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Del ABC, Madrid
Cincuenta años de castrismo: opiniones
El joven Fidel Un carismático pistolero (Carlos Alberto Montaner)

¿Quién era Fidel Castro? Era un abogado joven, violento y carismático, acusado a fines de los años cuarenta de crímenes políticos e intentos de asesinato en la etapa democrática de Cuba, aunque nunca lo condenaron en los tribunales. Se sabía que era confusamente radical y audaz, que poseía una gran capacidad de intimidación frente a partidarios y adversarios, de manera que impuso su liderazgo y se convirtió en la cabeza más visible de una oposición dividida en varios grupos y dos estrategias: los electoralistas, que deseaban salir de Batista por la vía política, y los insurreccionalistas, que pretendían sacarlo a tiros del poder. Fidel acabó imponiendo la línea dura: la lucha armada como única estrategia válida y patriótica.
No obstante, el golpe definitivo contra Batista -como le había ocurrido a Machado en 1933- fue la pérdida del apoyo de Estados Unidos. En abril de 1958, el gobierno republicano de Ike Eisenhower, presionado por una hábil campaña de los exiliados cubanos, decretó un embargo de armas al gobierno de Batista para obligarlo a buscar una solución política a la guerra desatada en el país.
Pero las consecuencias de ese embargo norteamericano de armas fueron otras: en lugar de precipitar una salida pacífica al conflicto, Washington provocó o aceleró el triunfo de los insurrectos. Los jefes de las Fuerzas Armadas interpretaron, correctamente, que Batista había perdido el favor de «los americanos» y dieron por sentado que era un régimen condenado a muerte, así que surgieron conspiraciones y comenzaron a establecer relaciones secretas con Fidel Castro. Batista lo supo y, convencido de que estaba rodeado de traidores, decidió escapar de Cuba exactamente como había hecho el general Machado en 1933 y por más o menos las mismas razones. Cuando huyó del país, el 90 por ciento de las fuerzas armadas y el 95 por ciento del territorio teóricamente seguían bajo su control. Pero él y su gobierno estaban profunda e irremediablemente desmoralizados. Por eso perdieron el poder.
El caudillo se quita la careta
Una vez ocupada la casa de gobierno, el verdadero Fidel Castro comenzó a mostrarse a los cubanos y al mundo. Supuestamente, la revolución se había llevado a cabo para restaurar la democracia y las libertades individuales garantizadas en la Constitución de 1940 y conculcadas por Batista. Pero el hombre que había asegurado varias veces que no era comunista, muy rápidamente, en apenas dos años, comenzó a confiscar las empresas privadas nacionales y extranjeras, se acercó a los soviéticos, atacó a Estados Unidos con gran vehemencia, nacionalizó sin compensación las propiedades de las compañías nacionales y extranjeras, muchas de ellas pertenecientes a norteamericanos y españoles, se apoderó de los medios de comunicación y estableció un gobierno de partido único.
¿Por qué lo hizo? Fundamentalmente, porque desde sus años universitarios Fidel Castro había desarrollado simpatías por las ideas comunistas y un odio sin límites contra Estados Unidos. Esa tendencia se había reforzado a partir de su contacto en México en 1956 con el argentino Ernesto Guevara, conocido como el Che, también de convicciones comunistas, doctrinariamente mejor formado que Fidel en el marxismo, y los dos, además, recibían el aliento de Raúl Castro, hermano menor de Fidel, afiliado a las juventudes comunistas cubanas desde 1953, aunque sin demasiado interés en las cuestiones teóricas del marxismo.
En la órbita soviética
¿Cómo Fidel Castro y un puñado de seguidores fanáticos pudieron llevar a los cubanos a una dictadura marxista-leninista y colocar al país en la órbita soviética, si los comunistas apenas tenían simpatías en la sociedad y jamás alcanzaron el cinco por ciento de apoyo electoral? Eso pudo ocurrir porque los cubanos, en general, aunque distaban mucho de tener simpatías por los comunistas, tampoco sentían mucho respeto por las instituciones republicanas, tal vez porque la clase política tradicional, a su vez, había dado muestras de muy poco respeto por el imperio de la ley.
Algunos esperaban a un Mesías
Los cubanos, en suma, se llamaban revolucionarios con un tinte de orgullo, y esperaban ansiosamente a que un líder bien intencionado, rodeado de otros como él, estableciera en el país el reino de la justicia y la equidad. Ese Mesías era Fidel Castro y sus apóstoles eran los barbudos que lo obedecían, de manera que una buena parte de la sociedad se entregó en sus manos sin medir las consecuencias de ese acto de fe ciega en el caudillo venerado.
Naturalmente, en los primeros años hubo una gran resistencia popular a la entronización del comunismo en Cuba, con alzamientos campesinos generalmente protagonizados por guerrilleros que habían luchado contra Batista, y una invasión de exiliados en abril de 1961 auspiciada por el gobierno norteamericano (unos 1.500 hombres que desembarcaron por Bahía de Cochinos y fueron derrotados en 48 horas), pero Fidel Castro, a base de mano dura, leyes draconianas, numerosos fusilamientos, una gran determinación y mucho armamento soviético, logró sortear todos esos obstáculos iniciales, se apoderó del aparato productivo, encarceló o puso en fuga a la mayor parte de sus adversarios, consiguió liquidar a la oposición y consolidó la dictadura. A mediados de la década de los setenta, casi veinte años después del triunfo revolucionario, todavía había en la cárcel unos 40.000 presos políticos, se habían llevado a cabo unos 7.000 fusilamientos y más de un millón de personas se habían exiliado.
Consolidación en la guerra fría
Por supuesto, nada de esto hubiera sido posible sin la oportuna ayuda soviética. Moscú vio en la revolución cubana una oportunidad de conseguir un aliado situado a pocos kilómetros de Estados Unidos, lo que le daba una gran fuerza dentro de los esquemas de la guerra fría, así que, además de armar y adiestrar a las Fuerzas Armadas cubanas, a partir de mediados de 1961 comenzó a desplegar en la isla unos cuarenta mil soldados y oficiales soviéticos, mientras colocaba sigilosamente misiles atómicos capaces de destruir en pocos minutos las principales ciudades norteamericanas.
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El exilio eterno (por Enrique Serbeto)

A la parte central de la calle 8 de Miami se la llama «La Pequeña Habana» pero no es verdad: ni las casas, ni los coches, ni las calles, ni el aspecto de las personas se podrían confundir con la capital cubana. Y, sobre todo, la principal diferencia es que los que viven bajo la dictadura casi nunca se atreven a hablar de política cubana, mientras que en Miami los exiliados no hablan de otra cosa. Hasta cuando sueñan. Sobre todo, cuando sueñan. Cincuenta años después de la llegada de los primeros cubanos huyendo de la revolución comunista, la avalancha de exiliados ha cambiado la historia del sur de La Florida, donde el español es la lengua mayoritaria, los cubanos dirigen las elecciones y creen que son decisivos en la carrera presidencial. La única verdad es que cada día, al terminar la jornada, estos cubanos a los que el régimen llama despectivamente «la gusanera» se van a dormir con la decepción de saber que todo el éxito y su relumbrón en EE.UU., que su dinero e influencia estratégica no sirven para nada a los únicos efectos que de verdad les interesan, porque el castrismo sigue incólume a pesar de sus sueños, a solo 82 millas de la punta de los cayos.
La diferencia entre los cubanos que llegaron en los primeros años de régimen comunista y los que han venido cruzando en balsas de fortuna sin haber conocido nada más que el castrismo es que unos añoran lo que otros quieren olvidar. Los primeros solo piensan en la Cuba que dejaron, tienen en casa una edición recién reimpresa de la guía de teléfonos de La Habana de 1959 para seguir creyendo que un día volverán aquellos tiempos, mientras que los segundos no quieren saber nada de las miserias y la mugre que dejaron atrás. Después de haberse engañado a sí mismos durante medio siglo creyendo que el triunfo de los barbudos era circunstancial, los que pueden se pagan el carísimo trámite del traslado póstumo al panteón familiar dejado en el Cementerio de Colón, o piden que les dejen en una sepultura provisional para hacerlo en su día. Los recién llegados solo tienen ojos para un futuro lejos de Cuba y si acaso se acuerdan de los familiares vivos, por supuesto porque aspiran a sacarlos de allí.
Dicen que el que quiera ser alguien en Miami debe dejarse ver al menos una vez por semana por el café Versailles, porque allí se discuten las principales conspiraciones políticas de la comunidad cubana. Pero lo más fácil es que entre ropa vieja, tostones y tres leches lo único que capte sean conversaciones que se parecen mucho a las discusiones abiertas en la mayoría de las emisoras de radio, donde cada cinco minutos se derroca, se expulsa, se juzga, se asesina o se fusila a Fidel Castro con la mayor alegría. En La Habana, el aludido hace chistes con las veces que los cubanos de Miami se han quedado dormidos escuchando la radio con las maletas preparadas, para subirse al primer yate que ponga rumbo al sur, donde está la isla de sus sueños y sus pesadillas.
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Reportero con los rebeldes (por Enrique Meneses)
Para alcanzar Sierra Maestra, tuve que cruzar un cerco de 16.000 soldados de Batista. Desde la llegada a Santiago los periodistas tenían problemas con el ejército porque los hombres del general Chaviano estaban al acecho y descubrían enseguida al informador. Este traía memorizado el nombre y dirección de algún contacto. Pero con aquel marcaje era imposible llegar al miembro del «26 de Julio» que te podía ayudar. Así fracasaban los periodistas estadounidenses, vistosamente vestidos y equipados como fotógrafos. Yo decidí tomar el peor vuelo, «el cañero» que salía a las 6 de la madrugada y que, tras dos horas, llegaba a la capital de Oriente después de hacer escala en ciudades con fábricas de azúcar. Ahí no esperaban a ningún periodista. Tampoco llevé mis cámaras conmigo, sino escondidas en una caja de whisky dirigida al Bar Windsor, propiedad de una aragonesa cuyo hijo, Luciano, estaba exiliado en La Habana porque le buscaba la policía de Santiago. Así es como establecí contacto con «Deborah», nombre de guerra de Vilma Espín, mujer de Raúl Castro después de la victoria que es cuando supe su verdadero nombre. La fotografié en la Sierra, en una visita que le hizo a Fidel, junto a Celia Sánchez, con una flor blanca en la oreja.
Después de 15 días cambiando de domicilio todas las noches para no ser detectado, «Deborah» pudo darme un guía para subir a la Sierra. Fueron dos noches y tres días lo que nos costó llegar hasta donde esperaba Fidel. El viaje se realizó siguiendo primero el «Camino Real» construido por España allá por el siglo XVIII. Estaba empedrado y entre los adoquines crecía la hierba hasta diez centímetros por falta de uso rodado. Tras una primera noche en una casa que bordeaba el ferrocarril de Bayamo, subimos las primeras colinas hasta un lugar llamado Minas del Frío donde pasamos una noche de perros con un viento implacable.
En la tarde del siguiente día me encontré con Fidel Castro que estaba acompañado por Armando Hart quien, tras la victoria, sería Ministro de Educación. A partir de aquella noche, las largas caminatas diarias se reanudaron. Solo cuando esperaba a alguien la Comandancia se detenía para esperarle. El resto del tiempo cambiaba de acampada cada noche porque un guía les había traicionado. Y siempre que éste se separaba de Fidel, a las pocas horas, llegaba la aviación y bombardeaba la zona. Una vez detenido, lo registraron y encontraron un salvoconducto del mismísimo general Chaviano. Fue ejecutado.
Los rebeldes serían, en diciembre de 1957, alrededor de un centenar y medio. Para armar a aquella gente, los guerrilleros atacaban pequeños puestos de militares obligándoles a pedir refuerzos que solían caer en manos de la emboscada castrista. Otro medio de armar a más voluntarios era dejando que los niños guajiros se ofreciesen a los soldados para llevarles armas y pesadas cajas de munición que, misteriosamente, desaparecían en la maleza. Más tarde se recuperaba todo y Fidel podía admitir nuevos voluntarios. De resultas de un año de lucha en la Sierra, había una docena de prisioneros con los que hablé libremente, sin presencia alguna que pudiese cohibirles. Tenían dos quejas: que Fidel se negaba a dejarles combatir con los rebeldes y que al verse obligados a permanecer siempre en el mismo lugar -aunque sin trabas para moverse en el campamento- habían engordado.
La lucha en Pino del Agua
El combate de Pino del Agua tuvo lugar del 14 al 15 de febrero de 1958. Era un aserradero donde un buen número de soldados ocupaba una docena de barracones. Su peculiaridad es que era la última guarnición batistiana dentro de Sierra Maestra. Para aportar ayuda a los atacados sólo había dos caminos por los que podrían llegar refuerzos. En ambos se dispusieron sendas emboscadas. Fidel intentó que el comandante de Pino del Agua se rindiese, sabiendo que había pocas probabilidades de que aceptase pasarse al «26 de Julio». A las veinticuatro horas de iniciado el combate, con una densa niebla y cuando esta empezaba a diluirse y aparecían los barracones, ambas partes se disparaban a placer. Finalmente se escuchó una fuerte explosión proveniente de una de las emboscadas. Fidel ordenó la retirada y me encargó de que fuese a avisar a Che Guevara de que nos íbamos. Retorné a primera fila, donde el argentino estaba sentado en un tronco de árbol abatido durante uno de los bombardeos de la aviación batistiana. Junto a él, su ayudante, cuerpo a tierra. Llegué junto a él agachado y le transmití el recado. «Dile a Fidel que ya os alcanzaré. Quiero quedarme más rato aquí porque estoy descubriendo que la pólvora es lo único que me alivia el asma».
Estuve 4 meses en la Sierra, excepto por una salida de una semana para mandar mis fotos a Paris-Match. Las envié reveladas, envueltas en papel en tiras y cosidas entre dos enaguas almidonadas. Era la moda de las faldas en campana y Piedad Ferrer, una joven revolucionaria de 17 años, viajó a Miami desde donde remitió mi trabajo a Paris. Aunque pedí que no se publicase nada mientras yo no saliese de la isla, el secuestro de Juan Manuel Fangio, entonces seis veces campeón del mundo de Fórmula 1, provocó la alarma en la redacción de todas las publicaciones del mundo. El Gran Prix de La Habana era más noticiable que una revolución armada en Cuba. Decidieron, con buen criterio, publicar mis fotos y que yo me las arreglase para salir de la isla. Fue una exclusiva mundial y hasta nuestros rivales americanos, Time/Life, adquirieron mi trabajo. La revista cubana Bohemia compró los derechos para la isla y tiró 600.000 ejemplares en una isla que tenía unos 7 millones de habitantes. La policía intentó cazarme mientras yo buscaba ayuda diplomática. Acabé cayendo preso del Buró de Investigaciones. Tras una semana a palo limpio, la embajada de España me sacó a regañadientes porque el embajador, Juan Pablo Lojendio, me reprochaba no haberme presentado a él desde mi llegada. Al ser amigo de Batista me hubiese conseguido un almuerzo con el dictador. Le agradecí haber salvado mi vida y le dije que el interés internacional estaba en la Sierra. Un periodista llamado Bastide, por cierto, fue castrado por la policía batistiana.
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1 de enero de 1959: Así lo contó ABC
El general Batista llegó en avión a Ciudad Trujillo, procedente de La Habana, de donde había salido precipitadamente a las cinco de la madrugada. Le acompañan unos cuarenta miembros de su gobierno y jefes del Ejército, entre ellos, el presidente electo, Andrés Rivero Agüero; el hasta ahora primer ministro de Cuba, Gonzalo Güell; el presidente del Senado, Anselmo Allegro; el contraalmirante Rodríguez Calderón, que era jefe de la Marina, y el general Pedraza, quien fue nombrado miembro de la Junta Militar que preside el general Cantillo, pero luego renunció a formar parte de ella y acordó salir de Cuba.
Fuentes informadas dicen que Batista convocó a los altos oficiales del Estado Mayor, con los que se reunió en Campo Columbia antes de abandonar el país. El presidente -según estas fuentes- dijo a los oficiales del Estado Mayor que no deseaba un mayor derramamiento de sangre y que resignaba sus poderes sobre el general Cantillo.
«No confiéis en nadie»
El dirigente del Movimiento 26 de Julio, Fidel Castro, ha rechazado esta noche la oferta de paz hecha por la Junta de Gobierno que ha asumido el poder en Cuba. En una emisión por radio, Fidel Castro dijo que sus Fuerzas «continuarían las operaciones en todos los frentes. El régimen de Batista ha caído a causa de los últimos golpes rebeldes -agregó-. No confiéis en nadie, ni permitáis que nadie os engañe.»
Fidel Castro ha dirigido un ultimátum por radio a la guarnición de Santiago de Cuba, en el que dice que si no se rinde a las dieciocho (hora local), sus Fuerzas tomarían por asalto la ciudad. «La guerra no ha terminado -dice el ultimátum de Fidel Castro- porque los asesinos están todavía armados.»
En su alocución a la población de Santiago de Cuba, el dirigente revolucionario agrega: «Contamos con vuestro apoyo y os pedimos que esa ciudad «quede paralizada». Todos deben abandonar su trabajo, a excepción de las fábricas de energía eléctrica.»
Por otra parte, los jefes de las Fuerzas de Fidel Castro han recibido la orden de avanzar en la provincia de Camagüey y cortar las carreteras que conducen a la capital de la misma. También se ha dado orden de avanzar sobre La Habana, Guantánamo y Holguín, y de detener a todos los oficiales del Ejército, que serán sometidos a Consejos de guerra. Castro ha dispuesto también que «no cese el fuego por ninguna razón y que se concedan treguas a las Fuerzas armadas solamente cuando éstas se rindan». «Las operaciones militares -agrega- deben continuar contra las Fuerzas armadas de La Habana, que se han rebelado (refiriéndose a los miembros de la Junta Militar). Hasta que no se rindan incondicionalmente, no habrá paz.»
Liberación de presos políticos
Apenas comenzaron a extenderse por las calles las noticias de la partida de Batista se produjo el asalto al cuartelillo de Policía número 5 y la liberación de un númeno no determinado de presos políticos. En la prisión de La Habana organizaron una manifestación otros presos políticos, mientras centenares de familiares suyos se agolpaban en el exterior.
Algunos presos han resultado heridos en las manifestaciones. Varias mujeres se desmayaron y otras fueron pisoteadas en el pánico que siguió, en la multitud del exterior, al hacer fuego contra ella soldados y policías desde los muros de la cárcel. Los manifestantes se alejaron al arriarse en el interior la bandera de Batista.
En los suburbios los revolucionarios arrojan sus automóviles contra los contadores de estacionamiento y se apoderan de las monedas que contienen. También fueron asaltadas, además de los casinos del hotel Sevilla Baltimore y del hotel Plaza, las oficinas de varias compañías aéreas: KLM, Iberia, Air France, Aerolíneas Argentinas y Línea Aeropostal Venezolana, así como bancos y otras instituciones. Se escuchan disparos en toda la ciudad y algunos policías han comenzado a hacer aparición en los lugares de los disturbios, pues las turbas están entregándose al pillaje y la destrucción en el centro de la capital.
Fidel entrará en La Habana
Fidel Castro llegará a La Habana a las ocho de esta noche (hora española), según se afirma en círculos fidelistas, aunque no ha habido confirmación de la noticia. También se espera en la capital a Antonio Varona, que representa al ex presidente Carlos Prío Socarrás.
Al mismo tiempo se anuncia que el general Pedraza, miembro de la Junta Militar, ha abandonado el país. La situación en Campo Columbia es muy inquieta y se ha aplazado una conferencia de Prensa convocada para las tres de la tarde. Circulan rumores de que la Junta consideró inaceptable al general Pedraza. La futura constitución de la Junta es muy incierta.
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2008. Cuba. Un Pueblo que quiere renacer (por Oswaldo Payá)
Se acerca el fin del año 2008 y muchos de nuestros hermanos están aun en prisión, en condiciones inhumanas ¿Por qué les condenaron? Por escribir, por divulgar los derechos humanos, por apoyar el Proyecto Varela. Cuando se piense en Cuba en estas navidades y en este fin de año piénsese y, si se quiere, órese por estos prisioneros y sus familiares que son testigos de la verdad.
Muchos en el mundo relativizan los derechos de los cubanos y nos miran a través del prisma ideológico de derecha o izquierda, y comparan con otros países, piensan y hablan sobre todo de los Estados Unidos o de las figuras que consideran legendarias de la revolución.
Nosotros decimos que miren hacia Cuba y vean a 11 millones de seres humanos. La oposición pacífica, ese grupo de hombres y mujeres que trabajamos pacíficamente en Cuba, no importa cómo nos denominen, no importa si nos ofenden, no nos definen negativamente, porque luchamos por los derechos, para que se pueda hablar sin tener que mirar hacia los lados, para que cada padre o madre de familia pueda ganar el pan de cada día sin arriesgase a ir a la cárcel, para que cada cubano pueda entrar, salir y moverse libremente incluso dentro de su país.
Muchos quedan en silencio cuando se habla de Cuba porque piensan que reniegan de antiguas simpatías o antiguos compromisos, a esos también les decimos, libérense, como aquellos que miran a Cuba a través de su rencores o intereses, libérense como nos estamos liberando nosotros.
La oposición democrática, el movimiento cívico dentro de Cuba mantiene su unidad en los propósitos de reconciliación, de cambios pacíficos y de derechos para todos, pero está unido en la diversidad. Y los que desde fuera miran con buena voluntad no deben tratar de presionar o de sugerir ni siquiera esquemas de unidad de política clásica, por decirlo de alguna manera.
Con toda humildad les decimos: déjennos a nosotros, que sabemos identificarnos, que estamos unidos en la solidaridad, que conocemos la enorme complejidad de la situación interna de Cuba, y por eso esa unidad verdadera va madurando cada vez más dentro de la oposición, comenzando por la identificación humana, por el respeto, por la solidaridad. ¿Por qué? Porque los propósitos de todos lo opositores, y no vamos a clasificarlos ni a calificarlos, son los mismos: reconciliación, libertad, democracia, derechos. Por eso nuestro estandarte no es la unidad sino la libertad y en el documento Unidad por la libertad expresamos con su propio nombre que la oposición está en función del pueblo y tiene como misión lograr esos cambios para el pueblo sabiendo que el pueblo debe ser el protagonista de su historia y lo será.
El Proyecto Varela no es el proyecto de un partido ni de un movimiento, y aunque no lo impulsen todos los grupos, sí pide los derechos para todos los cubanos. Así es que la mayoría de los que lo conocen lo apoyan, porque nadie puede negar sus propios derechos.
Por eso, en este tiempo que es siempre de esperanza, creemos que una nueva luz se levanta sobre Cuba, sobre este pueblo que quiere renacer, que libre quiere ser.
Todos cubanos, todos hermanos y, ahora, la libertad.
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Cuando el socio es un dictador (por Carmen Muñoz)
Apasione o no a todo el mundo, lo cierto es que las empresas españolas ocupan un lugar preponderante en Cuba y apuestan por el futuro del país. «Si están es porque les interesa, esto no es un sacerdocio, su beneficio es suficiente y juegan a tenerlo mayor en el futuro», asegura el presidente del Comité Bilateral Hispano-Cubano, Juan Arenas.
Tras el colapso de la Unión Soviética en 1991, el régimen comunista de Fidel Castro se vio obligado a abrir la isla a otros países en busca de comercio, capitales y tecnología. Descartado, como es obvio, Estados Unidos por el embargo impuesto en 1962 por la Administración Kennedy, la mirada se dirige hacia Europa y, en concreto, a España por motivos históricos, culturales y familiares.
Hoy nuestro país es el principal inversor en Cuba. Aunque en un principio la apuesta la realizaron compañías medianas y pequeñas, a finales de los 90 las grandes firmas comenzaron a tomar posiciones estratégicas a largo plazo. Primero llegaron los acuerdos hoteleros. «El Hotel Meliá Las Américas se convirtió en 1989 en la primera empresa mixta hispano-cubana, luego aterrizaron la tabacalera Altadis, Repsol para una exploración petrolera que aún perdura y otras empresas de calado», explican fuentes diplomáticas españolas.
Las grandes inversiones se dirigen hacia el turismo, las finanzas, el tabaco, el agua y la energía. Iberostar, Barceló, NH Hoteles, Riu Hoteles, Aguas de Barcelona, Iberdrola, Caja Madrid, BBVA, La Caixa o Banesto, son otros de los ejemplos más conocidos. Sin embargo, la mayoría de las grandes compañías prefieren «no publicitar su presencia y actividad en la isla por razones objetivamente justificables, como el embargo de Estados Unidos», señalan fuentes empresariales que prefieren guardar el anonimato por «la prudencia y el morbo» que despiertan siempre las relaciones con Cuba.
Aumento de las exportaciones
Al mismo tiempo, las pymes continúan con sus negocios. Las exportaciones de firmas españolas a Cuba, al mes de octubre pasado, superaban los 800 millones de dólares (más de 555 millones de euros), un crecimiento en lo que va de año de en torno al 30 por ciento, según datos facilitados por el presidente de la Asociación de Empresarios Españoles en Cuba (AEEC), Víctor Moro. Esta organización hace las veces de cámara de comercio porque en la isla están prohibidas.
Los principales productos exportados en 2007 fueron maquinaria y equipamiento industrial, vehículos y repuestos, papel, muebles, pinturas y calzado... Mientras que entre los importados ese año aparecían el tabaco, el pescado y el ron, según datos de la Oficina Económica y Comercial de España en La Habana.
Aunque resulte «paradójico», las grandes inversiones se produjeron en el momento de «mayor exigencia en democracia y derechos humanos» por parte del Ejecutivo español, subrayan las fuentes diplomáticas. Es decir, durante el gobierno presidido por José María Aznar. Sin embargo, Víctor Moro es de la opinión de que los españoles han estado presentes en la isla «al margen de las relaciones bilaterales» y destaca que la «normalidad» actual «crea un buen clima para el trabajo de las empresas en Cuba».
Trabajadores explotados
No todo es de color rosa. Algunos portavoces de la oposición interna y del exilio en Miami consideran que, en la práctica, los empresarios españoles contribuyen a sostener al régimen castrista, aunque ése no sea su objetivo. Los inversores, a juicio de un destacado activista pro derechos humanos, participan en una «sobreexplotación» de los trabajadores cubanos, que cobran «salarios miserables y no tienen protección sindical». Las relaciones laborales en Cuba no son libres. Los empresarios contratan a los trabajadores cubanos a través del Estado, que les paga los salarios que recibe de los inversores extranjeros a un «precio local».
Otro destacado opositor apunta que «no fue lo mismo invertir en la España de Franco que hacerlo ahora en la Cuba de Castro; aquí con las empresas mixtas conviertes a la dictadura en tu socio», y advierte del «riesgo de demandas judiciales» cuando se produzca la transición hacia la democracia.
Lo positivo de toda esta situación es que «haya existido la posibilidad de generar recursos y empleos», matiza el diplomático español, que sostiene que tanto los cubanos como sus gobernantes se han beneficiado de las inversiones españolas. Mayores posibilidades habrá para todos sus ciudadanos cuando Cuba sea una verdadera democracia.
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Españoles en la revolución (por Carmen Muñoz)

Eloy Gutiérrez Menoyo, nacido en Madrid, ex comandante de la revolución y ex preso político, a su llegada a La Habana en agosto de 2003 para fijar allí su residencia.
«Eran tipos formidables. Los gallegos que lucharon en la revolución tenían esa alegría que produce el poder y la juventud. Eran héroes internacionales que querían cambiar el mundo, y mujeriegos. Vivían en peligro constante, exudaban testosterona». El escritor Norberto Fuentes hace una descripción elocuente de cómo debían de ser aquellos revolucionarios españoles, muchos de ellos republicanos que se exiliaron tras la Guerra Civil y se unieron a la que entonces parecía una causa justa.
En esa relación de españoles que lucharon o apoyaron la revolución, los mismos cubanos incluyen a los hijos de emigrantes nacidos en la isla. Si a todo español o hijo de españoles en Cuba se le considera «gallego», haya nacido en Cataluña o en Asturias, los primeros «gallegos» de la lista son Fidel y Raúl Castro. Su padre, Ángel Castro, era un emigrante gallego que se instaló en la antigua provincia de Oriente. De ahí que Fuentes considere al anciano dictador el «gallego» más destacado de la revolución.
Eloy Gutiérrez Menoyo fue junto al argentino Ernesto Che Guevara y el estadounidense William Morgan el tercer comandante no nacido en Cuba. Nació en Madrid, en 1934. Su padre fue jefe médico del Ejército de la Segunda República y la familia se exilió en Cuba después de la contienda.
Asalto al Palacio
Su hermano mayor, José Antonio, murió a los 16 años en la batalla de Majadahonda, durante la Guerra Civil española. Otro de sus hermanos, Carlos, fue el cerebro y jefe militar del asalto al Palacio Presidencial, ocurrido el 13 de marzo de 1957 en La Habana. Mientras Carlos moría en la segunda planta, Eloy aguardaba como enlace cerca del edificio. «Fue el hecho más audaz que se recuerda de la historia de Cuba», explica el opositor. Y determinante para que él se implicara aún más en la lucha.
Tras la renuncia del dictador en la madrugada del 1 de enero de 1959, los guerrilleros del frente que dirigía Menoyo fueron los primeros en entrar en La Habana. Ni un año después ya se había desencantado: «La revolución proclamó por dónde iba a ir, después cambiaron el rumbo y buscaron la alianza con la Unión Soviética». La causa en la que «aún sigue creyendo» le costó «toda la juventud y 22 años de presidio». No olvida la mediación del ex presidente Felipe González para que Fidel Castro le liberase en 1986 ni «el tremendo recibimiento» que le hicieron en España. Hoy reside en Cuba sin autorización oficial y es visto como «contrarrevolucionario» por unos y como «dialoguero» por otros.
Gutiérrez Menoyo recuerda a dos revolucionarios españoles. A quien iba a convertirse en el segundo jefe del asalto al Palacio Presidencial, el «gallego» Daniel Martín Labrandero, ex combatiente de la Guerra Civil muerto a finales de 1956 cuando trataba de huir de una cárcel de la isla para unirse a esa misión contra Batista. Bajo las órdenes de Menoyo estuvo el español Regino Camacho, comandante y jefe de la armería del Segundo Frente Nacional del Escambray, una zona montañosa del centro del país.
Otro «gallego» conocido es el expedicionario del yate «Granma» José Morán, ajusticiado en Guantánamo por «traidor» antes del triunfo de la revolución de los «barbudos». Los 82 revolucionarios que desembarcaron en la costa oriental el 2 de diciembre de 1956 fueron entrenados en México por el general Alberto Bayo, de padre español, que huyó a España tras el desastre de 1898 y se exilió en el país azteca pasada la Guerra Civil. Entre los «gallegos» relevantes de la revolución, mencionan también a José Ramón Fernández, héroe de Playa Girón; Manuel Piñeiro Losada, ex jefe de Inteligencia apodado «Barbarroja», o al general de división Arsenio Franco Villanueva.
Los intelectuales
Hijo de maestros progresistas y nacido en Barcelona en 1930, el fallecido Néstor Almendros se exilió en Cuba con su familia a finales de los años 40. El cineasta cubano Orlando Jiménez Leal afirma que su gran amigo, que recibió el Oscar a la Mejor Fotografía en 1978, «se desencantó de la revolución por los mismos principios por los que la apoyó. No fue lo que se suponía que iba a ser. Había una dictablanda y lo que vino después fue un régimen dictatorial».
Jiménez Leal relata que Almendros fue expulsado de la revista «Bohemia» por hacer una crítica positiva de «P. M.» (Posmeridiano), su cortometraje sobre la noche habanera. Con la censura de este «ingenuo» corto, Castro marcó la política cultural del régimen, cuando dijo aquello de «dentro de la revolución todo, fuera ningún derecho». La «gallega» Alicia Alonso, fundadora del Ballet Nacional de Cuba, es por último otra hija de españoles que ha bailado al son de la revolución.
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Yo tuve una casa en la isla (por Irene G. Vara)

Industrias de producción de alcohol, plantaciones de azúcar, una red de gasolineras y una constructora conformaban los negocios de los Arechabala, una familia de vascos que en el siglo XIX emigró a Cuba. Todo fue expropiado tras la revolución. Ocurrió meses después de la llegada al poder de Castro. «Mi familia y yo estábamos pasando las vacaciones de verano en España. Fue entonces cuando nos dijeron que las cosas se estaban complicando y ya no regresamos», explica José Manuel Arechabala, bisnieto del fundador de un imperio que incluía el célebre ron Havana Club.
El régimen saliente de la revolución se incautó de todos los bienes que existían en Cuba. Los españoles -un colectivo todavía muy destacado en la primera mitad del siglo XX, tras la independencia de la colonia española- fueron de los más perjudicados.
Estela González vive en Madrid y a sus 87 años recuerda muy bien cómo el gobierno cubano le expropió su casa y sus negocios. «Mi marido y yo teníamos la gestión de aprovisionamiento de buques y el bar del puerto de Cárdenas (en la provincia de Matanzas) -explica Estela-. Venían muchos barcos y fue un buen negocio». El régimen les dio dos opciones: permanecer como empleados o marcharse de la isla. «Nosotros no teníamos muchos bienes, pero había una familia en Cárdenas a los que les expropiaron muchas industrias, los Arechabala», añade Estela.
Y es que la empresa «José Arechabala S.A.» era muy conocida en Cuba. «Llegó a tener 1.200 empleados -matiza José Manuel Arechabala-. La fábrica estaba en Cárdenas, y las plantaciones de caña de azúcar en toda la provincia de Matanzas». José Arechabala y Aldama -bisabuelo del actual heredero- fundó en 1878 la destilería «La Vizcaya», que años después cambió de nombre. Sus hijos y más tarde sus nietos continuaron con el negocio. «La familia vivía entre Cárdenas y Varadero -recuerda José Manuel, que estuvo en Cuba hasta los 10 años-. Frente a la playa de Varadero teníamos dos casas, típicas de madera, de estilo colonial». También las perdieron tras la revolución.
Acuerdo entre Castro y González
Casi 30 años después de la revolución, en 1986, Felipe González -entonces presidente del gobierno- llegó a un acuerdo con Fidel Castro para indemnizar a los expropiados españoles. Cuba accedió a pagar algo más de 5.400 millones de pesetas como liquidación, en un plazo de 15 años; una cantidad bastante inferior a la solicitada por los afectados, unos 20.000 millones de pesetas. Una parte del pago se realizaría en efectivo (aproximadamente 1.800 millones de pesetas) y la otra en especie (aproximadamente 3.600 millones). Zumo, miel, café o sanitarios fueron algunos de los productos que Fidel Castro envió al estado español como pago a los expropiados.
El estado español adelantó el dinero a las familias -cerca de 1.500 solicitudes fueron aceptadas-, pero, a mediados de los años 90, Castro dejó de enviar dinero y bienes en especie al Banco de España. Todavía hoy Cuba no ha devuelto el dinero acordado. Desde el Ministerio de Asuntos Exteriores aseguran que los pagos están «paralizados», pero que ambas partes continúan negociando la deuda.
No todos los beneficiarios se acogieron a este plan de indemnizaciones. «Eran insignificantes -opina Javier Larrinaga, que hasta los dos años vivió en La Habana con su familia a la que el régimen expropió la industria siderúrgica que poseía-. Además, aceptar la indemnización significaba renunciar a poder recuperar nuestros bienes en un futuro».
De igual manera opina José Manuel Arechabala, al que le gustaría recuperar los negocios familiares. Los registros de propiedad y la fábrica familiar continúan existiendo, explica José Manuel, y añade que en los países del este de Europa «las propiedades fueron devueltas». «Mis hermanas y mis primos vemos con mucho cariño la posibilidad de volver a Cuba. Aunque sea a pasar los inviernos, que aquí hace mucho frío», bromea.
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De la esperanza a la frustración (por Oscar Espinosa Chepe)

Próximos a cumplirse 50 años de revolución, resulta necesaria una evaluación del período quizás más convulso de la historia de Cuba. Ese proceso iniciado con enormes esperanzas populares de cambio para enrumbar el país hacia una era de progreso y bienestar, que ha terminado en una inmensa frustración. En una involución en todos los campos: económico, social, político, cultural, demográfico y medioambiental, con daños severos en los valores espirituales de los cubanos, incluida la autoestima y la identidad nacional.
En el terreno económico, la agricultura mantiene baldías el 55% de las tierras cultivables, mientras se importa el 84% de los alimentos. La producción de la industria manufacturera en 2007 representó un 42,2% de la alcanzada en 1989. Al tiempo que tiene lugar una descapitalización de los medios de producción y un pronunciado declive del nivel de vida de la ciudadanía, con un salario medio mensual inferior a 15 euros a finales de 2007, y unas pensiones que no llegan a los 8 euros de media al mes. Se mantiene la venta mediante cupones de racionamiento de alimentos esenciales, que no alcanzan a satisfacer el 50% de las necesidades mínimas de la población. Y sigue incólume un doble sistema monetario por el que se pagan los salarios y pensiones en corrientes pesos cubanos, pero la mayor parte de bienes y servicios deben ser cotizados en aristocráticos pesos convertibles.
Ciertamente, hasta 1959 existía un gobierno tiránico, eran muchos los males sociales y parte de la población vivía en precarias condiciones, sobre todo en áreas rurales. Pero, pese a esos problemas, Cuba mostraba unos avanzados índices de desarrollo económico y social para los niveles de Iberoamérica y el Caribe. Y muy por desgracia, en estos 50 años no se han alcanzado las iniciales perspectivas de progreso suscitadas. Por el contrario, la nación ha sufrido un importante retraso en su desarrollo económico, tecnológico y social con respecto a los países del área.
Según el informe sobre desarrollo humano 2007-2008 del PNUD, entre las 33 naciones de la región, Cuba se ubica en el lugar 23 por su PIB per cápita. En el índice de consumo de electricidad por habitante ocupa el lugar 18 con 1.380 KW per capita, con un aumento de un insignificante 0,6% en el período 1990-2004, el más bajo en América Latina y el Caribe si se excluye Haití y Antigua y Barbuda. A ello se suma el atraso en el desarrollo de fuentes alternativas de generación de energía.
En nuevas tecnologías de comunicación, en 2005 Cuba ocupaba el último lugar. Los abonados a teléfonos móviles eran doce por mil habitantes y tenían acceso a internet 17 por mil habitantes. Es posible que el índice de abonados a móviles mejore, pues en el primer trimestre de 2008 el gobierno levantó la prohibición de disfrutar de tal servicio, aunque aún se mantiene el veto a internet salvo casos autorizados y muy controlados. Por desgracia, Cuba sólo se encuentra a la vanguardia en número de presos: con 487 por 100.000 habitantes, primer lugar indiscutido en la región.
Hubo avances en salud pública y educación gracias al legado de generaciones anteriores a 1959 y a las colosales subvenciones del bloque soviético, pero cuando se acabaron éstas la situación se deterioró notablemente.
Sombrías perspectivas
La situación actual, después de 20 años del llamado Período Especial y tras el azote consecutivo de tres huracanes, podría agravarse por la crisis económica internacional, que puede ser fatal en un país inerme, sin reservas y atenazado por un sistema que bloquea la capacidad creadora. El primer recurso exportable, el níquel, ha perdido ya una parte sustancial de su cotización en el mercado mundial. Además, pueden verse afectados los ingresos por envíos de dinero desde el exterior y por turismo. Y previsiblemente aumentarán las dificultades para obtener créditos internacionales. Incluso las ayudas de Venezuela podrían peligrar por la alta dependencia de esa nación de las exportaciones petroleras. Puede afirmarse que el proyecto de transformación social iniciado hace 50 años ha sido un fiasco. Lejos de aportar prosperidad y bienestar al pueblo, lo único que han traído estos años ha sido miseria, fragmentación de la familia cubana, atraso y aislamiento internacional.
Diciembre 30, 2008
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Llegan a Miami dos futbolistas
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