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Por Manuel Talón Ávila, Jaruco *
Pormenores de un repudio frustrado

Soy Manuel Talón Ávila, vivo en el pueblo de Jaruco y soy, desde hace algunos años, delegado del Partido Solidaridad Democrática (PSD) en la zona Este de la Provincia Habana.

A continuación les narro “La Odisea”, y lo pongo entre comillas, porque lo que pretendió ser por parte de la Policía Política un acto de repudio contra mi persona, se convirtió en algo más importante, en un acto silencioso de desagravio a mi persona y por ende de apoyo a la oposición.

El día 14 de septiembre fui citado para el Departamento Técnico de Investigaciones- DTI de San José de las Lajas, para una entrevista con el Capitán llamado Carlos, el cual posteriormente me informó que, él y un Mayor que también me sigue los pasos, eran oficiales de Villa Marista —cuartel general de la Seguridad del Estado— y que estaban haciendo un trabajo profiláctico con todos los opositores de la zona y que igualmente serían citados. También se encontraba presente otro oficial que le llamaban Guilían, este trabaja en Jaruco y vive en Santa Cruz del Norte.

Estuve detenido desde las 9:00 de la mañana, hasta las 2:30 de la tarde, bajo fuertes interrogatorios y todo tipo de amenazas. A esa hora de la tarde fui trasladado para el pueblo de Jaruco, donde vivo, y en el que me esperaba un acto de repudio con más de 500 personas.

El Capitán llamado Carlos me llevó en un auto Lada hasta el mismo centro de la muchedumbre donde se encontraba un individuo, que con micrófono en mano arengaba a todas las personas que la Policía Política había llevado hasta allí. El individuo de marras gritaba a todo pulmón que yo era el mayor contrarrevolucionario de la región y que además, era un mercenario asalariado del gobierno norte-americano, que quien nos enviaba el dinero era Maritza Lugo y que igualmente otros contrarrevolucionarios de la zona como: Ignacio Padrón Navarro, Noris Rodríguez, René Barceló Ávila, Juan de Dios Duque González, Luis Martínez Caraballo y Alfredo Pascual Hernández, también eran mercenarios asalariados del imperialismo, dirigidos y organizados por el contrarrevolucionario y asalariado del gobierno Estadounidense, Fernando Sánchez López —todos miembros del PSD, que queríamos entregarle a Cuba a los americanos.

Después de que el personaje del micrófono terminó con su arenga, tratando de que las personas me agredieran o me lincharan, cosa esta que no resultó porque todo el que allí se encontraba se dio cuenta perfectamente, de que estaban siendo manipulados y que estaban asistiendo a una farsa montada por el gobierno. Resultó entonces lo inesperado, no para mí sino para los organizadores del acto, la Seguridad del Estado, que las más de 500 personas que habían asistido engañados al acto y que además me conocen muy bien, fueron bajando sus cabezas y abriendo espacio para que yo pasara conjuntamente con mi esposa que, se había unido a mi en cuanto yo bajé del auto, me di cuenta que estaban avergonzados, me di cuenta que fueron manipulados y engañados, me di cuenta también que en el silencio absoluto que se había instaurado en esos breves minutos, yo estaba sintiendo el apoyo moral y silencioso de todo ese pueblo que me vio nacer y crecer, sin haberle faltado nunca el respeto a ninguno de mis semejantes, por el contrario, siempre estuve y estaré presente cuando alguna ayuda necesiten de mí, sin mezquindad alguna y mucho menos a cambio de intereses políticos. Para mí fue ese momento un reconocimiento tácito a la labor que vienen desempeñando mi partido el PSD y todas las fuerzas opositoras dentro de la isla.

No quiero terminar sin antes expresarles, que todos los miembros del PSD estamos concientes de la labor que realizamos y que nunca hemos sido asalariados ni manipulados por nadie, sólo nos asiste el derecho de luchar por lo que creemos justo. En Cuba no existe la justicia, ni se respeta la integridad ni la dignidad de la persona. En Cuba no existe gobierno alguno, sólo se acepta, se cumple y se hace según los designios de un hombre, contra estos males luchamos por derecho propio, por conciencia, sin pedir permiso a nadie, porque nadie es dueño de las personas ni del país donde nacimos.

Me honro en pertenecer a un partido muy serio, que lucha de forma pacífica y moderada por cambiar el status actual de colonos al servicio del dueño de la finca, por una Cuba, libre, soberana, democrática y en la cual exista un gobierno verdadero, sin otro afán que no sea, el de servir a su pueblo.

* Para el BISL: Buró de Información Solidaridad Liberal / Septiembre 24, 2005
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