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POR TOMÁS G. MUÑOZ, Málaga
La izquierda bananera

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n el palomar de la izquierda iberoamericana, el ya clásico Regreso del Idiota [1]  destapa  dos nuevos nichos, el  carnívoro, de los Castro, Chávez, Morales, Correa, y acaso Ortega o Kirchner, y  el vegetariano, de Lula, García,  Bachelet, Lagos y Vázquez.  Los carnívoros desprecian el juego democrático y abrazan el estatismo al máximo posible; los vegetarianos son populistas ma non troppo,  aunque se rodean de aptos profesionales que conocen los peligros del Estado-Patrón.

La historia de España también ha visto alguna izquierda insólita: según el hispanista Stanley  G. Payne [2], las raíces están en los “exaltados de la extrema izquierda,” rebeldes contra Fernando VII en el llamado Trienio Liberal (1820-23).  Pierden y pagan con sus vidas, aunque sus ideas liberales [que no tienen nada que ver con el liberalismo clásico europeo], perduran en el horizonte político español.    Su segunda hora llega en 1931, tras el colapso de la monarquía y el establecimiento de la II República, que llevan al poder a unos elementos de la izquierda radical cuyo pensar es afín al de los de un siglo antes: todos nuestros opositores son reaccionarios, ergo ilegítimos e ineptos para participar en la vida política.  Al referirse a ellos, Payne acuña la expresión Izquierda Cañí {3], que tan bien pinta a aquellos demócratas, que, pucho colgando de labios apretados, boina, alpargatas y vetustos rifles, incendian conventos e iglesias, asesinan a sus ocupantes o fusilan (sic) al monumento del Sagrado Corazón en Getafe, cerca de Madrid. Por supuesto, las secuelas de treinta y pico años de dictadura franquista engendran especímenes que igualmente sostienen que quienes no piensan como el régimen son rojos o masones, ergo ilegítimos e ineptos para participar en la vida política y merecedores del garrote vil o la cárcel.  En esos tiempos, la izquierda española sólo tiene un hábitat, el clandestinaje.

Desfilan las décadas, muere Franco en 1975, regresan sus opositores, se agrupan las fuerzas políticas, y se establece la democracia plena en 1977-78. Entonces irrumpe la lucha generacional por la primacía en las izquierdas: los comunistas, (PCE) muchos de ellos veteranos de la Izquierda Cañí, y los socialistas (PSOE), mayormente jóvenes, universitarios, y de ideas más modernas.    Con su estructura y pensamiento rígidos, el PCE no consigue levantar vuelo, y sus sucesivos reveses electorales lo llevan a una diminuta representación en el Congreso ─hoy, un escaño, de 350.  Mientras tanto, el PSOE gana por mayoría las elecciones de 1982, se mantiene en el poder hasta 1996, y lo retoma, hasta hoy, en los comicios de 2004.  Gústenos o no, una buena parte del PSOE ha  representado a la corriente principal de la izquierda española, democrática, no marxista y relativamente liberal (en el sentido europeo).

Aparece Rodríguez Zapatero
En las generales de marzo de 2000 el  Partido Popular (PP) gana por  mayoría. Dentro del PSOE se producen las lógicas cacerías y ajustes de cuentas: perdidas las elecciones, el ala histórica está desprestigiada, y es menester encontrar un nuevo Secretario General que haga frente a José María Aznar y sus heavyweights.  En el congreso socialista de julio de ese año,  la apretadísima victoria cae sobre un desconocido José Luis Rodríguez Zapatero, larguirucho abogado de la Castilla profunda, sin más experiencia laboral que la política lugareña,  neófito en el entorno exterior de España.  Toca preguntarse qué diablos se posesionaron de aquellas gentes para que, de cara a un PP mayoritario, eligiesen a este peso liviano como líder de la oposición.

Aunque favorito en las encuestas, el PP pierde las elecciones del 14 de marzo de 2004 como secuela de un horrendo atentado en Madrid, tres días antes. Ya en la Moncloa, Rodríguez Zapatero entroniza la política del talante [4], que, en su lamentable semántica, sólo puede ser  “bueno,” y la de una indefinida Tercera Vía, plagiada a Tony Blair.  Con el tiempo,  Rodríguez Zapatero se revela como un oportunista ávido de poder, al que se aferra mediante el trapicheo de pactos con partidos nacionalistas regionales (Cataluña, País Vasco, Galicia), sindicatos y ONGs progresistas, el gasto desenfrenado y clientelista,  la improvisación de metas económicas, y el maquillaje de todo lo que pueda tener un impacto negativo en su imagen. De aquí emanan los problemas de Rodríguez Zapatero… y de España.

La izquierda bananera
A preço de banana, se usa en Brasil para designar algo barato, de poco valor.  Una república bananera es un país pobre, inestable, de gobierno ridículo, corrupto o servil.  Bananero/a ha quedado como un epíteto peyorativo que fulmina a cualquier nombre que se una.  Bananera es también la izquierda de Rodríguez Zapatero y compañía, indicio de un complejo síndrome que sufren las izquierdas españolas de la generación post-franquista.  Como ellos no vivieron la etapa clandestina de Felipe González, Alfonso Guerra, Ramón Rubial, Nicolás Redondo o Txiki Benegas, se sienten real o imaginariamente disminuidos, lo que han pretendido balancear con temas  reciclados, (estado de bienestar, propiedad social, educación laica, aborto, derechos de los homosexuales, memoria histórica, etc.) o cocinados de acuerdo con una realidad  que ellos mismos se crean (diálogos con ETA, inexistentes o irrealizables logros y metas económicas).  Veamos algunos ejemplos,
  
   Madrid, 12 de octubre de 2003, en el desfile del Día de la Hispanidad,   Rodríguez Zapatero ─ya principal líder de la oposición─  permanece sentado al paso de Old Glory, la bandera estadounidense, un grave insulto no sólo a los Estados Unidos, sino a los españoles ─incluso el Rey Don Juan Carlos─ que sí se levantaron ante Old Glory.  Tamaña ridiculez acaso recibiría aplausos en una republiqueta,  pero no en un país serio,  miembro de la Unión Europea y socio de los Estados Unidos en una multitud de organismos internacionales. Como ni olvidó ni perdonó el desaguisado de Rodríguez Zapatero, el Presidente Bush nunca lo recibió en la Casa Blanca.  Después de aquello, no puede afirmarse que el Presidente Obama haya establecido una relación especial con el mentecato español.

El esperpento continúa en plena campaña presidencial estadounidense (2004), cuando Rodríguez Zapatero llama al Senador Kerry para solidarizarse con su plataforma, pero Kerry pierde.  En 2005, felicita al Canciller alemán Schroeder por su éxito en las urnas, pero  Angela Merkel ocupa el mando.  Y en 2007, viaja al sur de Francia para dar apoyo a la elección de Ségolène Royal, pero  Sarkozy la derrota. Dar público respaldo a candidatos de comicios extranjeros es una descortesía, cuando no una pa tente injerencia en los asuntos internos de socios y amigos.  Es la izquierda bananera en plenitud.

  Al referirse al caos económico reinante a partir del verano de 2007, Rodríguez Zapatero y sus adeptos inicialmente afirmaron memeces como que “lo que sucede es una desaceleración,” “aquí somos de la “Champions’ League,” “nuestro PIB per cápita ha superado el de Italia, y en pocos años será mayor que el de Francia,” o “quienes hablan de crisis no son patriotas.”  El desempeño de la economía española desde entonces contradice totalmente la línea del gobierno, pues hay una crisis: el desempleo (20.6%, y 28% en Andalucía) está al nivel más alto del mundo desarrollado; el enorme déficit estatal (11% del PIB), producto de un descontrolado gasto público en 2008-9;  y la economía, que se contrajo en un 3.4% en 2009, no parece que retornará al crecimiento este año, aunque ahora Rodríguez Zapatero típicamente sostiene que “lo peor ha pasado.”  En resumen, después de las urgentes medidas que los organismos centrales europeos adoptaron  en julio de 2010 para evitar la quiebra de España, el país ahora está bajo una intervención blanca de la Unión Europea, que sencillamente no se fía del gobierno de Rodríguez Zapatero, al que la prensa financiera (Financial Times, Wall Street Journal, The Economist, Handelsblatt, etc.) no pierde oportunidad de lanzar sus saetas. Al mismo tiempo, las agencias calificadoras que han rebajado el rango crediticio de España intiman que habrá más reducciones si la administración de Rodríguez Zapatero no consigue parar el tsunami económico que asola a España.
 
  Otra triste realidad: el talante de Rodríguez Zapatero es más allegado al de  los Castro, Chávez, Ortega, Correa y Morales que el se espera de una España civilizada y miembro de la Unión Europea.  Su política hacia Cuba, valga un ejemplo, se desconecta de la Posición Común [5], y comercia con la liberación de presos políticos para conseguir su rescisión y destacar la influencia española.

  En 2004, ante el pleno de la ONU, y con su peculiar sesgo por el plagio, Rodríguez Zapatero introdujo su Alianza de Civilizaciones, algo similar al Diálogo de Civilizaciones que ¡seis años antes!  el entonces presidente iraní Jatamí había también presentado a la Asamblea General de la ONU.  Hasta ahora, las reuniones de la Alianza han no han generado mayor interés.  Eso sí, a contrapelo del parecer de los principales miembros de la UE, Rodríguez Zapatero se ha comprometido a la pronta entrada de Turquía en el grupo.  A tal solidaridad, una ingrata Turquía ha respondido que “los obstáculos que el país pueda encontrar en su camino de adhesión a la UE  serán también obstáculos para la paz.”  Se unen los bananeros.   
      
En el plano doméstico, se ha acusado a Rodríguez Zapatero y a algunos ministros  de patrocinar la crispación política mediante la introducción de leyes u ordenanzas controvertidas a fin de que los españoles olviden su principal problema, el económico.  Dejémoslo así, aunque vale la pena mencionar algunos casos que se encuadran, también, en la Izquierda Bananera.

◊  Uno es la nueva ley del aborto, que presenta la folklórica   Ministro de Igualdad, Bibiana Aído.  Ahora una joven de, al menos 16  años de edad,  puede interrumpir su embarazo sin necesidad de permiso de sus padres.  Sin embargo, a esa misma jovencita le está prohibido adquirir cigarrillos o bebidas alcohólicas hasta los 18. Y como se han publicado fotos y videos muy vívidos sobre el feto abortado, en el Ministerio de Igualdad ha habido sonoras protestas en contra, por el prejuicio que puede crear en la paciente. El motivo del establecimiento de tan inédito Ministerio fue combatir la violencia doméstica, ─¿acaso en España no hay jueces, fiscales, policía nacional o municipal, o Guardia Civil?− que sigue tan campante.

  Dos, es la ley de memoria histórica, algo que más bien se ha usado para subvencionar a ONGs  socialistas.  No está claro que la ley también ampare a las víctimas de la república.  Funciona así: si se halla una fosa con numeroso restos humanos ─algo que ocurre, aunque infrecuentemente─  éstos se analizan.  Si el peritaje concluye que pertenecen a republicanos, se les da la máxima publicidad; si son de nacionales, se pasa por alto.

   Tres, de cara a ETA, es el mantenimiento de una espasmódica política de enfrentamientos ─que siempre dan fruto− o diálogos ─sigilosos, concesionarios y siempre infértiles.  Así, el estira-y-encoge de terror y treguas que la banda ha practicado durante décadas indica que los etarras no sólo no abandonarán las armas, sino que se reagruparán y golpearán  ante cualquier  talante pacífico  como el que frecuentemente asalta a Rodríguez Zapatero.

Si Rodríguez Zapatero presidiera el gobierno de una España ubicada en otro continente, y fuera de la jurisdicción de Bruselas y la UE, probablemente estaría muy ocupado en la creación de nuevas constituciones, en la persecución de sus oponentes, o en la mordaza de  la prensa local.  Afortunadamente para España, está en otro barrio, el de la Unión Europea, que lo tendrá atado corto hasta que los ciudadanos lo echen del gobierno.  Entonces, la izquierda bananera habrá pasado a la historia ─esperemos.

 

[1] El Regreso del Idiota, por Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa
  Random House Mondadori , 2007

[2]  The collapse of the Spanish Republic: Origins of the Civil War, by Stanley G. Payne
   Yale University Press, 2005

[3]   En lengua caló, “gitano,” “típico,” “folklórico.”  “España cañí” se refiere al estereotipo español de sol, toros y flamenco. (Espasa Calpe)

[4]  Actitud o disposición de ánimo buena o mala en que una persona está para tratar con ella (María Moliner)

[5] Instrumento jurídico del Consejo de la UE, que define la política europea sobre una cuestión determinada.  Los miembros quedan obligados a acatar lo que el Consejo ha decidido por unanimidad.