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POR LUIS ANTONIO DE VILLENA, Madrid
La
vitalidad del crítico: José Olivio Jiménez (1926-2003)
Hombre de genio, pero
absolutamente amigo de sus amigos, José Olivio
Jiménez nació en Santa Clara (Cuba) el 29 de octubre
de 1926. De joven estudió y se graduó en La Habana – cuya
vida nocturna, de aquellos tiempos, recordaba siempre encantado –y
vino a Madrid, en 1952, a postgraduarse. Por entonces (o poco
después) conoció a Carlos Bousoño y a Francisco
Brines, que serán siempre dos de sus mejores amigos españoles.
El gran afán de José Olivio –muy bien cumplido
por su parte– fue siempre acercar la poesía en español,
de las dos orillas del Atlántico. Creyó José Olivio
(y lo practicó, que es lo más importante) en un
hispanismo integral. Aunque ya había vivido mucho fuera
de Cuba – pero sus primeros artículos y textos de
crítica literaria aparecieron en revistas de la isla – en
1962 abandonó su patria definitivamente.
Hombre de talante
muy liberal en todo (también en la moral) a José Olivio
no le gustó el rumbo totalitario que vio en la Revolución.
Pero tampoco militó –entonces— en las filas del
anticastrismo. Simplemente se quedó aparte. Marchó a
Estados Unidos y allí –instalado en Nueva York– fue
muchos años profesor de Lengua y literatura españolas.
Alcanzó el máximo grado académico (Full
Profesor) en su Universidad, Hunter College, con el que se jubiló.
Entonces, vino a vivir a España, como deseó siempre.
Aunque en realidad José Olivio jamás dejó de
venir, pues aquí pasó casi todos los veranos. Sus
amigos –frecuentemente poetas, pero también gente
común y corriente, José Olivio detestaba la pompa – sabemos
lo cordial y divertido que era trasnochar con él, hablando
de todo, incluido el sexo y la poesía. Por desgracia,
en los últimos dos años, diversas dolencias lo
mantuvieron muy retirado. Para
muchos poetas de mi generación José Olivio
Jiménez fue el autor de la espléndida Antología
de la poesía hispanoamericana contemporánea editada
por vez primera en 1971 y que se fue ampliando hasta la octava
edición en el año 2000.
A José Olivio le
gustaba escribir de sus amigos, porque vinculaba poesía
y amistad. Y así su primer libro Cinco poetas del tiempo
(1964) hablaba, aparte de Cernuda, de cuatro grandes amigos suyos:
Vicente Aleixandre, José Hierro, Carlos Bousoño
y Francisco Brines. Aunque su generación (su mundo) era
el de la Generación del ´50, prologó y
trató a
muchos novísimos: Antonio Colinas, Guillermo Carnero o
quién esto escribe, mezclados con Claudio Rodríguez
o los poetas antedichos. Esa reunión (con cubanos, como
Gastón Baquero) se ve en su gran libro Diez años
de poesía española (1960-1970) de 1972. Otras obras
suyas –además de artículos y antologías,
como las varias consagradas al Modernismo, otra de sus querencias –son
Estudios sobre poesía cubana contemporánea (1967),
Antonio Machado y la poesía española de postguerra
(1975) o Vicente Aleixandre: una aventura hacia el conocimiento
(1982) muy ampliado en la versión definitiva de 1998.
El último trabajo publicado por José Olivio fue
La poesía de Francisco Brines (2001). Parte de su obra
ensayística publicada en revistas y periódicos,
no está aún en libro.
La poesía española
debe mucho a José Olivio Jiménez. Sus amigos nunca
olvidaremos ni su generosidad ni el buen saber hacer del maestro.
El sabía que la poesía potencia la vida. Y amó la
poesía porque amó vivir, o a la inversa, que da
lo mismo.
Diciembre 11, 2003
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