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Por Enrique Beltrán, Montevideo *
La sordera

POCOS MESES FALTAN para que la tiranía cubana llegue a cumplir medio siglo. De no mediar la enfermedad de Fidel, ahí seguiría él hasta el fin de sus días. Su hermano Raúl desde hace meses asumió efectivamente el cargo de aquél, aunque difícilmente disponga algo de importancia en materia de libertades de su pueblo, con esa sombra vigilante, si es que por un momento tuviese la tentación de abrirles las puertas para que salgan de su encierro.

Cerca pues del cincuentenario, es que ha llegado a la isla el Presidente Dr. Tabaré Vázquez con una dilatada comitiva oficial. Distintas figuras de la oposición, perseguida y sofocada, le pidieron la oportunidad de hacerse escuchar, como creo ha ocurrido en ocasión de la llegada de algunos otros gobernantes democráticos. Contrastan los escrúpulos con que se excusan de escuchar a los opositores del régimen que padecen la dictadura, con los escrúpulos que le faltaron a importantes sectores del hoy partido de gobierno cuando, en connivencia con la dictadura cubana, recogiendo sus instrucciones, embistieron contra las instituciones democráticas del país. Con toda razón el Directorio del Partido Nacional señaló en una reciente declaración:

"Que ve con profunda preocupación que el gobierno de nuestro país, acepte como condición de la visita, la de no tener contacto alguno con la sociedad civil y sus organizaciones, cuando éstas han pedido la instancia.

Que tal actitud revela insensibilidad respecto de los reclamos en pro de una apertura democrática con libertades y respeto de los DDHH, en el único País de América Latina, que no cuenta con una democracia plural y es conducido por un régimen de partido único"

Hundidos en las prisiones con condenas de inacabables años y torturas, cientos de cubanos pagan en las cárceles su sueño de libertad, mientras fuera de ellas un ambiente de asfixia y delación sigue sin sacudir sus miasmas. En medio de esa realidad cotidiana conocen la noticia que llega el Presidente del Uruguay con una comitiva para visitar el gobierno de su país. Es el dignatario de un país democrático, con una constitución basada en la libertad y en el valor de los derechos humanos, con gobernantes que son elegidos por su pueblo, en jornadas electorales sin temor, que se renuevan cada cinco años, donde las urnas registran la variedad de partidos y la diversidad de ideas y de soluciones. Para aquel pueblo cercado, sometido al silencio o a la aclamación ¡qué oportunidad para hacer llegar al Presidente de un Estado de Derecho algunas pinceladas de la realidad enmascarada! Así sabrá la dimensión de su drama, el desamparo de sus derechos, la cantidad de cubanos presos por su amor a la libertad.

La repuesta oficial fue que poco le importa la libertad ajena, que se abraza con quienes desde hace medio siglo la han sofocado, y da la espalda y cierra los oídos a quienes la reclaman sufren y aún mueren por ella.

El dolorido testimonio desde Madrid del poeta Raúl Rivero que recoge Búsqueda es tristemente elocuente. He aquí algunos de sus párrafos. "Y ahí está en los sofás de los carceleros de casi 300 presos políticos. De paso entre la gente que vive sin poder expresar sus ideas políticas y sin libertad de prensa, olvidado que las dictaduras son sólo dictaduras. Ahí está con sus ayudantes que reparten su biografía de profesional de humilde origen, mientras él conversa con un grupo de poder que lleva cinco décadas sobre las espaldas de un pueblo vecino pobre y humilde"

¿Un honor? No. Una jornada para lamentar.


* Para El País, Montevideo / Junio 21, 2008
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