Por Miriam Leiva
El pueblo sufre las consecuencias
El viejo auto americano de los años 30, 40 ó 50 maquillado se acerca a la multitud, que se empuja para sacar la mano primero y lograr un asiento, incómodo para tres personas pero que alojará a cuatro detrás, y dos más el chofer delante, todos convenientemente apretados y aliviados de haber conseguido salir de la esquina distante del lugar de destino. ¡Quién sabe cuándo llegará el próximo ómnibus o sea la cubana guagua!
Las señas del folclórico propietario del "Almendrón" , como popularmente se llama a estos vetustos taxis para nacionales y en pesos cubanos, ya son bien conocidas por la población. Quizás su mano indica hacia delante, a izquierda o derecha, y los presuntos clientes insistirán en abordar el vehículo o se acercara presto otro.
Entre el gentío alguien logra decir al chofer el lugar hacia donde se dirige, y éste presto responde: Sí, aunque para allí ahora son 20 pesos. La cara de la cubana desgreñada por el forcejeo hace una mueca y protesta: ¡Si siempre ha costado 10! No hay arreglo, lo toma o lo deja. Sale alegre el Almendrón, con esa música que ya no se disfruta, porque se imponen los ritmos más estridentes a decibeles tan elevados, que dentro de poco toda la población será sorda. Si algún cliente pide que bajen el volumen, el alterado conductor (como la mayoría de los cubanos ahora) usualmente se molestará y hasta amenazará con bajarlo del auto.
Tan pronto se pone en marcha, una señora irónicamente pregunta si el Vedado ha subido de categoría y la Habana Vieja se ha alejado, porque de la Lisa al Vedado y de este a La Habana hay que pagar el doble. Por suerte, el anfitrión lo toma con calma. Explica que desde que el gobierno está apretando aún más, los taxistas tienen que gastar 15 CUC (pesos cubanos convertibles) diarios en combustible, que él cobra en pesos cubanos normales, por lo que tiene que salir a buscar una CADECA para cambiar el dinero, pero pocas hacen la operación de venta de divisa, de manera que debe andar La Habana y hacer cola. Con sentimiento de comprensión dice: "Ustedes son los que pagan las consecuencias"
Comienzan los comentarios y las preguntas. La señora respira profundamente; ella desde enero está pagando mucho más por la electricidad. Por supuesto, continúa el hombre, y pagaremos más por todo, porque cuando cosas tan necesarias suben, lo demás tiene que seguirle. El está obligado a mantener el auto en muy buen estado, no sólo porque es la fuente del sustento de su familia, sino por todos los controles y exigencias del gobierno. Recientemente, tuvo que pintarlo por 280 CUC, cada goma cuesta 106 CUC, el acumulador 80-85 CUC, el litro de petróleo 0.75 CUC - y además te anotan el nombre y el número de licencia cada vez que compras el producto en un CUPET (garajes, ahora controlado por jóvenes trabajadores sociales, porque los "pisteros" fueron enviados a casa hace meses "para impedir el robo"). Eso sin contar las multas impuestas por los inspectores para diversos propósitos, y los policías siempre a la caza.
Alguien detrás comenta que el transporte público continúa de mal en peor. Se ha anunciado que será mejorado próximamente, y que los precios se aumentarán. Se producen los lógicos intercambios de opiniones bastante escépticos o malhumorados. Los salarios y pensiones son muy bajos, pero todo sube y sube...; Yo lo que quiero es visas para mi, mi mujer y mis hijos, para irme y les dejo todo! -revienta en un exabrupto emocional alguien- Hubiera podido hacerlo cuando se fue mi papá y mi hermano, pero no iba a dejar a mi familia. Únicamente yo tenía derecho a visa. No me arrepiento, porque no puedo abandonarlos y contentarme con enviarles dinero desde allá.
Tristemente, los cubanos ante la imposibilidad de solucionar los problemas que los agobian, siguen la única senda que el gobierno cubano les ofrece: "Si no les gusta, cállense; preparen los papeles o juéguense la vida en el mar; y váyanse". Cada día es mayor el descontento popular, sin que las autoridades brinden soluciones a los crecientes problemas; crecen las desigualdades y las tensiones sociales. También aumenta la toma de conciencia sobre el gobierno por capricho.
Miriam Leiva
Periodista Independiente.
Febrero 01, 2006
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