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De Roberto Ampuero, escritor chileno
Excelentísima Presidenta: En la carta pública que le dirigí a Ud. por este medio antes que iniciara su periplo a La Habana, le advertí que cuando un demócrata abraza a un tirano, el demócrata siempre termina con el poncho manchado. Es lamentable para la imagen de nuestro país que Ud., máximo representante de la nación, en Cuba haya terminado efectivamente con su traje manchado y sufrido una afrenta de parte de Fidel Castro que pasará a encabezar la sección "bochornos presidenciales" del libro de Guinness. El papelazo que el oficialmente "máximo líder de la revolución" la hizo pasar con el tema de la salida al mar para Bolivia me embarga de profunda frustración, pero no me sorprende. Se lo digo porque yo conocí el sistema y la forma en que Fidel Castro maneja la isla. Viví allá y conocí el socialismo real desde la perspectiva de la nomenklatura y como joven sin techo ni libreta de racionamiento. Su visita me sugiere a mí que Ud. nunca entendió lo que era el socialismo real, menos el cubano. De haberlo hecho, Ud. debió haber sabido dos cosas esenciales antes de aterrizar en la isla. Una, que el régimen cubano odia a Chile por su historia y porque es modelo esperanzador que proyecta en el mundo por su recuperación de la democracia y logros económicos. Otra, que Fidel Castro sólo respeta a quien no se pliega a sus dictados, a quien osa oponerse a él; que el resto no cuenta para él, pues son sólo o sus compañeros de ruta o bien despreciables subordinados. Es la lógica propia de todo dictador. Por esto sentí vergüenza ajena cuando este jueves la vi salir trotando, emocionada, olvidando el homenaje a Salvador Allende y a la colonia chilena allí reunida, porque Fidel Castro -que en estos meses no debe tener mucha agenda, que digamos- la había mandado a buscar para que se apersonara en una de sus residencias. Nunca imaginé que iba a ver a un Mandatario chileno corriendo enfervorizado y agitado por ver a un dictador. Le confieso que hubiese esperado, por respeto al cargo que usted ejerce, una actitud de estadista, más decorosa, quizás pausada y acorde con su investidura. Usted debiera saber, Presidenta, que cada uno de sus gestos, así como su trotecito y semblante emocionado por la perspectiva de ver al líder quedaron registrados para los funcionarios cubanos y fueron útiles a la hora de calibrar su estado de ánimo. Como Fidel Castro ya tenía conocimiento de su obsesivo interés por verlo a la hora que él dispusiera y se enteró después de su ansiedad gracias a su, a mi juicio, poca presidencial retirada del homenaje a Allende, se la echó en el bolsillo de la forma en que todos vimos con azoro. Ud. olvidó que él lleva 50 años en el poder, y para eso hay que ser además astuto. Lo inquietante es que las reflexiones de ayer de Castro demuestran que a Ud. ya la ve como un cadáver político. La sacrifica sin asco y revela al mundo la sensible conversación que Uds. habían sostenido, y que Ud. había callado ante los chilenos. Él no cree en la Concertación, Presidenta; su alternativa para Cuba y el mundo es otra. Ahora me queda claro, gracias a las reflexiones del comandante, que Ud. ni mencionó el tema de los derechos humanos en la isla, pero sí tuvo Ud. que escuchar su perorata antichilena y pro boliviana. Y el jueves por la noche, Presidenta, cuando Ud. aún ignoraba la sorpresa que Fidel Castro le preparaba, se dejó fotografiar en la Feria del Libro habanera con un Raúl Castro que sostiene mi novela, "Nuestros años verde olivo", en sus manos. Esto fue posible porque un stand chileno se atrevió a llevar copias de ese libro censurado en Cuba. En otra "jugadita" castrista, la Presidenta chilena contribuye a crear la imagen de que mi novela -así como las de centenares de autores cubanos y de la cultura mundial hoy censuradas en esa isla- puede circular libremente en Cuba. Usted, que conoció Alemania Oriental y otros países comunistas, sabe bien que allí no circulan libros críticos al régimen. Pero lo que son las cosas, Presidenta: ahora también Ud. enfrenta una situación difícil con la sorpresa que le deparó Fidel Castro y, al igual que yo, saboreará lo que es una dictadura. Nada de lo que Ud. diga con respecto a la forma en que le mancharon el traje, ni siquiera su rostro decepcionado ni el debate que estalló en Chile, aparecerán en medio cubano alguno. Pero tal vez un día, cuando haya democracia en Cuba, yo podré ir a la Feria del Libro de La Habana a presentar esa novela hoy censurada en la isla y revelar cómo Fidel Castro violó el acuerdo de que la conversación con Ud. sería privada, y la zambulló de lleno en el peor bochorno presidencial de estos últimos veinte años. Es increíble, señora Presidenta, que Fidel Castro le haya enrostrado a Ud. una supuesta injusticia ocurrida hace 130 años, y Ud. no fuese capaz de enrostrarle una injusticia que ocurre ante sus ojos. "Para los Castro, Chile es un país insoportable porque transitó de una dictadura a una democracia con estabilidad y prosperidad, y es hoy el gran símbolo -no Cuba- de la esperanza de libertad y prosperidad de millones en el mundo del Sur". Febrero 15, 2009 |