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La Habana, 15 de Agosto de 2005
Declaración
Un número de cubanos ha sido o está siendo objeto de actos de repudio por parte de grupos progubernamentales organizados por las autoridades políticas de Cuba.
Expresamos nuestra estrecha solidaridad con estos compatriotas, víctimas del odio de Estado, y rechazamos clara y enérgicamente los actos premeditados de violencia verbal y sicológica orquestados contra hombres y mujeres pacíficos, y en violación de las bases mínimas de la convivencia civilizada y de las normas del derecho internacional que proscriben el ejercicio de la violencia en todas sus formas.
Estamos frente a una reedición de la violencia de las porras machadistas de los años 30 del siglo pasado, reanimados entre nosotros en los años 80 y 90 con toda su secuela histórica de degradación, destrucción y odios entre cubanos, sus familias y comunidades. Realmente pensábamos que en el siglo XXI nuestros niños no verían más a sus padres y abuelos ejerciendo la violencia, mucho menos en su propio hogar nacional, y proyectando tanto odio e indecencia hacia el futuro.
El gobierno cubano no debe continuar sobrestimando su capacidad de control social por medios coercitivos ni llamando al ejercicio de la violencia. Debe buscar las fórmulas apropiadas para lidiar civilizadamente con el malestar y las demandas democráticas de los cubanos. La violencia solo llama a la violencia en medio de actos en los que se pierde el control sobre la vida o la muerte de los implicados. Estos actos pueden marcar el inicio de una confrontación fratricida para la que existe el caldo de cultivo necesario y en la que el gobierno tendrá las mayores responsabilidades. La función de los Estados es la de fomentar la convivencia pacífica entre los ciudadanos, no su mutua destrucción –sobre todo en Cuba con su larga tradición de violencia política. El diálogo es la única opción civilizada para afirmar y defender los puntos de vista diferentes, y la línea divisoria fundamental para distinguir los estados civilizados de los incivilizados.
El Arco Progresista quiere recalcar un punto crucial para Cuba. El gobierno cubano será el único responsable de una intervención extranjera –que rechazamos y no deseamos por principios– que de seguro se producirá frente al estado de disolución que generaría una confrontación civil desatada. Su estímulo de la violencia va, en este sentido, contra los intereses de seguridad nacional del país.
Los cubanos que queremos un país pacífico, decente, de actitudes cultas y reconciliado, soberano e independiente debemos unir fuerzas para reclamar la paz, el diálogo y la reconciliación. Nunca ha habido mayor urgencia.
Manuel Cuesta Morúa
Portavoz
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