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Conferencia
sobre el anti-americanismo
Valerio Riva
Mayo 12, 2003
Comienzo
con un pequeño experimento: esto es un vaso de
Coca-Cola, le echo una monedita, y según los anti-americanos
esta monedita se disolverá en la Coca-Cola. Bien, dejemos
a la monedita ahí, y cuando hayamos acabado veremos si se
ha disuelto. Eso para decir qué sentido tiene el anti-americanismo,
uno de cuyos fundamentos es: los anti-americanos creen que la Coca-Cola
diluye hasta los metales. Veremos.
En
América, los
perros no ladran:
Pero,
el anti-americanismo empezó hace siglos. Vosotros
sabéis que América fue descubierta en el 1492, por
tanto han pasado más de cinco siglos, y durante un largo
período, hasta la Ilustración incluso, se pensaba
que América fuera un continente maldito, fallido, podrido.
Pensad que en la Enciclopedia de Diderot y D’Alembert se
dice que los perros en América no ladran porque son débiles
y flojos y no tienen ni fuerza para ladrar. Ahora, cualquiera que
vaya a América sabe que allí los perros también
ladran. Aparte de esto, cuando los jesuitas fueron a colonizar
el Brasil, partieron del concepto de que los indios brasileños
eran incapaces de reproducirse, y esto por, digamos, pereza. Entonces,
establecieron que a las tres de la mañana tocaran a rebato
las campanas, de modo que los indios se despertasen de golpe, y,
al no saber qué hacer, se dedicarían a procrear.
Esto está escrito en las reglas de la Compañía
de Jesús. Esto se pensaba en general: América es
un continente que no vale, donde nada sucede, malhecho.
¿
Paraíso o maldición?
En realidad, había dos teorías: una que propagó Cristóbal
Colón, que estaba convencido de haber descubierto el paraíso
terrestre. De hecho, se sabía la dirección del paraíso
terrestre: bastaba entrar por la boca del Orinoco, navegar varios
días hasta llegar al paraíso terrestre. Esta teoría
tenía un defecto: que el Orinoco es un río muy ancho,
con un inmenso caudal, una de las mayores fuerzas hídricas
del mundo. Cuando llega al Océano Atlántico se crea
una especie de resaca, las ondas marinas se enfrentan a las que
vienen del interior del Orinoco, y esto crea una dificultad substancial
de superarlo, sobre todo por naves a remos o velas. El hecho de
que fuera imposible atravesar esta barrera era demostración
de que allí estaba el paraíso terrestre. Hubo gente
que murió en la tentativa de arribar al paraíso terrestre
al atravesar esta barrera.
Pero,
al lado de este aspecto de América, la América
santa que es un don de Dios, hay una imagen contraria: la América
que es un don del diablo, y esta es la idea que prevalece incluso
después de la Ilustración. He presentado este ejemplo
de la Coca-Cola porque hace parte de estos absurdos. La Coca-Cola
la inventó un médico peruano que mezcló las
hojas de coca con jarabes típicos del Perú. Después
llegaron los americanos del Norte, vieron que la cosa podría
tener un cierto desarrollo comercial y compraron la fórmula.
Pero, había el problema de que se consideraba que la hoja
de coca, pensándolo bien, era un veneno, una droga. Entonces
descubrieron —o al menos fingieron descubrir— que la
coca que se producía en el Ecuador era menos venenosa, menos
droga que la peruana. Y en el Ecuador implantaron la primera fábrica
de Coca-Cola, hecha con la coca ecuatoriana, era menos dañina.
Desde aquel momento se inició una gran pelea, que aún
dura, porque hay quienes en el Perú creen que los americanos
hayan robado la fórmula. En realidad, pagaron por ella,
y el médico de Lima que había
inventado este brebaje podría haberlo confeccionado para
sus clientes y enfermos, y no más. Sin embargo, los americanos
hicieron de ella una bebida internacional que aún se vende
y que está lentamente
disolviendo mi monedita…
Un período “anti” cuyo fin no se ve:
Ahora
bien, ¿dónde nace el anti-americanismo?
En estos días
he tratado de informarme. Nace de la mala fe: lo digo con franqueza.
Así, como esta historia de la monedita es absurda, hay un
lado de mala fe en el anti-americanismo. Todos nosotros los italianos,
por ejemplo, hemos tenido períodos de anti-algo: hemos sido
anti-españoles, también anti-franceses, sobre todo,
y de lejos, anti-austriacos. El odio, o por tanto la aversión
hacia los austriacos ha durado casi un siglo en este país.
Y sin embargo, hasta cierto punto, se ha extinguido: no lo hemos
proseguido allende la cuarta guerra de independencia, así como
no somos más anti-alemanes después del 1945. Hemos
dejado de odiar a los a los germanos, aún cuando estos nos
han hecho daños notables. Igualmente, y después de
muchísimo tiempo hemos dejado de odiar a los españoles,
aunque bajo un cierto aspecto en cualquier caso todavía
añoran el dominio español en el sur, así como
los lombardos y los vénetos de cierta manera tienen nostalgia
de la administración austriaca. Pero, en casa, el anti-americanismo
dura prácticamente desde un siglo y medio, y no se ve el
fin.
Cuestión
de deudas:
El anti-americanismo tiene un origen bien preciso: hay hasta una
fecha, el 1898. Nace de un complejo de culpa, por el intento
de no pagar las deudas que Europa tenía con América,
y se remonta a la época de Napoleón, que, como
sabéis, fue víctima de una especie de gigantesco
bloqueo internacional que decretaron los ingleses, a quienes
después se unieron los alemanes y los españoles,
que buscaban obstaculizar e impedir los abastecimientos a Napoleón
a través del Atlántico y después el Mar
Báltico. Naturalmente, los franceses equiparon naves corsarias
para atacar a los tales guardianes, a quienes robaron de todo,
a veces hasta sus buques. Así, después de la caída
de Napoleón, acabada la guerra, los americanos solicitaron
el resarcimiento de las aproximadamente 550 naves incautadas
por los los franceses. El problema se presenta a partir de aquel
momento: los franceses no quieren pagar, y se inventan muchas
historias. Transcurre casi todo el siglo XIX en que los franceses
no pagan, hacen tratados, otras cosas. En suma, la larga y piadosa
historia de los deudores que no pagan.
Así se llega al 1898, la fecha de la guerra hispanoamericana,
que en realidad es una contienda que nace por error, relacionada
con las últimas colonias españolas que le quedaban
al imperio de Madrid, particularmente Cuba, Puerto Rico y las Filipinas.
En Cuba hay una revuelta contra España, quieren la independencia.
Hay guerrillas, manifestaciones y se llega a una especie de compromiso
entre los nacionalistas cubanos y los españoles, gracias
a los americanos que se habían ofrecido como árbitros.
De
improviso, explota una nave de guerra americana anclada en el
puerto de La Habana,
el “Maine,” lo que causa una
infinidad de víctimas y daños, un evento que permanecerá en
la historia para siempre. Probablemente, la nave ha saltado por
otras razones, pero puede ser que la explosión la hayan
causado, por ejemplo, nacionalistas cubanos, o tal vez, hasta otra
gente. Pero, en seguida se dice —y aquí comienza el anti-americanismo
específico— que fueron los americanos quienes se auto-atentaron
para poder tener el derecho de invadir Cuba.
En
Europa, el resultado de esta pretendida invasión de
los americanos a Cuba, posesión española, es de revulsión
contra el invasor imperialismo americano. Los republicanos europeos,
los republicanos españoles, franceses, italianos toman para
sí la defensa de la monarquía española, una
de las más corruptas y decadentes que existían en
aquel momento —pero se crea una unanimidad de odio hacia los americanos,
que han asaltado a estos pobres monarcas españoles, tan
inermes.
El
asunto no tendría un efecto tan desastroso si no fuera
que aquellos son los años del affaire Dreyfus, Zola acaba
de ser condenado, hay un gran movimiento, sea antisemita, sea pro-hebreo,
hay este gran debate en Francia y en toda Europa, y el anti-americanismo
se mezcla con el anti-semitismo. Devienen sinónimos: en
el fondo, a los americanos los dirige una cofradía de hebreos
que controlan la gran banca, que detentan el poder político
en Estados Unidos. Por tanto, son la misma maniobra de los hebreos
que protestan y atentan contra la unidad nacional o la defensa
de Francia en el affaire Dreyfus.
Es aquí que nace aquella particular asociación de
dos principios dañinos, anti-americanismo y anti-semitismo,
que no desaparecen después de 1898. Es lo mismo, que después
avanza de una manera curiosa. Como hoy, por ejemplo, cuando se
habla de anti-americanismo, de la guerra en Iraq: se dice que la
guerra en Iraq es obra de los americanos, que están —como
Guzzanti dice precisamente— manchados, llegan con estos ejércitos,
y lo hacen por el petróleo.
Bien,
imaginaos que en 1898, la invasión —la llamada invasión,
porque no lo es, porque al final se irán, como hacen generalmente
los americanos, y Cuba es ya libre— es una guerra descrita como
sucia y manchada de petróleo.
He aquí que el petróleo es uno de los fundamentos
del anti-americanismo. En medio siempre está el petróleo,
tal vez el hedor del petróleo o la manía del petróleo.
Es algo que dura hace hace ya más de un siglo.
El anti-americanismo psiquiátrico:
Sigamos
adelante haciendo grandes saltos, para demostrar la paradoja que
les ilustro, y
llegamos a fin de la primera guerra mundial,
en el momento de convocar aquella conferencia de paz. De los Estados
Unidos llega el presidente a la sazón, Woodrow Wilson, que
viene con una aureola de profeta de la paz, de la libertad de los
pueblos y sobre todo del derecho de los pueblos a la autodeterminación:
los pueblos tienen derecho a ser gobernador por sí mismos
y no por extranjeros, y los confines son confines de una población
y no los que trazan los gobernantes y reinantes. Al llegar este
Wilson, se le acoge como a un profeta, y aquí viene algo
que quisiera recordaos —la actualidad. También Bush, a quien
todos conocen, a pesar de todo es un hombre muy religioso, sabemos
que tiene una devoción particular, va a la celebración
del rito dominical, siempre habla de Dios, etc.., y este aspecto
de Woodrow Wilson está presente en otros presidentes americanos,
los demócratas menos, pero los republicanos, los conservadores
generalmente hablan mucho de Dios.
Bien,
W. Wilson llega con este modo de actuar, “habla como
Jesucristo,” se decía. En la conferencia de paz, naturalmente,
se pierden los buenos propósitos de las naciones vencedoras.
Por ejemplo, qué sucede en Italia. Dice Wilson: Italia tiene
el derecho a que se le devuelva el Trentino, la Ístria y la Dalmacia.
De ahí que entre nosotros, naturalmente, Wilson es visto
como uno de los grandes apóstoles de la unidad nacional.
Después, sin embargo, hace algunas distinciones y dice:
"el Trentino, sí, pero, y el ¿Alto Ádige?"
"Dado que se trata de una potencia vencida, y Austria lo es, al
menos
provisionalmente, bien el Alto Ádige que vaya bajo Italia,
pero Ístria, no. Trieste, Gorizia, Pola, está bien,
pero el interior de Ístria es seguramente eslavo, croata,
esloveno, y por tanto debemos destinarla a aquellos pueblos. Aparte,
la Dalmacia es más eslovena y croata que italiana." A partir
de este momento, Wilson deviene imbécil, bribón,
trapacero, uno que está aquí con la tarea de embrollar
a Europa.
Desafortunadamente,
en medio de la conferencia de paz, Wilson sufre una hemiplejía.
Urgentemente regresa a Estados Unidos, donde infructuosqamente
los médicos lo tratan —en un manicomio.
Allí morirá como un pobre loco, aún siendo
presidente de su país. Este episodio produce la evidencia
deseada, i.e., que los americanos —y no le inventado yo,
es así— son esencialmente locos, tienen
algo en la cabeza que no funciona. De aquí improvisadamente
se crea otro estigma anti-americano, el anti-americanismo ¿cómo
diría? psiquiátrico.
No es algo que simplemente nace en la prensa vespertina: había
un señor nombrado Sigmund Freud que estaba absolutamente
convencido de que ésta era una verdad científica,
que los americanos tienen cerebros enfermos, no tienen una salud
mental normal. Sigmund Freud: cura a un tocado americano, y reconoce
que en los americanos hay una tara.
Así, hasta nuestros días ha llegado la atribución
de enfermo mental al presidente de los Estados Unidos. Se pinta
a Bush, por una parte como fanático religioso, y por otra
como pobre cretino. Se dice que los cómicos siempre apuntan
a su cabeza cuando hablan de Bush, algo enraizado en el síndrome
de Woodrow Wilson.
¿Por
qué razón a Wilson —o
a cualquier otro presidente de los Estados Unidos— se debe
considerar cretino? De
nuevo, es un tema de deudas impagas. Los americanos han financiado
la guerra masivamente. En el último tercio de la guerra,
los americanos han determinado la posibilidad de victoria a Francia
y a los aliados, sobre todo, porque han tirado grandes cantidades
de dinero en los campos de batalla. Al final de la guerra, simplemente
piden la restitución de las sumas prestadas. Los franceses
y los europeos no quieren. En un diálogo entre Mussolini
e Ludwig —periodista alemán que lo entrevista— surge
el tema de la deuda americana. Estamos aún en 1932, ya bastante
lejos del fin de la guerra, y Mussolini rechaza la idea, y dice: “Los
débitos, naturalmente, no deben saldarse. Para no pagarlos
es necesario adelantar que no se pueden pagar a un estado cuyo
presidente haya estado recluído en un manicomio." Esta es
otra de las tantas fuentes irracionales del anti-americanismo.
Europa se siente rabiosamente superior:
Pero hay otras raíces irracionales. Durante los años ´20
y ´30 se forma el concepto del anti-americanismo basado en
supuestos absolutamente absurdos, pero importantes. Viene la Prohibición
en Estados Unidos. Los europeos responden que éste es un signo
de la demencia americana, porque el vino es un imprescindible componente
alimenticio, aparte de ser un gran negocio; luego entonces, los
prohibicionistas son gente que no entiende el sentido del vino,
que es un medio de comunión y civilidad. Si los americanos
lo prohíben es porque son inciviles y bárbaros.
Aún más: si hojeáis Le
Temps Retrouvé de
Proust, allí se describe a una señora americana que
el autor presenta de la manera más atroz y rabiosa, simplemente
porque no consigue orientarse en las genealogías nobiliarias
de los europeos. Por esto es cretina, una que no sabe si un conde
es más o menos que un marqués o un vizconde. Como
el americano no lo entiende, hay algo en su cabeza que no funciona,
ergo los americanos son bárbaros y estúpidos, del
mismo modo que en el XVIII la enciclopedia de D’Alembert
y Diderot dice que los perros americanos son incapaces de ladrar.
Celine, autor del Voyage
au but de la Nuit, que en parte se desenvuelve en los Estados
Unidos, describe a Nueva York como una ciudad sin
sentido porque las casas americanas no tienen portero. Todas las
casas francesas de la época tenían porterías,
al contrario de las americanas, del mismo modo que hoy día
no hay ni porterías ni porteros en nuestras casas. Esto
se presenta como un signo de barbarie, de estupidez: ¡los
americanos no son seres humanos porque en sus casas no hay porterías!
Ciertamente, un absurdo.
Un
joven intelectual latinoamericano, que más adelante
devendrá gran literato (a sus 23-24 años viaja a
la Europea, como siempre hacían los americanos para impregnarse
de civilidad). Llega a Florencia, donde su máxima aspiración
es cenar con Papini, un famoso, que había ya escrito la
Historia de Cristo, un best seller en todo el mundo. En la cena,
Papini le pregunta: “Y usted, de dónde es?” “Soy
colombiano,” responde. Dice Papini, “Ah, los americanos
nos han desilusionado mucho, porque nosotros les hemos dado todo:
les dimos la lengua, el estado, el derecho, etc. y ellos no han
tenido la capacidad de darnos algo. ¿Dónde están
los Dante latinoamericanos, los Bocaccio latinoamericanos, los
Shakespeare latinoamericanos, los Cervantes latinoamericanos. No
sois capaces de enunciar ni a un autor.
El
estudioso latinoamericano queda estupefacto, porque ya en aquel
momento habían publicado algunas obras fundamentales dos
personajes como Borges y Neruda. Replica a Papini, “¿pero
usted no tendría el valor de escribir esto en un papel? “Cómo
no, se lo escribo.” Entonces, el colombiano llama a las agencias
de noticias latinoamericanas y hace una especie de gigantesco sondeo
en Latinoamérica. “¿Es verdad lo que dice Papini?” Naturalmente,
hay una respuesta unánime: es toda una estupidez, Papini
ha dicho una cretinada. Devuelve los resultados a Papini, que,
riendo le dice: “También hasta esta vez he
conseguido crear una polémica.” Pero no se retrae,
ni se retraerá.
Años
antes, viene a Italia Ludwig, el periodista alemán
sobre quien ya os he hablado, hace una larga entrevista a Mussolini
en un momento en que éste no está muy lejos de sentir
simpatía por los americanos, por una razón que explicaré.
Pregunta Ludwig: “¿Cómo considera a Estados
Unidos? ¿Una democracia? Porque al visitarlos, todos me
preguntan, ¿quién es Mussolini? ¿Qué clase
de tipo es? Hay una gran curiosidad en torno suyo, lo que al final
no deja de ser curioso porque los americanos tienden a ser anti-dictatoriales
y usted es un dictador que suscita curiosidades en los Estados
Unidos." Y Mussolini responde: “No es cierto, la democracia
americana es una democracia dictatorial, el presidente de los Estados
Unidos tiene los mismos poderes de un dictador, y por tanto no
son un país democrático, sino un país —más
o menos— como nosotros en la Italia fascista.
Es una idea sin sentido, y Ludwig queda sorprendido ante tal respuesta.
Pasa el
tiempo, las ideas de Mussolini se transforman poco a poco, y en
el ´37, cinco años después, Ciano lo cuenta,
en un momento de rabia porque no consigue resolver algunos problemas
de política exterior con Francia y los Estados Unidos. La
coge con Estados Unidos, y habla de “aquel país de
negros y hebreos.” De hecho, dice que “quiero escribir
un libro que titularé La Europa del 2000, en el que explicaré la
desaparición de los americanos, y que los únicos
pueblos que resistirán serán los italianos, los alemanes,
los rusos y los japoneses. Afortunadamente, nunca escribió aquel
libro, porque hoy sería una obra maestra de humorismo. Pero,
esta es una idea que circula en los años ´30 en Italia
y en Europa, aquella de que “los americanos no son lo que
parecen, son una democracia que sin embargo es una dictadura.
Máquinas americanas, malas; máquinas soviéticas,
buenas:
Es
algo que se repite hasta el día de hoy. ¿Como
se comparan los rusos con los americanos en aquella época?
Hay un momento, a finales de los ´30, durante el período
del NPE (Nuevo Plan Económico), en en que los comunistas
rusos son filo-americanos hasta la médula. De hecho, hay
una canción de la cual recuerdo algunos versos, que dice: “rindamos
el torrente de la revolución rusa, unamos la eficacia de
la técnica americana y construyamos el socialismo." Esto
es, ¡el socialismo es algo que nace al juntar la revolución
y la técnica americana!
Pero, después hay otras razones por las que no se puede,
cuando aparece Stalin, hacer esta combinación.
Si
Stalin quiere industrializar a la Unión Soviética,
no puede hacerlo sin los créditos, los ingenieros y las
máquinas de los americanos. No puede hacerlo sin las técnicas
que Henry Ford ha adoptado en su racionalización industrial;
no puede hacerlo sin conocer las técnicas de medir el coste
de la mano de obra que otro americano, Taylor, ha creado. Y ahora
Stalin viene con una retórica que dice, “sí,
es cierto, el maquinismo americano es eficaz, pero el maquinismo
soviético se debe hacer de tal forma que la URSS sea el único
país del mundo donde las máquinas no son contrarias
a los intereses de los trabajadores. En America, las maquinas trabajan
para los capitalistas; esas mismas máquinas, esa misma tecnología
americana, implantadas en Rusia devienen comunistas y progresistas.
Lo
mismo dice Gramsci en Italia: el fordismo se acepta, pero bajo
control democrático, que significa bajo control comunista.
También aquí se introduce el concepto de que todo
aquello que viene de América hiede, y trae daño a
la humanidad. Pero, como no se puede dejar de decir que la tecnología
americana produce energía que es nueve millones de veces
mayor que la que produce un único trabajador manual, por
tanto, para determinar ciertos tipos de producción, las
fábricas no pueden continuar con el obrero y el martillo
o la llave inglesa: es necesario adoptar una tecnología
maquinística.
Entonces, ¿qué sucede? Sucede que la máquina
está en contra del hombre, y así comienza a crearse
aquella teoría de la monedita dentro de la Coca-Cola.
Al traducirlo, significa que a ese paso no se debe hacer caso
a los americanos, el ser humano desaparecerá, el mundo
se convertirá en un mundo de sólo maquinas. Por tanto,
la máquina americana es contraria a la humanidad, es menester
combatir la máquina americana porque la máquina
americana destruye poco a poco a la humanidad, no habrá más
hombres, sino un mundo de robots. Hemos visto una infinidad de
films basados en esta teoría, que es uno de los fundamentos
del anti-americanismo.
El plan Marshall:
Esta
teoría continúa creciendo incluso después
de la segunda guerra mundial. Los americanos vienen, liberan a
Europa, e inmediatamente después ofrecen el Plan Marshall.
El Plan Marshall es exactamente lo contrario de aquello que los
americanos habían ofrecido después del fin de la
primera guerra mundial, cuando, a viva voz, habían recordado
el pago de los préstamos otorgados a los europeos. También,
durante la segunda guerra mundial los americanos concedieron enormes
préstamos; pero, para evitar que en un mañana los
acusaran de ser avaros y sanguijuelas del pueblo, Roosevelt inventa
aquel famoso contrato de “Fondos y empréstitos europeos.” Así,
los americanos dan dinero a sus aliados europeos, y los aliados
europeos ceden la posibilidad de usar ciertas islas o zonas del
Atlántico a la Marina norteamericana, una especie de “prestar
y arrendar.”
Cuando
acaba la guerra, y para evitar los errores de la primera guerra
mundial, los americanos
lanzan el Plan Marshall, i.e., como
sucede ahora en Iraq, están dispuestos a financiar la reconstrucción
de Europa. En un primer momento, por algunas semanas, hasta los
rusos se sienten tentados a adherirse a este Plan Marshall, pero
después Stalin presume que se está tendiendo
una trampa contra su dominio, y se opone. Desde aquel momento la
propaganda
comunista retorna con auge a las teorías anti-americanas
de los años ´20: americanos, sanguijuelas que pretenden
el pago de algo imposible de pagar; americanos, irrespetuosos de
la civilización; americanos, vulgares bárbaros, todo
para contrastar el Plan Marshall.
Sin
embargo, el Plan funciona: en una Europa sin el Plan Marshall
no habría reconstrucción
de Italia, ni de Francia, ni de Alemania. No
obstante, se describe el Plan Marshall como una forma de llevar
el hambre a la población
europea, de modo que permita a los americanos, al ofrecer cuatro
perras, empobrecer progresivamente
a los europeos.
Como veis, estas cosas
retornan continuamente, como ahora con la guerra de Iraq. Los
americanos están allá para
aprovecharse de Iraq, y el ofrecimiento de fondos se dice que está hecho
para aumentar su provecho, que los americanos son una amenaza a
la integridad moral de Europa. Estos temas, nacidos en parte hace
un siglo, han devenido ley, una ley que está dentro de la
cabeza de los europeos. Y nosotros seguimos adelante con estos
prejuicios, sin saber contrarrestarlos.
Y,
como veis, mi monedita no se ha disuelto...
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