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POR TOMÁS G. MUÑOZ, Málaga
Quo vadis, Hispania
No hay novedad, señora baronesa
Del París cupletero, y famosísima en la España de la post-guerra civil, la tonadilla versa sobre una baronesa viajera que llama a los mayordomos de sus tres palacios, para saber cómo va todo en su ciudad: sucesivamente le cuentan que robaron su collar de perlas, que un ventarrón voló el tejado de un palacio, que un rayo calcinó a otro, y que el perro huyó. Todos concluyen que, aquello aparte, no hay novedad –una sátira de los malos tiempos reinantes, que el optimismo franquista hacía buenos.
Una versión moderna del cuadro clínico de la baronesa es el Síndrome de esta-vez-es-diferente, según la ya clásica obra de Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff, “This time is different: 800 years of financial folly,” [1] mal que padecen países o personas que se juran impermeables a su entorno ─i.e., la crisis actual [o pasada, o futura] aqueja a otras gentes, no a nosotros. Esta patología causó que, al referirse al caos económico reinante en España a partir del verano de 2007, el presidente del gobierno José Luis Rodríguez Zapatero (ahora, no por mucho más tiempo) y otros adeptos enfáticamente negaran su existencia.
[Buenos están los emperadores, reyes, regentes y caudillos de España que, según Reinhart y Rogoff, suspendieron el pago de su deuda externa 14 veces: desde Carlos V en 1557 hasta Alfonso XII en 1882, éstos se vieron envueltos en conquistas, armadas invencibles, guerras coloniales y europeas, y trivialidades que no podían financiar. Y, acabada la guerra civil, el gobierno de Franco tomó medidas que efectivamente invalidaron las pesetas republicanas, lo que encueró económicamente a muchas familias de ambos lados. [2]
En suma, España goza del dudoso record mundial de ser el país que más incumplió sus compromisos externos, aunque afortunadamente los mercados internacionales no tengan memoria histórica de tales desafueros. Y en los albores del boom económico, a finales de los 1940s, el pueblo español —depauperado, analfabeto, emigrante y desesperanzado− se sentía fuera de una Europa que patentemente había retomado el camino de la recuperación, mientras que muchos en Iberoamérica mostraban una prosperidad muy superior a la de la antigua Metrópoli.
Las mataduras del burro
Muerto Franco, Juan Carlos es rápidamente entronizado como Rey, en cuyo entorno se piensa que es altamente deseable que España acepte el guiño invitatorio de la entonces Comunidad Económica Europea (CEE), aunque ello signifique una restauración democrática. Y se inicia La Transición, que, en pura realpolitik de codicia, miedo y necesidad, es un reparto de poder que incluye a, 1) la permanencia del Rey y los sectores más jóvenes y menos comprometidos del franquismo; 2) la inclusión de grupos nacionalistas, principalmente vascos y catalanes; y 3) el regreso y legalización de socialistas y comunistas, entonces presos o en el clandestinaje. El Pacto de la Moncloa sanciona este disímil concierto, refrendado en la Constitución de 1978, raíz del desaguisado político que hoy asola a la democracia española.
Al paso que formalmente solicita su admisión en la CCE, España no va bien: en 1977, la inflación llega al 26%, el paro juvenil se sitúa en un 41%, la peseta se devalúa en un 21%, la inversión se estanca, y hay fuga de capitales. El enclenque gobierno toma medidas que surten un efecto limitado, porque los sectores más conservadores del país no comulgan con aquello. Sin embargo, la mera expectativa de una España en la CEE genera confianza externa, y los cambios fructifican: se permite el establecimiento de filiales de bancos extranjeros, y en poco tiempo aparecen las sucursales de Citibank, Chase, Morgan, Barclays, ABN y otros de la gran banca internacional; después de décadas, el Reino de España accede a los circuitos de financiación externa a través de un empréstito de US$ 500 millones; General Motors abre una fábrica de automóviles en Zaragoza. Jauja comienza a verse en España…
Después de sortear muchos escollos, España finalmente entra en la entonces CEE. Aunque no hay cifras coherentes, puede estimar que, en términos absolutos España ha sido el mayor receptor de fondos de la hoy UE: alrededor de € 130 millardos desde 1987. Cuatro de cada diez kilómetros de las autovías del país han sido financiados con fondos comunitarios, y las ampliaciones de los aeropuertos de Madrid y Barcelona, el metro de Sevilla, y la Ciudad de las Artes de Valencia son algunos proyectos realizados con ayudas comunitarias. Y el PIB per cápita de los españoles, 68% de la media europea en 1986, hoy está ligeramente sobre el 100% [3], al tiempo que el paro decreció del 23% en 1986 al 8% a mediados de 2007.
En ese momento, paró la danza de los millardos. Hasta entonces, la izquierda bananera de Rodríguez había funcionado bien, y sus anodinas leyes sobre el aborto de menores, el fumar en lugares públicos, la memoria histórica (de las víctimas del franquismo, por supuesto) y otras tantas, no habían interferido con el buen rumbo de la economía. Pero, cuando ésta comenzó a renquear, España no tuvo un gobierno que supiera o pudiera diagnosticar el problema para tratar de resolverlo: el boom económico desembocó en recesión, el paro regresó a la tasa del 20%, los datos sobre el déficit fiscal dejaron de ser fiables... Y la gente se cuestionaba no sólo la supina incompetencia del abogadillo leonés y su combo, sino la viabilidad política del sistema, aquél que 33 años antes habían generado los arreglos de La Moncloa. En León, dicen los maragatos que, “cuando el burro cae patas arriba, se le ven todas las mataduras.”
Primera pregunta: ¿qué clase de democracia hay en España?
En la España de hoy, no pasa un día sin que un político use frases como “nuestro estado de derecho,” “en democracia,” o similares, como si quisiera reforzar sus creencias o vivencias. Es lógico: España no tiene solera democrática, que ─como los grandes vinos─ vendrá con el pasar del tiempo. En realidad, la democracia española es una en que: a) no hay división de poderes; b) la última fuente de poder reside en los partidos, pues el pueblo no elige a sus representantes, sino a una lista que los partidos proveen; c) en las urnas, no hay segunda vuelta, lo que generalmente impide la elección de un gobierno mayoritario; d) quien reciba más votos, pero no mayoría absoluta, no será necesariamente quien acceda al gobierno, sobre todo si es regional o municipal; e) en gobiernos minoritarios ─los más, desde 1977─ apenas hay debates parlamentarios de las leyes que generalmente presenta el gobierno, sino trapicheos ad-hoc con otros partidos minoritarios, sin cuyo voto no habría la mayoría necesaria para aprobar la legislación; f) la propia Constitución da lugar a un estado elefantiásico e intervencionista.
Adieu Montesquieu
En la Constitución de 1978, no hay tres poderes independientes que se controlen mutuamente (los checks and balances de otras democracias). Así, los linderos entre el Ejecutivo (el Presidente del Gobierno y sus ministros) y el Legislativo (el Congreso y el Senado) son ininteligibles: la mayor parte del Ejecutivo es también miembro del Congreso o el Senado, de modo que el Ejecutivo crea leyes, y también las vota, i.e., el verdadero poder no reside en el pueblo que los ha elegido, sino en la dirigencia del partido al que pertenecen. El nombramiento de los ministros, que recae en el Presidente del Gobierno, no necesita aprobación del Legislativo (sólo la confirmación del Rey, que, naturalmente, no la va a negar).
También, la Constitución define específicamente a un Poder, el Judicial (Título VI, Artículos 117 y siguientes), aunque deja a la ley orgánica del poder judicial (sometida y aprobada por el Congreso) “la constitución, funcionamiento y gobierno de los Juzgados y Tribunales, así como el estatuto jurídico de los Jueces y Magistrados…” En la práctica, es la cúpula del partido gobernante quien escoge a los miembros del Poder Judicial, y es el Congreso ─mera formalidad─ quien los aprueba, a veces con el sempiterno trapicheo.
El poder, a los partidos
Aunque la legislación permite celebrar elecciones primarias para escoger candidatos, en muchas ocasiones éstos son seleccionados a dedo. Ejemplos recientes: las generales de 2004, donde Mariano Rajoy fue prácticamente impuesto por José María Aznar en una asamblea cerrada del Partido Popular (PP). Lo mismo vale para las próximas elecciones de Noviembre de 2011: Rodríguez nombró a Alfredo Pérez Rubalcaba, optado contra Carme Chacón, que se perfilaba como su contrincante. Y, a pesar de las derrotas en las generales de 2004 y 2008, los barones del PP volvieron a seleccionar a Rajoy como contrincante de Pérez .
En las elecciones, sean generales, autonómicas o locales, los Partidos presentan listas de candidatos seleccionados por su fidelidad partidaria. Se vota a ellas, no a los candidatos individuales. El pueblo no puede escoger a uno o más candidatos de una lista y a otros de la lista contraria, como tampoco puede protestar por la exclusión de algún antipático (sin mencionar nombres, hay casos muy recientes). Ello conduce a un divorcio total entre los candidatos y el electorado. ¿Quién representa a un elector, por ejemplo, de la provincia de Málaga? Nadie. En el Congreso, el diputado electo tendrá que seguir la línea de su partido, pues de otro modo se convertiría en tránsfuga, contra lo cual varios partidos han celebrado convenios.
El escamoteo
En elecciones autonómicas y locales, es práctica común ─y legal, que es peor─ que el partido más votado (pero no mayoritariamente) sea apartado del poder por los otros, que juntos, suman más escaños que aquél. Por ejemplo, imaginemos que un partido gana el 49% de los escaños; los demás, que tienen el resto (51%) pueden tranquilamente acceder al poder. Esto ha sucedido, en la última década, dos veces en Cataluña, una en el País Vasco, y otra en Galicia. Y, al establecerse pactos, las líneas generales del gobierno resultante posiblemente cambiarán. El pobre elector queda fuera.
Aunque la Constitución asegura a los parlamentarios la libertad de voto en todas las cuestiones sometidas a las Cámaras, sin atender a instrucciones que puedan impartir sus electores o sus partidos políticos, el concepto de disciplina que un Partido busca al momento de la votación hace que, aunque éste no pueden anular el voto emitido por el parlamentario, sí puede tomar represalias contra él como dejar de incluirlo en su lista electoral para las siguientes elecciones o incluso expulsarlo de la formación política. Igualmente, el pobre elector queda fuera.
El estado pantagruélico
El Artículo 68 de la Constitución establece que “El Congreso se compone de un mínimo de 300 y un máximo de 400 Diputados…” aristotélicamente fijado en el medio feliz de 350, o sea, un diputado por cada 131,309 habitantes. ¿Es esto mucho o poco? Quién sabe, pero, como referencia, en los Estados Unidos sus 435 congresistas representan, cada uno, a 706,234 ciudadanos.
Y ya que estamos en la tierra de Pantagruel, es interesante ventilar algunos de sus números,
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España tiene 50 provincias y dos ciudades autónomas, en cada una de las cuales hay un Delegado del gobierno central de Madrid, y vice-versa en algunos casos. Todos gozan de automóvil con chofer, secretaria, y oficina. Y hay casos de diputados que al mismo tiempo son alcaldes o ediles en sus terruños.
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España está dividida en 17 comunidades autónomas. Cada una tiene un Delegado en Madrid, y Oficinas en Bruselas. El País Vasco opera cinco “embajadas” (Bélgica, Argentina, Chile, México y EEUU. Cataluña cuenta con seis (Reino Unido, Bélgica, Argentina, Francia, Alemania y EEUU). Madrid tiene una “oficina comercial” en Miami.
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Hay 3.1 millones de burócratas en España, que no incluye a autónomos ─asesores,adjuntos, o como se les quiera llamar. Contrástese esto con los 739 mil trabajadores agrícolas, 2.6 millones en la industria, y 1.7 millones en la construcción. Como los empleados públicos suman casi el 18% de la fuerza laboral activa, puede decirse que, del PIB español tal porcentaje no produce nada, y sí gasta con cargo a las arcas del estado.
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El gobierno central subvenciona a los sindicatos, a los partidos políticos, al ritmo total de alrededor de € 200 millones.
¿Tiene esto arreglo? ¿Cambiaría un futuro gobierno la ley electoral al dar participación directa al electorado y eliminar el actual sistema de listas cerradas? ¿Se podría reducir el número de diputados, alcaldes y concejales y delegaciones en casa o en el extranjero? ¿Es factible eliminar o disminuir drásticamente las ayudas a los sindicatos y partidos políticos? Y así sucesivamente, porque el menú es largo y complejo.
La respuesta es que sí hay arreglo, pero… quién sabe. El cambio de unas reglas de juego que en diferentes momentos han beneficiado a todos los partidos, es un acto patriótico, aunque poco práctico si esto conlleva una transferencia del poder al electorado ─una seria amenaza al poder partidario, principalmente a los grupúsculos que tanto se han beneficiado de la trata de votos en el parlamento. Lo ideal no es siempre lo real…
Segunda pregunta: ¿Cuál modelo económico español?
Allá por 1748, un visionario Montesquieu discurre sobre las exiguas ventajas que España saca del comercio americano, y sentencia que en el XVI, bajo Felipe II, comenzó la decadencia.[4] Una pobreza de siglos, dejó impreso un así llamado modelo económico ─remolón en unirse a la revolución industrial, altas tasas de interés, escasa inversión extranjera, controles a la importación y tenencia de divisas. La Guerra Civil devastó a España, que tampoco fue incluída en el Plan Marshall. Y al inicio de los 50´s, la revelación: la administración Eisenhower, en plena guerra fría con la URSS, se enteró de que el dictador de la estratégica España era también un frenético anticomunista. Se firma un acuerdo bilateral que acaba en la construcción de cuatro bases americanas en territorio español, y fluyen los dólares de ayuda. No hay un nuevo modelo económico, pero lo que sale del horno es mucho mejor que lo que había antes.
Décadas después, y según Rodríguez Zapatero y su séquito, el modelo económico español es el principal culpable de la crisis. “Y hay que cambiarlo,” añaden gravemente, como si, con un decreto, eso se pudiera hacer de hoy para mañana. Pero, tal no existe, sino es algo que se ha venido conformando a lo largo del tiempo: a partir de los 50´s, el boom del turismo y la llegada de los americanos a España ─a pesar de las altas tasas de interés que prevalecían en la época─ generaron la construcción de hoteles y casas o apartamentos para aquellos españoles que deseaban y podían tener una segunda vivienda, o extranjeros (principalmente del norte de Europa) que decidieron jubilarse en uno de los innumerables enclaves a lo largo del Mediterráneo y la Costa Atlántica.
El panorama cambia radicalmente a mediados de los ´90: bajan las tasas de interés, y los bancos y las hasta entonces ultraconservadoras cajas de ahorros se lanzan en pos de préstamos hipotecarios ─como en Estados Unidos y sus nefastas subprime. La consiguiente escalada de precios inmobiliarios propicia la construcción de innumerables proyectos, y la compra de éstos por muchos que ven un beneficio fácil y rápido ─casi todo, con fondos prestados. Era cuestión de tiempo que la burbuja estallase. Así quedó conformado el modelo económico español: ladrillos y turismo.
(En las oficinas de una de las tres mayores instituciones financieras españolas, se exhiben catálogos de apartamentos en puja o a la venta, no en apoyo a sus clientes constructores, sino porque los bienes ofrecidos han sido embargados por falta de pago).
El modelo es peculiar. Primeramente, esto sucede bajo la égida del euro. En otra época, como ya sucedió a principios de los ´90, el gobierno hubiera aumentado las tasas de interés y devaluado la peseta. Pero dentro del euro, la política monetaria la fija y ejecuta el Banco Central Europeo, ergo no hay campo de maniobra monetaria. En segundo lugar, el peso histórico de la construcción en el PIB español, 18% lo hace el primer renglón entre las actividades económicas españolas. En España hay más empresas constructoras (más o menos, 500,000) que de ningún otro ramo. De éstas, el 91% pertenece a autónomos y microempresas con menos de 10 obreros, indicativo de una gran facilidad de ingreso (y de salida), dado su alto índice de temporalidad laboral (44% versus 26% para las demás fuera del sector), y por tanto cuando explota el mercado inmobiliario a finales de 2007, medio millón de obreros del ramo ingresan en las filas de los parados en los siguientes 12 meses. Finalmente, la construcción es la preferida de políticos corruptos, blanqueadores de dinero, evasores de impuestos y otros de la economía sumergida.
El modelo fiscal
Fruto de los políticos europeos, el 1 de enero de 1999 nace el Euro, moneda que adoptan 11 países de la UE (hoy son 17), con la notable ausencia de la Libra británica. En realidad, el Euro no es novedad: en 1979, los principales bancos europeos y americanos habían creado una moneda sintética, el ECU (European Currency Unit), en la que se denominaron algunos títulos de deuda, principalmente europeos. Pero, el mercado lo ve con escepticismo: hacia finales de 1999, el Euro se ha devaluado en un 13.8% contra el US$, y se cotizaba a la par con el US$. La incredulidad emana de dos factores: a) políticamente, todos los miembros de la Eurozona opinan, pero, ¿quién manda? b) aunque se ha establecido un Banco Central Europeo, encargado de la política monetaria del Euro, ¿qué hay de la política fiscal? Ingenuamente, los europolíticos creen que cada país puede tener la suya, desde que esté dentro de los límites de la convergencia. [5] Y es esa libertad relajada la que eventualmente desemboca en la crisis actual.
Hasta 2007, todos los gobiernos españoles del período democrático manejaron su política fiscal con cordura; en ese año, un razonable superávit de € 20,057 millardos (1.9% del PIB) devino un rosario de déficit millardarios de € 44,233 en 2008 (4.1% del PIB), € 117,604 en 2009 (11.2% del PIB, o 3.7 veces el criterio de convergencia, y € 95,328 en 2010 (9.08% del PIB). Para 2011, no se espera menos de € 60,000 (6% del PIB), aunque, debido a la opacidad del régimen de Rodríguez, no hay cifras actualizadas ─algo común en una republiquilla tercermundista, y no en un país desarrollado como España.
Pero, mientras el gobierno central reduce su déficit a € 52,954 millardos en 2010, las autonomías y las corporaciones locales continúan su fiesta. Durante el período 2005-2010, la deuda autonómica creció casi 14 veces, que evidencia: a) el descontrol del gobierno central vis-à-vis los otros entes públicos; b) el resultado del trapicheo de votos anteriormente mencionado. (Tabla I)
| TABLA I: Superávit-Déficit del sector público español [en millones de Euros corrientes] |
| A Dec 31 |
SECTOR |
| |
Gobierno Central |
Autonomías |
Corporaciones |
Resultado |
PIB |
% Resultado/PIB |
2005 |
2,043 |
-2,064 |
-548 |
-1,109 |
908,072 |
-0.12 |
2006 |
6,780 |
-361 |
765 |
7,184 |
684,284 |
+ 1.05 |
2007 |
11,874 |
-2,343 |
-3,233 |
6,298 |
1,052,730 |
+ 0.60 |
2008 |
-30,457 |
-17,002 |
-5,236 |
-52,695 |
1,088,502 |
- 5.62 |
2009 |
-99,205 |
-21,072 |
--5,677 |
-125,954 |
1,051,151 |
- 11.98 |
2010 |
-52,954 |
-35,885 |
-6,489 |
-95,328 |
1,952,591 |
- 9.06 |
Fuente: Banco de España |
El desempleo
Con un 22.1% de parados al tercer trimestre de 2011, España hoy adolece de la tasa de desempleo más alta en el mundo desarrollado, un record inigualado desde 2007. Desde finales de ese año hasta el tercer trimestre de 2011, el número de desocupados aumentó en algo más de 2.7 veces, la mayoría atribuible a la construcción (véanse comentarios anteriores).
TABLA I I: Empleo y Paro (000´s) |
AÑO |
FUERZA LABORAL |
EMPLEADOS |
PARADOS |
% PARO |
2007 |
22,203 |
20,369 |
1,834 |
8.26 |
2008 |
22,868 |
20,278 |
2,591 |
11.33 |
2009 |
23,042 |
18,892 |
4,150 |
18.01 |
2010 |
23,007 |
18,394 |
4,613 |
20.05 |
2011 * |
23,090 |
17,995 |
5,095 |
22.06 |
Fuente: Banco de España * A Septiembre |
La situación se agrava por grandes cambios en el empleo rural: en tiempos no muy lejanos, pero mejores, millones de trabajadores agrícolas españoles emigraron a las ciudades en busca de nuevas oportunidades, que encontraron. Recientemente, el revolcón en la industria de la construcción ha llevado al paro a muchos de ellos, que al querer retornar al agro, se han visto suplantados por obreros extranjeros que ya laboraban por salarios inferiores. Esto ha creado brotes de xenofobia, especialmente en Andalucía (donde el paro asciende al 30%), de consecuencias negativas imprevisibles.
Las previsiones no son buenas: más de cinco millones de parados no producen, y con toda seguridad consumen menos. De ahí que las perspectivas de salir a corto plazo de la recesión son muy pocas. De hecho, es posible que ahora, o a finales de 2011 la economía regrese al ciclo recesivo.
Las cuentas externas
Desde tiempos coloniales, y salvo algunos períodos atípicos, España siempre ha importado más de lo que ha exportado, simplemente porque no sabe o no tiene qué vender fuera del país, aunque el problema mejora paulatinamente: hoy, algo más del 40% del PIB español está orientado a la
UE, lo que mitiga las enormes presiones que la cuenta comercial sufrió en el pasado. Sin embargo, la recesión que comenzó en 2008 resultó en un menguado comercio que redujo el déficit en cuenta corriente, de € 105,974 millardos en ese año a uno manejable, de € 9,910 millardos en el segundo trimestre de 2011.
| TABLA I I I : Sector externo español (En millones de Euros corrientes) |
| (Cifras netas) |
2007 |
2008 |
2009 |
2010 |
2011 (II) |
| Balanza comercial |
-91,116 |
-86,724 |
-45,038 |
-11,025 |
-10,078 |
| Balanza de servicios |
23,051 |
26,,144 |
25,697 |
5,378 |
9,738 |
| Balanza de rentas |
-30,055 |
-36,034 |
-29,842 |
-4,791 |
-7,435 |
| Balanza de transferencias |
-7,146 |
-9,360 |
-7,972 |
818 |
-1,435 |
| Cuenta corriente |
-105,266 |
-105,974 |
-57,155 |
-9,620 |
-9,910 |
| Cuenta capital |
4,577 |
5,474 |
4,068 |
1,322 |
1,122 |
| Errores y omisiones |
315 |
1,475 |
4,527 |
3,685 |
4,790 |
| Cuentas financieras |
101,004 |
101,975 |
57,614 |
4,713 |
8,788 |
| Balanza de pagos |
0 |
0 |
0 |
0 |
0 |
| PRO-MEMORIA: |
|
|
|
|
|
| Deuda externa total (pública + privada) |
1,563,730 |
1,671,770 |
1,767,346 |
1,772,250 |
1,778,381 |
| Reservas internacionales |
12,946 |
14.546 |
19,578 |
23,905 |
23,471 |
Sin embargo, la deuda externa española continúa aumentando. Al segundo trimestre de 2011, se colocaba en € 1.778 billones, ó casi 180% del PIB, un nivel que da a España el dudoso rango de ser uno de los países desarrollados más endeudados. Y sus reservas internacionales de € 23 millardos apenas alcanzan para pagar mes y medio de importaciones. Realmente, las estadísticas económicas de España parecerían pertenecer a las de una república pobre, tercermundista (Tabla III).
El crédito
El balance consolidado del sistema bancario español muestra que, de fines de 2007 al segundo trimestre de 2011, su tenencia de títulos soberanos (Letras del Tesoro, Bonos, etc., tanto españoles como de otros países de la UE) creció en € 317,450 millardos. Sin embargo, los préstamos a empresas españolas solo aumentaron en € 148,958 millardos, i.e, la mitad. Cabe preguntarse si los bancos simplemente prefirieron financiar el déficit estatal. O si se doblegaron a las presiones del gobierno.
A estas alturas de la crisis, no hay crédito. Y no porque los bancos no quieran prestar: de las 45 cajas de ahorros, queda sólo una docena en condiciones operativas; los bancos no se atreven a prestar activamente porque a) tienen activos tóxicos (que incluyen hipotecas morosas, créditos fallidos, o títulos soberanos de países de la UE con serios problemas, como Grecia o Portugal) que no han sido castigados (charged off) o provisionados debidamente; b) prestar más podría sobredimensionar sus balances.
Y si no hay crédito, no hay crecimiento económico, ni empleo, ni impuestos que recaudar.
Metafóricamente, se diría que España está en una encrucijada política y económica. Pero, no: España está en medio de un desierto, sin caminos ni atajos, hasta allí conducida por un presidente de gobierno torpe, rodeado de ministros torpes, que torpemente aprueban leyes torpes que llevan a un estado de malestar, ─que no bienestar─ incertidumbre y desesperanza a millones de españoles. Una verdadera paradoja en el país de Telefónica, Santander, BBVA, Repsol, CAF, Inditex, y otras, todas de reconocido standing internacional. ¿Tiene remedio? Las próximas elecciones pueden ser el comienzo de una larga caminata en busca de la prosperidad y de modelos diferentes, tanto en lo político como en lo económico. Los ganadores tienen la palabra.
1] Princeton University Press, Princeton, NJ, USA (2009)
2] Historia de la peseta, por Pedro Voltes (Editorial Ensayo, 2001), pags. 299-300
3] La media del PIB per cápita de la UE ha bajado, lógicamente, desde el ingreso de varios países del Este y el Báltico.
4] El Espíritu de las Leyes, por Charles Louis de Secondat, Barón de Montesquieu (Editorial Porrúa), pag. 348.
5] Requisitos que deben cumplir los miembros de la UE para ser admitidos en la Zona Euro, Se refieren a valores mínimos o máximos [según sea el caso] de inflación, déficit público, deuda pública y tipo de cambio, de acuerdo con el Tratado de Constitución de la Comunidad Europea.
Octubre 31, 2011
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