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POR ELÍAS AMOR BRAVO, Valencia
Poca seriedad

Hay una lección que los jóvenes economistas aprenden en sus primeros años de carrera universitaria: con la Economía no se juega. Los asuntos económicos son muy importantes, y las decisiones se adoptan siguiendo un mecanismo sencillo, pero complejo. Es necesario asignar recursos escasos a fines alternativos y que compiten entre sí. Al desarrollar esta metodología, si el economista lo hace de forma correcta, genera beneficios y prosperidad. Cuando se equivoca, depresión, crisis y desempleo entran a formar parte del día a día.

Para asignar esos recursos escasos de los que dispone toda sociedad, hay que primero, distinguirlos con precisión, medirlos, evaluarlos y conocerlos muy bien. Es preciso reflexionar sobre las posibilidades de la sociedad para poner a disposición de la maquinaria productiva esos recursos y llegar hasta donde sea posible. La inteligencia, el esfuerzo, el tesón, la dedicación, el compromiso, la calidad del trabajo, son recursos fundamentales a los que no se suele prestar mucha atención, pero que entran a formar parte del proceso de asignación, de la misma forma que la tierra, el capital o cualquier otro recurso clásico.

La función de producción determina qué bienes se deben producir y qué necesidades deben atender de forma prioritaria. No es el resultado de la voluntad de nadie en particular. Ningún planificador o burócrata es capaz de satisfacer todas las necesidades que compiten en una misma sociedad. Meterse a ello es caminar hacia el caos. Existe un mecanismo bien conocido por los economistas para realizar esa asignación de recursos escasos a fines alternativos, que se denomina mercado. El intercambio productivo, que tiene en consideración las necesidades de unos con las ofertas que otros pueden realizar. El mercado es la máquina invisible que garantiza el máximo bienestar de todos, utilizando los precios como mecanismo de ajuste, como indicadores de que las decisiones de demanda y oferta, finalmente, están todas en equilibrio, y todo el mundo se encuentra en la mejor posición posible, de acuerdo con sus posibilidades.

Expuesto en estos términos tan abstractos, es posible que el racionamiento económico clásico no pueda ser entendido por los burócratas planificadores del régimen comunista cubano. Tampoco pretendo que 50 años después lo vayan a comprender. Desmontar las estructuras de un sistema ineficiente, improductivo e incapaz es la única solución al problema de la economía cubana, y cuanto más tarden en percatarse de lo que es necesario y urgente hacer, será peor.

Lo que me trae a reflexión en este artículo es la noticia de que las empresas extranjeras que operan en Cuba muestran su insatisfacción creciente por la imposibilidad de repatriar sus ganancias. Las estimaciones hablan de cientos de millones de dólares bloqueados por el Banco Central desde que se publicó la Instrucción número 3 del pasado mes de julio que obliga a centralizar todos los movimientos de divisas a través de esta entidad. Conocido es que en Cuba no existe un régimen liberalizado para las inversiones extranjeras, y que cualquier operación es sometida a inspección previa, con independencia de que resulte de interés o no. Pero, ¿es que, acaso, no lo habíamos advertido con tiempo suficiente? ¿Es que alguien puede pensar, después del expediente acumulado de 50 años de confiscaciones, expropiaciones, recriminaciones a empresarios, primero cubanos y luego extranjeros, que se puede confiar en alguien así?

La apertura del denominado “Período especial” ha terminado siendo una experiencia que, a la larga, se ha convertido en una pesadilla para los empresarios que decidieron aguantar hasta el final.  Ahora, el acceso a las divisas es condicionado por la continuidad de los negocios en la Isla, en cierto modo un chantaje de tinte mafioso, a la vez que se amplían los plazos a 720 días de los 360 actuales. Se está primando al gran empresario multinacional directamente relacionado con los sectores que más interesan al régimen defensa, sanidad, frente a los más pequeños y especializados que suelen estar más orientados al turismo. Un sistema de rígido control burocrático, en el que no existe propiedad privada, en el que se criminalizan las actividades emprendedoras, en el que no existe protección alguna al ejercicio del comercio libre o en el que no existen instituciones de funcionamiento económico solventes, no ofrece garantía alguna para el capital extranjero. Ahora la falta de fondos imprime carácter al momento, y la eventual repatriación de beneficios puede estar más que justificada. Cierto es que la grave crisis internacional está afectando en mayor o menor medida a todas las economías del mundo, pero el problema de Cuba trasciende las secuelas de esta crisis, y se remonta necesariamente a las decisiones torpes de 2002 de poner fin al sector azucarero y dejar de utilizar la prefinanciación de la cosecha como instrumento de obtención de créditos en los mercados mundiales.

Alguien se puede preguntar cómo es posible que todo esto suceda con la ayuda que recibe Cuba de Venezuela. De qué forma gestiona esta gente el ingente volumen de fondos procedentes del petróleo para encontrarse en una situación tan dramática en términos de responsabilidad de sus pagos. La respuesta es evidente. Mientras el sector público devora cualquier ingreso que entra en la economía en forma de subvenciones para atender necesidades sociales e improductivas de las empresas mal gestionadas, se intenta trasladar el coste más elevado de la financiación a los socios.

¿Confianza en los socios? Cuando el gobierno cubano habla de los “socios” se refiere a las empresas extranjeras. Curioso lenguaje para el que no permite a los ciudadanos cubanos ejercer libremente actividades privadas y comerciales en la Isla. No me cabe la más mínima duda que los “socios” extranjeros van a seguir aguantando la falta de seriedad del gobierno cubano en sus compromisos. Con ello, no van a hacer otra cosa que dejar un pésimo legado de credibilidad y coherencia, valores que los economistas consideramos fundamentales para atender a una economía.


Septiembre 30, 2009
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