S E C C I O N E S
Nosotros
About us
Contáctanos
Enlaces - Links
Suscríbete
Buscar - Search

Por Jesús Carlos Riosalido Gambotti *
La imperiosa atracción de la izquierda por el fundamentalismo islámico (Conferencia pronunciada ante el Club Rotario de Benahavis, Málaga)

MUCHOS SON LOS QUE han observado, con justa extrañeza, la imperiosa atracción que la izquierda en general y los partidos socialistas tercermundistas en especial sienten por el fundamentalismo islámico, mostrando hacia éste una forma de respeto que asombra, pues se preguntan cómo es posible que una creencia dogmática, sí, pero laica y atea puede admirar a otra„ que basa su identidad en creer en Dios y en sus profetas.

Por izquierda entendemos, en este contexto, no los partidos socialistas de la mayor parte de Europa, que se han desprendido ya, y de verdad, de su basa marxista, sino los que mantienen tesis radicales, como el PSOE, y la mayor parte de los partidos socialistas del tercer mundo.

Y, sin embargo, la fascinación ejercida por el islamismo sobre el PSOE y otros, no es tan difícil de entender, si se estudian bien los parámetros en los que ambas formaciones funcionan.

Cierto que el socialismo tercermundista no tiene un Dios propiamente dicho, ni unos profetas, aunque se esfuerza en tenerlos a base de reconocer la omnipotencia del secretario general y su infalibilidad, y la verdad intrínseca e irreducible que transmiten todos sus colaboradores, a los que ha tocado la mano de su gracia, pero quizá esto no sea tan importante, sino más bien la paridad de objetivos y de estrategias, y el paralelismo de tácticas y programas.

En efecto, si dejamos a un lado la teología, observaremos sin dificultad que los dos movimientos pretenden lo mismo, o sea una sociedad dogmática y absoluta, en la que sólo se tolere su visión de la realidad y ninguna otra.. Los que entiendan esto serán parte del sistema, ya sea muyahidin o guerreros, o buenos socialistas.  Los que queden fuera se convertirán en réprobos, mulhidin, o, en el caso de los socialistas, fascistas. Todo el que no crea en la verdad y bondad absolutas del sistema, deberá ser eliminado de la sociedad islamista o socialista de un modo o de otro, para que no inquiete a los demás y sea un peligro para la jerarquía, como ocurre con los atentados terroristas o con el famoso cordón sanitario que en España se decretó contra el PP. No se trata de alternarse con otras concepciones de la religión y con otros partidos, sino simplemente borrarlos de la vida pública.

Ahora bien cuando los socialistas tercermundistas miran hacia el islamismo, no pueden evitar hacer una observación inquietante. Esta observación es que el islamismo está mucho más avanzado que ellos en la conquista de la sociedad. Mientras el PSOE, por ejemplo, tiene aun que soportar críticas parlamentarias al secretario general, a pesar de la infalibilidad de éste, o esperar las sentencias de los tribunales, el fundamentalismo islámico ya ha desarbolado definitivamente muchos gobiernos y muchos parlamentos. Nadie se atrevería a dictar sentencias que atentaran directamente contra el islamismo.

Pero esto es el mundo al revés. Los partidos socialistas tercermundistas se asombran de que sus competidores islámicos les vayan ganando, no comprenden que hayan llegado mucho más lejos que ellos en la quiebra de la separación de poderes, en la sumisión de todos estos al omnipotente secretario general, y admiran a sus hermanos mayores, los fundamentalistas, con una admiración que tiene algo o mucho de envidia, y se avienen a aprender de ellos.

Fingir que se es demócrata, que preocupan los derechos civiles, la libertad individual, y otras pesadas gaitas en que el occidente se complace, tiene sus límites. Hay que saltar por encima de los tiempos y romper etapas. En esta tarea es básico aprender de los que ya han conseguido más experiencia que ellos, es decir, de los fundamentalistas musulmanes.

Y una vez que hayamos aprendido todo de ellos, y ya no puedan enseñarnos más, aseguran los socialistas islamizantes, bueno, después ya veremos.

Desgranemos ahora esta idea inicial en los apartados que siguen para apertura de visiones cerradas cuando sea hacedero, y si no, al menos, para general conocimiento y eventual construcción de la defensa democrática contra ambas amenazas paralelas.

La Umma socialista y el sacerdocio
Frente a las antiguas naciones o umam, que tienen sus gobiernos, parlamentos y poder judicial separados, el socialismo tercermundista y el fundamentalismo islamista proponen la creación de una nueva umma o nación, que va no se va a basar ni en una historia, ni en una interpretación religiosa, ni en un idioma común., molestias que es preciso superar, sino en la pertenencia a la secta. Se busca el buen socialista o el perfecto islamista, quedando fuera tan sólo superestructuras que hay que eliminar progresivamente.

La nueva nación, o umma, ya no va a ser una nación de ciudadanos o de creyentes, sino de compañeros o de fanáticos. Un nación, en suma, donde no van a contar los derechos individuales, sino tan sólo los colectivos. El resto son fascistas, o multadin, heréticos o ateos, superestructuras eliminables, y nada más.

Ahora bien, toda organización sectaria necesita de jerarquía y de grados, es decir, de órdenes e de sacerdocio, aunque este sacerdocio no implique un sacramento, como ocurre en la Iglesia católica. No todo el mundo puede ser Rodríguez Zapatero ni Osama Ben Laden, pero tampoco todos están destinados a ser tropa. Hay compañeros intermedios que pueden y deben ascender hasta convertirse en sacerdotes o pastores que dirigirán a un cuerpo electoral ya enteramente sometido a sus designios.

En la elección de pastores, los sistemas seguidos por ambos movimientos son absolutamente paralelos. Para ello se requiere:

1. Pertenencia leal a la secta. Es secundario que ésta sea religiosa o simplemente civil o revolucionaria. Los no miembros, no tienen, por principio, acceso a las órdenes.

2. Experiencia bastante, léase, participación en campañas electorales, congresos de partido, prácticas piadosas comprobadas, número de umras, de peregrinaciones menores realizadas etc.

3. Recepción de la Gracia. Ésta se recibe, como don gratuito, del secretario general, o del gran jeque, y no se discute, sino que se acepta sin condiciones.

La primera función de la nueva umma así constituida consiste en la conversión del jefe en un Dios. No hay más que ver cómo el perfecto socialista procura acercarse a Rodríguez, para tocar su manto y recibir la Gracia, o los suicidas musulmanes aspiran a escuchar una palabra de Ben Laden. Son exactamente la misma cosa, tan sólo transportada de cultura en cultura y nada más.

La sanción superior
Pero no son dioses. Algo rechina en la planificación para construir un estado absoluto, y algunos, más listos por lo general que el resto de la secta, se dan cuenta de ello. Hay que buscar una verdadera sanción divina, no la que provenga de un jeque o de un secretario general, por importante que estos sean. Falta Dios y hay que buscarlo, pero eso sí, sin renunciar a las ideas socialistas de base.

Es este anhelo de absoluto, por encima del absolutismo llanamente político de los otros, lo que justifica determinadas y aparentemente extrañas conversiones al Islam, y aun es más, al Islam extremadamente conservador o incluso fundamentalista.

Tal consideración explica la conversión de un Garaudv o de un Ramírez al Islam, pero no cualquier Islam, no el Islam de una panda de intelectuales medio ateos, sino el verdadero Islam global, el absoluto, el perfecto, el que no puede cambiar, y que no nos hace renunciar a nada. La única libertad que merece la pena conservar es la de obedecer. La idea de ciudadano y de derecho individual es prescindible.

Nunca puede prestarse gran credibilidad a estas conversiones. Más creíble sería la conversión de un mushrik, un cristiano, al Islam, para poder casarse con la mujer que ama. Creemos, por el contrario, que se trata de reafirmaciones en el propio dogma social tercermundista, reforzado por la sanción superior divina.

El proletariado perpetuo
Bajo la umma socialista hay un nivel inferior, como en el fundamentalismo religioso. Es una masa de seres humanos, compañeros o creyentes, pero nada más. Sirven como votantes, o como fieles que oran los viernes en las mezquitas. Eso es todo. Para que permanezcan así, el primer paso es el de ir quebrando su sistema educativo, de forma que éste sólo refleje las opiniones del secretario general o del jeque, y por ende, las del partido o la Qaida de turno.

En nuestro caso, la llamada Educación para la Ciudadanía, la ausencia de la Historia y Geografía de España en los curricula escolares, la persecución del castellano, por ejemplo, cumplen este objetivo, en sus paralelos islamistas que son, el tafsir, o interpretación propia del Corán, la modelación de la Historia del Pueblo Árabe y Musulmán, la persecución a las lenguas que puedan servir para entender la televisión o el cine, etc.

De esta forma, se va constituyendo un proletariado perpetuo, un proletariado que nunca aspirará  a dejar de serio, porque si lo hace será réprobo, será fascista o descreído. Nada debe cambiar.  Las castas no son comunicables. El que nace para ser proletario o mu´min, creyente, morirá como tal. Los grados superiores de ministros, funcionarios del partido, jeques o a 'imma, imames, les están  prohibidos.

El sistema se va completando y cerrándose sobre sí mismo. Pero siempre quedan flecos, y uno de ellos se refiere precisamente a la violencia como modo de acción político y religioso.

El recurso a la violencia
De siempre, el socialismo tercermundista se ha considerado hijo de la violencia. La revolución de 1848, la Comuna, la revolución soviética de 1917, el Frente Popular de 1936, se fundaron sobre la violencia. Muchos movimientos contemporáneos, como el nacionalismo excluyente, la ETA, las FARC, el régimen cubano, el baathista de Siria y del Iraq, el fundamentalismo, etcétera, se han fundado y se siguen fundando sobre la violencia.

La violencia es así una parte básica de la ideología socialista propia del tercer mundo o de los que, aun dentro del primero, no han evolucionado hacia la moderación europeísta. No se puede renunciar a ella, como tampoco puede hacerlo el extremista religioso. Está en la historia del partido, o en el Corán, es una parte de ellos, a la que nunca renunciarán.

Los socialistas se preguntan, si hay una yihad religiosa, ¿por qué no puede haber otra laica? No hace falta ni siquiera usar pistolas o explosivos. La verdadera yihad se hace con la persuasión forzosa, o sea, atacando a los cerebros.

Aun así, la mayor parte de los actos terroristas físicos, con víctimas, registrados en el occidente, han tenido una base, un anclaje socialista más o menos lejano. Los mismos jeques fundamentalistas se consideran básicamente socialistas.

Las piedras en el camino
La lucha por la consecución del Paraíso perfecto, del dogma global, no deja de encontrar piedras en el camino. Los fascistas, los réprobos, no quieren convencerse de la verdad absoluta que emanan las construcciones, en realidad vacuas, del secretario general o del imam. Son tenaces, y multiplican las dificultades para los creyentes, los compañeros.

Tantos son los palos en las ruedas que se ponen para impedir el avance del sistema socialista total, que necesitaríamos muchos folios para referirnos a ellos. Por eso los resumiremos en tres categorías principales, la cuestión de los textos sagrados, la cuestión de los derechos civiles, y la cuestión de las mujeres.

a. La cuestión de los derechos sagrados:
Entendemos por texto sagrado, en el caso del Islam, el Corán y las colecciones canónicas de sunna o de albar en el caso de la shi'a, y la Constitución, y el paquete de leyes anteriores a su gobierno, en el caso del socialismo de España, o del tercer mundo., que para el objeto de nuestro estudio son lo mismo.

El Corán y la Constitución son un peso insoportable, que pone límites, en principio definitivos, para el progreso del sistema. No se les puede obviar, porque el Corán es la última revelación posible, y la Constitución impone pesados procedimientos para cambiarla, en los que aún pueden intervenir los fascistas, por lo que en ambos casos, sólo es posible la reinterpretación de los textos, su conversión en una referencia teórica, pero no práctica. La atribución de significados ambiguos a los textos, que éstos no tienen, permite saltárselos sin que ello se note demasiado.

Se puede jurar por el Corán, o prometer la Constitución, y luego atacarles sin piedad, pues el jeque es depositario de una para-revelación, una revelación adicional, y el secretario general, portador de la Bondad con mayúscula, está autorizado a interpretar la Constitución y las leyes según la oportunidad o la conveniencia de cada momento. La verdad y a justicia se esfuman, y su lugar lo ocupan el engaño y la elaboración extrajudicial de las sentencias.

Poco a poco, la auténtica sunna, la legislación neutral y democrática, se van olvidando y son substituídas por el retrogradismo del jeque o las ocurrencias del secretario general. Una, al menos, de las piedras del camino, se ha superado. Pero aún quedan otras, si nos apuran, más difíciles que esta primera.

b. La cuestión de los derechos civiles:
Tan molesto o más que el tema de los textos sagrados es el de los derechos civiles, porque han sido planteados y difundidos por personas sacralizadas, como Martin Luther King, de las que es difícil dudar sin transmitir dichas dudas a la mente del proletariado perpetuo, que es el que forma e] ejército del régimen.

Tampoco a los fundamentalistas les gusta tener que lidiar con una especie de santo del siglo XX especialmente si se trata de un negro, procedente de un continente como Africa en el que esperar obtener nuevas canteras de militantes.

Y, sin embargo, los derechos civiles, los derechos individuales, son un peligro gravísimo, porque pueden oponerse a los derechos colectivos o históricos de la tribu, de la secta, e incluso superarlos o anularlos. No se puede consentir que la población, a nivel individual„ reclame una religión propia, enemiga del socialismo tercermundista, como las iglesias cristianas, pretender que sus ritos sigan saliendo a la calle, que unos padres cualquiera pretendan ejercer un supuesto derecho a que sus hijos sean educados en un idioma concreto, el de sus padres, que otros intenten entronizar una moral que no corresponde con la del sistema, que impliquen que los individuos, en general, puedan tener derechos como tales.

Lo mismo ocurre desde el lado islamista. El viejo Islam está caduco, se ha vendido al Occidente, y ante ello no hay más solución que crear uno distinto, a través de la para-revelación recibida por el jeque., pues es él quien decide la interpretación y nadie más, es impresentable seguir los curricula escolares de los países moderados, que enseñan inglés y otras lenguas impías, y sobre todo no se puede consentir que unos profesores que son poco más que funcionarios de monarquías v repúblicas más o menos liberales, enseñen moral a los indefensos niños de la comunidad fundamentalista.

Esta lamentable situación exige una progresiva substitución de los derechos individuales, los llamados derechos civiles, por los derechos de la comunidad, de la historia, ya que los primeros no los puede interpretar la jefatura, a causa de su carácter estrictamente personal, pero los segundos cabe que sean interpretados, y de hecho lo son, por el jeque o el secretario general. No será, pues, necesario acudir al proletariado, a la umma, para que explique al sistema qué es lo que desea, sino que será la jerarquía la que decida cual es el autentico sentido de sus deseos, que en ningún caso podrán oponerse al dogma establecido.

Quedan las mujeres. Es propio de este problema crear estupefacción., duda, entre los creyentes y compañeros. Veamos por qué.

c. La cuestión de las mujeres:
Si hay un capítulo capaz de crear diferencias y temblores en el socialismo tercermundista respecto del fundamentalismo religioso es el de las mujeres. Tan grave es, que han sido los propios integristas los que han tenido que acudir en auxilio de los socialistas para explicarles sus posiciones, y así no perder un aliado natural.. Parece que los han convencido, y no sin razón, con excepciones comprensibles como la de la señora ministra de Igualdad, Aido, a la que difícilmente se le puede pedir perspicacia.

No se puede permitir, cuando ya se han logrado tantos paralelismos y tantos acuerdos entre el socialismo tercermundista y el fundamentalismo que una cuestión menor como puede ser ésta, dé al traste con admiraciones y acuerdos más globales e importantes. Y sin embargo es difícil, para un dogma que se basa en la libertad de la mujer al estilo occidental, aceptar el velo, la sumisión al hombre y la división de la sociedad en un gigantesco androceo y otro no menos gigantesco gineceo.

Ante esta dificultad puede optarse por olvidarla, no mencionarla, borrarla del mapa, lo que es peligroso a la larga, y explicarla, lo que parece major y más tranquilizador para ambas partes.

Y aquí, como en casos que hemos visto antes, es el fundamentalismo islamista el que provee de la explicación que no se le ocurre al socialismo tercermundista, viniendo a mostrarse como el hermano mayor frente al pequeño, o como el maestro frente al oficial o el aprendiz, que diríamos en el occidente.

El velo, la separación de sexos, la preeminencia del hombre sobre la mujer, el gineceo universal , dicen los islamistas, no va en contra de la libertad de la mujer, sino que pretende fomentarla, eso sí, dentro de parámetros culturales distintos. Y en este sentido, ocurre lo siguiente:

1. El velo no se impone. Es una decisión libre de la mujer a través de la cual cumple con las costumbres sociales de su cultura., y todas las culturas son asumibles.

2. La separación de sexos protege a la mujer y la pone al abrigo de los apetitos carnales del hombre, defendiendo su libertad sexual.

3. Los vestidos largos y la separación ayudan a que la mujer cumpla su papel social en la familia, y no interfieren con la eventual realización de un trabajo. El Islam ha resuelto la dicotomía entre familia y trabajo de manera más democrática y rápida que los mushrikin, o sea, los fascistas cristianos.

4. El objetivo de los islamistas es, por tanto, idéntico al de los socialistas, no se opone a la libertad, sino que la fomenta. Dentro de este marco, el Islam debe ser absolutamente respetado, sin interferencias.

Estas argumentaciones, aunque un poco débiles, bastan, sin embargo para tranquilizar al PSOE, y partidos similares del tercer mundo, y al menos, para postponer la discusión a etapas posteriores.

La gestión cotidiana de la admiración en el socialismo tercermundista
Hasta ahora nos hemos movido en términos de filosofía religiosa y política, pero la admiración debe gestionarse, ha de otorgársele un contenido concreto, una cotidianeidad, y como las situaciones internas de cada país son diferentes no podemos referirnos a todas. No es lo mismo Rodríguez Zapatero que Bashar Al-Assad, Hugo Chávez que Correa, Fidel Castro que Ahmadinevad. Esta evidencia nos obliga a concentrarnos en lo que pasa en España bajo el zapaterismo de apariencia socialista, y confiar en que el inteligente lector sea capaz de trasponerlo a otras realidades políticas y sociales.

Veamos, pues, cómo el presidente Rodríguez cotidianeiza su admiración, según los puntos siguientes,

A. El PSOE tiene el mismo objetivo que el fundamentalismo, o sea, transformar la democracia occidental en un régimen total y dogmatico del que toda disensión esté excluida. Cualquier colaboración que los islamistas puedan aportar a este objetivo será bienvenida. Quebrará la tradición cristiana de España, y preparará al país para nuevas transformaciones, que serán permanentes.

B. El secretario general del PSOE, y por ende su partido, son enemigos de los EE.UU, desde que Zapatero no se levantó al paso de la bandera norteamericana, lo que también es el fundamentalismo, y, como ya se sabe, los enemigos de mis enemigos son mis amigos.

C. Hay tropas españolas en numerosos lugares del mundo en los que tienen poder los islamistas, y no es conveniente que mueran, porque los electores no lo comprenderían. Para evitarlo hay que decir, por ejemplo, como ya lo ha hecho su Ministro de Asuntos Exteriores, que la contribución de Hezbollah a la paz del Líbano ha sido importante, que Mottaki, Ministro de Exteriores de Iran, es una gran persona y un gran diplomático y llevar cartas de un contendiente a otro, por ejemplo, de Bashar Al-Assad a los políticos libaneses.

D. Conviene evitar las visitas a alto nivel a los países árabes e musulmanes moderados, y de manera especial a Israel, a fin de no incurrir en el enfado de los compañeros islamistas. Hay quien ha sostenido, por esta razón, que el zapaterismo tiene el dudoso honor de ser el único gobierno antisemita de Europa.

E. La llamada Alianza de Civilizaciones no tendrá éxito hasta que los fundamentalistas se hayan sumado a ella, lo que no parece ser el caso en este momento. Al contrario, el fracaso de su última reunión en Madrid, a la que fueron invitados intelectuales y artistas dudosamente creyentes, podría augurar lo contrario.

F. Alternativa a este fracaso podría ser el llamado sigilo o compromiso de silencio entre los socialistas tercermundistas y los islamistas. A través del sigilo acordado por ambas partes se consigue que el gobierno no ataque nunca los presupuestos y victorias fundamentalistas, v éstos, a cambio, asumen su responsabilidad en el 11 M, y detienen cualquier tentación que pueda provenir de los va condenados y en prisión para hablar demasiado y poco oportunamente.

Muchas otras cotidianeidades podrían mencionarse, pero creemos que, con las mencionadas aquí será, de momento, bastante.

La confrontación inevitable
Por buena que sea la sintonía entre socialistas tercermundistas e islamistas, a medio o largo plazo, ambos están condenados a la confrontación. Los dos sistemas, férreos y absolutos, si tienen éxito a ambos lados del Mediterráneo, habrán de dirimir un día su primacía, porque sus respectivos secretarios generales o jeques son distintos, sus grados, su sacerdocio, están compuestos por camarillas diferentes, en general incompatibles, e incluso el pueblo fiel, los buenos socialistas y los purificados muslimes tienen poco que ver los unos con los otros.

Tal enfrentamiento, que podría ocurrir asimismo en América, pero de manera más suave, mientras que en Europa y el Norte de África sería terrible, nos obliga a preguntarnos cómo se puede evitar. Y la primera consideración que nos viene a la mente es que con las presentes generaciones de un lado y de otro será imposible. Los alevines de socialistas o los convencidos terroristas han sufrido un lavado de cerebro tan profundo que difícilmente podrá cambiarse. Los hombres y mujeres entre treinta y cuarenta años están prácticamente excluidos a todos los efectos de compromiso y pacificación. Pueden existir, naturalmente, excepciones, pero no son significativas y, de todas maneras, la excepción haría la regla.

Quedan, pues, las generaciones anteriores, y también las más jóvenes. De las mayores, se conoce su descontento tanto con el socialismo tercermundista como con el fundamentalismo. Los viejos socialistas se hallan escandalizados con la locura revolucionaria y adolescente de sus alevines, y los antiguos muslimes, aunque fueran en su juventud, por ejemplo, hermanos musulmanes no entienden hacia dónde se dirigen los Ben Laden ni los Jawahiri. Esperan un error, un desliz de su prole, que les permita recuperar el poder, y reconducir la situación a donde creer que debe estar.

Las más jóvenes no suelen producir confianza. Se cree que si sus padres fueron radicales, ello los serán más, pero lo cierto es que no se sabe. No sería la primera vez en la historia que las nuevas generaciones corrigen en el mejor sentido a sus mayores, pero sea como sea, es una alternativa que merece la pena considerar, aunque no sea más que porque en el mundo post-democrático y polar que significan el socialismo tercermundista y el fundamentalismo religioso, con unos líderes infalibles y que albergan esperanzas de inmortalidad, que se reencarnan, una vez muertos, en los siguientes secretarios generales y jeques, no nos queda ninguna otra esperanza ni alternativa.

* Abogado, doctor en Derecho Islámico, e  intelectual islamista.  Tiene una larga hoja de vida al servicio de España, Entre otros, Cónsul General en Zürich, Embajador en Kuwait, Bahrein y Albania.  Vive en Madrid

Noviembre 20, 2008
...............................................................................................................................................

Imprimir este artículo