiciones de vida de su población, en particular, atendiendo las demandas de los trabajadores de contar con una etapa post laboral prolongada en la que poder realizar todo aquello que una mayor disponibilidad de tiempo de ocio permite, el régimen de Cuba, el último baluarte del “socialismo revolucionario”, finalmente pone en marcha la ley que aplaza la edad de jubilación en la Isla.

Los cubanos van a tener que pasar más años trabajando para poder cobrar sus míseras pensiones. Una vez más, el régimen comunista se apunta un hito reformista en materia socio laboral, y el sindicato único, obviamente, calla. Pensemos en una medida similar en algún país europeo, como Italia, Francia, Alemania o España. Los agentes sociales, de buen seguro, se opondrían a ello. Argumentos y razones no les faltan. Una esperanza de vida más larga, pensiones medias más elevadas, ahorros en aumento como consecuencia de adecuadas decisiones financieras, notables artículos y servicios subvencionados, hacen muy placentera la vida de los jubilados.

En cualquier caso, los gobiernos  occidentales no han escatimado recursos del presupuesto estatal para hacer más agradable la vida de los trabajadores jubilados. En España, por ejemplo, los denominados viajes de la tercera edad subvencionados, no sólo facilitan a los pensionistas pasar sus vacaciones en zonas turísticas de alto precio, sino que además, facilitan a los establecimientos hoteleros el mantenimiento de su actividad en épocas de baja estacionalidad turística, como el invierno. Otros países diseñan políticas más ambiciosas para mejorar la calidad de vida de las personas que acceden a la jubilación. Incluso se han puesto en marcha recientemente programas para incentivar el empleo voluntario en cooperación al desarrollo, o las asociaciones de empresarios jubilados, por ejemplo, ponen sus conocimientos a favor de los más jóvenes que desean poner en marcha proyectos empresariales.

Sin duda, muchas cosas para hacer en la denominada “edad de oro”. Pero en Cuba, donde el sentido común de las decisiones económicas simplemente no existe, se ha aprobado, finalmente,  la ley que prolonga la edad de retiro de los 60, una de las primeras decisiones de los “revolucionarios” a comienzos de los años 60, a los 65 en el caso de los hombres, y de los 55 a los 60 en las mujeres, y con ello, el aumento del tiempo necesario para la jubilación.

La norma es un ejemplo más de lo poco que se está haciendo bien en materia de decisiones económicas. Es cierto que los estudios realizados por instituciones como CEPAL alertan de un rápido envejecimiento en la Isla, como consecuencia del efecto combinado del descenso estructural de las tasas de natalidad y el aumento de la esperanza de vida. Ello, evidentemente, también sucede en muchos otros países, y sin embargo, no se adoptan las mismas medidas. ¿Por qué, entonces, en Cuba, cabe preguntarse?

Primero, porque no existe contestación social. ¿Quién, en su sano, juicio va a protestar en las asambleas de trabajadores en las que, según el gobierno, han participado, “tres millones de trabajadores”? Seguro que hasta los han contado. En ausencia de sindicatos libres y democráticos, que defiendan realmente los intereses de los trabajadores; en ausencia de una política de concertación social, el gobierno teje y desteje en materia laboral, y todos aplauden.

Segundo, porque el origen de las pensiones en Cuba: el presupuesto del Estado, ya no da para más y empieza a dar síntomas de insuficiencia estructural. Al fin y al cabo, la fuente financiera es la misma: del trabajo burocrático a la jubilación. El gasto corriente en Cuba anda dislocado, provocando un aumento del déficit hasta el 4% del PIB, el más elevado de América Latina. No existe posibilidad alternativa de otros recursos públicos para financiar las pensiones.  Por lo tanto, entre mantener en casa a la gente jubilada, u obligarles a trabajar en puestos improductivos, la decisión es equivalente, salvo la pérdida de bienestar asociada.

Tercero, porque muchos de los jubilados deben volver a sus empleos para cubrir las vacantes que dejan los más jóvenes. No precisamente aquellos que marchan al exilio, como sucede con los miles de aspirantes a la boleta que da el pasaporte a la libertad en Estados Unidos, sino a los profesionales, médicos, educadores, sanitarios, servicios sociales, que está “comercializando” de forma masiva el régimen castrista en toda América Latina, para obtener ingresos al precio que sea. Los que visitaron la Isla a lo largo de 2008 han podido constatar el malestar generalizado de la población por la falta de profesionales en la Isla que, como siempre, se han sustituido de forma precipitada y torpe por jóvenes escolares o aprendices, con más voluntad que oficio.
Cuarto, se aduce que la ley tiene como principal objetivo aumentar la producción del país, con el alargamiento de la edad laboral. Ni idea. El aumento de la productividad, necesario para que la economía cubana mejore a medio y largo plazo, no sólo está asociado a la cantidad de trabajo empleado, sino a la calidad del mismo, y sobre todo, a la existencia de equipos productivos modernos y eficaces, combinados con un adecuado nivel de infraestructuras. ¿Sabe alguien cómo se consigue ello cuando no existe margen presupuestario?

No hay justificación alguna. El régimen comunista ha cometido muchos errores a lo largo de su existencia. Desde creerse el engaño del bloqueo, hasta no reconocer las faltas cometidas y propiciar el único cambio que es posible y viable para el país: derechos de propiedad y economía de mercado.

Enero 27, 2009
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