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De repente, después de 30 años de su destitución, reaparece en la esfera pública Luis Pavón, otrora presidente del Consejo Nacional de Cultura. Esto ha desatado una polémica que reproducimos en varios capítulos, por lo extensa.

 

Capítulo 2

 

REYNALDO GONZÁLEZ (síntesis de dos mensajes):

Cualquiera diría que al refrescar la imagen nada constructiva de Luis Pavón se trata de una reivindicación de sus ímprobas bondades. No creo que sea pura coincidencia. Existe una tendencia en pensar que las víctimas de un atropello -en este caso un error histórico, aunque la palabra se haya banalizado- aumentan el crimen padecido. Se ve así desde los que cometieron el crimen y desde el silencio de indolentes acunados en sus posiciones.

 

Ocurre con el holocausto de los hebreos por el nazismo. Al homenajear al culpable -directo o instrumentalizado- de un error enorme, de los que no se curan con timonazos, se está sancionando favorablemente sus hechos, su culpa. La televisión y sus responsables -los que residen en L y 23 y los distantes- han dado un paso alevoso, despectivo hacia el padecimiento de los protagonistas de la cultura cubana que fueron sumergidos en el desprecio y condenados al ostracismo en un período cuyas torceduras todavía no se han curado. Se silencia la voz de los ofendidos y se le devuelve la voz a la cara mostrable de los hechos. Su reivindicación es nuestro escarnecimiento. Tienes razón, Jorge Ángel, en todo eso hay algo más que torpeza e insensibilidad, o inadvertencia. ¿Demoraremos en ver a Carlos Aldana nuevamente dictando "orientaciones" a "las partes blandas de la sociedad"? ¿Vuelven "los duros"? ¿Cuántos creadores de verdad, que aportan a la cultura cubana, no han sido reconocidos todavía por la televisión mientras reciclan sus "protagonistas", sacados de un troquel tiránico, siempre agazapados a la espera del turno del revanchismo? ¿Es la televisión un ente aparte de la cultura cubana?

 

Te autorizo a utilizar estas  opiniones. Algo haremos, con prontitud, para ponerlo en manos de quienes dirigen la cultura desde el Ministerio correspondiente y desde el Partido. El montaje de la "entrevista" fue muy elaborado, las imágenes, que como se ha dicho, "dicen más que mil palabras", colocaban a Pavón en un altar patriótico. Quienes orquestaron esto quizás pasan por alto los sufrimientos, las desapariciones, el horror de un período cruel, ensañado, que no se ha ventilado en su virulencia y en sus consecuencias ulteriores. Cada cual ve la feria como le fue en ella. Siempre he pensado que Pavón cumplió órdenes, pero con un placer de torturador nazi, en el afán de situarse como "poeta" -ya conocemos a otro "poeta", Aldana, quien nos vio y trató como a blandengues y manejables, y que fue demasiado lejos--, y otros, de aquella época, incluidos los que ahora, con la misma furia, desde la otra orilla agreden a la revolución y no cesa en demeritarla.

 

Pudiéramos sacar cuentas de cuántos de los privilegiados de la época aldánica o del pavonato están hoy en la trinchera opuesta: sencillamente, los más connotados. Lo que ahora ocurre es un ultraje a la memoria de Virgilio Piñera y Lezama Lima y otros que murieron sin ser reivindicados. Véanse las fechas, algo que echa abajo la teoría de un período breve. El reconocimiento a este hombre, que ahora como la vieja dama de la pieza teatral "enseña sus medallas", ha soslayado, con un truco demasiado explícito, el período en que él manicheó  como un dictadorzuelo colonial la cultura cubana y los destinos de sus hacedores. Las fotos en que se exhibe con los líderes de la revolución se han puesto como una rehabilitación, una sacralización. A él, que a tantos demonizó. Ha sido, por la latencia de esta posibilidad, quizás como gato escaldado, que durante años he alegado por una revisión ecuánime y fuerte de lo sucedido en aquellos años negros y su secuela. No quiero pensar que la ocasión regrese. Y creo que rápidamente debemos impedirlo. La insensibilidad e insolencia con que el icrt lleva demasiado lejos sus compromisos, de la clase que sean, evidentemente, no son los compromisos y las ideas de la actual política cultural. Debo entenderlo como intento de revivir la más nefasta época que ha vivido la cultura cubana.

 

ANTÓN ARRUFAT

 Preocupaciones compartidas  El viernes 5 de enero, y en un horario casi estelar, en el programa Impronta del canal Cubavisión, dedicado, como indica su título, a aquellos creadores que han dejado una "impronta" en la cultura nacional, tanto en las artes como en la ciencia y el deporte, se presentó uno dedicado a la exaltación mediática de Luis Pavón Tamayo. Fotos con altos dirigentes del país, portadas de sus escasos libros, paneo sobre una multitud ostentosa de medallas, y una entrevista acerca de su presente, de la labor que realiza en la actualidad. Con voz casi inaudible y manos vacilantes, el televidente creyó oír que "asesoraba" no supo bien qué institución o qué editorial.

 

Terminada la emisión de este programa, la inmensa ciudad de sus víctimas, cientos de ellas felizmente todavía vivientes, comenzaron a llamarse por teléfono horrorizadas de que la actual Televisión Cubana, más de treinta  años después de aquellos oprobiosos acontecimientos, dirigidos por el hoy  inmaculado Luis Pavón Tamayo, dedicara parte de su precioso tiempo y  espacio a uno de los personajes más execrables, incluidos los tiempos coloniales y neocoloniales, de la historia de la cultura cubana.

 

 Allí estaba, sin duda, quien durante cinco largos y estériles años, presidió la institución rectora de nuestra cultura, desde su alta torre del  palacio del Segundo Cabo, frente a la Plaza de Armas. Allí estaba hablando como si nada hubiera ocurrido, lavado por arte del ocultamiento, de toda responsabilidad con su conducta de aquellos años. Ni el texto encomiástico  que un locutor leía, en el que las víctimas televidentes se enteraron por  primera vez de su importancia como poeta, ni las incoherencias musitadas del entrevistado realizaron alguna referencia, ni por un segundo, al pasado ominoso de quien presidió durante esos cinco años el Consejo Nacional de Cultura. Es decir que todos habían tomado el agua del Leteo, que da el olvido, y que esperaban que las víctimas, por el contrario, recordaran a su verdugo. Alli estaba, vestido de blanco, el gran parametrador de importantes artistas, ahora si de verdad, el que los persiguió y expulsó de sus trabajos, el que los llevó ante los tribunales laborales, los despojó de sus salarios y de sus puestos, quien los condenó al ostracismo y al vilipendio social, quien pobló sus sueños con las más atroces pesadillas, el que anuló la danza nacional, mutiló funciones del guiñol, quien llevó al exilio a artistas dispuestos a trabajar en su país y dentro de su cultura, quien persiguió a pintores y escultores despojándolos de sus cátedras y de la posibilidad de

 exponer sus obras, el gran censor de músicos y trovadores, allí estaba quien enseñó a los artistas cubanos un ejercicio apenas practicado en nuestra historia, el de la autocensura, inventor y propiciador de la mediocridad que llenó todo su período con obras que hoy felizmente a nadie le interesa recordar, sabiduría crítica que los dirigentes de la televisión y sus responsables ideológicos no han sabido imitar. Allí estaba alguien que, con una vocecita en apariencia inofensiva, creó e inculcó en el trabajo cultural, como observa con justicia Desiderio Navarro: "estilos y mecanismos de dirección que ha costado décadas erradicar".

 

 Estos hechos históricos, escamoteados por decisión de alguien, sin embargo debieron ser conocidos por los televidentes -- las víctimas los conocen en carne propia--, principalmente las nuevas generaciones que carecen de información sobre tal período. Así la impronta de Luis Pavón Tamayo en la cultura nacional podría ser juzgada con justicia por todos. Por supuesto no es el único cadáver insepulto que la Televisión Cubana trata de poner en circulación, sin que se sepa hasta hoy con justeza el porqué. Hace poco las víctimas de Jorge Serguera, antiguo Presidente del ICRT, lo vieron gesticular entre las velas de una especie de capilla ardiente, sin que se le moviera un músculo de la cara, sobre sus años de dirigente persecutor. Este tampoco pidió excusas, y muy por el contrario exclamó envanecido que no se "arrepentía de nada". Sus víctimas, en otro sentido, tampoco tienen nada de que arrepentirse. No obstante estos dos insepultos no son los únicos.

 

Hace unos meses en un programa del Canal 2,  Diálogo abierto, por igual en horas de alta audiencia, fue entrevistado uno de los ranchadores de la administración de Pavón, Armando Quesada, a quien encargó que se ocupara con esmero de "limpiar" el movimiento teatral cubano. Así lo hizo, claro, por el tiempo en que su mayoral estuvo en el poder. La única "medalla" que se le puede acreditar a Luis Pavón Tamayo no figura en la vanidosa colección que las cámaras, desplazadas hasta su propia casa, con luminotécnicos y maquillistas acompañantes, tomaron inclinadas sobre una mesa dispuesta como para una puesta teatral. Esta "medalla" es la que se ganó en justa lid cuando el Tribunal Supremo fallara en su contra por "abuso de poder" y por medidas "inconstitucionales" contra los trabajadores de la cultura. Es su mayor mérito, y el más original: es casi el único dirigente de la Revolución que lo ha obtenido. Ahí están las Gacetas Oficiales con los diversos fallos, varios en total, que provocaron, en gran medida, su destitución.

 

Quizá para un filósofo determinista, Pavón no es responsable absoluto de sus acciones al frente del Consejo. Es en cierta y oscura medida una víctima posterior del pavonato, que él mismo instrumentó. En tal observación se encuentra una parte de verdad. Como en la teología católica las estrellas inclinan pero no fuerzan el albedrío, en las modernas doctrinas sociales las circunstancias, el complicado tejido de la sociedad de una época, inclinan también, como nuevas estrellas terrenales, pero no fuerzan el albedrío. De acuerdo con la libertad humana, aún en las condiciones más férreas, puede el hombre negarse, discutir, proponer soluciones diversas, influir, o al menos no excederse en la violencia.

 

Tal vez el hecho de que Pavón se excediera, propicia en sus víctimas explicaciones ya de carácter sicológico. Hay deseos, placeres, fobias, envidias que contaminan cualquier decisión en apariencia imposible de no cumplir. Cuando comenzó la rehabilitación de los artistas y escritores que Luis Pavón Tamayo intentó aniquilar para siempre, y la política cultural entró en el período de las revolucionarias rectificaciones, y las víctimas del pavonato fueron reconocidas en su valor como creadores, el viejo Ex-presidente se acercó a uno de sus amigos para advertirle, con parecidas palabras a éstas, no te comprometas demasiado con esos que ahora son Premios nacionales, pronto a todo esto se le dará marcha atrás. Extraño pensamiento en un marxista declarado: concebir el tiempo histórico como un eterno retorno.

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Enero 20, 2007
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