Por Lic. Oscar Espinosa Chepe*
Una conmemoración extraordinaria
Juan Carlos I arribó al trigésimo aniversario de su ascenso al trono de España el pasado 22 de Noviembre. Aunque celebrado con discreción por deseo expreso del monarca, no dejó de constituir un acontecimiento de relevancia internacional, reflejado profusamente en los medios de difusión, excepto en las sociedades totalitarias, donde aunque algunas veces se guarden las apariencias, en el fondo se vea en el Rey un ejemplo molesto.
En realidad, esta fecha es una fiesta para todos los verdaderos demócratas y luchadores sinceros por la felicidad y el progreso del ser humano. Juan Carlos I, educado para hacer sobrevivir el totalitarismo en España, se convirtió en un factor esencial del tránsito de su país hacia la democracia, logrado en un marco de reconciliación nacional y respeto a los derechos humanos. Junto a Nelson Mándela, Vaclav Havel y otros grandes paladines de la libertad y la prosperidad de los pueblos es una obligada referencia y ejemplo en este mundo tan complejo en que nos ha tocado vivir.
Si en España, después de una de las contiendas más sangrientas que recuerde la historia, y una prolongada y cruel dictadura, que produjo profundas heridas y divisiones en el seno del pueblo, pudo lograrse el abrazo nacional y una sociedad sin vencedores ni vencidos, se debió en gran parte a la sabiduría y calidad humana del Rey Don Juan Carlos y otras personalidades como Adolfo Suárez y Felipe González. Con su hacer político, ellos realizaron una proeza que por su importancia rebasó las fronteras de la península.
Por supuesto, a nadie debe sorprender que tanto en España como en cierta isla del Caribe, algunos no quisieran sumarse a los festejos por la ascensión del Rey al trono. Son los herederos de quienes se opusieron al totalitarismo franquista, no por vocación democrática y defensa de los verdaderos intereses del pueblo español, sino porque hubieran deseado ser los mandones del pueblo ibérico, en lugar de la falange y las demás formaciones fascistas.
Para los cubanos esta conmemoración tiene un significado muy especial. En primer lugar, porque el totalitarismo puede ser vencido, cuando se aúnan las voluntades y los esfuerzos de los patriotas dejando de lado las diferencias. En segundo lugar, y no menos importante, debido a que la victoria puede ser lograda mediante la reconciliación nacional y el aislamiento de los fundamentalistas totalitarios de izquierda y de derecha.
Estamos seguros de que dentro del propio régimen imperante en Cuba, como sucedió en España, existen compatriotas preocupados por la terrible situación nacional. Para ellos cada día debe ser más claro que por encima de diferencias ideológicas, hoy más que nunca están en juego los intereses de la Patria. Las experiencias de nuestros hermanos de sangre y cultura nos demuestran que el único camino posible es el de la concordia y la reconciliación entre los cubanos.
*Lic. Oscar Espinosa Chepe Economista y Periodista Independiente
Noviembre 29, 2005
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