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POR BENJAMIN POWELL, Dublin *
Libertad económica y crecimiento: el caso de Irlanda*
Durante más de dos siglos, Irlanda fue uno de los países
más pobres de Europa. Sin embargo, durante la década
de los ´90, Irlanda alcanzó una tasa de crecimiento
económico sobresaliente. Al final de la década,
su PIB per cápita alcanzó $25.500, (en términos
de paridad de poder de compra) más alto que el del
Reino Unido de $22.300 y el de Alemania de $23.500.. En
1987, el PIB de Irlanda era sólo
el 63% del PIB del Reino Unido.
Casi todo esto avance ocurrió en poco más de
una década. De 1990 hasta 1995, el PIB de Irlanda
se incrementó en una tasa promedio de 5.14% a.a.,
y de 1996 hasta 2000 aumentó a
una tasa promedio de 9.66% a.a.
La mayor
parte de las teorías de crecimiento económico
pueden descartarse como una explicación del rápido
crecimiento de la economía irlandesa. La tesis de este
artículo es que ninguna política en particular
es responsable por el dramático crecimiento económico
de Irlanda, sino una tendencia general de muchas políticas
para aumentar la libertad económica es lo que ha causado
el rápido crecimiento económico de Irlanda.
La primera
sección de este trabajo analiza las políticas
generales y el crecimiento económico en Irlanda de 1950
a 1973. En la segunda sección se examina la experiencia
de Irlanda implementado políticas keynesianas y la crisis
fiscal durante el período 1973-87. La tercera sección
considera las políticas que se utilizaron para corregir
la crisis fiscal y lograr el crecimiento dinámico que
ocurrió de 1987 al 2000. Las políticas mencionadas
se explican más ampliamente dentro del contexto de la
libertad económica y su relación con el crecimiento
económico en la cuarta sección. También
se exploran algunas otras explicaciones posibles del crecimiento
económico de Irlanda. El estudio termina con conclusiones
que se pueden inferir de la experiencia de Irlanda.
Perspectivas Tempranas de Crecimiento, 1950-73
La
República de Irlanda poseía un penoso historial
de crecimiento económico antes de 1960. A inicios del
siglo XX, Irlanda tenía un PIB per cápita relativamente
alto, pero declinó marcadamente en comparación
al resto de Europa Occidental hasta 1960. Durante los ´50,
la posición política de varios gobiernos sucesivos
fue la del proteccionismo. Las exportaciones representaban
solo un 32% del PIB, y más del 75%
de estas exportaciones eran dirigidas al Reino Unido.
El alto nivel de interferencia gubernamental en el comercio
y en otras áreas de la economía
produjo estos pobres resultados económicos. En los años
´50, la tasa de crecimiento promedio fue solo del 2%,
muy por debajo del promedio de crecimiento de los países
europeos después de la guerra. El deterioro
económico se reflejó en una masiva emigración
que redujo en un séptimo la población de Irlanda
en los ´50.
El
gobierno irlandés abandonó lentamente las
altas políticas proteccionistas en los años ´60
y empezó a seguir una estrategia de crecimiento orientada
a la exportación. La
reducción unilateral de aranceles en 1964 y nuevamente
en 1965, así como el Acuerdo Comercial Anglo-irlandés
que permitió el ingreso de manufacturas irlandesas libre
de impuestos al Reino Unido a cambio de una reducción
anual progresiva del 10% de los aranceles en Irlanda,
fueron políticas particularmente beneficiosas que contribuyeron
a hacer de Irlanda un país más atractivo
para la inversión extranjera.
La
liberalización del comercio durante los ´60
fue el motor del crecimiento económico de Irlanda. La
producción se expandió a un promedio anual de
4.2%, casi el doble de lo logrado en los años
´50. Sin embargo, todavía existía
un alto grado de intervención estatal en la economía
en esta época, y aunque el crecimiento fue mucho más
alto que el de los ´50, no es tan sobresaliente como
el crecimiento que Irlanda ha experimentado desde 1990. Durante
la década de los ´60, el resto de Europa también
estaba experimentado un crecimiento del PIB de un 4%.
Las políticas de libre comercio de Irlanda simplemente
le permitieron aprovechar las buenas tasas de crecimiento económico
que en general estaba experimentando Europa. Irlanda no logró convergir
a los estándares de vida del resto de Europa; al contrario, éstos
decayeron ligeramente del 66% del promedio de la
UE a un 64% en 1973.
Políticas Keynesianas y Mal Manejo Fiscal, 1973-86
A principios
de los setenta, Irlanda logró algunos
avances con respecto a la liberalización comercial y
se adhirió a la Comunidad Económica Europea en
1973. Sin embargo, la mayor parte del período desde
1973 hasta 1986 se caracterizó por políticas
keynesianas que la condujeron a una crisis fiscal. A partir
de la primera crisis petrolera de 1973 y continuando hasta
la segunda crisis de 1979, Irlanda trató de aumentar
la demanda agregada mediante el incremento de los gastos del
gobierno—una política que fracasó en su
intento de reactivar la economía Irlandesa.
Las políticas fiscales expansionistas tuvieron el efecto
de colocar al gobierno en una difícil condición
fiscal. El gobierno había incurrido en déficit
sustanciales asociados con la primera crisis petrolera, mayormente
con el propósito de financiar la acumulación
de capital hasta 1977, lo cual causó un creciente déficit
en la cuenta corriente (Honohan 1999: 76). Después de
1977, el gobierno emprendió una expansión fiscal
aún menos sostenible, lo cual indujo a que la deuda
del sector público creciera de un 10% del
PNB al 17%, a pesar del aumento de los impuestos.
Todas las categorías de los gastos del gobierno aumentaron
entre 1977 y 1981: sueldos y salarios aumentaron debido a un
acuerdo nacional sobre salarios; las oficinas públicas
tomaron más empleados para tratar de reducir el desempleo;
los pagos por transferencias aumentaron; y un programa ambicioso
de expansión de la infraestructura pública causó el
incremento en los gastos de capital (Honohan 1999: 76). Los
pagos por interés también aumentaron durante
este período. Las tasas de interés internacionales
eran más altas que nunca, y los prestamistas requerían
que Irlanda pagara un alto porcentaje por riesgo país.
Las tasas de interés en Irlanda eran un 15%
más altas que en Alemania (Considine y O'Leary 1999:
118).
El gobierno
reaccionó a principios de los ´80 aumentando
los impuestos a la renta y al consumo para tratar de reducir
el déficit presupuestario. Aunque el déficit
primario se redujo a la mitad, la relación deuda/PIB
continuó subiendo y para 1984 los aumentos adicionales
de impuestos no parecía una solución viable para
la situación fiscal de Irlanda (Lane 2000). El nivel
de deuda acumulada en 1986 era 116% del PIB (Considine
y O'Leary 1999: 119). Altos niveles de endeudamiento público,
pagos por interés, y gastos puso al gobierno irlandés
en una precaria situación fiscal.
El crecimiento
económico de Irlanda durante este período
fue tan pobre como su condición fiscal. Irlanda tuvo
un crecimiento promedio anual del PIB de 1.9% entre
1973 y 1986 (Considine y O'Leary 1999: 111). Aunque esa tasa
de bajo crecimiento económico era la misma de los ´50,
la diferencia radicaba en que el resto de Europa también
creció lentamente. En consecuencia, el nivel de PIB
per capita de Irlanda permaneció aproximadamente en
dos tercios al de la UE. Hubo un sector de
la economía irlandesa al que le fue relativamente bien
durante el período 1973-86. Debido al aumento de la
apertura comercial, las empresas de propiedad extranjera continuaron
expandiéndose, aumentando su tasa de empleo en un 25% (Considine y O'Leary 1999: 119).
Soltando al Tigre, 1987-2000
Un cambio
radical de políticas era necesario debido
a la crisis fiscal por la que atravesaba Irlanda. El recientemente
electo primer ministro, Charles Haughey, no había seguido
una política de gobierno limitado durante su periodo
anterior como gobernante (1979-82). De hecho, sus políticas
derrochadoras jugaron una parte importante en la creación
de la crisis (The Economist 1988). Antes de las reformas de
1987, Haughey y el nuevo gobierno de Fianna Fail habían
hecho su campaña basándose en una plataforma
populista en contra de recortes al gasto público. Fue
la urgencia de la crisis fiscal, no un cambio ideológico,
lo que causó el cambio de políticas en Irlanda.
Como indica Lane (2000: 317), "El programa de ajustes
fiscales tuvo una base amplia y no ideológica. Más
bien hubo un amplio consenso en que la única opción
era una acción drástica, que la alternativa era
una crisis de deuda a gran escala que requiriera intervención
externa del FMI o Estados Unidos". El mismo Haughey dijo, "Las
políticas que hemos adoptado son dictadas enteramente
por las realidades económicas y fiscales, deseo indicar
categóricamente que ellas no se toman por ningún
motivo ideológico o político" sino porque
son "dictadas por la pura necesidad de supervivencia económica" (Jacobsen
1994: 177). Incluso el principal partido de la oposición
patrocinó las reformas de Haughey (Lane 2000).
Considerando
que Irlanda era un miembro del Sistema Monetario Europeo
(SME)
y había disminuido exitosamente su tasa
de inflación del 19.6% en 1981 al 4.6% en 1986, monetizar la deuda a través de la inflación
no era una opción viable (Lane 2000). El aumento de
los impuestos ya había fracasado en resolver la crisis
a principios de los ´80. Sin poder aumentar los impuestos
ni la tasa de inflación, la única opción
que se le presentaba a Irlanda para resolver su crisis fiscal
era reducir los gastos gubernamentales.
Con el
propósito de controlar el presupuesto de Irlanda,
se recortaron los gastos en salud en un 6%, educación
7%, el gasto en agricultura se redujo en un 18%, transporte y vivienda se rebajó en un 11% y el presupuesto militar se recortó 7%.
Se eliminó la oficina ambientalista Foras Forbatha así como
también se eliminaron el Consejo Nacional de Servicios
Sociales, la oficina de Educación Sanitaria y la Organización
de Desarrollo Regional. Mediante la jubilación temprana
y otros incentivos el empleo en el sector público se
redujo en forma voluntaria en cerca de 10.000 puestos de trabajo
(Jacobsen 1994: 177-78).
Luego de
recortar los gastos del gobierno en 1987, se preparó el
presupuesto para 1988 que contenía los recortes de gastos
más grandes que había visto Irlanda en 30 años.
El gasto corriente se redujo en un 3% y los gastos
de capital se recortaron en un 16% (The Economist
1988: 9). Las reducciones en los gastos del gobierno sacaron
a Irlanda de su crisis fiscal. El déficit primario se
eliminó en 1987, y la relación deuda/PIB empezó a
disminuir marcadamente de su punto más alto en 1986.
A finales de 1990, la deuda pública era menos del 100% del PIB (Honohan 1999: 81).
Aunque
las reducciones en el gasto del gobierno se hicieron con
el propósito de resolver la crisis fiscal y no como
un intento por alcanzar un Estado económicamente más
liberal, luego de unos pocos años estas medidas tuvieron
el efecto de reducir el tamaño del papel del gobierno
en la economía. Los gastos gubernamentales, excluyendo
los pagos de intereses, declinaron de un elevado 55%
del PNB en 1985, a cerca del 41% del PNB para 1990
(Honohan 1999: 80).
Con el
tamaño del gobierno en la economía reducido,
el clima macroeconómico estabilizado, y las políticas
de libre comercio que habían existido por décadas,
la economía de Irlanda empezó a crecer a una
tasa del 4% para 1989 (Jacobsen 1994: 181). Ese nivel
de crecimiento era impresionante comparado con el 1.9%
de crecimiento entre 1973 y 1986 cuando el gobierno había
implementado políticas fiscales activistas. Sin embargo,
esta tasa de crecimiento del 4% no se compara al
crecimiento logrado a finales de los años ´90. El
gobierno hizo cambios de políticas adicionales durante
el período 1990-95 que condujo al país a tasas
de crecimiento más altas.
Una vez
que Irlanda resolvió sus problemas fiscales,
existía la posibilidad de que iniciara nuevamente su
imparable política fiscal expansionista. La firma del
Tratado de Maastricht en 1992 ayudó a que pareciera
más creíble y permanente el compromiso de Irlanda
de seguir políticas fiscales sanas. El tratado le exigía
a sus miembros mantener déficit fiscales menores que
el 3% del PIB, y fijar una meta del 60%
en la relación deuda/PIB al inicio de la Unión
Económica y Monetaria en 1999. Estas provisiones limitaron
la capacidad de Irlanda de emitir deuda para expandir el gasto
del gobierno.
La inflación es otra opción para financiar una
expansión del gasto público. Irlanda ha sido
miembro del SME desde sus inicios en marzo de 1979. Hay una
tasa de cambio fijo entre la moneda irlandesa y la de otros
miembros del Sistema Monetario Europeo, limitando la posibilidad
de seguir una política monetaria expansionista e inflacionaria.
Con la excepción de un brote temprano de inflación
alta en 1984, la tasa anual de cambio del IPC (Índice
de Precios al Consumidor) en Irlanda fue menor del 5%
en casi todos los años, menos dos, hasta 1995, y la
inflación promedio fue del 1.9% desde 1995
hasta 1999.
Con compromisos
que limitaban su capacidad para financiar el aumento del
gasto a través de inflación o
emisión de deuda, la única otra opción
disponible era aumentar los impuestos. Tradicionalmente había
sido más difícil aumentar los gastos del gobierno
mediante impuestos porque es un peso más obvio para
los votantes. Esta realidad ha ayudado a los inversionistas
a sentirse seguros de que el gobierno no incurrirá en
aumentos dramáticos del gasto.
En Irlanda
se aplicaban altos niveles impositivos antes de que se impusieran
límites a las políticas monetarias
o de endeudamiento. Irlanda tenía tasas máximas
marginales altas tales como de un 80% en 1975 y un
65% en 1985. Durante los ´90, las tasas impositivas
personales y corporativas disminuyeron dramáticamente,
y las tasas arancelarias continuaron decayendo. En 1989 el
impuesto a la renta estándar bajó de un 35% a un 32%, y la tasa máxima marginal
disminuyó del 58% al 56% (Jacobsen
1994: 182). La tasa estándar bajó al 24%
y la máxima bajó al 46% en el año
2000. Estas tasas se redujeron para el 2001 al 22%
y al 44%, respectivamente (EIU 2000: 28).[1] Aunque
Irlanda había tenido relativamente libre comercio por
un largo tiempo, el arancel promedio continuó disminuyendo
de un 7.5% en 1985 hasta un 6.9% en 1999.
La tasa
del impuesto estándar para las corporaciones
cayó de un 40% en 1996 al 24% para
el 2000 (EIU 2000: 29). Existe también un impuesto especial
del 10% a las corporaciones para las empresas manufactureras
y empresas relacionadas con servicios de comercio internacional,
o localizadas en el Centro Internacional de Servicios Financieros
de Dublín o en la zona libre de Shannon (EIU 2000: 29).
La Comisión Europea presionó a Irlanda para que
eliminara este impuesto corporativo especial del 10%.
En un acuerdo con la Comisión Europea, Irlanda se comprometió a
elevar la tasa especial del 10%, pero al mismo tiempo
a bajar la tasa del impuesto estándar. En el 2003 la
tasa estándar bajó al 12.5%, y las
empresas nuevas no pagan la tasa del 10%. Algunas
firmas, que actualmente son elegibles, mantendrán la
tasa de 10% hasta el 2005 ó 2010. En general,
este cambio debe beneficiar la economía de Irlanda porque
casi reduce por la mitad la tasa del impuesto estándar
corporativo y elimina el prejuicio hacia ciertas industrias
y áreas que había creado la tasa especial del
10%.
Debido
a las varias reducciones en las tasas de impuestos y el crecimiento
de
la economía, Irlanda disfruta ahora
de una tasa impositiva más baja que ningún otro
país europeo, con la excepción de Luxemburgo.
El total de los ingresos por concepto de impuestos de Irlanda
en 1999 (incluyendo ingresos por seguridad social) fue del
31% del PIB, mucho más bajo que el promedio
del 46% de la UE (EIU 2000: 28).
Durante
el período comprendido entre 1987 y el 2000,
Irlanda alcanzó y sobrepasó los niveles de vida
del resto de Europa. Hubo un fuerte crecimiento a principios
de los ´90 y un marcado crecimiento de "tigre" a
finales de esa década cuando el crecimiento del PIB
promedió más del 9% desde 1996 hasta
el 2000. Las políticas que se tomaron durante ese período
no fueron la única causa del crecimiento que tuvo lugar.
Más bien, se les puede ver como la última pieza
que faltaba y que, cuando finalmente se le puso en su lugar,
permitió que se fortaleciera la causa más amplia
del crecimiento económico.
Libertad Económica y Crecimiento en Irlanda
Las acciones
del gobierno que inhiben la capacidad de la gente para entrar
en intercambios mutuamente beneficiosos limitan
el nivel de vida que la gente puede alcanzar. Restricciones
en el comercio internacional y regulaciones internas interfieren
con algunos intercambios de beneficio mutuo. Los impuestos
y la inflación quitan riqueza de los ciudadanos que
pudo haber sido usada en intercambios para aumentar su bienestar.
La seguridad legal y el Estado de Derecho le dan a la gente
la confianza de que cuando emprenden proyectos a largo plazo
que los benefician mutuamente, el gobierno u otros ciudadanos
no los despojarán arbitrariamente de su nueva riqueza.
Aunque es una medida imperfecta, el PIB per capita refleja
aproximadamente el nivel de vida. A medida que Irlanda incrementó su
libertad económica, el PIB per capita aumentó.
Holcombe
(1998) presenta una teoría de la relación
entre empresarialidad y crecimiento económico en la
cual el empresario es el motor interno del crecimiento económico.[2]
De acuerdo a Holcombe, cuando los empresarios aprovechan las
oportunidades de tener ganancias, crean nuevas oportunidades
empresariales que pueden ser utilizadas por otros. De esta
forma, la empresarialidad crea un ambiente que hace posible
más empresarialidad. Considerando que el empresario
que describe Kirzner (ver Kirzner 1973) está siempre
alerto a las oportunidades de tener ganancias que satisfacen
los deseos del consumidor, mientras haya más empresarialidad,
se satisfacen más los deseos de los consumidores y habrá más
crecimiento. El empresario de Kirzner está siempre presente;
por lo tanto, el ambiente institucional en el cual opera debe
ser considerado para explicar las diferencias en crecimiento
económico. De acuerdo a Holcombe (1998: 58-59):
Cuando
se ve al empresario como el motor del crecimiento, se enfatiza
en
crear un ambiente dentro del cual se crean oportunidades
para la actividad empresarial. Sin lugar a dudas el capital
humano y físico siguen siendo elementos dentro del proceso
productivo, pero ellos por sí solos no generan desarrollo
económico. Al contrario, un ambiente institucional que
estimula la empresarialidad es lo que atrae al capital humano
y físico, de ahí es que la inversión y
el crecimiento están estrechamente correlacionados.
Cuando se toma en consideración el papel fundamental
de la empresarialidad, es aparente que el énfasis debe
radicar en las instituciones de mercado en lugar de los elementos
de la función de producción.
Harper
(1998) examina las condiciones institucionales para la empresarialidad.
Su tesis central es que mientras más
libertad posean los individuos mejor controlaran sus acciones
o más agudas serán sus percepciones de las oportunidades
de tener una ganancia.
Combinando
a Holcombe (1998) y a Harper (1998), tenemos un argumento
teórico de por qué los incrementos
en la libertad económica proveen un ambiente institucional
que promueve mayor empresarialidad y cómo más
empresarialidad funciona como una fuente endógena de
crecimiento. Su argumento es consistente con investigaciones
empíricas que muestran la relación entre libertad
económica y crecimiento.
Existe
una vasta cantidad de literatura que relaciona la libertad
económica con el crecimiento y los índices de
bienestar. Estudios conducidos por Scully (1988 y 1992), Barro
(1991), Barro y Sala-I-Martin (1995), Knack y Keefer (1995),
Knack (1996), Keefer y Knack (1997) muestran que en la medida
en que existan derechos de propiedad bien definidos, políticas
públicas que no debiliten los derechos de propiedad
y un Estado de Derecho, se tiende a generar crecimiento económico.
Gwartney, Holcombe, y Lawson (1998) encontraron una fuerte
y persistente relación negativa entre los gastos del
gobierno y el crecimiento del PIB, tanto para los países
de la OCDE como para un conjunto mayor de 60 países
alrededor del mundo. Estimaron que un crecimiento del 10% en el gasto gubernamental como parte del PIB resulta
en aproximadamente 1 punto de porcentaje en reducción
del crecimiento del PIB. Usando los índices de libertad
económica desarrollados por Fraser y Heritage, Norton
(1998) encontró que derechos de propiedad sólidos
tienden a reducir la miseria de la gente más pobre del
mundo, mientras que derechos de propiedad débiles tienden
a amplificar la miseria de las gentes más pobres del
mundo. Grubel (1998) también usó el índice
de libertad económica del Fraser Institute para encontrar
que la libertad económica está asociada con desempeños
superiores en los niveles de ingreso, crecimiento del ingreso,
tasas de empleo, y desarrollo humano. Todos estos resultados
son consistentes con la teoría de empresarialidad de
crecimiento endógeno de Holcombe y la teoría
de Harper de condiciones institucionales que promueven empresarialidad.
Esa estructura teórica y las regularidades empíricas
son también consistentes con la libertad económica
y el crecimiento de Irlanda.
Algunos
aspectos de la libertad económica han estado
presentes en Irlanda durante un largo tiempo. En los períodos
en que había logros en libertad económica, el
crecimiento aumentaba. El rápido crecimiento del "tigre
celta" solamente ocurrió cuando todos los aspectos
de libertad económica se respetaron al mismo tiempo.
Después de la década proteccionista de los ´50,
cuando el crecimiento económico promedió tan
solo un 2% al año, se observó en los
´60 la liberalización de las políticas comerciales,
lo que aumentó la libertad económica y el crecimiento
mejoró, alcanzando un promedio del 4.2% durante
todo el curso de la década. Los setenta vieron avances
adicionales en la liberalización del comercio internacional,
pero, al mismo tiempo, el gobierno implementó políticas
fiscales keynesianas intervencionistas que interfirieron con
la libertad económica de los ciudadanos. El crecimiento
se detuvo en Irlanda así como en el resto de Europa.
A inicios de los ´80, una inflación alta, la inestabilidad
fiscal, un alto nivel de gastos del gobierno y altos impuestos
limitaron la libertad económica, resultando en una tasa
promedio de crecimiento de solo un 1.9% de 1973 a
1986. La contracción en el nivel del gasto público,
como respuesta a la crisis fiscal, aumentó la libertad
económica, y el crecimiento volvió. Durante los
´90, reducciones tributarias adicionales y compromisos
creíbles del gobierno de no entrar nuevamente en una
desaforada expansión del gasto continuaron aumentando
la libertad económica. Nunca antes habían estado
presentes simultáneamente todos los componentes de libertad
económica en Irlanda. Cuando todos los aspectos de libertad
económica se respetaron, la sinergia entre los componentes
permitió el crecimiento dinámico ocurrido a finales
de los ´90.
Esta
descripción de políticas económicas
que aumentan y disminuyen la libertad económica está ampliamente
reflejada en el Índice de Libertad Económica
del Fraser Institute del 2002. Irlanda fue el décimotercero
país
más libre en el mundo en 1970, y tenía una calificación
total de 6.7. Esta nota cayó al 5.8 en 1975, y para
1985 había aumentado a 6.2. Para 1990, cuando el crecimiento
económico de Irlanda empezó a subir, su calificación
había aumentado al 6.7. Cuando Irlanda experimentó su
rápido crecimiento de "tigre" en 1995, era
la quinta economía más libre del mundo, y en
el 2000 era la séptima más libre, logrando calificaciones
de 8.2 y 8.1, respectivamente. De 1985 al 2000, Irlanda mejoró su
posición en todas las cinco categorías amplias
del índice de libertad económica.
Análisis de Otras Posibles Explicaciones del Crecimiento
de Irlanda
Existen
varias otras posibles explicaciones del dramático
crecimiento de Irlanda. Una es que el modelo de crecimiento
neoclásico predice convergencia, de manera que el crecimiento
económico de Irlanda debería esperarse. Otra
explicación es que la causa del crecimiento de Irlanda
radica en las transferencias realizadas por los países
de la UE. Otras explicaciones se enfocan
en la inversión directa extranjera (IED) o economías
de aglomeración como la fuente del crecimiento de Irlanda.
Finalmente, algunos han sugerido que el dramático crecimiento
es solo una ilusión en las cuentas del PIB. Todas estas
explicaciones son incorrectas o incompletas. Consideraremos
cada una de éstas.
Una
explicación alternativa es que no ha existido un "tigre
celta". Como lo ha señalado The Economist, "¿Es
demasiado bueno para ser verdad? Unos pocos críticos
dicen que sí: todo ha sido hecho
con vidrios ahumados y dinero de Bruselas". Un argumento
es que el PIB de Irlanda es más
alto que su PNB por la cantidad
de dividendos que las empresas extranjeras
envían
a sus matrices. Los elevados números
del PIB, por lo tanto, no necesariamente se traducen en riqueza
para los ciudadanos irlandeses. Sin embargo, The Economist
también indica que "el PNB de Irlanda ha crecido
casi tan rápido como su PIB". El crecimiento dramático
de los ´90 no es solo evidente en los aumentos tanto en
el PIB y en el PNB, sino también en otras estadísticas.
Por ejemplo, en 1995, la expectativa de vida al nacer era de
78.6 años para las mujeres y 73 años para los
hombres, mientras que en 1980-82 había sido de 75.6
y 70.1, respectivamente (EIU 2000: 17). El crecimiento económico
se traduce también en más bienes materiales para
los irlandeses. Por ejemplo, entre 1992 y 1999, el número
de coches registrados en Irlanda creció en un
40%. Tal vez el indicador más fuerte
del crecimiento económico que realmente ocurrió en
Irlanda es su emigración.
Irlanda típicamente fue un país emigrante;
sin embargo, la tendencia se revertió en los ´90. Entre
1996 y 1999, hubo un crecimiento promedio anual de la población
de 1.1%—más alto que el crecimiento
de la población promedio de cualquier otro país
de la UE durante ese período. En
los 12 meses hasta abril de 1998, Irlanda había recibido
47.500 inmigrantes, la mayor cantidad
en su historia hasta ese momento. Independientemente
de cualquier dificultad en las medidas del PIB o PNB, todas
las estadísticas señalan un dramático
mejoramiento en la economía irlandesa durante los ´90.
Tanto la
evidencia teórica como la empírica
muestran que los subsidios de la UE no han
sido una causa importante del crecimiento de Irlanda. Las dificultades
del cálculo económico y los problemas de la opción
pública ofrecen razones teóricas por las cuales
las transferencias al gobierno irlandés no pueden ser
una causa mayor del crecimiento económico.
El gobierno
necesita algún método para calcular
cuáles son los proyectos que tienen un mayor potencial
si una transferencia o subsidio al gobierno irlandés
de parte de la UE se fuera a usar para crear
el mayor crecimiento posible. Cuando un hombre de negocios
enfrenta este problema, él mira sus posibles beneficios
y usa el sistema de pérdidas y ganancias para evaluar
sus decisiones ex post para hacer correcciones. El gobierno
no tiene ese método de cálculo disponible (Mises
1944, 1949). Es verdad que cuando Irlanda recibe subsidios
de la UE y gasta el dinero en nuevos proyectos
habrá aumentado su PIB. Sin embargo, el gobierno no
tiene forma de evaluar si el proyecto era el más valorado
por sus ciudadanos o si el mismo tenía algún
valor. El PIB que se crea no necesariamente significa más
riqueza. Más bien puede retardar el crecimiento orientando
los recursos escasos a proyectos de gobierno que pudieron haber
sido usados mejor por los empresarios privados si el gobierno
no hubiera utilizado esos recursos para sus obras.
Los subsidios
agrícolas son un componente de las transferencias
de la UE y son un ejemplo de cómo
transferencias efectuadas con buenas intenciones pueden ser
un obstáculo para el desarrollo económico. McMahon
(2000: 89-90) indica que "Estos subsidios aumentan los
ingresos en el sector rural pero tienen muy poco impacto en
la inversión y pueden retrasar los ajustes económicos
porque mantienen a la población rural artificialmente
alta". Los subsidios cambian los incentivos marginales
a los agricultores, haciendo que se queden en sus fincas en
lugar de emigrar a las ciudades. De esta forma, los subsidios
distorsionan el proceso de mover los recursos a sus usos más
valiosos. Mientras se subsidie a la gente para permanecer en
ciertas profesiones, Irlanda no explotará completamente
su ventaja comparativa en la división internacional
del trabajo. Esto disminuye los ingresos y retarda el crecimiento.
La teoría de la opción pública señala
otro problema en el argumento de que las transferencias de
la UE han causado el crecimiento masivo. ¿Por
qué los burócratas dirigirían los recursos
a los proyectos que ofrecieran mayor posibilidad de crecimiento
aún si pudieran hacer un cálculo económico?
Los empresarios dirigen los recursos a los proyectos que producen
mayores beneficios porque ellos tienen derecho de propiedad
en las ganancias de la inversión. Los empleados del
gobierno no tienen ese acceso a los beneficios. Ellos se benefician
más otorgando los subsidios a proyectos que favorecen
a los que los apoyan políticamente en vez de dirigirlo
a los proyectos más rentables. La estrategia impone
un costo de oportunidad disperso al resto de la sociedad mientras
crea un beneficio concentrado para los grupos de presión
(Olson 1965). A menos que el proceso político discipline
perfectamente a los burócratas y miembros del gobierno
elegidos por los ciudadanos por no orientar las transferencias
de la UE a los proyectos más rentables, éstos
no tendrán incentivos para hacerlo. Como los votantes
tienen incentivos para permanecer racionalmente ignorantes,
hay pocas razones para creer que ellos disciplinarán
a los funcionarios públicos.
La presencia
de fondos por parte de la UE
también atrasa el crecimiento de otra manera. Baumol
(1990) argumenta que si bien la oferta total de empresarios
varía entre las sociedades, la contribución productiva
de las actividades de los empresarios varía mucho más
por su distribución entre actividades productivas tales
como innovación, y actividades improductivas tales como
las de buscadores de rentas. La presencia de la UE crea posibilidades para que los empresarios irlandeses
busquen rentas. Esto causará que algunos empresarios
que previamente estaban dedicados a actividades productivas
e innovadoras, se vean envueltos en actividades de búsqueda
de rentas. Este proceso es una pérdida tanto de recursos
físicos como humanos que pudieron haberse usado para
satisfacer las demandas del consumidor y aumentar el crecimiento
económico.
Aparentemente
no hay razones para creer que la causa del crecimiento de
Irlanda
radica en la existencia de fondos estructurales
de la UE. Los funcionarios del gobierno no
tenían forma de saber cuáles serían los
proyectos de inversión que generarían el mayor
crecimiento y, aunque lo hubieran conocido, tenían pocos
incentivos para emprenderlos.
Empíricamente, si las transferencias o subsidios de
la UE fueran una causa importante del crecimiento
de Irlanda, esperaríamos que el crecimiento fuera mayor
cuando estaba recibiendo las transferencias más grandes.
Este no es el caso. Tasas altas de crecimiento y transferencias
netas como porcentaje del PIB se han movido en sentidos opuestos
durante el rápido crecimiento de este país. Irlanda
empezó a recibir subsidios luego de que se asoció a
la Comunidad Europea en 1973. Los ingresos netos de la UE promediaron un porcentaje de 3.03 del PIB durante el
período de crecimiento rápido desde 1995 hasta
el 2000, pero durante el período de bajo crecimiento
de 1973 a 1986, los ingresos promediaron un 3.99%
del PIB (Departamento de Finanzas 2002). En términos
absolutos, los ingresos netos estuvieron al mismo nivel en
2001 como en 1985. Ese año, los ingresos netos de Irlanda
fueron de 1.162,3 millones de euros y en el 2001 fueron de
1.268,8 millones de euros. Durante los ´90, los pagos de
Irlanda al presupuesto de la UE ascendieron
continuamente de 359.2 millones de euros en 1990 a 1.527,1
millones de euros en el año 2000. Sin embargo, en el
2000 los ingresos de parte de la UE fueron
de 2.488,8 millones de euros, menor que el nivel de 1991 que
fue de 2.798 millones de euros. Las tasas de crecimiento de
Irlanda han aumentado, mientras que los fondos netos recibidos
de la UE permanecieron relativamente constantes
y se han encogido con relación a la economía
irlandesa.
Si los
subsidios fueron realmente la causa del crecimiento de Irlanda,
esperaríamos que otros países pobres
en la UE, que también reciben subsidios,
tengan una alta tasa de crecimiento económico. Los Fondos
Estructurales y de Cohesión de la UE
representan un 4% del PIB de Grecia, 2.3%
del de España y 3.8% del de Portugal (Paliginis
2000). Ninguno de estos países lograron una tasa de
crecimiento ni siquiera cercana a la que experimentó la
economía irlandesa. Grecia tuvo un promedio de crecimiento
de 2.2% del PIB y Portugal promedió 2.6% de 1990 al 2000 (Clarke y Capponi 2001: 14-15).
El crecimiento
de Irlanda tampoco se puede explicar por la convergencia
neoclásica que se puede predecir de acuerdo
a un modelo de crecimiento de Solow. Este modelo predijo incorrectamente
la convergencia irlandesa por más de 100 años.
Aún durante los ´60, cuando la economía de
Irlanda tenía una tasa de crecimiento alta, todavía
no estaba convergiendo con el estándar de vida de otras
naciones europeas. Realmente estaba cediendo. Toda la convergencia
de Irlanda ocurrió en un período de 13 años,
de 1987 hasta el 2000. The Economist (1997: 22) se equivocó cuando
informó que "Hay algo más en esta historia
que el aumento desde 1987. Irlanda se ha estado recuperando
por décadas... En muchas formas los años terribles
entre 1980 y 1987 fueron más inusuales que los supuestamente
milagrosos desde 1990". Irlanda no había experimentado
ninguna recuperación antes de 1987. En 1960 la República
de Irlanda tenía un PIB per capita que era un 66% el promedio de la UE, y en 1986 había
en realidad disminuido al 65% del promedio (Considine
y O'Leary 1999). Había habido algo de crecimiento durante
ese período, pero era menos que el experimentado por
la UE. El modelo necesita explicar por qué Irlanda
convergió solamente después hasta de 1987 y por
qué convergió tan rápidamente.
Knack
(1996) encontró evidencia empírica de
una fuerte convergencia en ingresos per capita entre naciones
con instituciones—como derechos de propiedad garantizados—que
estimulan el ahorro, la inversión y la producción.
La forma de convergencia condicional, con la introducción
de instituciones de libre mercado, es mucho más plausible
en el caso de Irlanda que la convergencia neoclásica.
Irlanda experimentó un aumento en su libertad económica
justamente antes y durante su impresionante crecimiento. Hasta
dónde se puede atribuir el crecimiento de Irlanda a
la convergencia condicional o a la introducción de instituciones
orientadas al libre mercado no es clara. El hecho de que la
economía de Irlanda no ha disminuido su crecimiento
desde que alcanzó la convergencia pone en dudas la importancia
incluso de la convergencia condicional y al contrario apunta
hacia la adopción de instituciones orientadas hacia
el libre mercado como la fuente del crecimiento. Una vez que
Irlanda convergió con los estándares de vida
de la UE y el Reino Unido, alcanzó un
crecimiento record de 11.5% durante el año
2000. Aunque la convergencia condicional en
un ambiente institucional de derechos de propiedad privada
asegurados es más consistente para explicar la experiencia
de Irlanda que la convergencia neoclásica, ambas fallan
en explicar el rápido crecimiento de Irlanda durante
los últimos años de los ´90 y en el 2000.
IED
y economías de aglomeración son otras dos
explicaciones que frecuentemente se dan sobre el crecimiento
de Irlanda que bien tienen algo de mérito pero que por
sí solas son incompletas. La inversión extranjera
ciertamente ha jugado un papel en el crecimiento de Irlanda.
Sólo Estados Unidos había invertido alrededor
de $10.000 millones ($3.000 per capita) en 1994, y para
1997 se decía que las empresas propiedad de extranjeros
eran responsables de un 30% de la economía y de
cerca de un 40% de las exportaciones. Las economías
de aglomeración, aquellas
donde las empresas tratan de ubicarse relativamente cerca para
aprovecharse de externalidades positivas, también han
ayudado en el proceso. Irlanda ha sido particularmente exitosa
en atraer empresas de desarrollo industrial con un gran número
de alta tecnología y compañías manufactureras
que se beneficiaron por estar cerca unas de otras. La pregunta
relevante es, ¿por qué las inversiones masivas
que incentivaron las economías de aglomeración
no ocurrieron antes? Lo que cambió en Irlanda fueron
las condiciones institucionales que atrajeron las inversiones.
Las inversiones extranjeras y las economías de aglomeración
son indicadores de factores favorables al crecimiento económico,
no su causa.
La pregunta
que es interesante formular es ¿qué es
lo que origina condiciones favorables que permiten el crecimiento
económico? Este artículo sostiene que es el marco
institucional el que obstaculiza o ayuda al mercado alcanzar
el crecimiento económico. El factor institucional clave
es el grado de libertad económica del que disfruta la
gente.
Conclusión
En
Mayo de 1997, The Economist afirmó, "Es difícil
establecer por cuánto tiempo la fórmula irlandesa
obtendrá tanto éxito... Irlanda creció rápidamente
por más de 30 años porque tenía mucho
que recuperar, y porque la política y las circunstancias
conspiraron a que eso sucediera. Éxitos de esa clase,
aunque sean impresionantes y fuera de lo común, contienen
la semilla de su propia destrucción". El artículo
concluye diciendo, "Si Irlanda tiene otra década
tan exitosa como la última, será en verdad un
milagro económico."
El hecho
es que Irlanda no se ha estado recuperando durante los últimos 30 años; en realidad su recuperación
la hizo en 13 años. Las altas tasas de crecimiento han
continuado a partir de la convergencia con los estándares
de vida de Europa. El modelo de crecimiento neoclásico
no es la razón del éxito de Irlanda. Más
bien, su rápido crecimiento ha sido impulsado por la
libertad económica. Mientras Irlanda continúe
implementado políticas que aumenten la libertad económica,
es muy probable que el "milagro" irlandés
continúe.
Notas
[1] El
contrato de "acuerdo social" entre el gobierno,
federaciones de empresarios, y sindicatos jugó un papel
en las reducciones continuas de impuestos y en la baja inflación.
Los acuerdos empezaron en 1987 y han sido desde entonces continuamente
renovados con revisiones menores. Estos acuerdos han convertido
efectivamente a los sindicatos en una poderosa fuerza para
cabildear en favor de reducciones en los impuestos e inflación.
Lane (2000) indica que los sindicatos prometieron moderación
salarial, parcialmente recompensada por reducciones en impuestos
al trabajo y con la promesa implícita de que el gobierno
mantendría la estabilidad de precios. McMahon (2000)
argumenta que manteniendo bajas las tasas salariales mediante
estos acuerdos fue muy importante para hacer a Irlanda más
competitiva atrayendo compañías, lo que resultó en
un mayor crecimiento. Sin embargo, es importante recordar que
las limitaciones salariales de parte de los sindicatos no fue
tanto un sacrificio para los trabajadores para atraer negocios,
sino más bien que los sindicatos obligaron a una reducción
en los impuestos para compensar a los trabajadores, de manera
que su sueldo real luego de pagar impuestos aumentaba, al tiempo
que atraía más negocios y creaba más oportunidades
de trabajo.
[2] Para
una visión general de la literatura sobre
el crecimiento endógeno la cual está siendo incorporada
y contrastada por Holcombe con su teoría, ver Romer
(1984).
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Benjamin Powell es candidato al doctorado en Economía
en George Mason University y académico en Cambio Social
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Traducido por el Instituto Ecuatoriano de Economía Política / Octubre 29, 2003
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