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De el Arco Progresista, La Habana
El Arco Progresista reflexiona sobre lo que pasa en Cuba


En este pequeño análisis pretendemos poner en perspectiva la realidad cubana desde tres ángulos fundamentales: el político, el económico-social y el interna-cional.  

El enfoque que empleamos es el de la seguridad nacional. No en su acepción más común, vinculada a los peligros que las políticas de un país representen para otro, sino en la del peligro que para la continuidad estratégica de una nación implican las políticas de su propio gobierno. Analizada en el largo y mediano plazo, las políticas del gobierno cubano son ya un peligro para la seguridad nacional de Cuba.

En lo que significan para la cohesión nacional, para la reformulación de un modelo político que represente a todos los cubanos, para un modelo que dé sustento físico y económico al país y para unas relaciones internacionales que estabilicen el sistema de vínculos externos según criterios hemisféricos, culturales y de inserción en el juego del derecho internacional, las políticas del Estado están implosionando a la nación cubana.

No exageramos cuando decimos que Cuba hoy es sólo una entidad de poder físico e inamovilidad social como resultado de los fuertes controles policíacos de la sociedad y de la ausencia de referencias políticas que destraben la inercia de los ciudadanos.

Es sintomático que la fuerte inquietud social que se observa por toda la Isla, en menor o mayor grado, no se exprese en inquietudes políticas socialmente impor-tantes. La razón estriba en la represión estructural, en el juego de complicidades entre el Estado y los ciudadanos, fundado en la precaria oferta de servicios básicos y en nuestro pragmatismo cultural, y en la ausencia de referencias políticas visibles para todos.

En los últimos años la oposición ha venido ganando en representatividad y visibilidad, pero requeriría más tiempo y afinamiento de sus estrategias para lograr revertir la situación presente.

Políticamente por tanto hay un vacío simbólico de poder que es llenado constantemente por la represión del Estado y el control efectivo de los medios de comunicación social. En términos sociológicos, sin embargo, las estructuras políticas del Estado significan muy poco para la sociedad. Del mismo modo que todavía no significan algo importante las instituciones de la naciente sociedad civil. De ahí el vacío que trata de llenarse con un nuevo populismo “revolucionario” y con el bloqueo a la relación y comunicación horizontal de la sociedad: aquella que conectaría, independientemente del Estado, a los ciudadanos entre sí. Un ejemplo de que la sociedad ya no se siente representada por el Estado está en la proliferación de las instituciones horizontales que son permitidas, como las iglesias y otras formas religiosas menos formalizadas, y las que son toleradas: sociedades para las prácticas cultuales o simplemente de ayuda mutua. Para un Estado que se organiza de cara a lo social y a los valores, está no es una noticia edificante. ¿Qué no pasaría entonces en una atmósfera de mayor tolerancia?

La solvencia del Estado cubano está sostenida únicamente en las lealtades naturales que regímenes de tan larga duración lograr mantener, en la complicidad de la corrupción y en los intereses de grupos que se sitúan en cómodas posiciones de espera. 

En esta situación se está planteando un fenómeno peligroso. La descomposición económica, la descomposición legal, la descomposición institucional, la descomposición ideológica y la falta de políticas cohesivas están teniendo su reflejo en la descomposición moral del Estado. El hecho de azuzar el conflicto civil como política de Estado frente a la inquietud y las alternativas que expresan grupos de ciudadanos es un fenómeno que está atacando las bases de la civilización en Cuba. En tal sentido, los actos de repudio, que nada tienen de espontáneo y si de política de gobierno, ponen en peligro la seguridad nacional en tanto ponen en función la capacidad desestabilizadora de quien más recursos tiene para hacerlo. A diferencia del resto de América Latina donde la sociedad desestabiliza al Estado para provocar cambios de gobierno, en Cuba es el Estado quien amenaza con desestabilizar a la sociedad para reproducir y afianzar su poder. El empleo de la violencia civil organizada desde el poder es un hecho que solo conocemos en algunas naciones de África.    
                                    
¿Qué está sucediendo en términos económicos?                                               

La propaganda autocomplaciente de las autoridades cubanas asegura que la economía del país exhibe crecimiento y solvencias ejemplares, pero a pesar de la manipulación y ocultamiento de la información, la crisis generalizada y hasta ahora insoluble que nos ha golpeado por muchos años imprime un deterioro sin límites a nuestro cuerpo económico y muy duras condiciones de vida al ciudadano común.

La economía cubana sufre las consecuencias del pecado original del sistema de centralismo estatista con su invariable hipertrofia burocrática, ineficiencia, improductividad, retraso tecnológico, falta de estimulo y consiguiente desinterés de los trabajadores, lo que se hace acompañar por la corrupción.

Ante el derrumbe de los vínculos con el extinto bloque socialista ¾relación que garantizaba una segura pero precaria estabilidad económica¾ el gobierno cubano decidió adoptar mecanismos capitalistas otorgando a los extranjeros los derechos y espacios que niega a sus ciudadanos.

La larga saga de centralismo, voluntarismo y experimentos fallidos ha provocado la depauperación y parálisis de los sectores tradicionales de la economía como la industria azucarera, hoy prácticamente desmontada con graves repercusiones para la realidad económica y social del país, la agricultura no cañera —incapaz de satisfacer con un mínimo de calidad y precios asequibles las necesidades alimentarías de la población que debe padecer la escasez y los altos precios en la medida en que el país padece de una bajísima tasa de seguridad alimentaría— la ganadería, que ha visto descender la masa bovina a niveles de la década de los años 20, o el trasporte marítimo de carga, con la otrora gigantesca flota reducida casi a la nada, lo cual impone altos costos al comercio internacional  y condena al desamparo laboral a muchos trabajadores del sector.

Los sectores emergentes —turismo, biotecnología, empresas mixtas con capital extranjero en diversas ramas— que a partir de la década de los 90 debían rescatar al país del abismo de los subsidios perdidos han demostrado total incapacidad para impulsar la recuperación real y definitiva de la economía cubana y se encuentran en estado de costoso estancamiento o en franco retroceso.

Ante el fracaso de estas alternativas —que deja al país con un balance comercial muy desfavorable y altamente endeudado— las autoridades cubanas han preferido ir desmontando las tímidas reformas que a mediados de los años 90 concitaron la esperanza de los ciudadanos y los observadores internacionales para buscar en la esfera de la circulación y en los vínculos externos la solución a la hasta ahora insoluble crisis; persistiendo así en la negativa a abrir espacios legales a la participación de los nacionales, liberalizar la fuerza de trabajo y crear un dinámico mercado interno.

Los considerables montos de las remesas monetarias que cada año envían a la isla los cubanos exiliados o los que residen temporalmente en el exterior, los exorbitantes precios que el gobierno cobra por productos de muy baja calidad en las tiendas que venden en divisas, a lo que se agrega el gravamen sin precedentes que ha impuesto a la circulación de divisas extranjeras constituyen la principal fuente de ingresos a la economía oficial.

Con la erogación en los últimos años de más de 1200 millones de dólares para comprar productos agropecuarios a proveedores norteamericanos en condiciones nada favorables —pago al contado, no acceso a créditos y sin posibilidad de vender— el gobierno cubano de un solo plumazo pone una parte considerable de las disponibilidades alimentarias del país en manos de su principal adversario, profundiza la descapitalización de la agricultura cubana, sector que con esos recursos financieros bien administrados podría producir todos los renglones que nos llegan del “vecino enemigo” echando además por tierra su retórica integracionista y antiimperialista al despreciar como proveedores a los países del subcontinente y convalidar con esa desbalanceada relación comercial las medidas proteccionistas norteamericanas que son piedra de conflicto en las relaciones económicas del hemisferio.

Una vez más el alto liderazgo de la isla busca en los vínculos y compromisos con un gobierno extranjero, con identidad de intereses políticos y cuantiosos recursos económicos, el soporte material a sus diseños y estructuras. La actual alianza político-económica con el régimen de Chávez aporta  importantes cantidades de hidrocarburos para el consumo nacional,  y al parecer también para la reexportación, a cambio de reservar privilegiados espacios económicos, hospitalarios y educacionales a los empresarios, pacientes y educandos enviados desde Venezuela.

Una fuente importante de capital financiero y político para el gobierno cubano es la exportación hacia ese país, principalmente, de una cantidad considerable de especialistas y técnicos de las mas variadas ramas del saber y la economía. Tal dimensión alcanza la erogación de médicos y técnicos de la salud que el sistema de atención primaria y hospitalaria esta al borde del colapso.

Son tan duras y precarias las condiciones de vida y trabajo de los profesionales cubanos, es tan poco el reconocimiento social de que gozan, que es muy fácil para el alto liderazgo de la isla enviarlos a cualquier rincón del mundo donde pueden obtener para si y sus familiares parte de las ventajas materiales que no pueden alcanzar en su país.

Varias ventajas pretenden obtener las autoridades cubanas de este trasiego de solidaridades políticamente inducidas: alejar la independencia cívica tan incomoda para los intereses políticos del régimen al exportar capacidad, talento y éxito de los profesionales y técnicos a otros países; recursos financieros que generan estas misiones de colaboración, e influencia y prestigio que no pudo lograr con la expor-tación de la violencia revolucionaria. 

Pero Cuba no cuenta hoy con renglones productivos que puedan impulsar el renacimiento económico del país ni los ciudadanos cuentan con mecanismos y recursos para enfrentar los mas acuciantes problemas que agobian a la sociedad entre los que destacan el altísimo costo de la vida, el exorbitante déficit de vivienda y deterioro del fondo habitacional, el colapso generalizado del sistema de transporte, el creciente subempleo real y la ausencia de perspectivas para los profesionales y técnicos que no sean exportables.

El gobierno cubano no demuestra voluntad ninguna de respetar los derechos económicos de sus ciudadanos abriendo espacios y otorgando garantías jurídicas para la participación y las iniciativas independientes. Ante el peligro que para su poder significaría la tan necesaria apertura económica, las autoridades cubanas intentan enfrentar las carencias y retos del momento implementando diseños y medidas abiertamente populistas incapaces de satisfacer las necesidades materiales de la sociedad y las ansias de libertad de los ciudadanos. Prefiere adoptar un capitalismo de Estado rentista y mercantilista a trabajar en la creación de un sólido terreno económico que de garantías de continuidad económica a la nación. De este modo el vaciamiento económico del país es un daño, no sabemos si irreparable, a la seguridad nacional de Cuba.

Por último y en el ámbito internacional, el gobierno busca un realineamiento estratégico con países que ofrezcan alguna complementariedad política, independientemente de sus regímenes sociales y económicos. Para un país que no es potencia en el orden internacional resulta extraña su relación con países tan distantes como Zimbabwe, o Irán, en detrimento de sus relaciones en el Caribe, o con la Venezuela de Hugo Chávez y no el Brasil de Lula.  Ello responde a las alianzas de alfileres con gobiernos, más que sociedades o sistemas políticos, que satisfagan una mínima cuota de autoritarismo y de oposición doctrinal a los Estados Unidos. De ahí que al gobierno cubano no le interese realmente el levantamiento del embargo ni un cambio de política sustancial de los Estados Unidos. 

En esta dirección, sus relaciones con Europa son de oficio. No le interesa su dinámica ni su profundización porque ellas implican lo que todos sabemos: exigencias demo-cráticas y de respeto a los derechos humanos.

El aislamiento es, de tal modo, el crédito político otorgado para la prolongación del régimen, de la misma manera que la relación con Venezuela, puramente clientelar, es el crédito económico para su precaria reproducción social y económica. En tal sentido, el gobierno cubano no construye unas relaciones internacionales sólidas y estables, que privilegien su entorno geográfico y cultural, sino relaciones puntuales de las que pueda depender la supervivencia del gobierno.

Cuba se aboca a una implosión o a una guerra civil para las que están creadas todas las condiciones. De continuar la inmovilidad pues el país perdería las mínimas capacidades que le quedan para relanzarse. De abrirse una fisura, podrían manifestarse en choque todas las tensiones acumuladas: desde las sociales, pasando por las culturales, como las que provoca el racismo, hasta las políticas. Los dos escenarios son bien posibles.

Se requiere de nosotros cohesionar fuerzas e intereses, no obstante la diversidad, en tres direcciones fundamentales: un proyecto de nación inclusivo, una reformulación de las estrategias políticas de cambio y un compromiso claro con la independencia y soberanía del país.

Sede de Referencia: Edificio C-11 Apto 4 Zona 6 Alamar. Habana del Este. Ciudad Habana. Cuba. Telefax:+53-(0)7-93 09 12. Celular (para contacto solamente) 05 284 03 88

Octubre 15, 2004
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